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Críticas 255
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
9 de junio de 2009
35 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una buena comedia suele funcionar mejor cuando se sustenta en una buena idea de partida: lo sabía el Harold Ramis de Atrapado en el tiempo y lo sabe el cachondo Oldrich Lipský, artífice de esta ingeniosa, divertida y bastante radical película. No he incluido el adjetivo original para definirla, porque a fin de cuentas todo nace de aquel mítico relato de Alejo Carpentier, "Viaje a la semilla", en el que se nos narra la vida "al revés" de Marcial, marqués de Capellanías: empezando por su muerte y retrocediendo paulatinamente hasta volver de nuevo al vientre materno, esa semilla del título.

Es cierto que Lipstý va un poco más lejos en su planteamiento: no se conforma sólo con narrar en sentido inverso la azarosa vida del protagonista, sino que, haciéndolo literalmente, también la reinventa, la redibuja: la reescribe. El orden de los factores sí altera el producto, con resultados cómicos notables. Aquí el absurdo se asocia con el humor negro, algo que me recordó muchísimo al universo cómico de nuestro añorado Gila. La película se abre con una muerte que es un nacimiento y se cierra con un salvamento que es un asesinato: en el loco mundo del director checo, lo blanco es negro y viceversa.
Vladimír Mensík
Sofisticada, compleja y cinematográficamente muy arriesgada, la película funciona como un reloj suizo, subvirtiendo tópicos y jugando con la literalidad del lenguaje narrativo (el encadenado de frases es un trabajo de chinos encomiable), mientras soslaya el peligro de la pedantería y anula el factor aburrimiento reduciendo considerablemente la duración de la narración, algo que se agradece, porque la broma se queda a un paso de convertirse en pesada.

Lo mejor: la idea y su brillante ejecución.
Lo peor: algún momento en que la atención del espectador flaquea ante la sombra de la reiteración.
14 de noviembre de 2008
33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Utilizamos la palabra "enfermo" con demasiado tranquilidad, especialmente dentro del terreno sexual. Svankmajer, con toda la inteligencia y sabiduría del mundo, viene a relativizar no tanto este concepto como el de "normalidad". Este aparente catálogo de perversiones no es tal, aunque esté lleno de perversiones: es, sencillamente, el más lúcido y convincente canto a la libertad individual que yo haya visto en muchísimo tiempo. Un canto facturado desde una idiosincrasia inconfundible e incorruptible: la de un autor que concibe su arte desde las entrañas (de su propio pensamiento) sin importarle el qué dirán. Al final, por muy perro verde que quieran verle, su cine acaba hablando de todos nosotros.

Los conspiradores del placer es la arriesgada pirueta conceptual que un amante del erotismo como Svankmajer plantea en un intento por desacralizar opiniones, desmenuzar tópicos y humanizar obsesiones y filias varias. Su visión del sexo pasa, con transparencia, de lo incomprensible y bizarre a lo puro y humano. El momento exacto en el que esto sucede se sitúa mediado el metraje, mediante una transferencia de las distintas parafilias sexuales que es la que dota de sentido a toda la película, haciédola grande y necesaria. Es decir, atenta contra la categorización (a menudo cualitativa) del placer reivindicando una idea básica: que todo placer es uno sólo, independientemte del modo en que se produzca. Todos somos iguales al experimentar un orgasmo*.

Los dibujos de los títulos de crédito -matizo: reales, no confeccionados para la ocasión por el director- tienen su razón de ser por esto mismo: es la forma que tiene Svankmajer de tomar a la Historia de aval para defender su tesis, formulada con perspicia y recurriendo a un sentido del humor negrísimo que ya es marca de la casa.

Una película muy saludable.

Lo mejor: la sutileza de su mensaje.
Lo peor: que la gente la confunda con una simple marcianada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
*Hay barreras éticas (pedofilia...) que la película no expone y que la gente debe considerar. Sólo quiero aclarar que cuando escribo lo que escribo tengo en cuenta estos factores, y cada cual es lo suficientemente adulto como para saber distinguir entre un placer inofensivo y un delito (a no ser que la pedofilia se experimente únicamente desde la subjetividad). No promulgo, en definitiva, un todo vale.
18 de agosto de 2007
34 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra más de las numerosas narraciones crepusculares que llevaron a cabo el tándem Boetticher-Scott, esta nueva oda al vaquero solitario recortado sobre el horizonte tiene toda la emoción y el aliento poético clásico de las mejores muestras del género, muchas de ellas firmadas por el propio Boetticher. Aquí el bueno de Scott (de vuelta de todo) debe trasladar sana y salva a una prisionera de los indios comanches hasta su hogar, donde la espera su marido. Pero claro, otros comancheros cazarecompensas no se lo pondrán nada fácil.

El ritmo, pausado y contemplativo, absorbiendo el aroma del desierto rocoso, es idóneo, y los personajes están tallados con detalle y profundidad, arropados por el misterio. La acción, seca y directa, marca la pauta en dos o tres momentos puntuales, los justos, para demostrar que la elegancia es perfectamente compatible con este género tan viril. Y al final nos queda una obra concisa, sencilla y amarga, pero emocionalmente compleja, hermosa en forma y fondo, perdurable más allá del entretenimiento que pueda proporcionar. En fin, una auténtica joya para los aficionados al western de toda la vida.

Lo mejor: la mirada crepuscular de Boetticher.
Lo peor: su modestia puede jugar en su contra.
31 de agosto de 2007
32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Valga una escena para ratificar el ínfimo nivel de este lamentable subproducto: una enfermera se acerca a la cama de un paciente arropado hasta el cuello. Con parsimonia la tipa desarropa al enfermo dejando al descubierto un puñado de tripas y vísceras brotando de su estómago abierto; primer plano de la enfermera, que grita (la tienen que doblar porque ni para eso vale la pobre), pero que no puede dejar escapar media sonrisilla antes de pegar media vuelta e ir a avisar al resto de compañeros de profesión. En mi vida había visto una interpretación tan cutre y sobreactuada. En serio, fijáos bien (ocurre a los 10 minutos de película más o menos) porque es acojonante y sirve para hacernos una idea del nivel de autoexigencia que se traen los responsables de este engendro. Si algo así ha pasado el corte final no quiero ni imaginar cómo será el resto.

Holocausto zombi es la representación perfecta de la torpeza: torpeza en la interpretación, en la escritura y hasta en la dirección. Un producto de explotación puro y duro (caníbales contra zombies: ¿quién da más?) que malogra sus posibilidades por exceso de cutrerío y autocomplacencia. Actuaciones pobrísimas (lo de los secundarios es para matarlos), un guión que podría haber escrito yo mismo con 13 años (y no exagero) y una dirección zopenca, amateur y ruinosa que sólo se preocupa en no dejar escapar ningún higadillo suelto. Sé lo que dirán sus admiradores: "ya, es una mierda pero te ríes y te lo pasas bien". Sí, te ríes a su pesar, pero hay formas de hacer reír y formas. Que la comparen con el cine de Fulci es un insulto: éste tenía estilo e imaginación; Girolami no sirve ni para tomar por culo. A pesar de esto, el gore, auténtica razón de ser del producto, es tosco pero efectivo, los desnudos gratuitos (obligatorios) nos limpian de tanta salpicadura de sangre y el conjunto se acaba viendo sin demasiado problemas y hasta despertando sus buenas sonrisas de incredulidad.

O sea, que es malísima, pero también, a su modo, absurdamente entretenida e incluso parcialmente disfrutable. A los goremaníacos de pro les debe poner palotes.

Lo mejor: el festival de sesos, tripas y amputaciones.
Lo peor: lo extremadamente cutre de su factura.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El (abrupto) final es absolutamente decepcionante y mediocre: no se ve cómo al malo de la función le dan su merecido, ni se explica cómo saldrán de la isla ni porqué a la otra la hacen reina y le acaban perdonando la vida (por cierto, ¿estaba drogada?; porque vivir semejante tortura y salir después como si nada pintadita de flores y hostias es algo que no me entra en la cabeza). Un desastre, en fin.
9 de septiembre de 2007
31 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pese al título, Demons no es más que una peli de zombis, todo lo esteticista y desquiciada que se quiera, eso sí. Lamberto Bava hace una cosa muy inteligente, y es utilizar una platea cinematográfica (de fachada similar al edficio de Inferno) como escenario en el que desarrollar la narración, aprovechando la oportunidad de jugar con dos tipos de ficción: la que observan los personajes en la gran pantalla y la que contemplamos nosotros desde el sofá de casa (doble ficción, pues), en un estilo metacinematográfico que ya explotaron cintas como The Tingler, Angustia o Matinee.

Más allá de esta curiosa premisa argumental sólo queda una simpática y muy ochentera película de terror, en una línea cachonda y desnortada muy influenciada por el dinamismo de Posesión infernal (la velocidad de la cámara y los efectos especiales así lo atestiguan), estrenada sólo tres años antes, aunque los guiños cinéfilos pretendan ser más cultos (Alien en el pasaje del circuito de ventilación o el mini-demonio saliendo de la espalda de una tipa cualquiera). Lo importante es que toda la peli es un no parar de vísceras y diversión, con una fauna de lo más variopinta, acción burra, sacrificios y heroísmo del malo (o sea, del bueno).
¿Y la estética? Como mezclar el primer cine de Raimi con el de Argento (guionista y productor de la cinta) y papi Bava (Mario). Puede que los años no la hayan tratado muy bien, pero sigue siendo un divertimento dignísimo con final abierto a secuelas (creo que dos: no he visto ninguna), en un estilo de cine post-apocalíptico que también está muy bien. Eso sí: no le busquéis mucho sentido y perdonadle el (injustificado) susto final. Todo un clásico menor, en definitva.

Lo mejor: su dinamismo.
Lo peor: el susto final.
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