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1 de noviembre de 2009
1 de noviembre de 2009
6 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Curiosa aunque decepcionante película ensalzada hasta el éxtasis por ciertos bebedores incansables.
Tiene un pase, no obstante. De hecho, durante una buena parte de su metraje saca petróleo a su inaudita sencillez, y aunque incurre en un cierto estatismo y linealidad, tiene su gracia, tiene su magnetismo, qué diablos, tiene su encanto.
Pero cuando quiere enfilar el área, definitivamente, le sobra el último regate.
Qué final, por favor.
Sci-fi, váyase.
Tiene un pase, no obstante. De hecho, durante una buena parte de su metraje saca petróleo a su inaudita sencillez, y aunque incurre en un cierto estatismo y linealidad, tiene su gracia, tiene su magnetismo, qué diablos, tiene su encanto.
Pero cuando quiere enfilar el área, definitivamente, le sobra el último regate.
Qué final, por favor.
Sci-fi, váyase.
11 de febrero de 2009
11 de febrero de 2009
6 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recientemente, y en el inquietante océano de premios, loas y champán en el que últimamente nado, declaré que Los Abeles Andan Solos era una de las cinco mejores películas que había visto en mi vida.
Bien, lo cierto es que no la había contemplado nunca, mi petaca debió de ejercer de ventrilocua, pero, si bien está lejos de semejante hazaña, mi intuición me vociferaba al oído que era una película diseñada para mí.
Y así es, en efecto. Todo un canto a la rebeldía y a la libertad, I wanna break my rusty cage and run.
Desde luego, el planteamiento no puede ser más sugerente. Un tipo monta una yegua llamada whisky y pega una hostia a un policía para que le metan en la cárcel y se reencuentre con un amigo.
Inmenso, ciertamente.
Por desgracia, el personaje del siempre fabuloso Walter Matthau está desaprovechado, la recta final de la película se me antoja algo endeble, pese a la conmovedora exaltación de la dignidad animal, y lo cierto es que el hombre a un hoyuelo pegado huele demasiado a estereotipo.
Pulgar, crucifijo y navaja hacia arriba, pese a todo.
Bien, lo cierto es que no la había contemplado nunca, mi petaca debió de ejercer de ventrilocua, pero, si bien está lejos de semejante hazaña, mi intuición me vociferaba al oído que era una película diseñada para mí.
Y así es, en efecto. Todo un canto a la rebeldía y a la libertad, I wanna break my rusty cage and run.
Desde luego, el planteamiento no puede ser más sugerente. Un tipo monta una yegua llamada whisky y pega una hostia a un policía para que le metan en la cárcel y se reencuentre con un amigo.
Inmenso, ciertamente.
Por desgracia, el personaje del siempre fabuloso Walter Matthau está desaprovechado, la recta final de la película se me antoja algo endeble, pese a la conmovedora exaltación de la dignidad animal, y lo cierto es que el hombre a un hoyuelo pegado huele demasiado a estereotipo.
Pulgar, crucifijo y navaja hacia arriba, pese a todo.
3 de enero de 2010
3 de enero de 2010
2 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mediocre película que retrata el submundo de las peleas de gallos y los pendencieros que apuestan fortunas allí.
Quien tenga un especial interés en ver a estas pobres aves descarnarse a picotazos que la vean, porque la verdad es que hay combates muy bien filmados, pero como no es mi caso, así como tampoco el guión me pareció el colmo del interés, quedé bastante frío.
La puesta en escena tiene un cierto encanto serie B, y un ligero toque crudo a lo Peckimpah, así que el club de fans liderado por Susicú intuyo que la gozará bastante, pero yo a ese tren no me subo, lo siento.
No me irritó especialmente, pero la olvidé al medio minuto.
Quien tenga un especial interés en ver a estas pobres aves descarnarse a picotazos que la vean, porque la verdad es que hay combates muy bien filmados, pero como no es mi caso, así como tampoco el guión me pareció el colmo del interés, quedé bastante frío.
La puesta en escena tiene un cierto encanto serie B, y un ligero toque crudo a lo Peckimpah, así que el club de fans liderado por Susicú intuyo que la gozará bastante, pero yo a ese tren no me subo, lo siento.
No me irritó especialmente, pero la olvidé al medio minuto.
22 de marzo de 2010
22 de marzo de 2010
9 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesantísimo aldabonazo de Claudio Chabola.
Me acerqué a la presunta cima de este franchute con la mano en el paquete y la ceja en el techo, como debe de ser por otra parte casi siempre que la tricolor asome el hocico, pero lo cierto es que después de la gesta del Lyon y de películas tan acertadas como ésta uno debe a veces relativizar su ojeriza gala.
Acabo de leer que Chabola, simple y llanamente, deseó "filmar la perversidad" con Una Mujer Infiel, y sí, no hace falta lucir mucha perspicacia para comprobar que el abrazafarolas de Jason Reitman jamás compartirá mesa y puro con nuestro hombre. Es más, la primera mitad de esta película, que muestra sin estridencias y con un trazo finísimo y deliciosamente sutil, casi alegórico, la farsa absoluta que constituye la relación sentimental de la pareja burguesa se me antoja inspiradísima. A ello contribuye el sex appeal gélido y maquiavélico que irradia la hija de puta de la mujer y, por encima de todo, el pobre pazguato que bebe los vientos por ella de un modo desmesurado, obsceno, y que provoca una compasión inmediata.
Me acerqué a la presunta cima de este franchute con la mano en el paquete y la ceja en el techo, como debe de ser por otra parte casi siempre que la tricolor asome el hocico, pero lo cierto es que después de la gesta del Lyon y de películas tan acertadas como ésta uno debe a veces relativizar su ojeriza gala.
Acabo de leer que Chabola, simple y llanamente, deseó "filmar la perversidad" con Una Mujer Infiel, y sí, no hace falta lucir mucha perspicacia para comprobar que el abrazafarolas de Jason Reitman jamás compartirá mesa y puro con nuestro hombre. Es más, la primera mitad de esta película, que muestra sin estridencias y con un trazo finísimo y deliciosamente sutil, casi alegórico, la farsa absoluta que constituye la relación sentimental de la pareja burguesa se me antoja inspiradísima. A ello contribuye el sex appeal gélido y maquiavélico que irradia la hija de puta de la mujer y, por encima de todo, el pobre pazguato que bebe los vientos por ella de un modo desmesurado, obsceno, y que provoca una compasión inmediata.

Stéphane Audran
Pese a esta sangrante devoción, el cornudo sujeto, maravillosamente encarnado por Stephane Audran, huele el napalm por las mañanas, mueve ficha y propicia la que para mí es una de las secuencias más atómicas que ha ofrecido jamás el platinato, un combate psicológico memorable entre Audran y un caballero cuya identidad no revelaré, un choque de falos portentoso que se salda con un golpe de efecto de guión que, por desgracia, supone un leve bajón, a la vez que la adopción de un registro más seco y helador, más espartano, que nos lleva a la conclusión de que Kaurismaki y Chabola quizá si intercambiaron habanos y claveles.
Y, quizá también, de que a veces conviene detenerse y analizar el romanticismo que tiene un volcán sin necesidad de estallar.
Muy recomendable.
Y, quizá también, de que a veces conviene detenerse y analizar el romanticismo que tiene un volcán sin necesidad de estallar.
Muy recomendable.
23 de enero de 2010
23 de enero de 2010
7 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Irritante y deslumbrante, desigual y contundente, exasperante e ilusionante, sobresaliente e intolerable, así es esta inolvidable película, Mi Cena Con Iniesta, una obra con tantos o más dioses y monstruos, con tantas toneladas de matices como vuestro amado y admirado Atlético de Madrid.
Además de confesar que anoche me quedé dormido con ella mientras ingería una copa de vino barato posada en el vídeo, ése por cierto es el principal uso actual de mi particular boxeador sonado, admito que hoy, vista de principio a fin, me ha ganado para la causa, pese a que las sensaciones de incomodidad que ayer sufrí durante su primera mitad han vuelto a aflorar.
Me lancé a por ella, por cierto, por las conexiones que estableció alguien con la deliciosa Chinese Coffee. Y sí, esta velada gastronómica en el Vicente Calderón, con viandas, amargos órdagos, disquisiciones existenciales, agüeros y pereas puede haber influido a Salinas, qué duda cabe. En ambas el diálogo funciona como un afilado punzón que poco a poco va arraigando en el espectador, captando su mente, embrujando sus sentidos, azuzando sus fantasmas.
Además de confesar que anoche me quedé dormido con ella mientras ingería una copa de vino barato posada en el vídeo, ése por cierto es el principal uso actual de mi particular boxeador sonado, admito que hoy, vista de principio a fin, me ha ganado para la causa, pese a que las sensaciones de incomodidad que ayer sufrí durante su primera mitad han vuelto a aflorar.
Me lancé a por ella, por cierto, por las conexiones que estableció alguien con la deliciosa Chinese Coffee. Y sí, esta velada gastronómica en el Vicente Calderón, con viandas, amargos órdagos, disquisiciones existenciales, agüeros y pereas puede haber influido a Salinas, qué duda cabe. En ambas el diálogo funciona como un afilado punzón que poco a poco va arraigando en el espectador, captando su mente, embrujando sus sentidos, azuzando sus fantasmas.

Andre Gregory & Wallace Shawn
Chinese Coffe me embelesó prácticamente de inmediato, y llegado a este punto reflexiono y me veo obligado a darle el mérito principal a Salinas, que a poco que imprima un poco de fuerza e interés a cualquier personaje a mí me tiene a cuatro patas y lamiendo un hueso, pero con Andrés Iniesta no ha ocurrido igual.
Aquí, sin un personaje tan irresistible como Patxi, he tardado en conectar, los primeros compases de la velada se me antojaban dispersos, delirantes, vacuos. De hecho, y en los conflictos internos que me atenazan en muchos visionados, llegué a maldecir la autoría francesa de la función, Louis Malle, y que era eso, la densidad y la intelectualización gala, la gelidez franchute, sí, debía de ser eso.
Pero no, a diferencia de otros engendros de la tricolor tan respetables y personales como capaces de alzar un Himalaya entre mí y la pantalla (un saludo, Motta), esta cena respiraba otro talante, más cercano a los deslumbrantes análisis de la absurdidad y del vacío de Allen o del hombre verga que a ciertas filigranas intelectualizadas y grotescas de Truffaut o Antonioni, y ya de paso saludo también a Gálvez, que me estará viendo.
Aquí, sin un personaje tan irresistible como Patxi, he tardado en conectar, los primeros compases de la velada se me antojaban dispersos, delirantes, vacuos. De hecho, y en los conflictos internos que me atenazan en muchos visionados, llegué a maldecir la autoría francesa de la función, Louis Malle, y que era eso, la densidad y la intelectualización gala, la gelidez franchute, sí, debía de ser eso.
Pero no, a diferencia de otros engendros de la tricolor tan respetables y personales como capaces de alzar un Himalaya entre mí y la pantalla (un saludo, Motta), esta cena respiraba otro talante, más cercano a los deslumbrantes análisis de la absurdidad y del vacío de Allen o del hombre verga que a ciertas filigranas intelectualizadas y grotescas de Truffaut o Antonioni, y ya de paso saludo también a Gálvez, que me estará viendo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Así, tras la comentada primera mitad un tanto desconcertante, la película afila el puñal y, pese a revolcarse en la puerilidad y en la autoayuda más de lo deseable, deja reflexiones memorables, para el recuerdo. Algunas elevadas, quizá pretenciosas (flemas, yo también te quiero), acertadas pero con un ramalazo didáctico, como el progresivo acomodo de la masa, nuestra progresiva mutación en robots, nuestra tendencia a mostrarnos oblicuamente cuando hablamos de sentimientos; otras, simples, básicas, como la expresada por el pobre diablo invitado por Iniesta, un tipo práctico, vividor, y que ante tanto alarde de profundidad resta desde el fondo de la mesa con un raquetazo inapelable: "Bueno, yo opino que estoy en casa leyendo una biografía de Charlton Heston y que no puedo ser más feliz que en ese momento".
Y es ese balance, ese equilibrio entre el pragmatismo y la ensoñación lo que me ha gustado, lo que progresivamente me ha ido encandilando, pese a esos handicaps apuntados, esos altibajos, esa dispersión, esa vegetariana ingenuidad.
Puro Atlético de Madrid. Salvo distancias, porque ese escudo es lo más grande que le ha pasado jamás al fútbol, y obviamente trasciende a unos calzones y a un balón, y ésta no deja de ser una película notable, pero sí.
Puro Atlético de Madrid. Puro Pateti.
Me matas y me das la vida.
Yo te quiero, Atleti.
Y es ese balance, ese equilibrio entre el pragmatismo y la ensoñación lo que me ha gustado, lo que progresivamente me ha ido encandilando, pese a esos handicaps apuntados, esos altibajos, esa dispersión, esa vegetariana ingenuidad.
Puro Atlético de Madrid. Salvo distancias, porque ese escudo es lo más grande que le ha pasado jamás al fútbol, y obviamente trasciende a unos calzones y a un balón, y ésta no deja de ser una película notable, pero sí.
Puro Atlético de Madrid. Puro Pateti.
Me matas y me das la vida.
Yo te quiero, Atleti.
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