104 de 186 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Te gusta el mimo? ¿Te gustan los efectos especiales y los personajes como los de las películas de Mortadelo y Filemón o El milagro de P. Tinto, esas de J. Fesser? ¿Te gustan los perros disecados y ver a los peces saltar de la pecera? ¿Quieres que te relaten lo que les gusta a los demás? ¿Quieres saber cuántos orgasmos coinciden esta noche en el bloque de tu casa? ¿Recoges piedrecitas por el suelo? ¿Te gustan las caras de fotomatón?
¿Eres cliente del bar donde trabaja Amelie?
¡Joder, pues entonces ésta es tu película!
36 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Rápidamente se nos mete en la trama, basada en hechos reales según nos aclaran, y nos hacemos una idea de lo que debió ser la guerra de guerrillas que presentaron los partisanos habidos en las naciones ocupadas por los alemanes.
La película tiene sus saltos lógicos que no estropean el hilo narrativo. Los diálogos son escuetos, están hechos a base de frases contundentes y las escenas están construidas con buenos efectos, sin regodearse en planos sangrientos o cruentos; no obstante están desligadas unas de otras, lo que por momentos frena el ritmo de la acción.
Las historias de amor están colocadas sin adornos y no se ahonda en los padecimientos y circunstancias (sólo se tratan de pasada) de la numerosa comunidad para no desarmar el núcleo de la película, que es la rivalidad de los hermanos mayores. Éstos capitanean a su forma de entender a dicha comunidad que huye del horror y que es la razón de ser de la película.
La acción final consigue conjuntar todo el metraje de forma aceptable por lo que puede decirse que no debe defraudar.
La historia real de los hermanos, en sí, impresiona.
26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Esto es lo que se dice una película bonita. Tierna y entretenida. Sí, claro, es raro encontrar una pilingui tan guapa (porque aquí sí que está guapa la Sra. Roberts); no tiene nada que ver con la María Martillo de la esquina que la faltan 2 dientes. También es raro que un tío tan importante se enrolle de esa manera y se comprometa tanto sin necesidad, pero es que es una película, señores, una película sin pretensiones.
Luego está la canción del Sr. Orbison, ése que canta siempre con las mismas gafas, las que le regaló Steve Wonder para su cumpleaños, elegidas a “ojo de buen cubero”; una canción muy pegadiza que le va a la historia fenomenal.
La película es además divertida, pero también con sus momentos dramáticos. Porque el pasado siempre sale a relucir, por desgracia, y en todos los lugares del mundo hay gente con muy mala leche, pero Richard Gere está inconmensurable y sabe ponerse a la altura de las circunstancias. Ya lo ha demostrado con su amigo el Gran Lama, el calvo ese que viste con unas sábanas color azafrán.
Vamos, a ver quien se atreve a ponerle pegas al Sr. Gere... Envidiosos...
Pues sí. Todo es espectáculo en esta película, amor, risas, regalos, música, gente guapa… Qué mundo más maravilloso.
22 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¡Qué frío! Peliculón que apetece ver por la noche con un copa de brandy porque se alcanzan temperaturas de 20º bajo cero.
Inconmensurable Jon Voight, lo que cambia la cárcel. A bordo nos encontramos también a una espléndida Rebecca de Mornay.
La marcha de ese tren sin frenos y sin conductor en medio de un paisaje helado nos toca la fibra sensible; es un viaje filosófico a ninguna parte. Las películas de trenes como ésta tienen algo que hacen captar ideas de la vida que suelen pasar inadvertidas.
Ese hombre acosado, duro, fuerte, luchando sin parar, le dice al muchacho eufórico: "algún día desearás tan solo tener un mísero trabajo y entonces te rebajarás ante tu jefe una y otra vez, incluso le limpiarás los zapatos para poder seguir conservándolo." Es una lección que resume la angustia del ciudadano hoy día; ese ciudadano agobiado por su corta nómina ilegal.
Y el policía que los persigue es el estamento politico-financiero con casco, la burocracia armada, implacable; sólo desaparece cuando desaparece su presa.
El rudo fugitivo no tiene escapatoria, el joven sí, por eso le advierte: yo estoy en guerra contra el mundo pero tu no tienes porqué subir a este tren. El tren hacia ninguna parte.
47 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Llegado el caso de justificar una nota excelente a este Juego de sombras, podría decirse que sería una nota justa aunque la mayoría estuviera por otra labor. Personalmente siempre estaré con la discrepancia, con los James Moriarty que hacen que el mundo se mueva.
Por suerte no hay que justificar nada porque también hay que apoyar a aquella gente que diga que el Juego de sombras hace que no deslumbre nada, como también hay que apoyar a quien luche contra el crimen por simple afición, pues estarán en su derecho de hacerlo y si lo hacen bien, ahí estaremos.
A Guy Ritchie, dicho honradamente, ante estos trabajos hay que reconocerle su labor porque ha tenido el detalle de no aburrirnos con un personaje que dio todo de sí, incluso que resucitó ante la demanda. Hubiera sido nefasto, por ejemplo, que la famosa pareja cayera en la caricaturización o que Sherlock Holmes se pasara ya con sus golpes o… que se disfrazara de mujer, algo imperdonable… Sin duda. Y el hecho es que ha sucedido. ¿Cómo entonces exponer la película a los más altos elogios? Porque, como diría sir Arthur Conan Doyle tantas veces…
-Los extraordinarios hechos acaecidos... durante aquel año en el panorama internacional… Obligaron a ello…
El señor Ritchie ha sabido ajustar escenas y música para llevarnos por la Europa, siempre atractiva, de los tiempos de asesinatos de archiduques, atentados y ametralladoras barriendo terreno sin mostrarnos nada sorprendente o fuera de serie (alguna excepción hay, como cuando salen todos del comedor del restaurante a toque de la personificación del mal, o la excepcional puntería del coronel Sebastian Moran). El mal sí tiene la obligación de sorprender. Ha sabido presentar la relación del detective con Watson, clave de los relatos, con espléndidos diálogos, una pizca de humor y una acción llamativa en su punto medio. Y ha sabido sacar partido al señor Moriarty sin deslumbrar, con credibilidad. Ha jugado su baza como los mismos personajes, con inteligencia; sin plantearse superar la primera película del 2009 a toda costa.
La literatura tiene su parcela y el cine la suya. Sherlock Holmes no necesita presentación. Sigue estudiando las hebras de tabaco, eso es lo importante. Si por el contrario, lo demás resulta excesivo o fuera de contexto, si la acción es sinónimo de falta de calidad, entonces, mi querido Mycroft, lo mejor es que no estés en pelotas en presencia de una dama y que se recurra a la serie detectivesca del Padre Brown, por ejemplo.