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Críticas de: Christian Doig
Christian Doig |
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(Lima, Perú)
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| 442 | Películas valoradas |
| 40 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
8,6
(ver sus estadísticas)
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Dulce pájaro de juventud (1962)
Richard Brooks
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| 4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Julio de 2006 |
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Iluminador y genial como siempre, Tennessee Williams concibió uno de sus dramas inmortales con esta fábula acerca de una decadente estrella de cine y su amante gigoló, personaje éste originalmente escrito para Paul Newman. Richard Brooks, que ya había dirigido a su protagonista en otra película de Williams (La gata sobre el tejado de zinc), ofrece una acertada versión a pesar de la intromisión de la censura en un guión de su propia autoría. Ed Begley ganó el Oscar por su rol de magnate corrupto, pero no está mejor que Rip Torn como su violento y disoluto heredero. El tiempo es el tema principal de esta obra cinematográficamente poética; el tiempo humano, mejor dicho, esa materia huidiza, trágicamente fugaz, y su impacto en la conciencia y en la moral.
Christian Doig 
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Rebelión a bordo (1962)
Lewis Milestone
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Enero de 2007 |
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Esta versión de la historia de la Bounty y su infame capitán William Bligh es tan subestimada que resulta casi imposible imaginar que pueda ser la mejor de las tres hasta hoy filmadas, pero lo es. Marlon Brando tal vez fue justificadamente vapuleado por su conducta durante la producción, aunque lo que cuenta finalmente es su trabajo como el heroico Fletcher Christian: una actuación tan sutil y con tantas dimensiones que es totalmente digna de su genio. Así como el Christian de Brando es el mejor, de lejos, interpretado en el cine, el Bligh de Trevor Howard suple lo que le falta en carisma con un sentido tan realista de lo que significa ser cruel que termina siendo más villanesco que el propio Charles Laughton en la versión de 1935; de hecho, Laughton creó un icono de Bligh porque él era un actor como Brando, capaz de transmitir la humanidad del personaje al punto que uno deseaba comprenderlo. Howard no es carismático -- al menos no como Laughton --, y no lo necesita, pues ésta es una fábula romántica en la cual Christian se inmola a causa de la injusticia del mundo, con el fondo paradisíaco de los mares del sur.
Christian Doig 
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Brando (2007)
Leslie Greif, Mimi Freedman
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
31 de Octubre de 2007 |
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Las brevísimas 2:45 horas de este documental sobre quien es probablemente el mejor actor de la historia universal no deben desalentar a nadie. "Brando" es una producción que consigue una mirada abarcadora, a veces insuficiente, otras precisa, siempre objetiva en medio de las diversas opiniones verbalizadas, y sin perder nunca el paso, ágil y fragmentario, emotivo y grave. Brando era tan fascinante, que la producción inevitablemente será del agrado, si no satisfacción, de unos cuantos, y provocará una respuesta de contundente decepción en el resto. Lo cual no es necesariamente un defecto notable del documental, que logra ser entretenido y revelador, y cuyo protagonista fue casi siempre demasiado grande para las cintas que interpretó.
Marlon Brando, el hombre y el actor, es recordado por amigos, familiares, colegas y admiradores en general, muchos de ellos nombres importantes del cine moderno, todos los cuales coinciden en el reconocimiento sin fisuras de la inmensurable deuda que el arte dramático en particular y la cultura del siglo XX y ésta incipiente del XXI tienen con quien un 3 de diciembre de 1947 cambió para siempre nuestra percepción del mundo en un teatro de Broadway. "Un tranvía llamado Deseo", escrita por Tennessee Williams y dirigida por Elia Kazan, para fortuna de todos, fue llevada a la gran pantalla en 1951, y el acto iconoclasta, disidente, terrorista, profundamente revolucionario e insuperable de Brando puede ser atestiguado una y otra vez gracias a ello. John Gielgud, su compañero de reparto en "Julio César" (1953), compuso al parecer el mejor Hamlet jamás interpretado por actor alguno, pero de aquella legendaria proeza no queda más testimonio que un puñado de reseñas de la época. De haberse dado las cosas de manera semejante, el frustrado legado de Brando constituiría una verdadera tragedia de las artes, y ya no sólo en parte debido a la displicencia que negó a su genio rebelde la oportunidad de hacer las delicias póstumas de William Shakespeare en montajes de "Otelo", "El rey Lear" y "Hamlet", que ahora solamente podemos recrear en la penumbra definitiva de nuestra imaginación.
Eficientemente montada, la descripción del itinerario de Brando se desenvuelve como una ilustración y una reflexión constantes, basada en clips, fotografías, programas de entrevistas, y en conversaciones especialmente organizadas para este documental. Insertadas a lo largo del metraje, películas caseras e imágenes que ayudan a echar un vistazo a lo que era su realidad más privada. Su filmografía es comentada, a veces con ramalazos de inspiración, por cineastas como Al Pacino, Martin Scorsese, Arthur Penn y Bernardo Bertolucci. Su compromiso con los derechos civiles de negros e indios americanos está tratado con bastante inteligencia. Su vida personal es materia de una inspección oportunamente decorosa. No obstante, los demonios íntimos que fueron el combustible del arte brandiano son descubiertos ocasionalmente. De visión obligatoria.
Christian Doig 
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Chicago años 30 (1958)
Nicholas Ray
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| 4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Octubre de 2007 |
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Producción de la Metro realizada a mayor gloria de la espectacular Cyd Charisse, "Chicago años 30" debe de ser una de las cintas de género más sorprendentes de la historia. La afición de su director por las pandillas como expresión subversiva encuentra su reverso en la meticulosa corrección de la que hace gala en los números musicales y en las incandescentes secuencias que siguen el idilio de la pareja protagonista --la otra mitad es el también impresionante Robert Taylor.
Cualquier observador atento puede adivinar detrás de los gestos infantiles de estos asesinos vulgares y sibaritas, y de su violencia coreográfica y sin sentido, el motivo profundo que los emparienta con los personajes a su vez suspendidos en una adolescencia psicológica eterna y víctimas de una insufrible conciencia del absurdo de la existencia, que son los actores de "Johnny Guitar" (1954) o "Rebelde sin causa" (1955).
Como es habitual en Ray, uno de los primeros herederos de Kazan, el trabajo interpretativo es magnífico. Lee J. Cobb asume perfectamente el rol de un gangster emocional y ampuloso, prefigurando en cierto momento al Capone que Robert De Niro compuso en "Los intocables" (1987). En papeles menores, el tenso John Ireland y (especialmente) Corey Allen, memorable 'antagonista' en "Rebelde", contribuyen a redondear la atmósfera de amenaza y decidida vileza que impregna a este drama altamente recomendable.
Christian Doig 
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Jezabel (1938)
William Wyler
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| 4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
14 de Octubre de 2005 |
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Vehículo melodramático a la medida de su estrella, la desconsolada Bette Davis_ había sido descartada como protagonista de Lo Que El Viento Se Llevó_. La gran actriz demuestra que, si bien hubiera sido una elección equivocada en el rol de Scarlett, el retrato de una consentida niña rica del Sur en medio de sus propios conflictos afectivos y los problemas de toda una sociedad en crisis no podía caer en mejores manos esta vez. Pero la película es un éxito más allá del imprescindible desempeño de Davis. Sin alejarnos del reparto, Henry Fonda deja alguna constancia de lo insuperable de su arte, en un papel que (como los demás) es suficiente por sí mismo pese a no salir de la órbita de la (anti)heroína. El excelente trabajo de Donald Crisp, brutal villano en Lirios Rotos, es también destacable.
En su inicio, Jezebel cautiva nuestra empatía moral, para después, con la aparición de la protagonista, derivar en el microcosmos del más insufrible melodrama, aquél que trata de las 'desdichas' de una mujer-niña que se cree desatendida y es capaz de torturar a su novio (y de paso a medio mundo) con los caprichos más superficiales, y las resoluciones más egoístas y aun peligrosas. Es aquí cuando el director Wyler dota de progresiva dimensión al relato, que dentro de sus convenciones genéricas empieza a revelarse como un extraordinario cuento de valentía, redención y, sobre todo, amor.
Christian Doig 
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