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Conclusiones de la velada
Mastroianni huye despavorido al darse cuenta de que todo en esta vida es falso
Philippe es la ingenuidad en persona, un digno representante de la justicia. Ve sólo lo que quiere ver.
La institutriz juega con todos, pero se casa con el juez. La única con los pies en la tierra. La única que sale viva. Ella y los perros.
Las putas (las de profesión y afición) son las únicas verdaderamente hedonistas que quedan en la faz de la Tierra. Juegan con ganas con algo o alguien, pero enseguida se cansan. Son unas apasionadas de lo nuevo y brillante.
Al ver los primeros asados te entra el hambre. Al ver los últimos, te entra la vomitona, con lo que el cabrón de Ferreri consigue su objetivo. Revolverte el estomago.
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“Había un camarero que era mi amigo. Su misión era traerme tres o cuatro cruasanes después de haber follado. Me traía los cruasanes a la escalera, yo acompañaba a la misma a la chica de turno y hacíamos el intercambio: él se llevaba a la tipa y yo me devoraba los cruasanes. Sexo y comida, la noche perfecta” (Antonio, el hedonista perfecto)