16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
* “El Húsar en el Tejado” es una película sin pretensiones, humilde y muy discreta, pero muy atractiva. Amena, entretenida, y con una pareja protagonista que deja muy buen sabor de boca.
* Muy interesante como muestra los estragos del cólera abatiéndose sobre el sur de Francia. Por un lado los estragos puramente físicos o ambientales, retratados con algún efectismo y algo de crudeza. Por otro lado, el miedo que se extiende a la pandemia, a la muerte, generando un clima entre la población que recuerda el de la caza de brujas de décadas antes, sacando lo peor de todo el mundo. Nadie esta a salvo de caer victima de la enfermedad, nadie se libra de degradarse por su miedo a ella, y los protagonistas a veces reflexionan sobre las causas y consecuencias de todo ello. No solo hay que luchar contra el cólera, sino también contra quienes huyen de él: paranoia, pánico, persecuciones.
El protagonista, huyendo de sus perseguidores contrarrevolucionarios, se ha encontrado huyendo también del cólera, la aterrorizada población, los dragones franceses, e incluso de los cuervos que se agasajan dado el panorama.
Todo esto de pie a una narración a veces trepidante, en cuanto a la sucesión de situaciones y escenarios, que nunca se detiene ante lo innecesario; ágil y amena, con los momentos lúcidos justos y una fotografía magnífica.
* Con algún puntito de humor y alguna dosis de drama, el film se decanta casi del todo por la aventura de capa y espada. Las correrías del coronel Angelo Pardi intentando volver a su país se bastarían solas para hacernos pasar un muy buen rato, pero el relato se vuelve aun más interesante con la aparición del personaje de Pauline de Théus (Juliette Binoche), que ejerciendo una extraña atracción sobre el joven militar hará su viaje aun más arriesgado y espinoso.
Ya no solo le aguijonea a uno el interés por las aventuras de Pardi, por si llegará a su destino y cumplirá su misión, sino también por como acabará la relación que los protagonistas van forjando. Deciden hacer juntos parte de sus respectivos viajes, se va estableciendo un vinculo entre ellos, pero no se sabe nunca de que naturaleza es ese lazo, y uno se pregunta constantemente si él se apega a ella por honor, exceso de cortesía, admiración, curiosidad, amor, o un poco de todo; y sobre como ve ella a ese joven intrépido, pero demasiado racional para su edad, que no quiere despegarse de ella pese a tener asuntos más importantes que atender. Los asuntos de ambos también permanecen siempre en el aire, aunque se vayan intuyendo; dan a ambos un aire misterioso muy inspirador.
* Y que decir de Binoche, de nuevo esplendida en otro papel de mujer misteriosa y de entereza fuera de lo común; con voluntad a prueba de balas, dignidad y desprecio por lo bajo y afectado.
Aunque respecto a muchos personajes se nos deje en vilo, pese a cobrar cierta importancia durante el relato, con la historia de los dos protagonistas nos basta y sobra para disfrutar de esta aventura.
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
* El aséptico e inocuo mundo burgués que vemos desfilar en las primeras secuencias se evapora pronto, y en pocas escenas nos encontramos inmersos en un mundo tan enrevesado y caótico que llega a ser oscurísimo y casi desvariante. Planteado en principio de forma muy romántica, pero con unos personajes que llevan al extremo su vehemencia, que idealizan de forma gratuita y desesperada, creándose necesidades y primacías déspotas; y continuamente. Sus idealizaciones se volatilizan siempre al primer envite de cualquier impresión mínimamente intensa. Estos personajes se dejan arrastrar por todo, con una inconsciencia obscena que los arranca enérgicamente de cualquier realidad forjada; y nos llevan consigo. Solo hay que ver al personaje de Max (Vincent Cassel): una voz furtiva capturada a través de una pared es suficiente para raptarlo y lanzarlo al caos; hacerle olvidar todo lo que le rodea; disipar su vida, por muy asentada que pudiera parecernos. En tales situaciones uno llega a asumir que no puede fiase ni de si mismo, y es algo demoledor; pero Max no asume nada de nada. Y no solo esto. Ya entrado en faena, incluso reconociendo sus errores empalma uno tras otro, como convencido de que todo lo que ocurre es solo un sueño, algo tan irreal que todo lo negativo que conlleve también lo será; que si nada bueno trae, siempre queda despertarse. Y el final de la película parece corroborar la visión del protagonista, al menos en lo que a él se refiere: en una vertiginosa espiral salva a algunos y machaca a otros, dejando con ello una sensación muy, muy amarga.
Y el personaje de Max no es el más extraviado, los hay que van aún más a la deriva.
Quienes solemos caer en dinámicas similares, y nada tenemos que “envidiar” de la tozudez con que los protagonistas se lanzan al desastre, podemos llegar a comprenderlos, e incluso simpatizar con ellos, identificarnos, pero es tal la exacerbada insensatez y falta de sentido común de Max, Lisa y compañía, que la mayoría de la gente los verán como criaturas fantásticas a fuerza de disfunción y arrobamiento, falta de reflexión e incapacidad de asimilación. Creo que estos personajes caerán mal, pues pueden parecer demasiado exagerados, amén de dispersos, e inspiran una desconfianza totalmente “justificada”, porque tienen la desfachatez de no aceptar la realidad, de no conformarse y amoldarse a los reveses, de no reconocer nada, tarea en la que se afanan la mayoría de los mortales.
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Cómo puede Isabelle Adjani no acabar realmente loca cada vez que interpreta uno de estos papeles? Un enigma fascinante. Todo en la película es formalmente perfecto: interpretaciones, ambientación, narración… pero todo queda en suspenso, como a la expectativa, cada vez que esta mujer hace el menor movimiento, dejando su impronta en todo. Su Camille Claudel tiene tal presencia que absorbe la vida del film, el cual se extingue con ella.
Un poderoso drama sentimental, que nos da una bella visión del amor ofuscado por la fascinación, y de cómo este se rebaja ante la proyección creadora del artista; proyección e inquietud que no se pueden frenar, si desviar, aunque sea para perdición del creador.
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spoiler:
Se nos habla del amor que es adoración; que busca el ideal de la perfección y la complementariedad; que no es atracción, sino deslumbramiento, y que como el fuego, cautiva, quema, y consume. ¿Qué atrae a Rodin de Camille? El ya no esculpe, dirije. Otros trabajan para él, y él solo apuntilla y firma. Tiene enfoque, pero ha perdido el contacto con la creación pura. Cree que por el camino al flamante éxito y al total reconocimiento que disfruta en la actualidad, estancado e indolente, perdió algo. Que eligió el camino del éxito y no el de la creación genuina, y que ya no hay marcha atrás. Por eso se dedica a descoyuntar modelos, en la creencia de que en la postura más incomoda y el movimiento más forzado debe encontrarse indiscutiblemente la inspiración o el secreto del arte, el cual tuvo en su juventud a tres palmos de la cara, y que se fue alejando sin remedio. “La inspiración no existe”. Pero conoce a Camille. “¿Qué tiene ella que yo he perdido?”. Una joven escultora, que en días pésimos se cuela en las obras de Paris para acarrear barro con el que crear sus obras; que se ensucia, y que en mitad de su trabajo parece una mujer dando a luz. Siente lo que esconde cada material, y siente la necesidad de dotarlo de vida. Sabe que más conocimientos le darán mayor posibilidad de dar rienda suelta a su arte, de extraer vida a lo inerte, y cree que esos conocimientos bien pueden venir del maestro Rodin. Ambos se encuentran y enamoran, creyendo que aprenderán el uno del otro. Pero no es así. Camille es la inspiración de Rodin, y este es el ideal de Camille; ambas cosas inasible para ambos. Pueden poseer al otro, crear un vínculo emocional, e incluso dependencia, pero lo que realmente van buscando en el otro no lo encontrarán. Su vínculo traba la visión creadora de ambos, y más la de ella. Rodin acaba explotando la vena creativa de Camille, proyectándola en sus trabajos pero sin imbuirse de ella. Cuando Camille ve en esta situación un obstáculo a su total expansividad artística intenta reemprender su camino, retomar su propia y personal creación, pero su visión estará empañada por su vida reciente. El desengaño se aliará a la pesadumbre para enturbiar la sensibilidad de Camille. Acosada por la sensación de haberse perdido, se irá extraviando cada vez más en si misma y perdiendo la cordura.
* Las escenas de los artistas en comunión con la materia prima, proyectando casi en trance aquello que esta puede llegar a ser; inspirados por un puñado de barro o un trozo de piedra, insuflándoles vida por imposición de manos para que la piedra se levante con la forma que fijaron en mente... son todas buenísimas. Y la recta final es de una excelsa y macabra belleza, con una Adjani inquietante dando la impresión de ser realmente un animal extraviado. Los diálogos entre ella y Depardieu son magníficos, así como la forma de retratar la relación que Camille mantiene con su familia.
20 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
* En “Mongol” escasean las grandes batallas y las soflamas al ardor guerrero; el encomio de la figura heroica, del orgullo de raza, y del consumo de esteroides…
Si que hay acción, pero la película se acerca más al cine contemplativo oriental, que a sus corales muestras épicas, y se aleja totalmente del avasallador cine épico occidental, enérgico, excesivo y cargante.
Para empezar, uno podría acercarse a “Mongol” para ver como Gengis Khan, empalmando una enardecida batalla tras otra, se come Asia. No encontrará esto. Se diría que la película cuenta la gestación del héroe, abandonándolo una vez se convierte en Khan de todos los mongoles, pero tampoco, pues no lo presenta como tal, como héroe. La figura cuya vida nos narra es la de un habitante más de las estepas, a quien se le viene encima una labor que el mismo se impone. No es un elegido de los dioses, como tantos “héroes”, y la película se cuida mucho de marcar la diferencia.
Temudgin representa la libertad, la nobleza, la integridad más que el honor, la dignidad más que el orgullo… no hay exaltación del valor ni la intrepidez, sino de la constancia, la sensatez. Temudgin quiere convertir a cada mongol en un buen mongol “aunque para esto deba matar a la mitad de ellos”, no ilustraros, sino ennoblecerlos. Parece que su cruzada se rige por el principio de establecer las condiciones en que esos “buenos mongoles” puedan vivir sin los trances y sufrimientos a los que él mismo ha estado expuesto. Muy significativo es el retrato de cómo el Khan se relaciona con sus tropas y el resto de la comunidad, sean o no mongoles, y de la confrontación con su “hermano”.
Uno de los puntos fuertes de la película es el análisis de caracteres de los personajes, escasitos los principales, pero configurados de la forma más interesante.
* Película dedicada, como otras, a dar una visión diferente -sino más realista, si más digna, según conviene- de figuras históricas denostadas en occidente (Gengis Khan, Atila, Vlad Tepes…).
* De gran importancia es la historia de amor entre Temudgin y su compañera, pues ilustra enormemente sobre la psique y el carácter del Khan, y de su pareja. Es curioso que, si en la película hay algún héroe, es sin duda Borte (esposa del Khan), por fortaleza, constancia, por no flaquear en su disposición de servir a Temudgin, pero como persona, no como Khan.
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
* “Shara” es cine que cobra vida; que nos arrebata del asiento para arrojarnos a una dimensión donde el cine te devuelve la mirada; te habla; y hurga dentro de ti.
* De sombras va “Shara”; un drama, de ritmo pausadísimo y parco en diálogos, que con un estilo sobrio y desnudo, falto de cualquier artificio, nos expone todo un universo sensitivo de una intensidad y honradez brutales.
La primera escena ya resulta imponente: esa cámara persiguiendo a los dos hermanos, Shun y Kie, por la calle; la súbita desaparición de uno de ellos, de Kie; la aplastante sensación de soledad de Shun; la simple vista de la casa que hace esquina; el plano del frondoso árbol del patio, que se alza tras la tapia, agitándose con el viento. No se que tiene esta simple secuencia que pone la piel de gallina; que te advierte que no estás ante algo convencional, ni siquiera entre el cine con más visos de profundidad. No se como en unos minutos, sin haberte dado aún tiempo a introducirte en la película, en trama o historia alguna; habiendo estado solo expuesto a las espaldas de dos niños..., no se como, pueden tener tanta fuerza las imágenes.
Años después la familia protagonista vive una existencia en apariencia normal y tranquila. Pero el desasosiego inicial no os ha abandonado. Y al poco nos vamos percatando de que no es todo tan plácido como parece; que cierto clima de abatimiento pesa sobre la familia. En realidad el fantasma de Kie no les llegó a abandonar nunca, y ha estado presente en cada uno de los pasos que han dado desde entonces. En él se debaten intentando recuperarse; hermanar el recuerdo con el presente, y el porvenir; y esa lucha interior está plasmada magistralmente en cada uno de los personajes.
Al referirme a fantasma no hablo de un espíritu o aparición al uso; esto no es fantasía, sino que el recuerdo y la ausencia son lo que han estado interfiriendo en la vida de la familia durante años; y sigue haciéndolo.
En ese ambiente, que aún no se como logran transmitirlo Kawase y sus actores, se va tejiendo una solapada, pero viva y densa red emocional, sin estallidos ni excesos que pudieran servir como válvula de escape y alivio; una red emocional que se va transformando, y que a veces se vuelve convulsa, y se desgarra en momentos clave del film: la secuencia del festival, de la danza popular, con esa explosión total de vitalidad y alegría, que supone una descarga como pocas te da el cine; o la escena del parto.
* La penetración psicológica que se logra con los personajes es ejemplar. Vuelvo a repetir que el trabajo de los actores es excepcional.
* Increíble es también el manejo de la cámara. Como si fuese una proyección de la mente de Naomi Kawase; un intruso, que de manera furtiva se ha metido en la vida de los personajes.
* Cine que supera hasta la propia denominación; impresión pura; “Shara” es visión y alma.