Sobre un trasfondo en el que planea el SIDA y la muerte, se desarrollan dos historias de jóvenes incapaces de asumir la realidad y de entregarse plenamente a otro. Su soledad es a la vez reflejo de la soledad de gente de su alrededor que buscan en ellos, por amor, la base de su vida. Un guión muy bien escrito, y en el que el espectador no se pierde a pesar de los continuos saltos en la realidad-alucinación, nos ofrece pensamientos, sentencias vitales, que son fácilmente asumibles considerando el momento en el que cada personaje se encuentra y considerando lo que desea. La película, magníficamente realizada te atrapa desde el principio, a lo cual contribuye muy particularmente la interpretación de sus actores y muy en especial la de Al Pacino, que nos recuerda a “El padrino”, poderoso y a la vez tan débil. Una Meryl Streep dominante y posesiva que cree que el mundo está hecho según sus deseos. Emma Thompson en una interpretación llena de amor por su paciente. Y las interpretaciones de los tres protagonistas jóvenes, homosexuales, que buscan la felicidad y desean vivir. Las escenas correspondientes a alucinaciones o a ensoñaciones, que son la mayoría, son las mejor realizadas, quizás porque se permiten una mayor libertad de planificación. La banda sonora en estas escenas de alucinación o de ensoñación, música clásica en general, está muy bien elegida y ajustada a las imágenes. Por último, hay una especie de juego por parte de los intérpretes que aconsejo seguir, buscando quienes son los intérpretes en cada caso. Si no consiguen descubrirlo, y eso es casi seguro, esperen a las imágenes de los títulos finales sobre los que se impresionan los nombres de los intérpretes.
Estamos ante una comedia intrascendente en cuanto al tema y argumento. Se trata del inicio de relaciones amorosas entre Leo que acaba de salir del armario y después de cuatro años de relaciones le cuenta a su novia que es gay. Lógicamente está deseoso de vivir su nueva vida. Por otra parte Alex acaba de romper con su novio al que ha pillado en su propia casa con otro chico, y parece que no es una aventura circunstancial. Lógicamente no tiene ningún deseo de iniciar una nueva relación. A partir de ahí intervienen la casualidad y los amigos en una historia muy simple donde, como pasa en casi todas las películas, el amor es el protagonista. Hay un guión muy inteligente y muy trabajado para darle al espectador esa hora y media de relax que muchas veces se merece, eso sí, utilizando la imagen muy agradablemente y hasta con cierta provocación, y unos diálogos sencillos, de comedia, pero nada ofensivos al entendimiento del espectador, muy al contrario, considerándole un sentido del humor inteligente y nada zafio. Música y fotografía están muy al tono de la comedia y para mi solo falla algo la interpretación de todos los actores que están en plan aficionado. Pero vale la pena si tienes hora y media que perder.
He visto la película dos veces porque la primera vez me pareció que había algo interesante y yo me lo perdí seguramente debido a mis circunstancias en ese momento. Pero la segunda vez tampoco me enteré de las pretensiones del director. Hay una historia que se sigue hasta un momento en el que se corta sin que yo haya entendido porque. Esa historia está contada en un guión enrevesado, complicado, con diálogos pretendidamente profundos y con segundo sentido, que yo no alcancé a entender. Pero ya hace un tiempo que perdí mi complejo de no saber nada y tengo muy claro que los que van de intelectuales, como es el caso de este director, no saben más que yo. Tienen en su poder un medio que ya me gustaría a mi tener, el cine, y tienen dinero para contar historias. Ahora bien, esas historias no son para espectadores que Bertrand Bonillo, guionista y director, considera cortitos, como debe ser mi caso, sino para intelectuales con un gran conocimiento de mitos y mitologías capaces de sacarle punta a cualquier imagen o diálogo. Pues bien, para ellos, y que no se preocupe Bertrand Bonillo que yo no me voy a traumatizar; simplemente olvidaré seguro lo que he visto.
Yo, como espectador de una obra de teatro, estoy viendo todo el escenario y todo lo que ocurre sobre el mismo. Cuando quiero, y eso lo decido yo solo, centro mi mirada en tal o cual personaje o en determinado punto del escenario y nadie me obliga a ver lo que otro quiere. Llevar una obra de teatro al cine siempre ha sido difícil, a no ser que se haga una buena adaptación como guión cinematográfico. Otra cosa es que se intente hacer una película como una obra de teatro, pero entonces a mi como espectador se me anula, ya que el director, utilizando el primer plano, me obliga a mirar allí y cortando a otro plano me limita el tiempo que yo puedo estar observando. Y si utiliza el plano general y en ese momento a el le interesa algo distinto a lo que a mi me interesa en ese momento, cambia de plano y me deja sin la posibilidad de ver lo que quiero ver. El teatro, a mi modo de ver, se basa en el texto y el cine lo hace en la imagen. Aquí hay mucho texto y declamado al estilo clásico. En fin, que estas viendo una obra de teatro a través de los ojos del director de la película y a mi eso no me interesa. Serán buenos actores de teatro pero en pantalla son muermos. Los decorados serán muy modernos para una obra clásica pero a mi me parecen planos y aburridos. Y miren ustedes, no creo que el director haya tenido la intención de universalizar el problema del amor homosexual utilizando vestuarios modernos sino que más bien se ha ahorrado un pastón en trajes de época. Eso si, unos cuantos desnudos provocativos y a por el éxito en taquilla.
El guión me parece interesante en cuanto trama una serie de intrigas en el seno de una milicia de samuráis donde el eje conductor es la tendencia homosexual de algunos de sus componentes y utiliza al más joven y bello, pero me parece poco expresivo, como objeto del deseo. Casi diría que se trata de un thriller en el que las pistolas son sustituidas por catanas. Hay dos recursos en esta película que no me gustan porque considero que no deben ser utilizados en el cine, o de hacerlo, poco y con inclusión imprescindible dentro del avance de la historia. El primero de ellos es la voz en off de Takeshi Kitano para expresar sus pensamientos y lo hace muy a menudo. El segundo es el corte de escenas y transiciones hechas con carteles que indican paso del tiempo, acciones que no vemos, sentimientos, etc. Para mi la utilización de estos recursos me parece una falta de capacidad artística para expresar lo mismo con imágenes. Y no creo que sea la utilización del exotismo oriental en vestuarios, jardines, interiores, tejados, etc. lo que pueda hacer de esta película una obra de arte, ni siquiera menor, por muchas pretensiones que tenga el director. Me parece una manipulación del espectador el estar toda la película intentando averiguar lo que ocurre y porque ocurre pero no porque el director te de esa oportunidad, sino más bien al contrario, porque oculta expresamente los datos que me faltan para sacarlos de golpe al final. En resumen, cine con pretensiones pero malo.