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Críticas 1.747
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
10 de julio de 2007
40 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eso de ver a Mel Gibson, que hace de seductor impenitente, machista y con pocos escrúpulos a la hora de manipular a las mujeres para conseguir lo que quiere... Como decía, ver cómo se le brinda la oportunidad de meterse literalmente en las mentes de las mujeres para saber cómo piensan y así aprender una lección de humildad, resulta muy chispeante y divertido.
Él, que nunca se ha preocupado de saber lo que piensan realmente las mujeres de su entorno, incluyendo a su ex-mujer, su hija y sus amantes, se encuentra de pronto con un don inesperado que, tras la angustia inicial, le abre todo un mundo de posibilidades que puede aprovechar. Lo que en un principio él toma como un medio de sacar provecho de las mujeres aún más que antes, poco a poco se le va revelando como un medio para aprender a considerarlas con respeto y más de igual a igual y no sólo como meros objetos, al ir descubriendo sus más íntimos pensamientos y peculiaridades.
La fotografía es excelente; la música está aderezada con clásicos de Frank Sinatra y otros cantantes melódicos, mezclada con marchosas canciones pop; el ritmo es ágil y entretenido y, en definitiva, ofrece una distracción agradable y que no está nada mal para disfrutarla en cualquier momento en que apetezca ver una comedia romántica que no busque otra cosa que hacernos reír y disfrutar un rato.
14 de julio de 2008
35 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
La fama es una plañidera vocinglera que precede los pasos de aquél a quien se arrima. Y eso, William Munny lo sabe muy bien.
Y también sabe muy bien que se la buscó a pulso, en una época en la que nada le importaba.
Aunque ya hace mucho que trata de librarse de esa fama como de una maldición.
Ex-asesino, ex-leyenda negra que carga, en una conciencia tiempo atrás dormida, con un reguero de sangre derramada y con un aura de muerte que intenta dejar atrás.
Will Munny ya hace mucho que abandonó aquella perra vida de forajido de piedra y se transformó en un ser humano que aprendió a amar.
Pero la fama de un asesino, una vez excitada, no suelta fácilmente a su presa. Y termina por regresar cuando la necesidad llama a su puerta y se le presenta una oportunidad. Un joven fanfarrón y aventurero atraído por la fama del asesino redimido va a hacerle una propuesta: asociarse para realizar un trabajo sucio y cobrar una recompensa.
Dicha recompensa consiste en mil dólares al mejor postor, el precio impuesto por unas prostitutas maltratadas y ultrajadas al pellejo de dos malhechores a los que desean enviar al otro barrio. El sheriff, un hombre cruel, trata de impedir que las mujeres se salgan con la suya, pero la voz ya se ha extendido.
Morgan Freeman & Clint Eastwood
Will, necesitado de dinero para mantener a sus hijos, acepta la empresa y se pone en camino con el muchacho y con un nuevo socio, un antiguo amigo de correrías y fechorías que también ha sentado la cabeza.
Todos descubren que de repente el negocio de matar no es tan sencillo.
Porque, como dice Will, "matar a un hombre es algo muy duro. Le quitas todo lo que tiene, y todo lo que podría tener."
El camino hacia este último crimen no es el de tres sanguinarios despiadados que se dirigen fríamente a su objetivo. Es el dos hombres de mediana edad llenos de renqueante humanidad y de dudas, y el de un joven inexperto que descubre que eso de mandar al otro barrio al prójimo no es tan emocionante como creía.
Mil dólares para limpiar el ultraje de unas pobres mujeres indefensas. Para aprender que la verdadera amistad es una de esas cosas por las que un ex-matarife rehabilitado sería capaz de volver a empuñar un arma y regresar a las andadas.
Con la firme dirección de uno de los más excelsos directores de la actualidad, un apartado técnico encomiable, un guión que nos deja grandes lecciones de vida y el deleite de ver a tres de los gigantes de la pantalla en un duelo interpretativo absorbente, esta película resucitó el espíritu del western y volvió a encumbrarlo a las alturas de una calidad y una grandeza con la impronta del incombustible Eastwood.
25 de junio de 2011
34 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si yo tuviera una abuela como esa, no necesitaría tener un solo enemigo. Cada vez que ella dice “cariño” y besa a un hijo o nieto, anuncia una traición o una catástrofe segura.
Su sonrisa untada de melaza y sus besos de Judas bastan para provocar pesadillas en una servidora, o por lo menos ardores de estómago.
Se entiende que los hijos sean unos mendas de dudosa calaña, que la hija se suicidara y que el nieto sea tan alegre como una funeraria. Si el chaval sonríe creo que dos veces en total, y cada vez que abre la boca habla tan bajo que difícilmente el sonido de su voz entra en el rango de las frecuencias sonoras que el oído humano puede captar. Menos mal los subtítulos.
El resto, en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay algunos errores o inconsistencias argumentales que son lo que me ha terminado de arruinar la peli, la cual de por sí no me tenía lo que se dice entusiasmada.
-La poli dispara a bocajarro a un hombre sin que haya mediado forcejeo, ni amenazas del supuesto criminal, ni intentos de huida, y ahí no se investiga nada. Si todo el departamento estuviera manchado de mierda, se entendería, pero lo que no me cuela muy bien es que haya un sargento honrado en el cuerpo, que se ve que tiene autoridad o eso le hacen creer, y que éste no se pregunte ni investigue por qué sus hombres han matado a sangre fría a un hombre en un aparcamiento.
-Estamos en el siglo veintiuno. Yo pensaba que en un país desarrollado que no está en guerra ni en situación de emergencia nacional, la ciencia se sitúa a cierto nivel. No comprendo cómo una autopsia no revela que una persona ha muerto asfixiada y no por sobredosis. Ya se ve que ni la medicina forense es infalible.
-Una brigada policial asalta a mano armada y con amenazas una casa donde la misma poli está custodiando y salvaguardando la vida de un menor, y el honrado sargento Leckie no se digna averiguar cómo sus muchachos pudieron cometer semejante “despiste”.
Habrá más cosas, pero ya me saturé con las tres expuestas. Podría haber hecho la vista gorda si el thriller me hubiera tenido clavada al sofá sin ganas de levantarme ni para ir al baño. Pero como no ha sido así, pues que le den morcilla.
26 de febrero de 2008
34 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una atmósfera bien conseguida y desangelada envuelve a un pueblecillo de la meseta castellana en los años 40, justo al comienzo de la posguerra. La árida y desnuda campiña azotada por los vientos, en su inabarcable sucesión de paisajes desolados cuyo límite es el lejano horizonte. El lento transcurrir de las jornadas en la aldea, donde la vida sigue su curso parsimonioso y resignado.
Olor a tierra seca y polvorienta, castigada por los vientos incesantes. Olor a ladrillos viejos, a humedad, a madera deslucida. El crujir de los pasos sobre las tablas del suelo. Rincones oscuros, con entidad propia, que hablan en silencio sobre silencios pasados, sobre espíritus borrosos. Ventanas con cristales que adoptan la forma de las celdillas hexagonales de una colmena. Canciones populares arrastradas por el aire y atrapadas al vuelo en las notas de una flauta triste, en las teclas de un piano. Los ojos de Ana, inmensos, serios, infantiles y maduros a un tiempo.
Sensaciones que inundan suavemente los sentidos, el universo infantil recreado a través de miradas e imágenes sugerentes. Diálogos en un segundo plano, casi intrascendentes. El juego de los silencios elocuentes.
Y, sobre todo, las preguntas que una niña reflexiva se hace acerca de los límites entre la vida y la muerte, acerca de lo que hay más allá del universo conocido al que estamos habituados. Auténticas dudas y temores existenciales asaltan a esa pequeña que se gana por pleno derecho el respeto de un espectador que no la ve simplemente como a una criatura fantasiosa. Ana es la abanderada de ese vacío que también los niños experimentan. Cuando las explicaciones racionales no bastan, cuando la realidad se queda corta, Ana busca respuestas y afronta el miedo. Su temor y su fascinación, encarnados en ese monstruo de Frankenstein que ha visto en una película, es el detonante de su proceso de maduración, de su búsqueda de sí misma. El mito de la niña inocente que se ve cara a cara con el monstruo retoma en este drama una nueva forma.
A través de las lecciones cotidianas, la escuela, los paseos con su padre, los juegos con su hermana, los misterios de su casa insinuante, Ana se deja llevar por su mundo forjado a base de sensaciones, intuiciones sin palabras, pensamientos inarticulados que asoman a las ventanas de sus ojos sabios.
Ana Torrent, Fernando Fernán Gómez & Isabel Tellería
La meseta barrida por los lamentos y las heridas de una guerra recién concluida y sangrante. Una paz que respira la soledad dejada por los ausentes.
Suave e imaginativo drama en el que el costumbrismo y la fantasía se dan la mano sin estridencias. Casi sin guión, o un guión etéreo, creado a partir de retazos de recuerdo y emoción. Sin seguir la típica estructura de los relatos, porque aquí no hay principio ni hay final en un estricto sentido. Todo huele a algo reconocible, antiguo e incluso inquietante, todo aquello de lo que la infancia de cualquiera se nutre, sin menospreciar en absoluto el lado tenebroso de la niñez, en la que no todo es luz ni ingenua alegría.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Víctor Erice supo captar la cara de sombras, como la de la luna, que todo niño (al igual que todo adulto) lleva a cuestas.
8 de enero de 2012
33 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Hugo Cabret” es un espectáculo de magia con una llave secreta que abre el corazón para hacer funcionar las almas estropeadas. Es un viaje alucinante a los orígenes del celuloide en un París embrujado.
El homenaje que Georges Méliès, el ilusionista, mecánico, cineasta y fabricante de sueños se merecía. Porque con él se gestó esta maravilla que nos lleva a las estrellas desde hace algo más de cien años. Tuvo mucha más visión de futuro que los Lumière, los inventores de la máquina de filmar, pues al contrario que ellos advirtió que aquel aparato señalaba el nacimiento de una revolución en el campo del arte y del ocio.
Pero como toda ilusión, era frágil, un soplo demasiado fuerte podía desbaratar sus delicados engranajes, los que Méliès había construido con tanto cariño, como los de los juguetes y autómatas en los que él era un consumado manitas. El arte de fabricar sueños se sostiene sobre un castillo de cristal, aquél que el genio empleó como estudio cinematográfico transparente para rodar sus cientos de películas.
Asa Butterfield & Sacha Baron Cohen
Llegó la Gran Guerra y ya no había lugar para una distracción que quedó superflua. ¿A quién le apetecía ver películas cuando medio mundo estaba enzarzado en una hecatombe? La vocación del pionero se vino abajo cuando la gente dejó de tener tiempo y ganas de soñar despierta. Años de pasión y trabajo se arruinaron y los originales que eran el producto de tanta creatividad fueron quemados.
Hugo Cabret es la llave con forma de corazón. La que no inventa ningún artilugio nuevo pero sí aprende cómo encajar y reparar un alma que llevaba muchos años averiada. Es el legado de unos tiempos que pugnan por resurgir, porque heredó los fundamentos de la magia.
Y de hecho, el celuloide retornó con más fuerza que nunca, y el testimonio de ello es que aquí estamos, más de un siglo después de su creación, encomiando una película de un director actual llamado Martin Scorsese.
La forma de rodar ha evolucionado tanto que quizás al mismo Méliès, tan avanzado y vanguardista, le costaría asimilar la masiva intrusión de la tecnología. Ya la artesanía es un artículo desfasado y lo que antes se recreaba con escenarios, decorados y efectos especiales de fabricación casera ahora se hace con complejas máquinas electrónicas como los ordenadores.
Pero el espíritu es el mismo. La forma varía, pero no la finalidad: seguir fabricando sueños.
Venid y soñad. Un viaje al infinito cuesta muy poco.
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