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8
17 de mayo de 2007
17 de mayo de 2007
28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comedia ligera de los sesenta, que resulta muy agradable y que por lo menos me hizo reír mucho con su humor fino y un poco ingenuo, pero también agudo y con momentos verdaderamente memorables.
La historia se centra en un joven matrimonio. Él es muy hipocondríaco y siempre cree que está a punto de morir de alguna enfermedad. Hace continuas visitas al médico y se toma un montón de potingues para sus diversos males imaginarios. Su mujer, con buen humor y mucha paciencia, sobrelleva sus tonterías. Ambos viven en un barrio residencial de ésos que tanto les gusta sacar en las películas estadounidenses, con preciosas casas unifamiliares, dotadas de todos los adelantos y con jardín. Nos vamos poniendo al día de todos los cotilleos del barrio merced al lechero, que va de puerta en puerta soplando los chismes.
En una de sus innumerables visitas al médico, el protagonista, por un malentendido, se convence de que padece una terrible enfermedad letal, y se preparará para su pronto fallecimiento, haciendo partícipe de su secreto a un vecino amigo suyo y sin revelarle la "tremenda noticia" a su mujer, para no alarmarla. Las absurdas y divertidas situaciones que se van a suceder a partir de aquí no van a tener descanso.
La historia se centra en un joven matrimonio. Él es muy hipocondríaco y siempre cree que está a punto de morir de alguna enfermedad. Hace continuas visitas al médico y se toma un montón de potingues para sus diversos males imaginarios. Su mujer, con buen humor y mucha paciencia, sobrelleva sus tonterías. Ambos viven en un barrio residencial de ésos que tanto les gusta sacar en las películas estadounidenses, con preciosas casas unifamiliares, dotadas de todos los adelantos y con jardín. Nos vamos poniendo al día de todos los cotilleos del barrio merced al lechero, que va de puerta en puerta soplando los chismes.
En una de sus innumerables visitas al médico, el protagonista, por un malentendido, se convence de que padece una terrible enfermedad letal, y se preparará para su pronto fallecimiento, haciendo partícipe de su secreto a un vecino amigo suyo y sin revelarle la "tremenda noticia" a su mujer, para no alarmarla. Las absurdas y divertidas situaciones que se van a suceder a partir de aquí no van a tener descanso.

-Digno de mencionar es el papel del médico, un hombre que suscitará nuestras carcajadas cada vez que aparezca.
-También el amigo del protagonista es un personaje inolvidable.
-Y uno de los grandes puntazos lo introduce el dueño de la funeraria. ¡No se pierdan esa parte! Es tronchante.
Se agradece una buena comedia como ésta, de humor sano y sin otras pretensiones que divertirnos y, de paso, burlarse un poco de sí misma y lanzar una pequeña crítica, invitándonos a disfrutar más de la vida.
-También el amigo del protagonista es un personaje inolvidable.
-Y uno de los grandes puntazos lo introduce el dueño de la funeraria. ¡No se pierdan esa parte! Es tronchante.
Se agradece una buena comedia como ésta, de humor sano y sin otras pretensiones que divertirnos y, de paso, burlarse un poco de sí misma y lanzar una pequeña crítica, invitándonos a disfrutar más de la vida.
18 de abril de 2009
18 de abril de 2009
27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Año Nuevo llega cargado de promesas, de propósitos, de ilusiones, de esperanzas, de finales y principios, de todo eso que eternamente postergamos y que pensamos comenzar pero que no comenzamos nunca.
La noche de Año Nuevo no es una noche como otra cualquiera. Porque, aunque estemos convencidos de que es una estupidez creer que es una noche diferente, de que la detestamos precisamente porque todo el mundo la celebra como si fuese una obligación hacerlo, de que es un asco sentirse presionado por otro año que se cierra, por el tiempo que se escapa (que en esa noche se advierte como en ninguna otra, quizás), de que es patético clausurar otros trescientos sesenta y cinco días de más fracasos que logros, y de sentirse solo en unas fechas en las que es más triste de lo habitual sentirse solo... Pues resulta que, aunque deseemos estar de vuelta de todo eso... Continuamos creyendo que la noche de Año Nuevo no es como otra cualquiera.
Y de ese modo, presionados por ese ambiente un poco ridículamente festivo, por esos amigos bonachones que intentan echarnos un cable y ayudarnos a encontrar a alguien especial que nos acompañe con las campanadas del final... Nos sacudimos a regañadientes el letargo, nos disponemos a abandonar la deprimente aunque tentadora familiaridad del sofá y de los insulsos programas de televisión... Y salimos resignados a encontrarnos con otro fracaso más (es lo más probable)... O (¿por qué no?) con un pequeño milagro.
La noche de Año Nuevo no es una noche como otra cualquiera. Porque, aunque estemos convencidos de que es una estupidez creer que es una noche diferente, de que la detestamos precisamente porque todo el mundo la celebra como si fuese una obligación hacerlo, de que es un asco sentirse presionado por otro año que se cierra, por el tiempo que se escapa (que en esa noche se advierte como en ninguna otra, quizás), de que es patético clausurar otros trescientos sesenta y cinco días de más fracasos que logros, y de sentirse solo en unas fechas en las que es más triste de lo habitual sentirse solo... Pues resulta que, aunque deseemos estar de vuelta de todo eso... Continuamos creyendo que la noche de Año Nuevo no es como otra cualquiera.
Y de ese modo, presionados por ese ambiente un poco ridículamente festivo, por esos amigos bonachones que intentan echarnos un cable y ayudarnos a encontrar a alguien especial que nos acompañe con las campanadas del final... Nos sacudimos a regañadientes el letargo, nos disponemos a abandonar la deprimente aunque tentadora familiaridad del sofá y de los insulsos programas de televisión... Y salimos resignados a encontrarnos con otro fracaso más (es lo más probable)... O (¿por qué no?) con un pequeño milagro.

Sara Simmonds & Scoot McNairy
A lo mejor el último día del año se olvida por unas horas de su propio hastío y nos hace por fin el regalo que siempre deseamos recibir ese día. Un regalo de verdad. Auténtico. Sin trampa. Sin más planes que los de descubrir el amor junto a alguien especial en una ciudad nueva donde antes había una ciudad indiferente.
Por una vez, puede que los deseos se hagan realidad y que el sueño permanezca mientras celebramos a nuestra manera la entrada en el nuevo año. Después todo volverá a empezar o simplemente continuará, muchas cosas habrán terminado, otras no acabarán jamás, otras no verán la luz. Algunas sorpresas vendrán.
Pero esa noche habrá sido nuestra.
Alex Holdridge alegra el corazón con una comedia romántica urbana que muestra su particular visión del amor.
El amor que brota por las calles de Los Ángeles, en aceras concurridas, en teatros que conocieron mejores tiempos, en el Paseo de la Fama, bajo el aura perenne de la fábrica de sueños de Hollywood, en el metro, en restaurantes acogedores, y en las luces nocturnas que sonríen a la oscuridad.
Por una vez, puede que los deseos se hagan realidad y que el sueño permanezca mientras celebramos a nuestra manera la entrada en el nuevo año. Después todo volverá a empezar o simplemente continuará, muchas cosas habrán terminado, otras no acabarán jamás, otras no verán la luz. Algunas sorpresas vendrán.
Pero esa noche habrá sido nuestra.
Alex Holdridge alegra el corazón con una comedia romántica urbana que muestra su particular visión del amor.
El amor que brota por las calles de Los Ángeles, en aceras concurridas, en teatros que conocieron mejores tiempos, en el Paseo de la Fama, bajo el aura perenne de la fábrica de sueños de Hollywood, en el metro, en restaurantes acogedores, y en las luces nocturnas que sonríen a la oscuridad.

Con la complicidad de la fotografía en blanco y negro y de la música que parece hecha para venir con nosotros por esa ciudad íntima, Holdridge contribuye a perpetuar esa tontorrona (pero inevitable) creencia en que en Nochevieja cualquier cosa es posible.
27 de junio de 2010
27 de junio de 2010
26 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Wyler satisfacía aquel íntimo deseo de los cinéfilos que ya se habían deslumbrado en la primera mitad del siglo veinte con las maravillas que el celuloide podía dar. Era el deseo de degustar superproducciones de larga duración en la sala de cine y transportarse a otras vidas, otros problemas, otros sueños y alegrías, vidas, problemas, sueños y alegrías que frecuentemente tenían mucho en común con los de los espectadores de las butacas.
Justo al término de la Segunda Guerra Mundial y coincidiendo con el retorno a casa de miles de veteranos del ejército, la idea de trasladar al cine la novela “Glory For Me” de MacKinley Kantor era idónea.
Porque una vez acabada la guerra, ¿qué era de todos aquellos soldados y oficiales licenciados? ¿Cómo era su readaptación a la rutina normal en la que ya no había que dejarse la piel en combate?
Pues la realidad no era demasiado alentadora. Las recepciones de bienvenida de los héroes eran como abrir una botella de gaseosa. Mucho ruido, burbujeo y estallido eufórico que apenas duraba lo que el tapón de la gaseosa en caer al suelo. No desde luego por parte de sus familias y personas queridas, que aguardaban a sus maridos, hijos, novios, hermanos, padres y amigos con toda la ilusión de saber la suerte que tenían de poder verlos volver. Muchas familias no tenían esa suerte.
Justo al término de la Segunda Guerra Mundial y coincidiendo con el retorno a casa de miles de veteranos del ejército, la idea de trasladar al cine la novela “Glory For Me” de MacKinley Kantor era idónea.
Porque una vez acabada la guerra, ¿qué era de todos aquellos soldados y oficiales licenciados? ¿Cómo era su readaptación a la rutina normal en la que ya no había que dejarse la piel en combate?
Pues la realidad no era demasiado alentadora. Las recepciones de bienvenida de los héroes eran como abrir una botella de gaseosa. Mucho ruido, burbujeo y estallido eufórico que apenas duraba lo que el tapón de la gaseosa en caer al suelo. No desde luego por parte de sus familias y personas queridas, que aguardaban a sus maridos, hijos, novios, hermanos, padres y amigos con toda la ilusión de saber la suerte que tenían de poder verlos volver. Muchas familias no tenían esa suerte.

Teresa Wright & Virginia Mayo
A nivel nacional, la aclamación de “héroes” sonaba a falsete. Sólo los que amaban a esos hombres conocían el significado de esa palabra.
Y sonaba a falsete porque tras las palmadas amistosas, el estrechar de manos y los cumplidos, crepitaban algunas suspicacias. “Ahora vuelven todos éstos como una plaga, a robar empleos y vivir del cuento. A conseguir trabajo fácil gracias a sus uniformes y sus condecoraciones.” Casi se podían oír los engranajes recelosos.
Fuese más o menos fundada dicha suspicacia, y dejando ya atrás los horrores y divisiones provocados por la guerra, lo cierto es que Estados Unidos (como otros) atravesó por la etapa de acoger a la generación de veteranos que había visto la muerte de cerca. Muy afortunados eran los que estaban enteros, sanos y salvos. Porque muchos no podían decir lo propio. En cierto sentido, todos tenían mutilaciones, bien físicas, bien psíquicas, o bien ambas.
Y ahora estaban de vuelta y tenían casi tanto miedo como cuando se lanzaban a batallar. ¿Qué iban a encontrar? ¿Estaría todo muy cambiado? ¿Podrían acomodarse de nuevo a sus parientes y amigos tras años de ausencia? ¿En qué trabajarían?
Y sonaba a falsete porque tras las palmadas amistosas, el estrechar de manos y los cumplidos, crepitaban algunas suspicacias. “Ahora vuelven todos éstos como una plaga, a robar empleos y vivir del cuento. A conseguir trabajo fácil gracias a sus uniformes y sus condecoraciones.” Casi se podían oír los engranajes recelosos.
Fuese más o menos fundada dicha suspicacia, y dejando ya atrás los horrores y divisiones provocados por la guerra, lo cierto es que Estados Unidos (como otros) atravesó por la etapa de acoger a la generación de veteranos que había visto la muerte de cerca. Muy afortunados eran los que estaban enteros, sanos y salvos. Porque muchos no podían decir lo propio. En cierto sentido, todos tenían mutilaciones, bien físicas, bien psíquicas, o bien ambas.
Y ahora estaban de vuelta y tenían casi tanto miedo como cuando se lanzaban a batallar. ¿Qué iban a encontrar? ¿Estaría todo muy cambiado? ¿Podrían acomodarse de nuevo a sus parientes y amigos tras años de ausencia? ¿En qué trabajarían?

Dana Andrews & Virginia Mayo
Un ex-sargento de Infantería, un ex-integrante de la Marina y un ex–piloto de las Fuerzas Aéreas se conocen mientras vuelan hacia Boone, su ciudad. Vuelan hacia un destino que los amedrenta casi tanto como los ilusiona.
Y observaremos el desenvolvimiento de los tres ángeles caídos, cada uno con sus heridas y sus temores, cada uno enfrentándose a los problemas que los esperan en casa.
Y observaremos el desenvolvimiento de los tres ángeles caídos, cada uno con sus heridas y sus temores, cada uno enfrentándose a los problemas que los esperan en casa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La guerra no deja héroes, no deja vencedores. Todos son perdedores. Todos se han dejado trozos de sí mismos en alguna parte hostil. Tras la tremenda fortuna de seguir vivos, viene la gesta de recomponerse, reubicarse y sentirse otra vez seres humanos.
Un largo camino por recorrer.
Wyler sangró aquel dolor de la incertidumbre, el miedo y el renacimiento del superviviente maltrecho de espíritu y/o cuerpo, y lo hizo con tanta maravillosa magia que las dos horas y tres cuartos de metraje se deslizan como si nada.
Un largo camino por recorrer.
Wyler sangró aquel dolor de la incertidumbre, el miedo y el renacimiento del superviviente maltrecho de espíritu y/o cuerpo, y lo hizo con tanta maravillosa magia que las dos horas y tres cuartos de metraje se deslizan como si nada.
SerieAnimación
1984Animación
8
27 de julio de 2007
27 de julio de 2007
25 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupenda serie de dibujos animados que recrea múltiples casos de investigación protagonizados por el detective de origen literario más famoso de la historia: Sherlock Holmes. Con la particularidad añadida de que, siguiendo la moda de la animación de los 80, todos los personajes son animales humanizados. De niña seguí todos los capítulos y me dejé fascinar por la intriga, los interesantes casos a los que los protas se enfrentan, me reí con las situaciones cómicas y siempre nos quedábamos a las puertas de atrapar al esquivo profesor Moriarty.
Una serie que derrocha inteligencia e imaginación, que hizo disfrtutar a los niños de mi generación. Contando entre sus creadores a Hayao Miyazaki, no me extraña que posea tanta calidad y que la recuerde con especial cariño.
Una serie que derrocha inteligencia e imaginación, que hizo disfrtutar a los niños de mi generación. Contando entre sus creadores a Hayao Miyazaki, no me extraña que posea tanta calidad y que la recuerde con especial cariño.
14 de septiembre de 2007
14 de septiembre de 2007
51 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos los que amamos el arte de plasmar nuestra creatividad en la escritura tenemos que superar ese conocido síndrome del "papel en blanco". Se suele decir que lo que más cuesta es empezar y todos los escritores (tanto los profesionales como los que somos aficionados) experimentamos a menudo esa sensación única de estar ante el papel o el ordenador, sintiendo por dentro ese cosquilleo que precede a la inspiración. Ese momento mágico en el que comienzan a fluir las ideas y nuestras manos reaccionan, obedientes. A veces cuesta más, otras veces las palabras salen como por ensalmo, como si brotaran solas y por su propia voluntad. Es el milagro de la creatividad, de la inspiración.
Todos ustedes y yo lo hemos sentido. Cada vez que me siento a escribir estas críticas, siento esa corriente de energía que me recorre y puedo asegurar que para mí es una experiencia muy gratificante.
Pero, ¿qué ocurre cuando la inspiración no llega? ¿Cuando el genio creador se encuentra ausente, porque algo impide que las ideas fluyan?
Todos ustedes y yo lo hemos sentido. Cada vez que me siento a escribir estas críticas, siento esa corriente de energía que me recorre y puedo asegurar que para mí es una experiencia muy gratificante.
Pero, ¿qué ocurre cuando la inspiración no llega? ¿Cuando el genio creador se encuentra ausente, porque algo impide que las ideas fluyan?

Gwyneth Paltrow
Cualquier escritor ha pasado muchas veces por ese estado de aridez, de infertilidad. Incluso al mismo Shakespeare le pasaría. Pues ése, ni más ni menos, es el punto central de esta encantadora película.
Sus datos biográficos apuntan a que era un hombre de carácter apasionado y enamoradizo. El hecho de estar casado no le impidió vivir otros romances. En la película resaltan esa faceta suya de hombre inclinado a vivir las pasiones amorosas con intensidad y convertirlas en fuente de su inspiración literaria.
Por ello, si el amor falta, tambián falta la musa que le guíe su pluma. Y ése es el problema que se le presenta. Instigado por sus financieros y por los propietarios de los teatros a escribir una profusión de obras teatrales que aporten buenos caudales en sus representaciones ante el público (recordemos que el teatro era una de las grandes diversiones), Shakespeare se encuentra presionado. Y lo peor de todo es que está atravesando por una racha de aridez creadora debido a que no tiene ninguna enamorada a la vista.
Sus datos biográficos apuntan a que era un hombre de carácter apasionado y enamoradizo. El hecho de estar casado no le impidió vivir otros romances. En la película resaltan esa faceta suya de hombre inclinado a vivir las pasiones amorosas con intensidad y convertirlas en fuente de su inspiración literaria.
Por ello, si el amor falta, tambián falta la musa que le guíe su pluma. Y ése es el problema que se le presenta. Instigado por sus financieros y por los propietarios de los teatros a escribir una profusión de obras teatrales que aporten buenos caudales en sus representaciones ante el público (recordemos que el teatro era una de las grandes diversiones), Shakespeare se encuentra presionado. Y lo peor de todo es que está atravesando por una racha de aridez creadora debido a que no tiene ninguna enamorada a la vista.

Joseph Fiennes
Hasta que conoce a Lady Viola, una hermosa muchacha de buena familia prometida a un hombre al que no ama. Ella es una joven cultivada y apasionada, que adora la poesía y el teatro y que sueña con una vida libre dominada por el amor. Uno de sus grandes sueños secretos es convertirse en actriz, sueño imposible pues en aquella época las mujeres tenían prohibido pisar las tablas.
Las cirscunstancias harán que William y Viola se conozcan y cada cual aportará lo que el otro más anhela y conseguirán vivir furtivamente los momentos más románticos y apasionantes de sus vidas, yendo en contra de las conveniencias y de los cánones, mientras el genio creador de Shakespeare regresa con renovada fuerza.
Sigo en el spoiler.
Las cirscunstancias harán que William y Viola se conozcan y cada cual aportará lo que el otro más anhela y conseguirán vivir furtivamente los momentos más románticos y apasionantes de sus vidas, yendo en contra de las conveniencias y de los cánones, mientras el genio creador de Shakespeare regresa con renovada fuerza.
Sigo en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Convincentes y estupendos papeles protagonistas, sobre todo el de Joseph Fiennes, y buenos secundarios.
Hermoso y poético guión, que rinde homenaje a la eterna belleza de la literatura y de las artes escénicas y, por supuesto, al amor como fuente y motor de nuestros actos.
A todos los que me leen, gracias.
Solemn Fan boy (en adelante ya sabes que te llamaré A.), gracias por ser mi amigo, te has convertido en una razón de peso más para escribir estas críticas.
Demian de Megara, también siento afinidad contigo y un gran respeto hacia tu hermoso estilo al escribir. Pocas cosas hay que admire más que un buen escritor.
Ralph, también te estoy descubriendo a ti, me agrada tu estilo. Sigue escribiendo así, es un placer.
Un beso a todos.
Hermoso y poético guión, que rinde homenaje a la eterna belleza de la literatura y de las artes escénicas y, por supuesto, al amor como fuente y motor de nuestros actos.
A todos los que me leen, gracias.
Solemn Fan boy (en adelante ya sabes que te llamaré A.), gracias por ser mi amigo, te has convertido en una razón de peso más para escribir estas críticas.
Demian de Megara, también siento afinidad contigo y un gran respeto hacia tu hermoso estilo al escribir. Pocas cosas hay que admire más que un buen escritor.
Ralph, también te estoy descubriendo a ti, me agrada tu estilo. Sigue escribiendo así, es un placer.
Un beso a todos.
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