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Críticas de: Pedro
Pedro |
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(Madrid, España)
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| 1506 | Películas valoradas |
| 96 | Críticas |
| 11 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,6
(ver sus estadísticas)
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Días sin huella (1945)
Billy Wilder
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2005 |
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Magnífico trabajo de Billy Wilder, quien demandó a la industria de las bebidas alcohólicas por ofrecer cinco millones de dólares a la Paramount para que no hiciesen la película. También hubo grupos que presionaron para que no se rodase porque creían justo lo contrario: que iba a fomentar la bebida.
En definitiva, superados los escollos sociales (nunca llueve a gusto de todos), el resultado es una más que eficaz disección de un alcohólico y los pormenores de su adicción tratados con minuciosidad en escenas realmente cargadas de crudo realismo, desde la misma botella en la ventana con la que arranca la película hasta la agónica secuencia en la que el protagonista no tiene dinero para pagar la cuenta en un bar, pasando por la parte rodada en el auténtico Bellevue Hospital y por algún que otro soberbio monólogo como el de Milland recitando al barman una electrizante oda a la botella que incluso el mismísimo Baco guardaría entre las mejores composiciones a él dedicadas.
La película se beneficia sobre todo de una extraordinaria narración y de una poderosa interpretación de Ray Milland, del que Wilder pronosticó desde el principio que se llevaría el Oscar ese año. Aunque no por ello debe dejar de destacarse el resoluto y delicioso papel de Jane Wyman (una jovencísima Angela Channing de la serie televisiva “Falcon Crest”) que comunica con solvencia el pragmatismo y la férrea voluntad empeñada en salvar a quien de verdad ama.
Cary Grant y José Ferrer, candidatos iniciales al papel protagonista, perdieron sin duda uno de los textos más brillantes escritos para un personaje en la historia del cine; pero Ray Milland supo aprovecharlo y con no pocos esfuerzos, como dejar de comer al igual que muchos alcohólicos o ingresar en el hospital para preparar su interpretación, terminó por rubricar el trabajo de su vida, por encima incluso del excelente que realizaría casi diez años después en “Crimen perfecto” a las órdenes del maestro Hitchcock.
Pedro 
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De ratones y hombres (1992)
Gary Sinise
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Agosto de 2008 |
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Junto a “Las uvas de la ira” de John Ford, probablemente nos encontramos ante la mejor adaptación de una obra de John Steinbeck. Para nada desmerece este trabajo en la realización de Gary Sinise a la calidad de su original (una de las novelas más importantes de la literatura estadounidense) Así, la película materializa a la perfección dos claves de la obra: la reunión de personajes de gran interés retratados con fuerza y la descripción de la América rural en los años de la depresión de 1930.
Para lo primero, sin duda, es fundamental la buena dirección de actores así como las interpretaciones de altura en general de todo el reparto, destacando la combinación entre un John Malkovich cargado de realista inocencia y el propio Sinise enfrentado al dilema entre la amistad y la supervivencia. Joe Morton y Ray Walston, en sus respectivos papeles del negro rechazado socialmente y del anciano decrépito, reflejan con sentimiento la soledad de sus personajes; misma soledad que junto a arrebatadora seducción encarna de maravilla la actriz Sherilyn Fenn. Y es que la soledad en un momento de decadencia y desconfianza es también una de las protagonistas de esta historia. Historia en la que, por otra parte, guión, música y fotografía reúnen juntos el mérito de recrear esa ambientación que da al celuloide el toque final de exquisita obra literaria, en la que puede olerse la cebada, palparse el esfuerzo y el sudor de los hombres mientras cosechan y cargan fardos, sentirse el viento que atraviesa las montañas para azotar los campos...
El devenir de los protagonistas va prediciendo en escenas y frases concretas cuál será el desenlace. No obstante, dicho desenlace, irrumpe con fuerza adquiriendo de este modo un logrado contrasentido: se convierte en una sorpresa anunciada. Las imágenes iniciales y finales de George Mills sentado en el vagón del tren de mercancías completan un círculo que encierra alegrías, tristezas, soledades, fatalidad, compañerismo, encuentros tortuosos y también entrañables, amistad, dolor... Y sientan al espectador junto a él en esos segundos finales, comprendiéndole y acompañándole en su viaje.
Pedro 
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El tercer hombre (1949)
Carol Reed
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2007 |
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"En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y... ¿qué tenemos? El reloj de cuco"
(O.Welles a J.Cotten en el diálogo de la noria -The Third Man, 1949-)
.........
En Reino Unido surgió Graham Green, que comenzó casi sin querer, y por encargo de Alexander Korda para una película, la escritura de un libro que iba transformando simultáneamente en guión. Decía que si no veía la historia antes como novela no sería capaz de convertirla al cine. Medio siglo después de su estreno, "El tercer hombre" está considerado como el mejor film británico de todos los tiempos y una de las obras maestras del séptimo arte.
Seguirá siendo inagotable la discusión sobre cuánto influyeron en Carol Reed las ideas de Orson Welles para la realización. Y aunque cualquiera que conozca la filmografía de ambos se decanta porque en el "Directed by" de los títulos debería aparecer también la rúbrica del segundo (inconfundible estilo de composición, planos oblicuos o en ángulos inverosímiles, picados y contrapicados, claroscuros, gran angular alternando con profundidad de campo...), de lo que no cabe duda es que Welles está que se sale en todas las escenas que interpreta; una de las cuales a la postre pasará a la historia entre las mejores presentaciones de un personaje, cuando la inoportuna luz que se enciende en un piso ilumina el portal donde se escondían unos zapatos en la penumbra y nos muestra ese rostro cínico y sonriente.
¡Qué decir de otro actor con trabajos como "La sombra de una duda", "Niágara", "Ciudadano Kane" o "Jennie"! Inolvidable desenlace de Joseph Cotten esperando en la carretera a una Alida Valli que se acerca desde el fondo recorriendo en eterna secuencia con plano fijo la perspectiva arbolada, mientras las hojas del otoño caen y la cítara de Anton Karas deja los últimos acordes... Creo que es el final más hermoso y a la vez melancólico que conozco, y en el que un director consigue aguantar un plano más allá de lo indecible sin que decaiga el interés del momento.
Por si fuera poco, antes de esa culminación se nos ha obsequiado con una de las más logradas escenas de la historia del cine: la huida por las alcantarillas. La combinación de ángulos de rodaje, la clase magistral de fotografía con cambios de plano por las diferentes galerías, las sombras distorsionadas, contraluces, ruidos de pasos, ecos de las voces, sonido del agua, pausas que incrementan la tensión, disparos..., todo se reúne para dejar con la boca abierta al espectador al terminar los diez minutos de secuencias encadenadas en las cloacas de Viena con la impagable mirada entre Cotten y Welles en la que se condensa la hora y media anterior.
Simplemente, sea usted ateo o creyente, es pecado mortal perderse este clásico del thriller y el suspense a la vez que aula magna de la cinematografía.
Pedro 
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Match Point (2005)
Woody Allen
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Diciembre de 2005 |
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Woody Allen inicia una magnífica metáfora partiendo de la pelota de tenis que choca contra el borde de la red, y la cierra casi dos horas después en una brillante secuencia junto al río en la que convierte el azar, la suerte, en protagonista. Pero no sólo la suerte es protagonista… En la primera aparición en pantalla del tenista, sus lecturas de Dostoievski parece que serán también premonitorias: “Crimen y castigo”. Sin embargo, para saberlo con certeza será imprescindible ver hasta el último segundo del metraje en el que nos mezcla un variopinto cóctel de azar, culpa, amor, lujo, egoísmo, infidelidad..., cuyo sabor no terminaremos de identificar hasta el mismo final.
Excelente guión desarrollado en clave dramática que a través de una narración con tintes costumbristas nos retrata el entorno de la alta sociedad londinense, pero sin olvidar ciertas dosis de humor, aunque en este caso más frío, fruto del sarcasmo y no de la fina ironía propia de otros trabajos del director. Humor casi negro que se hace hábilmente más patente según se desarrolla el desenlace tras el inesperado giro argumental que transforma la historia en la más pura intriga y suspense hitchcocknianos. Así el espectador en unos trepidantes veinte minutos finales acaba sorprendido, zarandeado, apabullado y finalmente exhausto de admiración por todo lo que acaba de plasmarse en su retina.
Si bien hay poco realmente novedoso en la historia que se nos ha presentado, e incluso el argumento recuerda en algunos aspectos a “Delitos y faltas” –muy buen trabajo de Allen con varias nominaciones al Oscar en 1989–, es el tratamiento y la forma de desarrollar la narración, junto al lenguaje cinematográfico empleado que mezcla con gran solvencia los ya mencionados estilos –costumbrismo dramático, ocurrente sarcasmo e intriga de la última parte redondeando la trama–, lo que hacen que “Match point” brille definitivamente con luz propia diferenciándose del resto de la filmografía del autor –más proclive en otras ocasiones, tanto en comedia como drama, a la reflexión filosófica en voz alta, el humor fino, los diálogos fluidos, y la excentricidad de muchos de sus protagonistas–.
Muy eficiente dirección de actores, como es habitual en todos los trabajos de Allen, que hace que estos sobresalgan en sus papeles dando todo de lo que son capaces. Reconocimiento especial merecen tanto la interpretación de Jonathan Rhys Meyer como la magnífica sensualidad de mujer fatal acompañada luego con desesperación de Scarlett Johansson.
Con “Match point”, cambiando Nueva York por Londres, la música de Gershwin por la ópera, Woody Allen deja claro, salvo para quienes obcecados no se quieren enterar, que la genialidad que alcanzara su más alta cota con “Manhattan” en 1979 sigue de su lado, y que la pelota tras dar en la cinta ha pasado la red en 2005. Ya veremos cuántos premios cinematográficos nos depara esta película, pero de momento: juego, set y partido.
Pedro 
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Los girasoles ciegos (2008)
José Luis Cuerda
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| 23 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
31 de Agosto de 2008 |
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Alberto Méndez vivió a hurtadillas su afición a la escritura alcanzando la recompensa con su única obra publicada: "Los girasoles ciegos". Su intención, la que guardó durante toda una existencia, fue recuperar la dignidad de los vencidos escondida durante los años de la posguerra franquista y que incluso a muchos aun hoy parece molestar que se recupere. Tras su fallecimiento, alcanzó el reconocimiento póstumo recibiendo el premio de la crítica, el nacional de literatura y cosechando el éxito siendo traducida a diversas lenguas y publicada internacionalmente.
La historia original en que se basa la película es poderosa y aborda en un lenguaje literario rico cuatro hilos paralelos relacionados con el sentido de la derrota: un capitán franquista que renuncia a la victoria, un joven que huyó con su pareja embarazada, un preso que lucha por dejar claro quién es víctima y quién verdugo, y un hombre que sobrevive escondido tras un armario. Sin alcanzar ni mucho menos las cotas de la obra literaria, Rafael Azcona -en su último legado- y José Luis Cuerda toman diversas pinceladas del relato intentando recoger la esencia del mismo y dejando un resultado en definitiva digno.
En toda la cuidada y bien ambientada puesta en escena, no deja de maravillar Maribel Verdú, a la que la ironía ha puesto a las órdenes del director que la rechazara de jovencita en un casting alegando que era demasiado guapa, y a punto estuvo de rechazarla ahora por demasiado flaca. Así que ella, aun con caderas postizas incluidas para ser lo voluptuosa que requiere su personaje, nos obsequia con su interpretación, dando réplicas a dos actores que no le desmerecen y resuelven óptimamente sus papeles: Javier Cámara y Raúl Arévalo.
Especial atención por el trasfondo de sus palabras y la escritura de los diálogos requieren las escenas entre Arévalo (el diácono lascivo que encarna las hipocresías del nacionalcatolicismo) y José Ángel Egido (el rector del seminario). También, poco antes del desenlace, nos deja Azcona de despedida en boca de Cámara, unos emotivos versos de Antonio Machado que no escribiré ahora, pues prefiero terminar con esta otra cita: "Seré uno más en el rebaño, porque en el futuro viviré como uno más entre los girasoles ciegos."
Pedro 
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