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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana |
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(Sevilla, España)
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| 3199 | Películas valoradas |
| 173 | Críticas |
| 10 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
5,8
(ver sus estadísticas)
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Pasión de los fuertes (1946)
John Ford
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| 13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Marzo de 2006 |
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Cuando uno ve a Wyatt Earp jugando a mantener el equilibrio en su silla en la entrada del hotel de Tombstone, se da cuenta de dos cosas: el por qué John Ford es considerado el mejor director de la historia, y por qué este mismo definió el cine como " Henry Fonda andando ". Una película que más bien parece un cantar de gesta que un western.
Ciertamente, Ford parece más pendiente de narrar una historia de personajes que en avanzar narrativamente hacia el duelo. Se centra en las relaciones más que en pensar la forma de llevar a un tiroteo para vengar la muerte del pequeño de los Earp. Eso sería haber recurrido a lo fácil, a lo que todo el mundo esperaría, un tiroteo largo, escenas de acción. Pero en esta película no destacan sus escenas de acción, pues estas se cuentan con los dedos de una mano. Hay varios momentos que el espectador tiene clavados en su memoria tras ver esta película: el señor Thorndike recitando a Shakespeare, mientras Doc Holliday lo escucha atentamente; el primer encuentro entre Wyatt Earp y la frágil Clementine; o la maravillosa escena de Wyatt hablando con la tumba de su hermano. Todas ellas contienen el lirismo propio de un Ford, capaz de sacar belleza de donde sólo hay cotidianeidad, como en la ya citada escena donde Fonda juega a mantener el equilibrio sobre las patas traseras de la silla.
Muchos hablan sobre la simpleza de ideas que transmite Ford a la película, lo que hay es lo que ves, cuando realmente, al igual que en El hombre que mató a Liberty Valance, el maestro nos habla sobre un cruce de formas de vida, de la llegada de la civilización al lejano oeste. Representado en dos formas de ser, Pa Clanton y Wyatt Earp son como dos grandes egos enfrentados, uno representando la violencia y la brutalidad del oeste, y el otro representando a una nueva raza de hombres sabios y valientes provenientes del este, que prefieren hablar antes de disparar, como la escena donde Earp detiene al indio borracho, usando la inteligencia en vez de la pistola. Con Earp llega la civilización, se construye la iglesia y llega la paz. Este choque de caracteres también está magistralmente representado en la figura del actor shakespiriano que recita Hamlet entre una panda de palurdos vaqueros que están más pendientes de hacerle bailar con disparos que de escuchar al literato inglés, también mostrado en la forma de ser de Doc Holliday, quién pasa de ser un médico respetable a un mero asesino cuando llega al oeste, pero que al escuchar a Shakespeare nos damos cuenta de que en realidad es un hombre sensible, culto y sabio.
Probablemente, Ford hizo la versión menos real del famoso duelo, y luego hay otras que serían más verídicas, pero oficialmente, la gran versión de este histórico suceso tiene en esta genial muestra de sensibilidad su mejor representación.
Tony Montana 
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Glengarry Glen Ross (Éxito a cualquier precio) (1992)
James Foley
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| 11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
17 de Noviembre de 2006 |
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Como director, Mamet nunca ha sido plato de mi gusto, pero hay que reconocer que como guionista casi siempre ha sabido dar con el toque adecuado a las películas, y más aún si lo deja en manos de otro director más competente, aunque este no sea un Scorsese o un Clint. La película es una muestra perfecta de la tiranía del dinero y el trabajo en el sistema de bienestar que es nuestra sociedad, donde a veces nos convertimos en meras máquinas al servicio de un estado que nos da más que nos quita, y que para escalar en él hay que recurrir al juego sucio y a pisar al compañero, al precio que sea.
El guión mejora conforme avanza la película. Al comienzo, Mamet me transmitía la sensación de no saber qué contar, si una película de traiciones, si un drama... hasta que descubrimos que es una brutal sátira sobre el capitalismo. Un comienzo algo complejo, con todo el tema inmobiliario, que hace que el espectador se pierda por momentos dentro de la trama, deja paso a un violento estudio de personajes a raíz de la magistral aparición de Al Pacino con Jonathan Pryce. A partir de la mitad de la película, el desarrollo del guión y la puesta en escena son vertiginosos, dejando de lado el mcguffin de esta segunda parte y centrándose en las relaciones de los compañeros, el desprecio del fuerte por el débil, y la desesperación del más débil dentro de un sistema económico que no permite concesiones. Al final, Mamet va dejando piezas sueltas, lanzando un falso culpable, y ocultando la verdad hasta el último momento, en un ejercicio de escritura brillante, casi de thriller, al que hay que unirles unos diálogos totalmente brillantes, que ayudan a retratar aún más la crisis y la desesperación en momentos malos. James Foley tiene algunos momentos realmente brillantes, con una dirección totalmente heterogénea, dota de un ritmo frenético a la película, y gracias a ello, nos guardamos algunas escenas antológicas, pero en total, en otras manos, habría alcanzado un resultado notabilísimo. Foley no es un gran director, y lo demuestra en algunos momentos, sin estar a la altura de Lemmon o Pacino, jugando demasiado con la cámara sin necesidad alguna de ello.
El reparto entero está a un nivel sobresaliente. Al Pacino da uno de esos recitales exagerados que tan bien compone, recordando por momentos en su bordería a Tony Montana, ya que su personaje es probablemente el más carismático de la cinta, siendo su aparición de lo mejor de la película. Y Jack Lemmon es el otro pilar sobre el que se asienta la interpretación. Pasa de estar eufórico a estar totalmente desesperado en unos segundos, abarcando una serie de registros asombrosos. Pero igualmente destacable es Alec Baldwin. Sale 5 minutos, pero se come la pantalla.
Una película con un guión brillante, pero que si hubiera contado con un director mejor podrçia haberse convertido en una de las grandes cintas del cine moderno. Una lástima
Tony Montana 
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El demonio de las armas (1949)
Joseph H. Lewis
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| 11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Mayo de 2006 |
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Sin duda alguna, esta película fue una de las precursoras del género conocido hoy en día como road-movie. Pero no es una simpe película de carretera, tiene también algo que la hace única: una historia de bandidos, una grandísima historia de amor, y una pasión desenfrenada, enfermiza, por las armas y todo ese mundo que la rodea. Seguramente, Charlton Heston sería un gran fan de esta película cuando chaval. Tiene todos los ingredientes para ser una película icónica dentro de uno de los géneros supremos como es el cine negro, aunque también tiene puntos que forman parte de otros géneros grandiosos, como el ya comentado de road movie, o la iconografía y temática del western, representada casi paródicamente en la vestimenta de la pareja en algunas secuencias, y una forma de rodar, acompañada de algunos planos, que anticipaban la llegada del ahora decrépito movimiento de la nouvelle vague, particularmente de esa película negro-pretenciosa que es Al final de la escapada.
Analizando los personajes, nos damos cuenta de que ambos son unos inseguros, pero realmente más Laurie que Bart. Ella quiere dar la impresión de ser la que manda, y en cierto modo es así, pero luego nos damos cuenta de que es una mujer asustada, que mata por miedo a ser cazada, y es una absoluta paranoica. Ella lo hace todo por impulsos, como una clásica protagonista de cine negro, sin pensar en las consecuencias, y no duda en arrastrar a su amado marido, con la falsa promesa de que será la última vez, pero llega un punto en el que Bart se da cuenta que han sobrepasado un límite: matar a sangre fría. Es ahí cuando realmente se da cuenta de los delitos que está cometiendo, y quiere pararlos, pero ya es demasiado tarde, y la espiral que han iniciado es ya una gigantesca e imparable bola de nieve. Una auténtica reflexión acerca de quién tiene el poder para apretar el gatillo y quien no.
Esta película aúna clasicismo y modernismo de una forma brillante. Unos primeros planos totalmente nouvellevaguianos, acompañados de unos sutiles movimientos de cámara, a otros mucho más bruscos, una angulación de planos bastante " wellesiana ", con un montaje trepidante, creando situaciones de tensión para que el espectador pueda sentirse implicado emocionalmente en la historia. La película queda dividida en segmentos claramente diferenciables, como la infancia del joven Bart, con una maravillosa escena donde, muy joven, mata a un pequeño pollo como si de un juego se tratase, una escena macabramente chapliniana. Cuando todo va tornandose en una historia de amor, aparecen los primeros crímenes, y es entonces cuando ya aparece la trama en sí, llevada muy bien por Lewis, con algunas escenas memorables, y una forma de rodar que se adelantaba a su tiempo, hacen de esta soberbia película una joya que nadie debe perderse, y que influyó a clásicos posteriores como Bonnie & Clyde o la ya nombrada Al final de la escapada, y con un final tan romántico y sensacional como el de Duelo al sol... imprescindible
Tony Montana 
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Ed Wood (1994)
Tim Burton
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| 11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Marzo de 2006 |
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Cuando uno ha terminado de ver esta película, le quedan en el cuerpo muchísimas sensaciones, pero yo destaco una que a mi me dejó: el cine es un auténtico circo. Podríamos decir que esta película es una mezcla entre Ciudadano Kane, y El crepúsculo de los dioses, pasada por la vitriólica mirada de Tim Burton, que consigue elevar una historia aparentemente poco prometedora a la categoría de clásico moderno. Una mordaz muestra del amor que le profesa Tim Burton a su particular mundo, y que transmite a la pantalla como sólo él sabe hacer. Y por qué no, también hacer su pequeña crítica al cruel sistema de estudios de los años clásicos de Hollywood, donde triunfar a veces no era más que un sueño al alcance de unos pocos elegidos. Y también, su particular crítica contra la jubilación anticipada de los grandes actores por culpa de su edad, personificada en este caso con el mítico Bela Lugosi, que como ya he comentado antes, es su particular El crepúsculo de los dioses. Pero eso sí, todo ello visto desde el prisma de un humor negro y satírico.
El personaje de Ed Wood es algo así como el Charles Foster Kane del cutrerío y la caspa. Pese a ser un friki, un auténtico perdedor, que a más de uno le deprimiría, a través de una maravillosa interpretación de Johnny Depp, la mejor de su carrera, consigue hacer que este personajillo nos parezca un verdadero cineasta. Y en mi comparación con la obra maestra de Welles, al igual que Kane, Eddie es un visionario, un soñador, que pretende llegar allí donde sólo los valientes llegan, y luchar contra todos los enemigos que se le pongan en su camino. Kane tenía al Chronicle y a gran parte de la sociedad americana, y Wood a los grandes estudios y a su escaso talento, aparentemente enemigos menos estratósfericos, pero no por ello pone menos empeño en lograr sus metas. Para ello contará con Bela Lugosi, al que Martin Landau devuelve a la vida de manera milagrosa. Ese acento húngaro, esos movimientos, y esa compostura, que recrean de forma casi patetica, aunque realista, al que fue el icono del terror durante años. Un Oscar más que merecido, por que realmente, es Bela Lugosi. Y un reparto de buenísimos interpretes, que recrean a la troupe de frikis que llevaba consigo Wood siempre, destacando a un Bill Murray en estado de gracia, haciendo un personaje que roba las escenas en los pocos minutos que sale, y una Patricia Arquette más guapa que nunca, amén de una Sarah Jessica Parker excelente, como novia chillona y frustrada actriz, que parece llevar el mismo sino que su novio.
Una maravillosa metáfora sobre la necesidad de las ilusiones, de ser uno mismo, de no dejarse amedrentar por nadie, y de buscar los sueños como si la vida nos fuera en ello. Una obra que emuestra el amor de Tim Burton, no ya por el cine de serie B, Z, y demás letras del abecedario, si no su amor por el cine en general, tratada con una sensibilidad y una suavidad que únicamente se encuentra en los jerséis de ángora.
Tony Montana 
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Los niños del paraíso (1945)
Marcel Carné
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| 9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Abril de 2006 |
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Había oído hablar a Truffaut sobre Los niños del paraíso, que era para él la mejor película francesa jamás hecha. Yo pensaba que sería, con ese título, un drama sobre la infancia estilo Cero en conducta o Los 400 golpes, y quizás una película corta. Pero luego lo que me encontre fue una película sobre la vida a través del teatro, algo así como Lo que el viento se llevó a la francesa, desgarradora, y larga, muy larga.
La película es un teatro, una forma de ver la vida muy teatral, que juega con la ambigüedad de las obras teatrales, y de cómo cuesta separar vida y teatro, más aún cuando este es tu vida. Y una gran visión romántica, y casi obsesiva del amor. Y una película ambientada " en el pasado ", pues continuamente juega con la importancia que el pasado juega en nuestras vidas, y que a veces es imborrable aunque lo intentemos.
La película subraya continuamente esa idea de drama teatral que es la vida, donde todos formamos parte de un guión escrito por alguien, y en este caso, ese papel lo desempeña el criminal Lacenaire, un personaje cuya importancia nunca llegué a entender en la trama hasta los últimos 15 minutos, que es cuando se revela su verdadera tarea. Los personajes mueven la propia historia con sus decisiones, con su forma de ser, y así nos presenta a varios arquetipos del teatro en la propia vida: el joven romántico, un inocente soñador atrapado entre dos mujeres, como es Baptiste, el ambicioso, Frederik Lamaitre, un personaje carismático que realmente interpreta papeles durante toda la película, y que aprovecha lo que le pasa en la vida real para incluirlo en las representaciones teatrales. Entre estos dos personajes surgirá una relación de amistad- rivalidad por el amor de Garance, a la que podría denominar como " femme fatale inconsciente ", pues realmente maneja a los protagonistas, sobre todo a Baptiste, como quiere, y es su objeto de obsesión, aunque ella no pretende serlo, dándole un carácter ambiguo.
A partir de aquí, lo que comenzó como una especie de comedia sobre el teatro, se va transformando en un auténtico drama, al entrar en la trama la parte de amor y celos, aunque ciertamente, no exenta de algunos puntos cómicos totalmente geniales, como el director de Los funámbulos y sus multas, o los geniales autores de la obra que representa Frederik. Algo así como ocurría en Candilejas, con auténticos momentos de sentimiento que le llegan al espectador a lo más hondo, con planos que, sin necesidad de diálogos, dicen más que algunas películas enteras. Y otro aspecto es el recién citado de los diálogos. Auténticos prodigios, cada frase podría formar parte de un estudio, de una tesis, por su riqueza, por su calidad, y que me recordaron a los geniales dialogos de Mankiewizc en Eva al desnudo.
Únicamente puedo recomendarsela a todo el que no la haya visto, por que realmente se le harán cortas las 3 horas que dura, y, al igual que me ocurrió a mi, saber que se ha visto una parte de la historia del cine.
Tony Montana 
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