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Críticas de: RARRA
RARRA mADRID - España 
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Impact (TV) (2008)
Mike Rohl
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Abril de 2011 |
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Una serie de televisión ha sido tradicionalmente un conjunto de episodios independientes y de corta duración con unos personajes y un tema comunes que los vertebran. Junto esa serie de TV surgió otro género: la historia larga que iba narrando unos acontecimientos que se sucedían como partes de una sola historia y donde las familias pasaban a ser protagonistas.
Impact era un miniserie de TV dirigida por Mikie Rohl, también director de otras muchas series. Como en otras muchas miniseries se exprimió el limón uniéndolas, logrando así una película larga y tediosa.
Para colmo, Impact aborda el tema de catástrofes, un tema menor que tiene su atractivo en las escenas sonde se exhibe esa catástrofe, normalmente natural y, en ocasiones, accidental. El cine de catástrofes naturales tiene su pequeño atractivo y consiste en los efectos especiales con que se muestra la catástrofe, sea terremoto, erupción volcánica, sunami, tifón o tornado. Las películas, por lo tanto, breves y que rellenan como pueden el tiempo en que se masca la catástrofe. Sin embargo, en Impact nada de eso sucede: el tiempo pasa en balde a través de historias tontas y manidas.
Además se pisa el terreno de la ciencia ficción. En la ciencia ficción, todo se permite, lo que sucede es que hay ficciones buenas y ficciones realmente malas. Esto último es el caso de Impact. A la ciencia ficción se le pide algo de verosimilitud de coherencia, de sentido común que compense y modere el elemento imaginativo que siempre debe tener. De no hacerlo se desemboca en la risa o en el aburrimiento. En el caso de Impact puede ser algo peor: una especie de abatimiento.
Los efectos especiales son mínimos y ridículos. Pocas escenas pueden verse más penosas que la de unos astronautas andando “como despacito” por la luna tratando de imitar la menor gravedad que vimos en los paseos de Neil Armstrong. O esas ascensiones de personas y cosas que recuerdan anuncios de TV sobre productos contra la aerofagia o sobre ambientadores caseros.
La música de la banda sonora, oscura y siniestra, podía ser la adecuada en una miniserie de TV, se vuelve insoportable cuando se prolonga durante tres horas.
RARRA 
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Yo vigilo el camino (1970)
John Frankenheimer
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| 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Enero de 2010 |
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Probablemente Yo vigilo el camino sería muy distinta si narrara esa misma historia en un entorno que no fuera el del sur de los Estados Unidos, la famosa América profunda. Frankenheimer se recrea en ese ambiente y nos lo ofrece en estado casi puro, no importa que sea estereotipo o realismo. No en balde, Madison Jones, autor de “An exile”, la n novela en que se basa el guión vivió su juventud en ese ambiente
Los paisajes, los campos, las carreteras, los colores se unen a los rostros estólidos que se exhiben en el inicio de la película. En minutos se va a mostrar un escenario del que no se va a salir y que va a ser también protagonista. Se une a ello una incorporación acertada de canciones de Johnny Cash.
Todo eso es lo mejor. No está a su altura el guión. Ni Gregory Peck en una interpretación demasiado plana y monótona. Tuesday Weld, pues bien sin más. Los intérpretes de personajes secundarios ofrecen en general una buena actuación, respondiendo al cuadro general.
Por encima de todo ello: la película entretiene y gusta. Y tiene momentos francamente destacables.
RARRA 
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En tiempo de brujas (2011)
Dominic Sena
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Su valoración:  |
24 de Septiembre de 2011 |
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Cuando todo se fía a ellos, los efectos especiales son el auténtico cáncer del cine actual. Viendo “En Tiempo de Brujas, hasta los actores, empezando por Cage, parecen un efecto especial superfluo y pobre. Pero resulta que ahora parece que con un guión malo los efectos especiales son el medio de salvar la película con un presupuesto reducido, cuando lo procedente sería buscar más recursos que hicieran innecesario los efectos o renunciar a hacer la película.
La Edad Media que nos ofrecen parece también un efecto especial. Como la peste repentina y algo gore que alienta el guión. O la peculiar religión que enmarca la película. Todo: los paisajes, los poblados, las chozas, las ciudades.
Encuadrarla en la serie B es una injusticia. La serie B parte de una cierta humildad, de una actitud donde no cabe la pretenciosidad. Pero a veces produce buenas películas, aunque la mayor parte de ellas sean malas. Pero son malas discretamente. Esta película es mala de solemnidad.
RARRA 
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Los chicos del coro (2004)
Christophe Barratier
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Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2011 |
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Parece incontestable que la mezcla de un música más o menos melodiosa y unos niños produce el resultado de generar en muchas personas sentimientos de ternura que les lleva a la emoción. Parece asimismo que eso es lo que determina que “Los chicos del coro” genere tantas y tan intensas adhesiones. Que quizá, de no mediar música dulzona y niños de mirada cándida, no serían ni tantas ni tan intensas.
“Los niños del coro” es una buena película, pero a la que se podría pedir algo más en muchos aspectos. Comenzando por el guión. Los personajes están algo caricaturizados. Flota un aire de falsedad, como es el de que todos los niños tengan –el atril aparte—voces aptas para lograr un coro que suena bien de la noche a la mañana.
El drama humano se pierde porque el real es de los niños y básicamente se centra la atención en el que tiene el supervisor. El de los niños se diluye en el grupo y se termina reduciendo a una crítica social sin calado y desconectada de las realidades de la postguerra.
La música –todo va por gustos—es facilona y, a la vez, demasiado rebuscada y refinada para ser la de un coro de aficionados a los que sin vocación, de pronto, les llega la música. Ya en la presentación de la película, el ya crecido niño Pierre Morhange -que de cantar bien pasa a dirigir una orquesta- echa unas lágrimas por su madre que acaba de morir mientras dirige un meloso vals de Strauss. Así se va introduciendo en un argumento sensiblero que lógicamente encanta a los espectadores. Los buenos muy buenos y los malos muy malos.
La película es buena y gusta. Pero no deja de ser en algunos momentos una tarta cubierta de nata y coronada por una guinda. De una de esas tartas que a uno le gusta probar de vez en cuando. Y a otros tomársela entera.
RARRA 
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Movie Movie (1978)
Stanley Donen
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Su valoración:  |
27 de Septiembre de 2011 |
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Un recuerdo elogiable
Dentro de la cinematografía ha alcanzado un cierto desarrollo las llamadas parodias. Un estilo que, cuando está bien realizado, está entre el homenaje y la caricatura, sin encerrar nunca crueldad. “Movie, movie” es ya un título preciso para orientar lo que se trata de rememorar: aquellos cines de sesión continua que ocuparon una décadas y que, sin duda, constituyeron una forma de exhibición que el público agradeció con su asistencia,
Stanley Donen al abordar “Movie, movie” no trata de evocar esas sesiones de dos películas que solían sucederse durante varias horas. Rememora, al mismo tiempo, la simplicidad y esquematismo de muchos de los argumentos de aquellas películas en blanco y negro que entretenían a la gente mientras mostraban escenarios lujosos. Como anécdota recuerdo que en torno al año 1950 volvía a ver en el último pase “Las zapatillas rojas”; fue una versión absolutamente distinta de la contemplada unos días antes en el mismo cine: el operador, dado que tenía que devolver las bobinas, había vuelto a pegar todos los cortes que había realizado para que una película de casi dos horas y cuarto se convirtiera en el metraje adecuado de la sesión continua.
Al comenzar “Movie, movie” una persona recuerda aquellos tiempos en que “el chico siempre conseguía a la chica, el crimen se pagaba y la única palabra gruesa que se oía era caramba”. La “double feature” americana y la “sesión continua” española cuadraban con tiempos duros de postguerra y crisis económica. Hoy serían inimaginables, aunque curiosamente hayan sido sustituidos por la visión troceada y sucesiva de películas en la televisión animados por el zapping y armado alguien con el mando a distancia.
Stanley Donen es un director que domina perfectamente el oficio. Tiene además un sentido de refinamiento que encaja perfectamente con el que pudo existir en aquellas películas. Algo realmente elogiable es el tráiler que intercala entre las dos, suficiente para parodiar muchas de aquellas películas y aquellas sesiones. Pero más allá de ello, emplea técnicas de los viejos tiempos: superposición de imágenes, fundidos. O la forma de actuación de los personajes. Hasta la moraleja final, donde la parodia quizá es excesiva pero perdonable.
Resulta curioso que sea precisamente su mejor película “Cantando bajo la lluvia” la que parezca rememorarse en la segunda parte de ambiente musical.
RARRA 
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