Lamata, se hace eco, de Juan Vicente González, y reafirma la tesis muy del gusto de los actuales partidarios del Presidente, de un Boves fundador de la “democracia social” en Venezuela a través de la vindicta.
En un tiempo de furiosas jerarquías sociales, donde el sector social blanco construyó todo un mundo de acuerdo a la maximización de sus privilegios, la figura vengativa y fugaz de Boves, se torna de una extrañeza atractiva para todos aquellos que andan a la caza de los grandes redentores históricos, sin reparar muchas veces que criminales de la talla de un Hitler y un Stalin, para solo nombrar a sólo dos, explotaron el resentimiento social, como una poderosa arma para acaudillar a sus respectivos pueblos a una inmolación sin precedentes.
Según Lamata, y estos nuevos “sociólogos” de nuestra Independencia, Boves convirtió en “gente” a quienes eran en ese entonces invisible ante la ley y el orden imperante. Boves es transfigurado en redentor de las castas coloniales, y su orgia de sangre y terrorismo sobre el estamento blanco, es reivindicada como una especie de acierto desde el punto de vista social. Algo que encuentra no pocas similitudes con la actual cruzada “bolivariana” sobre traidores, contrarrevolucionarios, escuálidos y apátridas de todas las especies. Una vez más, el cine, financiado por entes gubernamentales, sirve de propaganda justificadora de los poderes prevalecientes, y en esto, no hay ninguna sorpresa.
Donde sí hay una recuperación positiva de nuestro pasado común atreviéndose Lamata a desmitificar versiones al uso, incluso de carácter teleológico, es al presentar los móviles de nuestros próceres para ir a la guerra. Una guerra de significados tan confusos que los bandos en disputa se intercambiaban de bandera y “patria” de acuerdo a las oportunidades de enriquecimiento que les podría producir la contienda. La guerra fue un lucrativo negocio, y a la vez, el mejor escenario para obtener mediante el saqueo, la rapiña y la destrucción, la tan ansiada igualación social.
El legado de Boves es prácticamente nulo y su memoria está asociada al horror. Algo que Lamata intenta recoger de un modo algo ambiguo y caótico, y quizás en esto último, estribe su principal acierto fílmico, ya que nuestra Independencia fue un mar de contradicciones y esperanzas truncadas.
Nanni Moretti hizo esta película con desgano y sin empeño. Lo que pudo haber sido una historia bien contada y atractiva en torno a los naturales y muy humanos temores del hombre que reina en la cristiandad bajo el titulo de Papa, terminó siendo una caricatura de sí misma y de todo el tinglado que se mueve alrededor del Vaticano y sus todopoderosos Cardenales. Estos últimos son ridiculizados hasta la depravación máxima, es como si su Director: Moretti, llevase a cabo una venganza por todo el desprecio que siente por ésta religión organizada. Lo poco que se salva de ésta película “miserable”, porque ha sido hecha de forma sacrílega, sin mediar ningún tipo de respeto, es la muy decorosa y creíble interpretación del Papa abrumado por la tremenda responsabilidad que le ha sido encomendada por sus propios colegas.
Un desaliñado y decadente Mel Gibson va en pos de la venganza de la misma forma que hizo en Payback (1999), sólo que en ésta película del Director Martin Campbell, el argumento es frágil y poco interesante. Ya sabíamos que Gibson es un actor bastante deficiente, pero aquí raya la mediocridad siendo prisionero de los viejos clichés que nos dejó establecidos en la exitosa trilogía de Arma Mortal. Bien valdría la pena a que se dedicara sólo a dirigir de la manera truculenta que le caracteriza, tal como hizo en Apocalypto y La Pasión de Cristo, irrespetando sin despeinarse la autenticidad de las historias que en ambas contó.
“Passengers” es un auténtico despropósito. Su inicio es alentador, más luego se pierde en un mar de incongruencias, dado la poca imaginación de sus creadores. El tema de los muertos en vida es todo un filón dentro de un tipo de cine fantástico que ya ha dado muy buenos resultados a través de cintas como “El Sexto Sentido” y “Los Otros”, pero que aquí no alcanza a impresionar ni asombrar a nadie. Anne Hathaway, es sólo un rostro bonito sin alma, y su interpretación es tan falsa como insulsa.
El hindú M. Night Shymalan debe estar atravesando una crisis de creatividad; ya que luego de su éxito con el “Sexto sentido” no ha logrado superarse. “El Fin de los Tiempos” empieza bien pero termina mal. El temor colectivo ante el “Apocalipsis” es efectista sin llegar al terror de tipo psicológico. Es una obra tan menor que sus principales actores parecen actuar con desgano, sin ninguna convicción ante la terrible y desconocida amenaza que enfrentan. El miedo, si alguna vez llegó a existir, rápidamente se disipa en ésta película tipo Serie B. Grandes expectativas que no lograron colmarse.