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Críticas de: Strhoeimniano
Strhoeimniano A Coruña - España 
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Y el mundo marcha (1928)
King Vidor
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| 51 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Mayo de 2005 |
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“...Y el mundo marcha” es el fiel retrato del sueño americano. ¿Que cuál es este? Pues nada más y nada menos que llegar a ser Presidente de los EE.UU. Para nuestro protagonista todo comienza con buen pie, pues nace nada más y nada menos que un 4 de julio; pero a partir de ahí, cualquier semejanza de lo que vive con ese sueño expresado... no existe.
King Vidor sigue los avatares de este hombre sacado de la multitud, en una sucesión de comedia y drama tan sutil y magistral que al final de la película tenemos la impresión de haber asistido a la vida tal cual. Visualmente es impresionante y podemos comprobar la gran sabiduría que tenían todos estos directores en la época del cine mudo. No les hacían falta los diálogos, porque como diría la gran Norma Desmond: el cine era grande. Como ejemplo, cuando nos muestra al protagonista en su trabajo. Es una secuencia de una modernidad asombrosa: la cámara enfoca un contrapicado de un rascacielos, se va acercando poco a poco en base a fundidos, hasta entrar por la ventana y mostrarnos un picado de una oficina INMENSA (ni “El Apartamento” se atrevió a tanto), en la que una fila ordenada e infinita de oficinistas no levanta las cabezas de esos papeles tan necesarios para que el mundo marche... Las interpretaciones son naturalistas, casi rozando ese neorrealismo que aún tardaría en llegar pero que aquí ya esta presente. Una gozada, en la que las risas y las lágrimas son nuestras escoltas en esta película de visión obligada, de cine grande aunque se acerque a lo chiquito, a lo anónimo.
Strhoeimniano 
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Tristana (1970)
Luis Buñuel
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| 50 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Junio de 2005 |
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Nueve años después del escándalo de “Viridiana”, Buñuel retorna a España. En este viaje vuelve a adaptar a su admirado Galdós, pero trasladando toda la acción temporal a su época su juventud.
Ante una sombra tan grande como la de “Viridiana”, “Tristana” puede parecer una obra menor; pero reúne, si cabe, tantos méritos o más que la mítica película. En sí la película trata una de las mayores preocupaciones surrealistas: el “amour fou”. En ninguna obra de Buñuel se retrata con tanto detalle el “amor loco” como en esta. La historia es sencilla: Cuando muere la madre de Tristana, ella es confiada a D. Lope, un caballero de los de antes con rentas cada vez más exiguas, pero de un cinismo calculado, que comienza a obsesionarse por la joven Tristana hasta conseguir sus favores; tiempo después ésta conoce a un pintor con el que huye hasta que las circunstancias la traen de nuevo.
La sabiduría y sencillez de esta obra es pasmosa. En ninguna otra obra posterior a esta encontraremos la depuración a la que había llegado el maestro; quizá porque surrealismo y grandes presupuestos nunca casaron del todo (la etapa mejicana y la española están muy por encima de todas sus películas francesas, aunque éstas fueron las que llegaron más al público). Es increíble la fuerza que le da a los planos, cómo éstos calan en el espectador hasta exprimir todo su significado (el plano secuencia con el que se abre –un partido de fútbol entre sordomudos-; las secuencias que muestran la relación incestuosa que mantienen; el fetichismo con el que arropa a C. Deneuve en la última parte de la película).
“Tristana” de todos modos es D. Lope. En ninguna otra película del maestro, Fernando Rey realizará mejor actuación, hasta el punto de que quizá sea la mejor interpretación de toda su carrera. De todos los personajes, es el más rico, el que realiza una evolución más sorprendente pues pasa de ser comecuras (magníficos los diálogos en los que expresa su anarquismo) a terminar tomando el chocolate con estos en la tardes frías de invierno. Su interpretación es tan sentida que estremece (cuando por fin consigue a Tristana y le escuchamos decir “Esta vez no se me escapa, esta vez será mía...” traslada la pasión que siente de un modo tan directo que es como si te pegara). Pero a su misma altura está todo el plantel. La frialdad de Denueve llega al punto de la crueldad, pero sin dejar de mostrar esa pasión alocada que sostiene a un personaje que naciendo en la pureza, terminará por vivir en el rencor (maravillosa la secuencia en la que se despide de su amante el pintor tocando una pieza de piano tan pasional como su aversión). Al lado una Lola Gaos espléndida, como esa criada abnegada que daría la vida por su señorito.
Un punto y aparte merece la fotografía. La firma Aguayo y consigue que una película a color termine siendo negra, negrísima (la secuencia de la boda es magistral, pues más parece un entierro). Otra obra maestra del gran Buñuel antes de afrancesarse.
Strhoeimniano 
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La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)
Don Siegel
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| 49 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Septiembre de 2005 |
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Ningún género reflejó mejor las tensiones sociales existentes en los años cincuenta que la ciencia ficción. Es en esta década cuando se consolidan las bases del género, que amparándose en la coartada de la ficción echaba una mirada más que metafórica a una sociedad atemorizada. Aquí está McCarthy y su vergonzosa “caza de brujas”: poderes extraños se apoderan de cuerpos y mentes de los habitantes de una pequeña población convirtiéndolos en seres pasivos y obedientes. Cómo no podía ser de otra manera, el protagonista se niega a someterse, y esa película que comienza en clave de ciencia ficción se sumerge de lleno en un género en el que Siegel brilló con luz propia: el trhiller.
La película está basada en un relato de J. Finney. D. Mainwaring será el guionista que convierta este relato en una visión sombría de una sociedad paranoica e histérica como la de aquel tiempo (Mainwaring tuvo problemas durante la época de la “caza de brujas”, fue despedido de la RKO por sus simpatías políticas).
La película es maravillosa, llena de detalles que captan el alma de una comunidad rural y encerrada. El elemento extraño está introducido con sutilidad, pero desde la cotidianidad más absoluta: la familia. La visión de la película es inquietante, pues poco a poco ese elemento extraño, “irreal” se va apoderando de todo.
Kevin McCarthy, que no era una estrella, está aquí inconmensurable, pasando de esa tranquilidad burguesa que muestra el médico que controla todas las anormalidades (aunque sean de la salud) a desembocar en una histeria angustiosa del que se sabe que tiene las de perder.
Lo único malo de la película es el prólogo y epílogo que, sin permiso de Siegel, introdujo el productor W. Wanger, ya que nos sustrae parte del suspense del film; pero de todos modos un pecado perdonable pues es una de las películas más angustiosas que uno puede ver en toda la historia del cine. Y ésta, como todas las películas de este genero que aún no reinaba en las pantallas, hecha desde un presupuesto modesto, pero con una imaginación y saber hacer portentoso.
En 1978, el guionista y director P. Kauffman haría un remake muy digno de esta película, pero que no logra empañar el brillo de la realizada por Siegel. Ahora, preparan una nueva versión para el próximo año teniendo a N. Kidman como protagonista y acortando el titulo, y mucho me temo que también la imaginación, pasando a titularse: “Invasión”.
Pero puestos a saborear, quedémonos con este gran clásico.
Strhoeimniano 
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La vida de Brian (1979)
Terry Jones
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| 52 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Junio de 2005 |
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Irreverente hasta la médula desde la primera a la última secuencia, llena de un humor sarcástico, inteligente, surrealista, con una inspiración única que hacen de ella la mejor película de los Monty Python y una de las mejores comedias de todos los tiempos. “La vida de Brian” retrata el porvenir del paria que tiene la desgracia de nacer en el pesebre de al lado de otro recién nacido llamado “Jesús” hasta terminar sus días tan crucificado como el Mesías (pero si darnos tanto la lata como éste), cantando una magnífica y destornillante canción.
Esta película no es una ácida blasfemia contra la religión católica (de hecho: Jesús sale brevemente en un magnífico gag sobre el sermón de la montaña), sino contra todas las religiones, busquen éstas la salvación del alma (como las imperantes monoteístas) o la del hombre (como los partidos políticos aquí magistralmente satirizados). El acierto de esta película es poner lo sacrílego de estas dos visiones a ras de tierra y, desde ahí, comenzar sus acertados mamporros. De hecho, es una película única, ni antes ni después el cine Ha vuelto a hacer un cóctel tan explosivo entre farsa, religión y política. Sus fotogramas son una fiesta, llena de agudos diálogos, que por más que los tengas oídos siguen haciéndote estallar en carcajadas, y memorables gags visuales que acentúan esos diálogos y disparatadas situaciones.
La galería de personajes (todos magníficamente caricaturizados por los Monty Python) son de los que dejan sabor, llevándonos de una secuencia a otra igual o más inspirada que la anterior, siempre siguiendo los pasos de Brian, que es el que logra unir las partes inconexas hasta lograr un todo lúcido y coherente.
Toda ella es un festín. Un gran festín, pues no sabes con qué parte quedarte, cuál de los gags es tu favorito (la competencia es fortísima), qué línea de diálogo despierta tus ya agotadas carcajadas a esas alturas (yo me sigo quedando con la secuencia “¿Qué nos dieron los romanos?”). Cada nueva visión da nuevas oportunidades a esta película tan redonda como una hostia sin consagrar, pero llena de un humor divino que no para de estampar su mala baba contra el fanatismo al que, al parecer, estamos condenados (ese es nuestro infierno).
Pero hay una medicina (o una gozada): Oxigenar el cerebro con ese evangelio, según los Monty Python, que es “La vida de Brian”. No busquéis más: ¡La salvación está en la risa!
Strhoeimniano 
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El verdugo (1963)
Luis García Berlanga
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| 52 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Mayo de 2005 |
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Han pasado más de cuarenta años desde que el genial (y golfo) Berlanga filmara este peliculón. Mirando hacia atrás uno se pregunta cómo pudo realizar una película como esta en esa época; quizá la respuesta es que no se podía filmar una película tan negra como en esos tiempos tan grises. Y lo hace desde una ligereza aparente, con una frescura tan grande que tienes la impresión de que lo que nos muestra existe no porque lo invente, sino porque estaba. Hace historia y una historia negra, negrísima, casi hasta la crueldad, llevada de la mano de unos personajes que muestran todas sus miserias, pero su inmensa humanidad, en el viaje de un personaje al que el Estado empuja a ser verdugo. El nasal Pepe Isbert está como siempre: GENIAL, aportando esa naturalidad congénita a un hombre que si te lo cruzarás hoy por la calle, le partirías la cara, pero que en la película lo único que logras es partirte de risa por la genialidad de sus diálogos, imágenes; Emma Penella a la misma altura, con una carnalidad sorprendente; y Nino Manfredi compone ese personaje que es todo bondad, pero que no va poder seguir con esas herramientas si lo que quiere es vivir. En resumen: Azcona y Berlanga hacen la quizá sea la mejor comedia española de todos los tiempos y el mayor alegato contra la pena de muerte que se haya filmado (esto último sin discusión).
Strhoeimniano 
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