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7
23 de junio de 2007
23 de junio de 2007
36 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terence Hill y Bud Spencer eran dos románticos, dos adonis que luchaban con delicadeza y pasmo por todo aquello que estimaban necesario y que, sobretodo, amaban los detalles más frágiles de sus delicadas existencias, que revoloteaban alrededor de un manojo de seres que les proferían amor y cariño gracias a las caricias y abrazos con que les obsequiaban constantemente.
Muchos son los que en ver una comedia de estos dos galanes ataviados con vestimenta de lujo y formidables modales creen observar sencillamente mamporros y destrozos a lo sumo, sin embargo, no es así, pues ellos son los maestros de la sutileza y la perspicacia, intentando hallar siempre las mejores soluciones a los problemas que se les van planteando en las distintas ocasiones que se topan con sus bellos y honorables amigos, con los que intercambian gustos con una exquisitez envidiable y comparten gestos con honestidad y sinceridad.
En cambio, no hay que incurrir en la equivocación de pensar que porqué los demás personajes se muevan a su alrededor con brusquedad, estos se estén enzarzando en una trifulca, sino más bien al contrario, están haciendo amigos: Les abrazan, les regalan objetos como sillas o varas de madera, les dan palmadas amistosas e, incluso, en señal de longeva amistad, se arriman a ellos para disfrutar de un mayor intimismo.
Muchos son los que en ver una comedia de estos dos galanes ataviados con vestimenta de lujo y formidables modales creen observar sencillamente mamporros y destrozos a lo sumo, sin embargo, no es así, pues ellos son los maestros de la sutileza y la perspicacia, intentando hallar siempre las mejores soluciones a los problemas que se les van planteando en las distintas ocasiones que se topan con sus bellos y honorables amigos, con los que intercambian gustos con una exquisitez envidiable y comparten gestos con honestidad y sinceridad.
En cambio, no hay que incurrir en la equivocación de pensar que porqué los demás personajes se muevan a su alrededor con brusquedad, estos se estén enzarzando en una trifulca, sino más bien al contrario, están haciendo amigos: Les abrazan, les regalan objetos como sillas o varas de madera, les dan palmadas amistosas e, incluso, en señal de longeva amistad, se arriman a ellos para disfrutar de un mayor intimismo.

De todos modos, nada sería igual sin esa profunda y melancólica banda sonora que aparece cada vez que interactúan con sus apacibles amigos y congéneres, dando paso a un aluvión incontrolable de dramatismo que logra que la obra alcance sus más altas cotas.
Además, la puesta en escena es impecable, pulcra y precisa, los diálogos resultan hábiles, despiertos e inteligentes y el guión rezuma perspicacia a la par que da forma a una aguda crítica sobre el poder, la corrupción y los instintos más bajos e irreprimibles del ser humano (aquí mostrados gracias al metódico amigo del violín, que sólo lleva una funda para fingir serlo e intentar ingresar en un conjunto, cuando realmente solo busca comprensión por parte de Hill, algo de una bajeza infrahumana)
A resumidas cuentas, esta colosal obra que nos habla sobre la incorruptibilidad del ser humano (dilucidada aquí entorno a las figuras de Hill y Spencer, que no renunciarán a su empresa de conseguir que se les sea devuelto su preciado mini) y la enorme bondad del mismo (como por ejemplo, cuando Hill perdona al "violinista" y, con sumo empeño, lo pone a tocar en un restaurante, intentando que comience su aprendizaje), no hace más que recordarnos lo que somos todos en el fondo: Mamporreros de cuidado.
Además, la puesta en escena es impecable, pulcra y precisa, los diálogos resultan hábiles, despiertos e inteligentes y el guión rezuma perspicacia a la par que da forma a una aguda crítica sobre el poder, la corrupción y los instintos más bajos e irreprimibles del ser humano (aquí mostrados gracias al metódico amigo del violín, que sólo lleva una funda para fingir serlo e intentar ingresar en un conjunto, cuando realmente solo busca comprensión por parte de Hill, algo de una bajeza infrahumana)
A resumidas cuentas, esta colosal obra que nos habla sobre la incorruptibilidad del ser humano (dilucidada aquí entorno a las figuras de Hill y Spencer, que no renunciarán a su empresa de conseguir que se les sea devuelto su preciado mini) y la enorme bondad del mismo (como por ejemplo, cuando Hill perdona al "violinista" y, con sumo empeño, lo pone a tocar en un restaurante, intentando que comience su aprendizaje), no hace más que recordarnos lo que somos todos en el fondo: Mamporreros de cuidado.
23 de diciembre de 2009
23 de diciembre de 2009
34 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las últimas noticias que he leído sobre nuestro sistema educativo, es que a partir de ahora los alumnos de Primaria contarán con ordenadores portátiles personales en un intento de modernizar susodicho sistema y, supuestamente, confamiliarizarse con las nuevas tecnologías. Vamos, que lo que antes se hacía con boli, papel y un libro, ahora se realizará mediante computadoras, las mismas computadoras que también reinan en el entorno familiar y los procedimientos que, a la larga, terminarán por aborregar a un alumnado que ya está suficientemente aborregado a día de hoy. En definitiva, que la educación está convaleciente, por no decir herida de gravedad, y cualquier cosa que el señor Cantet nos cuente en su "Entre les murs" estará, seguramente, por debajo de la realidad, aunque no por ello el intento por otorgar esa cercanía y ese tono tan natural a su obra van a dejar de hacer de su último film algo valeroso y necesario. De todos modos, y aunque el acercamiento de Cantet sea tan fidedigno como palpable, una cinta como ésta debía tener algo más.

Se entiende, que en el intento de cualquier cineasta por querer trasladar una de las realidades que nos rodean a la gran pantalla, éste produzca un acercamiento que nos desvele la situación y que, en muchas ocasiones, narre tal cual lo que está aconteciendo, dejando que sea el espectador quien discierna por si solo y, sin embargo, el realizador galo consigue traspasar ese umbral, el que muestra de un modo más pasivo al espectador todo aquello que quiere contar, trenzando momentos que, no sólo dan pie a un debate inteligente y fundamental para "Entre les murs", sino también otorgan un fondo y alguna de las posibles soluciones a un problema que, día a día, se va agravando cada vez más.
Hace poco, hablando sobre "La ola", llegue a la conclusión de que al intentar adaptar unos acontecimientos que sucedieron hace décadas a la actualidad, se producía una grave descontextualización, y es que, no vale vendarse más los ojos: lo que sucede en la actualidad con la cuestión educativa es algo que nos atañe a todos, y que cada vez es más patente y está más alejado de aquel sistema que, aunque fuese muchísimo más duro, no ofrecía la permisividad y libertades que sí da éste, donde incluso los padres se han dado el capricho de tomar parte golpeando a los profesores de sus hijos, si es menester.
Hace poco, hablando sobre "La ola", llegue a la conclusión de que al intentar adaptar unos acontecimientos que sucedieron hace décadas a la actualidad, se producía una grave descontextualización, y es que, no vale vendarse más los ojos: lo que sucede en la actualidad con la cuestión educativa es algo que nos atañe a todos, y que cada vez es más patente y está más alejado de aquel sistema que, aunque fuese muchísimo más duro, no ofrecía la permisividad y libertades que sí da éste, donde incluso los padres se han dado el capricho de tomar parte golpeando a los profesores de sus hijos, si es menester.

Es por ello que una película como la de Cantet es tan imprescindible a día de hoy: porque no sólo intenta concienciarnos sobre el problema que ha surgido con el sistema educativo, sino que además nos hace partícipes de la comunicación de unos muchachos en su escuela, logrando que empaticemos con ellos y, advirtiéndonos que si alguien no pone fin a este descalabro, esos muchachos que ahora sólo son mentes impulsivas y descontroladas, quien sabe hasta que punto pueden llegar.
7 de julio de 2009
7 de julio de 2009
33 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
De un prodigioso tecnicismo, y con una fotografía que impresiona desde el primer instante, "El regreso" de Zvyagintsev nos cuenta una historia de maduración y conciliación en el que su principal eje, las magníficas interpretaciones de los dos personajes que dan vida a un relato que se mueve y se trenza entorno a susceptibilidades y encontronazos, es el que le insufla mayor vida, gracias a unas actuaciones que brillan por su convicción, por su solidez y por el empleo de recursos más adecuado en cada momento. Y en este sentido me explayaré: empezaré, en primer lugar, por Ivan Dobronravov, un chaval que apenas levanta un palmo del suelo y, sin embargo, con su soberbia caracterización, ya levanta sobre sus espaldas buen peso del film, no en vano, su duelo, no sólo de diálogos que tienden a la fiereza más que otra cosa, sino también de miradas y gestos hacía su propio padre (interpretado por Lavronenko, sobre el que hablaré después), despierta unas sensaciones tan contradictorias como palpables que infundan un extraño sentimiento de resarcimiento ante el conflicto que se le presenta a su personaje (que no es otro que el de volver a ver a un padre que ha estado media vida alejado de él, y en cuyos valores todavía no confía). Por otro lado, el antes mentado Lavronenko, ofrece una réplica perfecta, pero es perfecta no sólo porque seguramente sea la mejor interpretación del film (a pesar de que me sepa mal decirlo, pues cuando aparece un infante que te deja boquiabierto como lo hace Dobronravov, pocas veces te ves con decisión para restarle méritos, que no quitárselos), sino porque además, desenvolviendo ese papel, donde el rigor y el tono severo poseen un peso crucial, sabe como desentrañar esa paternidad y afecto que conllevan su personaje, logrando que llegues a palpar el afecto por sus dos hijos, pese a la rudeza de la que hace gala en ocasiones. Por otro lado, Garin (que, como curiosidad, murió ese mismo año por ahogamiento), da las virtudes necesarias a su personaje para que éste no pase inadvertido como una sombra al lado de sus compañeros de viaje.

Como pega, quizá, cabría resaltar que conteniendo buenas virtudes, el film resulta demasiado pulcro con sus encuadres, respecto a la abrupta historia que cuenta y, aunque este es un problema que Zvyagintsev resolvería a posteriori en su enorme "The Banishment", aquí quizá acrecenta uno de los pocos males de un retrato duro y áspero en ocasiones, que, aunque funciona cuando debe, no llega a tener todo el poso que requeriría.
(Sigue en el spoiler, sin desvelar nada)
(Sigue en el spoiler, sin desvelar nada)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
"El regreso" es un bello relato que retrata con paso firme el viaje emocional en que se sumergen estos tres personajes y que nos lleva a reflexionar, no en clave de intriga por saber que esconde el padre tras todo ese halo de incertidumbre (cosa que, a decir verdad, se agradece muchísimo), sino en clave de drama para llegar a atisbar todo ese sentir vertido en unas caracterizaciones que logran hacer que te cuestiones hacía donde girará esa relación que mantienen y en que desembocará todo, haciendo así que te remuevas, de incomodidad, cuando sea necesario, y que sientas nostalgia por un viaje finalizado.
Miniserie
2000
4
28 de diciembre de 2009
28 de diciembre de 2009
32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Probablemente, la mejor ocasión para adaptar la novela "Dune" a un formato cercano al cinematográfico, era el de la miniserie televisiva y, aunque tras ésta se esconda un reparto acertado en ocasiones, un diseño de producción decente hasta cierto punto y el metraje adecuado para desmenuzar la obra de Herbert sin problema alguno, el film de John Harrison no llega, por desgracia, ni a transformarse en uno de esos trabajos fallidos por los fueros al que, incluso, hubiese entregado el aprobado raspado sin dudarlo.
Aunque no me gusta hablar de ello, puesto que como una gran usuaria de esta página señaló hace muy poco, el mundo literario y el cinematográfico son cosas muy distintas y, al leer, cada uno tiene su propia idea en mente, destacaré que, como mínimo, esta versión de "Dune" posee más entereza al desgranar los episodios que componían la novela de Herbert que la que trazara David Lynch años antes. Y no, no la posee porque haya más tiempo para ello, sino porque quizá las elipsis tienen un sentido más funcional aquí, y ayudan a que el conjunto se desarrolle con mayor pericia, sin parecer un cortaypega realizado sin demasiado compromiso y esmero.
Si entramos en terreno técnico, y como ya dije, su estética resulta decente durante algunos tramos, y todos los elementos dispuestos para recrear el universo "Dune" son suficientemente eficientes para realizar su labor sin trabas. Su banda sonora, por otro lado, no destaca en exceso, y en el apartado narrativo funciona con competencia, pero sin la elegancia y sobriedad que podría haber tenido.
Entonces, ¿si ésta "Dune" parece tener aciertos con respecto a la otra, que es lo que falla? Pues, en efecto, el resto: sus secuencias de acción están poco o nada pulidas, resultando sólamente resultonas algunas de ellas, las relaciones entre personajes son meras comparsas para que la historia vaya avanzando en la mayoría de ocasiones y, para colmo, sólo se atisba carácter en un par de protagonistas y, por último y más importante, algunas de sus actuaciones están muy debajo de lo que cabría esperar, y no digo ya por debajo de una miniserie, sino incluso de un telefilm...
En definitiva, para adictos a las miniseries y poco más... quien quiera dirigirse al mundo "Dune", mejor que relea la gran novela de Frank Herbert.
Aunque no me gusta hablar de ello, puesto que como una gran usuaria de esta página señaló hace muy poco, el mundo literario y el cinematográfico son cosas muy distintas y, al leer, cada uno tiene su propia idea en mente, destacaré que, como mínimo, esta versión de "Dune" posee más entereza al desgranar los episodios que componían la novela de Herbert que la que trazara David Lynch años antes. Y no, no la posee porque haya más tiempo para ello, sino porque quizá las elipsis tienen un sentido más funcional aquí, y ayudan a que el conjunto se desarrolle con mayor pericia, sin parecer un cortaypega realizado sin demasiado compromiso y esmero.
Si entramos en terreno técnico, y como ya dije, su estética resulta decente durante algunos tramos, y todos los elementos dispuestos para recrear el universo "Dune" son suficientemente eficientes para realizar su labor sin trabas. Su banda sonora, por otro lado, no destaca en exceso, y en el apartado narrativo funciona con competencia, pero sin la elegancia y sobriedad que podría haber tenido.
Entonces, ¿si ésta "Dune" parece tener aciertos con respecto a la otra, que es lo que falla? Pues, en efecto, el resto: sus secuencias de acción están poco o nada pulidas, resultando sólamente resultonas algunas de ellas, las relaciones entre personajes son meras comparsas para que la historia vaya avanzando en la mayoría de ocasiones y, para colmo, sólo se atisba carácter en un par de protagonistas y, por último y más importante, algunas de sus actuaciones están muy debajo de lo que cabría esperar, y no digo ya por debajo de una miniserie, sino incluso de un telefilm...
En definitiva, para adictos a las miniseries y poco más... quien quiera dirigirse al mundo "Dune", mejor que relea la gran novela de Frank Herbert.
8
8 de abril de 2009
8 de abril de 2009
32 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace un tiempo, vi "The Killers" de Andrei Tarkovsky, basada en el mismo relato corto de Hemingway, pero siendo un trabajo realmente antagónico a ésta "The Killers" de Siodmak, y teniendo en cuenta que aquello era un corto, a la conclusión del mismo (lo que vendría a ser la secuencia del bar y su posterior resolución), el regusto que le quedaba a uno era de desesperanza total, desesperanza por huir de aquel lugar donde no parecía poder hallarse un pequeño remanso de paz para el protagonista.
En la de Siodmak, sin embargo, ese tramo se sucede como ya es frecuente en el cine negro americano de esas fechas: con cierta tensión pegada al celuloide, con algo de vehemencia por parte de esos misteriosos personajes que van en busca de alguien y con un imponente arranque pero, sin embargo, esa desesperanza trazada en el cuadro de Tarkovsky, quedaba aquí difuminada en pro más de una presentación de situación y personajes, que de otra cosa, algo totalmente lógico teniendo en cuenta la distancia que separa ambos formatos (corto y largo) y el método de trabajo de ambos directores.
En la de Siodmak, sin embargo, ese tramo se sucede como ya es frecuente en el cine negro americano de esas fechas: con cierta tensión pegada al celuloide, con algo de vehemencia por parte de esos misteriosos personajes que van en busca de alguien y con un imponente arranque pero, sin embargo, esa desesperanza trazada en el cuadro de Tarkovsky, quedaba aquí difuminada en pro más de una presentación de situación y personajes, que de otra cosa, algo totalmente lógico teniendo en cuenta la distancia que separa ambos formatos (corto y largo) y el método de trabajo de ambos directores.

Burt Lancaster & Ava Gardner
Pese a ello, es precisamente en la primera secuencia tras el arranque, en el primer Flashback que el cineasta bávaro nos muestra para desgranar la terrible historia de 'El sueco', donde se imprimen esas sensaciones que ya tenía el corto del soviético, no en vano, la introducción del protagónico, se sucede justo durante la derrota de su último combate como boxeador.
A partir de ese momento, ese halo de aspereza y tristeza queda aferrado con fuerza y desgarro a cada uno de los Flashbacks que nos remiten a la historia de ese personaje, que deambula de un lado a otro y jamás parece encontrar un resquicio de fortuna al que agarrarse, básicamente porque parece que nos hallamos ante el melancólico retrato de un perdedor, de un tipo que llegase al punto que llegase, siempre tendría que estar huyendo de las causas y consecuencias de una vida que nunca tomó el rumbo adecuado.
Por otro lado, Siodmak decide centrarse en la investigación de Reardon para dar salida a esa intriga surgida de la herencia dejada por 'El sueco' y, aunque no sea tan cautivadora como la mismísima historia del personaje de Lancaster, logra mantener cierto poso y desgranar las claves sin demasiados atavíos y sin que, cuando nos devuelven al relato de donde proviene todo, nos importe cómo, porque en ese relato llega a ser todo tan subyugante, que cuando has entrado en él, ya no puedes salir, ni evitar romperte cada vez que las apariciones del protagonista hacen mella con otro pedazo de su fascinante retrato.
A partir de ese momento, ese halo de aspereza y tristeza queda aferrado con fuerza y desgarro a cada uno de los Flashbacks que nos remiten a la historia de ese personaje, que deambula de un lado a otro y jamás parece encontrar un resquicio de fortuna al que agarrarse, básicamente porque parece que nos hallamos ante el melancólico retrato de un perdedor, de un tipo que llegase al punto que llegase, siempre tendría que estar huyendo de las causas y consecuencias de una vida que nunca tomó el rumbo adecuado.
Por otro lado, Siodmak decide centrarse en la investigación de Reardon para dar salida a esa intriga surgida de la herencia dejada por 'El sueco' y, aunque no sea tan cautivadora como la mismísima historia del personaje de Lancaster, logra mantener cierto poso y desgranar las claves sin demasiados atavíos y sin que, cuando nos devuelven al relato de donde proviene todo, nos importe cómo, porque en ese relato llega a ser todo tan subyugante, que cuando has entrado en él, ya no puedes salir, ni evitar romperte cada vez que las apariciones del protagonista hacen mella con otro pedazo de su fascinante retrato.
(Termina en el spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Todavía no sé como lo logró Siodmak, hacernos partícipes, con tan poco, de algo tan arrebatador como desolador. Quizá sea Lancaster, o quizá sean las rabiosas, incontenibles y brillantes apariciones de una sublime Ava Gardner. Quizá sean los claroscuros de su historia, o quizá sea la magia.. la magia del cine, y de sus imperecederas historias, de la historia de desamor de Lilly, o de los baches y tropiezos de 'El sueco' que, ya para siempre, permanecerán dentro de mi. Aferradas, y sin posibilidad de huir.
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