Hoy se estreno por fin esta película que había generado cierta expectación en mí por el tema que trata. En un principio se podría pensar que en la cultura mexicana, ya famosa por la cercanía e irreverencia con que trata el tema de la muerte, seria natural encontrar un culto formalizado de esta. Contrario a esta conclusión, nada tiene que ver el reciente fenómeno de la adoración a una imagen con forma de esqueleto y una hoz, con las tradiciones de día de muertos. Sin hacer apología de estas ultimas (al fin una mezcla de catolicismo y paganismo) es muy conveniente diferenciar ambos procesos socioreligiosos y caracterizar el culto a la llamada “Santa Muerte” como un fenómeno de aparición relativamente reciente, pero con raíces viejas. Y ciertamente estas nada tienen que ver con el 1 y 2 de Noviembre (Día de muertos en México). Sin ser documental en ninguna forma, el director Paco Del Toro, nos presenta un bosquejo de los elementos que conforman el culto a esta imagen, a través de tres historias cuyo común denominador es la búsqueda de los protagonistas de resolver las crisis a las que se enfrentan recurriendo a al pensamiento mágico, cuando los medios de la razón y la ciencia les han quitado toda esperanza, con lo que se abre una encrucijada ente ellos, de sucumbir al ritualismo y la esclavitud seudo religiosa o de encaminarse hacia un verdadera espiritualidad liberadora. En principio quien se acerca a la muerte, lo hace buscando beneficios materiales y emocionales de corto plazo, para satisfacer sus deseos superficiales e inmediatos. Trascendiendo esto, quien busca la espiritualidad, busca un poder superior que le brinde estabilidad y crecimiento emocional y espiritual, algo que ciertamente esta fuera del ámbito de acción de la llamada “niña blanca”. El adorador de la muerte busca que esta le cumpla sus caprichos, el hombre espiritualmente libre se hace conciente de su propia impotencia e incapacidad en si mismo y busca ponerse bajo al dirección de un poder superior al suyo, entregándole a El su voluntad.
spoiler:
Para mi cuando Rubí y su esposo dejan por fin de estar buscando a toda costa la sanidad de su hija, intentando controlar algo que nunca estuvo en su control, entregándole al único Dios verdadero el total control de sus vidas y la de su hija, confiando en El y aceptando su voluntad aunque esta fuera en principio aparentemente dolorosa e inentendible, es la mejor escena de la película.
Finalmente me congratulo de que esta cinta exalte el nombre de Jesucristo y proclame su victoria sobre la muerte, proponiéndole a El como el único camino, la verdad y la vida.