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Críticas de: Strhoeimniano

7,9
Media votos
1665
Películas valoradas
81
Críticas
2
Listas
Strhoeimniano A Coruña - España

Ordenadas por:
81 críticas (Ver todas por título) Página: 7
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Los olvidados (1950)
Notable
Luis Buñuel
39 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 21 de Junio de 2005
Es la primera muestra, tras “La edad de oro”, “Las Hurdes” y “Un perro andaluz” que el Luis Buñuel que había asombrado al mundo con un lenguaje propio y único seguía ahí y aún tenía mucho que contar.
La historia, coescrita con el extremeño Luis Alcoriza, uno de los mejores guionistas con los que contó, es una descarnada denuncia sobre la desigualdad, sobre esos “olvidados” cada vez más numerosos que da a luz el desarrollismo de la opulencia. Su mirada se dirige hacia la juventud, hacia ese futuro aplazado que sobrevive en un mundo cruel (la delincuencia es la única respuesta) sin más respuestas por parte del Estado que las represoras.
Su visión es desesperanzada. Es curioso compararla con otra película de la misma década que se acerca también a la juventud (en aquel momento un tema menor dentro del cine). Mientras que en “Rebelde sin causa” las respuestas violentas, todos los conflictos que se desarrollan en el film, están enraizados en el interior de los personajes y son conflictos emocionales; Buñuel opta por despejar esos tormentos y denunciar, sin ocultar ninguna carta y con una valentía irrepetible, las causas estructurales de la violencia (el tiempo dio la razón al maestro y se la quitó al N. Ray). Esta visión está tan marcada, que el espectador la comparte con los personajes (magnifico plano de Pedro, el protagonista inocente de la película, lanzando un huevo contra la cámara).
Todo esto lo hace desde la pasión. La película está llena de una tensión difícil de soportar por lo desgarradora que es la situación a la que nos acerca. Son escasos los momentos de serenidad, de placidez, pues estos pronto caen ante la injusticia arrolladora. La galería de personajes, arrastrados todos por esa espiral en la que se ven envueltos, es inolvidable. El carácter de Buñuel se palpa en cada imagen (la fotografía es de Gabriel Figueroa que colaboró en toda la etapa mejicana). Ese posicionamiento ético de situarse siempre al lado de la víctima está en “Los Olvidados” llevado al extremo máximo. Buñuel no juzga a los personajes; pero si denuncia las situaciones. Verdugos y víctimas son presentados desde una cercanía árida, tan cruda como las situaciones que muestra, sin ahorrar el maestro sus apuntes surrealistas y ese erotismo tan carnal que tienen todas sus películas.
Las interpretaciones son prodigiosas, rebosantes de un naturalismo que yo, particularmente, no volvería a ver hasta “Amores perros”; sin embargo, todos ellos son actores con una larga trayectoria en el cine mejicano: Roberto Cobo (el cruel y violento “Jaibo”), participó en casi una centena de películas; Miguel Inclán (D. Carmelo) era el típico villano del cine mejicano; pero si alguien deslumbra es Alfonso Mejía. Él interpreta a Pedro, esa flor que nace entre el estiércol y cuyo destino se unirá al de “Jaibo”. Su mirada es prodigiosa y te ata a la sinceridad e inocencia de sus palabras componiendo un personaje difícil de olvidar.
“Los olvidados” es una obra maestra imprescindible.
Strhoeimniano
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La vaquilla (1985)
Buena
Luis García Berlanga
33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 3 de Noviembre de 2005
¿Tiene la Guerra Civil Española material suficiente para una comedia? Si quien está detrás de las cámaras es el tándem Berlanga & Azcona, la respuesta es un rotundo SÍ. Aunque filmada en los años ochenta, este proyecto estaba en la cabeza de sus creadores mucho antes; sólo que dar una versión de la contienda alejada del espíritu triunfalista y redentor era una misión del todo imposible. Un ejercicio tan libérrimo como el aquí nos presentan, en la que quizá sea su última mejor obra, precisa de esa sobredosis de aire que da la libertad de expresión.
La guerra de Berlanga no es un ejercicio dramático; pero sí trágico, profundamente trágico. Su esperpéntica visión nos acerca a un realismo más cotidiano que naturalista. El esbozo magistral de la infinidad de personajes, marca de la casa de ambos autores, nos muestra el papel del azar que existe en todas las contiendas a la hora de arrollar la vida de las gentes (magistral la secuencia en la que G. Montesinos da una vuelta enorme para ver cómo están sus tierras y arremete contra su ejército por bombardearlas). Así, este hermanos contra hermanos que tiene toda guerra civil, no es producto de una convicción ideológica (los ideólogos son los que ordenan, pero no los que mueren), sino de estar en lugar inadecuado a la hora errada. El lugar: el frente de Aragón, que no se mueve desde hace meses; la hora: las fiestas del pueblo en el bando nacional. La unión de este espacio y tiempo servirá para seguir las peripecias de cinco soldados republicanos en territorio enemigo obstinados en boicotear las fiestas secuestrando a la vaquilla.
Este desastre de tropa está encabezada por un genial Alfredo Landa, pero bien escoltado por José Sacristán como el Teniente Broseta, más ágil con la navaja (es barbero) que para dar órdenes que se cumplan; Santiago Ramos (impagable ese “Limeño” que compone, con más “cornás” de cobardía que arrojo en su toreo), Guillermo Montesinos, que interpreta a Mariano, un natural del pueblo que terminará más cornudo que la vaquilla a la que pretende secuestrar, y Carlos Velat, como cura. Como no podía ser menos en el cine de Berlanga, el reparto está espectacular. Son viejos conocidos suyos, pero que bajo su batuta están espléndidos: Mª Luisa Ponte, Antonio Gamero, Agustín González, Luis Ciges y un largo etcétera para esta película coral en la que las risas se dan sobre un telón de fondo que amarga esta comedia. Punto y aparte merece Violeta Cela. Es la “jamona” de la película; pero hace una interpretación tan espectacular que nos habla de lo desaprovechada que está esta gran actriz, aquí componiendo una mujer dejada llevar por la historia que le toca mamar, pero con esa energía que cuando sale pone los puntos sobre las íes.
El final, de los más inspirados que se pueden ver en una pantalla, una de esas imágenes en la que es cierto ese dicho de que lo que ves, vale más que mil palabras. Por eso hay que ver “La Vaquilla”, es Berlanga, es buen cine.
Strhoeimniano
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Avaricia (1924)
Notable
Erich von Stroheim
33 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 20 de Mayo de 2005
Cuando la vi por primera vez, dado lo herejes que somos los que amamos el cine, me convencí de que Dios existía y era el genial Erich Von Stroheim. Desde las primeras imágenes tiene una fuerza telúrica impresionante; sólo los grandes maestros saben crear y Stroheim iba sobrado, en dos “plumazos” decía más que otros tras horas de disgresiones. Por ejemplo: Mc Teaque, el protagonista, toma las piedras donde se oculta el oro como lo que son: piedras; sin embargo, ese gigantes dos pasos después coge un pajarillo herido y con infinita ternura trata de devolverle el vigor. Un compañero se lo quita de un golpe y Mc Teaque ni se lo piensa: lo lanza por un barranco. El genio de Stroheim sólo pone un breve cartel: “Así era Mc Teaque”. Te lo ha dejado tan grabado que a lo largo de esa caída libre a lo más bajo que muestra la película que planea sobre todo este magistral drama. En una conversación de B. Wilder con M. Ciment, le comenta el gran director una conversación que tuvo con Stroheim cuando rodó el Crepúsculo de los Dioses. Wilder le dice que su problema fue adelantarse diez años al cine que se hacía; Stroheim contesta que veinte... Yo digo que cincuenta. Todo el cine posterior está ahí. Ya está Ciudadano Kane, el surrealismo, el neorrealismo, Fellini. Es prodigiosa. Su imagen final, en el Valle de la Muerte, seguro que ha inspirado a más de un western. Es una película cruel y violenta, con los actores en un estado de gracia absoluto, desde Gibson Gowland, a Zazu Pitts, pero cine cien por cien como sólo un genio podía hacerla.
Como ironía final hay un premio que no se concede todos los años en la entrega de los Óscar: el premio Irving Thalberg. Este hombre, genial productor, fue el causante de que una pelicula de 10 horas (Stroheim no uso guión sino que sencillamente cogió el libro de Frank Norris y comenzó a rodarlo, página a página), pasará a la duración actual; con el metraje sobrante sólo hizo una cosa: quemarlo. Buena prueba de los caminos por los que anda el cine.
Un abrazo a todos/as.
Strhoeimniano
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Re-Animator (1985)
Interesante
Stuart Gordon
32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 9 de Junio de 2005
Si la vida es una interacción química..., está claro que venceremos a la muerte inyectando un compuesto que reactive toda esta biología... Con una premisa tan sencilla como esta, adaptación de un cuento breve del gran H.P. Lovecraft, surge en los ochenta esta libérrima y descarada película de terror.
De todos los pecados que puede cometer una película de terror, el único que no puede permitirse es caer en el ridículo. “Re-Animator” con su hábil mezcla de gore, suspense, y comedia (negrísima) podía haberse hundido en esas aguas negras, pero sale indemne de esta tentación. En ningún momento existe una pretensión de hacer una obra que siente cátedra. Ajenos a cualquier pretenciosidad, se dejan llevar libres, sustentados en un guión realmente bueno, hasta hacer creíble, y sobre todo divertido (lo que es de agradecer), todo el desfile gore que durante los 95 minutos siguientes llenará la pantalla.
Los actores están en un estado de gracia absoluta; sobre todo J. Combs, que interpreta al Dr. West haciendo uno de los mejores retratos que del científico loco tenemos en toda la historia del cine (su locura está siempre en los ojos, en la pasión de sus gestos); como no podía ser menos, también está el guapo de la película (con su novia la víctima igual de atrayente) siguiendo las pautas de descerebrados que llenaron parte de la comedia americana de los años 80. Un punto y aparte merece David Gale, aquí interpretando al “malo” de la película: el Dr. Hill y que protagoniza una de las mejores secuencias de humor negro: su cuerpo decapitado entrando con toda normalidad en el Hospital y simulando la falta de cabeza con el típico busto que encontramos en cualquier facultad de medicina.
En resumen, una película inclasificable, divertida, escatológica... ¡una gozada en la que los gritos son lo único que logran decapitar las carcajadas!
Strhoeimniano
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Qué bello es vivir (1946)
Notable
Frank Capra
31 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 19 de Enero de 2006
Puede que todas las navidades nos quejemos de la sobredosis familiar, alimenticia y etílica propia de esas fechas. Tendremos razón; pero no encontraremos argumento alguno para quejarnos de otra reunión ya familiar: sentirnos más vivos que nunca viendo “¡Qué bello es vivir!”
La película es una comedia fantástica, tomando este adjetivo en todas sus acepciones. Por una parte, Capra logra, sin artificio alguno, sostener una historia insostenible e increíble, incluso débil y ridícula; pero tan plagada de sensibilidad, que lo ridículo pasa a encantador y lo increíble a posible, pues lo hemos visto, lo hemos disfrutado. Por otra, consigue crear un cóctel hecho de ingredientes que chirriarían entre sí, pero que aquí se armonizan perfectamente. “¡Qué bello es vivir!” tiene todo: drama, aventura, comedia y fantasía; este último elemento, introducido con una naturalidad tan conseguida que cuando vemos la película no caemos en la tentación de decirnos: “Eso es imposible”, sino que está tan genialmente escrita y narrada que no queda otro camino que el propuesto por F. Capra.
Y esto lo logra no mediante esa dirección inapreciable que tienen los clásicos y de la que Capra era uno de sus mejores maestros. Capra sabía dónde colocar la cámara, cuándo cortar, cómo montar, cómo dirigir a los actores. ¿Qué decir de ellos? J. Stewart está fabuloso, rebosa naturalidad, es G. Bailey, no hay otro. Sus primeros planos estremecen, consigue atraparnos de tal manera con su actuación, que lo que el goza y sufre, lo gozamos y sufrimos nosotros. También está otro viejo conocido de Capra, ahora haciendo de malo, malísimo: L. Barrymore; y un espléndido, y sobre todo entrañable, H. Travers en el simpático papel de ángel sin alas.
“¡Qué bello es vivir!”, como gran parte de las películas de Capra, es un canto a los héroes anónimos que caminan por la calle, que como Bailey no son conscientes de que gracias a ellos el mundo no se convierte en un “Poterville”.
¡Gracias, Capra, por hacer un clásico tan rotundo!
Strhoeimniano
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