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Críticas de: Maese Huvi
Maese Huvi |
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(Madrid, Uzbekistan)
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| 718 | Películas valoradas |
| 32 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
5,8
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Los surfistas nazis deben morir (1987)
Peter George
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| 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
5 de Junio de 2008 |
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¿Cómo puede estar alguien tan pirado para rodar una película sobre surfistas nazis? Sólo hay una respuesta: Troma, la gran fábrica de cine basura. Sólo a ellos se les puede ocurrir algo así y sólo ellos pueden conseguir que alguien pueda tragarse hora y media de película sobre tan bizarro tema y no sufrir efectos secundarios (o al menos eso espero, aunque me noto algo raro…)
Como muchas otras películas de la época refleja el miedo a la catástrofe (en este caso natural, en otras películas provocada por el hombre) que acaba con el orden y las instituciones dando lugar a un escenario de caos y desorden que es aprovechado por algunos (malos malísimos) para cometer todo tipo de tropelías, dando lugar a un mundo puramente hobbesiano en el que los más fuertes se hacen con el poder y sojuzgan por la violencia al resto de la población, que se encuentra indefensa y a la que sólo podrá librar de la nueva tiranía un héroe solitario y justiciero. Los surfistas nazis deben morir es, en gran medida, una parodia de este subgénero y consigue bastante bien su propósito.
Ahora bien, ¿por qué siempre en ese escenario postapocalíptico se instaura un régimen mucho peor que el anterior? ¿Incapacidad para imaginar que si el capitalismo cae pueda llegar algo distinto? ¿Postura realista ante las condiciones en las que se impondría ese nuevo escenario? ¿Defensa del mundo presente que, a pesar de ser un mierda, es mucho mejor que la “anarquía” que puede venir? Postura conservadora en todo caso. Pero lo cierto es que, quitando las exageraciones y dejando un escenario más sobrio (sin bandas de punks hiperviolentos, ni mutantes, ni demás personajes típicos de este cine) podemos llegar a pensar que la base sobre la que se cimenta este tipo de cine no es tan irreal como parece y, en algunos casos, hasta la realidad puede superar a la ficción en algunos aspectos, y si no pensemos en Irak, ¿no es un escenario tan demencial como el presentado en cualquier película del género? Y es la realidad, una realidad cada vez más demencial y que se expande superando a la ficción, pues un zombie acojona bastante menos que un marine puesto de coca y pastillas hasta el culo y órdenes de matar a todo bicho viviente o que un yihadista cargado de goma 2 hasta en los gayumbos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Un terremoto destruye la costa oeste de Estados Unidos. Aprovechando el caos, una banda de surfistas nazis tratan de hacerse con el poder en la playa, eliminando al resto de bandas rivales y aterrorizando a la población. Nadie puede hacerles frente. ¿Nadie? Una persona lo hará. La anciana madre de la primera víctima de los surfistas nazis: un hombre negro que se atrevió a detener a uno de ellos que había robado un bolso. La señora se convierte así en una madre coraje dispuesta a hacer justicia y vengar a su hijo acabando con esa “escoria blanca”. Los nazis empiezan a sufrir ataques sin saber quién los está llevando a cabo. Granadas y pistola en mano, la anciana empieza a eliminarlos uno por uno hasta que sólo quedan Adolf, el jefe, y Eva, su novia y mano derecha (aunque el personaje más brutal es sin duda Mengele), a los que perseguirá y finalmente matará cuando tratan de huir de ella surfeando. La escena final con la vieja a lo Harry el Sucio reventándole la cabeza a Adolf de un disparo es sencillamente genial.
No se puede decir que sea la película más lograda de la factoría Troma pero reúne algunos de los requisitos básicos del buen cine basura: violencia gratuita, desnudos gratuitos (aunque muchos menos de los habituales en las producciones Troma), humor zafio y vulgar, escenario postapocalíptico, look cutre ochentero (los nazis parecen salidos de un video de Motley Crüe), artes marciales, irreverencia, caspa a montones… Un película políticamente incorrecta, cutre y absurda como no podía ser de otra manera, sólo le falta algo de gore y vísceras, un poco más de intensidad en algunos momentos y le sobran muchas escenas de surf (casi todas salvo la última). En definitiva, una película sólo apta para amantes del cine basura.
Maese Huvi 
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Vente a Alemania, Pepe (1971)
Pedro Lazaga
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Junio de 2008 |
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Vente a Alemania, Pepe es uno de esos productos típicos del tardofranquismo que recoge el conflicto entre la sociedad tradicional española y la modernidad que empuja cada vez con más fuerza y a la que el propio franquismo ha de adaptarse, aunque esto llevase, paradójicamente, a su desaparición. Por supuesto hay un mirada conservadora (que es la oficial) que destaca los “peligros” y los problemas de esa modernidad, contraponiéndolos a las ventajas de la sencillez e inocencia de la vida tradicional y los valores del nacionalcatolicismo. La pretensión de la película no es desde luego deslizar una crítica, pero en ese conflicto se pueden hacer visibles algunas de las contradicciones que recorrían la sociedad española y que evidenciaban el conflicto entre la ideología del franquismo y la de necesidad de cambios para que lo fundamental (la salvaguarda del capitalismo) permaneciese.
Ese conflicto es el núcleo de la película, pero aparece (como no podría ser de otra forma) reducido a lo más anecdótico y banal. Su objetivo no es otro que minimizar el impacto de esa inevitable modernización, atenuándola, matizándola y llevándola allí donde el choque es meramente figurado y no puede ir más allá poniéndola en quiebra. Es un reflejo de la gran operación desarrollista de los tecnócratas que, al tiempo que impulsaban la transformación de la sociedad contenían, enmascaraban y contrarrestaban aquello potencialmente peligroso para el Estado franquista y para el futuro del orden socio-político que podía surgir de ese choque. No es casualidad que el destape surja en estos años. Un par de tetas no escandalizan a nadie más que a cuatro beatas y a los curas, pero la reflexión crítica sobre la sexualidad puede trastocar muchas cosas especialmente en una sociedad tan inestable como la española de aquella época. Era preciso contrarrestar ese peligro con algo banal pero aparentemente rupturista como fue ver por primera vez en una pantalla de cine unos muslos o una teta de una actriz española.
El tema central de la película es la emigración de españolitos a Europa. Yendo más allá de lo evidente, del humor fácil y tópico y de las pretensiones del director y del guionista se pueden comprender algunos de los factores conflictivos que intervenían en ella y contrastarlos con el momento actual en el que hemos pasado de ser los “hermanos pobres” a formar parte de la elite de países ricos y recoger la inmigración de otros países. Hay que destacar el choque entre la visión que todos los inmigrantes tienen de la sociedad de acogida antes de emprender su odisea y la realidad que les espera. Esta visión distorsionada es favorecida por aquellos que regresan y que cuentan las supuestas maravillas del mundo al que huyeron para esconder la miseria en la que viven, su frustración y su soledad. Aunque todo esto se reduce en la película a la mera morriña de España, de sus embutidos y de su vino.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La admiración que le profesan al emigrado José Sacristán sus convecinos al regresar al pueblo es un bálsamo frente a las penurias que pasa cada día en Alemania. Evidentemente, la pretensión es exaltar la España franquista y mostrar cómo, a pesar de algunos pequeños defectos que hay que limar, es indudablemente mejor que lo que hay fuera. Se desliza la idea de necesidad de cambios al tiempo que se mantienen las esencias de la España carpetovetónica. La emigración es necesaria por motivos económicos, así como la adaptación a la economía mundial, pero han de preservarse los valores propios de la nación. El sueño de la pareja interpretada por los Guillén Cuervo, ahorrar para volver a España y montar una gasolinera, es el sueño del franquismo, es el único sueño permitido: el de la prosperidad económica y el no pensar en nada más.
La falsedad de un mito se hace evidente viendo esta película. Ese mito que tanto gusta a nuestros representantes políticos (y a mucho desertor del arao) y que afirma que los españoles, a diferencia de los inmigrantes que hoy vienen aquí, iban todos con papeles en regla y con un puesto de trabajo seguro. Alfredo Landa no sólo no va con sus papeles en regla sino que acude a un compatriota que se encarga de arreglar la situación de los ilegales y de darles trabajo. Pero, por supuesto, esto no puede ser dicho crudamente. Hay que salvarle el culo al franquismo. El protagonista simplemente se ha olvidado los papeles (es que los españoles somos así) porque se ha marchado impulsivamente sin tener en cuenta que hay que pasar por unos trámites burocráticos. La realidad que refleja la película aunque oculta tras un cortinaje, es la de la miseria y la de explotación de mano de obra barata, la misma que sufren aquellos que hoy vienen aquí en busca de un sueño que además es más falso que un duro de tres pesetas.
Otro aspecto muy interesante de la película es la figura del exiliado. En un momento de conflicto en el que cada vez es más difícil acallar las voces críticas la aparición y tratamiento de este personaje en una película no es casual. Ferrandis interpreta a un exiliado nostálgico de España, que la critica pero que en el fondo la ama y la añora. Es un gesto hacia aquellos que se fueron por razones políticas y a los que se trata de atraer de nuevo para refundar la España moderna. Es el reflejo, aunque muy sutil y, desde luego, no consciente de los pactos que habrían de venir y que acabarían por conformar la España democrática en la que los posfranquistas y los “desafectos” del régimen se daban la mano para caminar juntos hacia un porvenir que se presentaba como nuevo pero que no era sino la adaptación a unos tiempos nuevos en los que el franquismo era un anacronismo, un lastre para lo realmente importante: el desarrollo económico. Es la llamada a la reconciliación nacional, reconciliación fundada, por supuesto, en el reconocimiento del capitalismo como única realidad posible y en el amor a la patria.
Maese Huvi 
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Metal: A Headbanger's Journey (2005)
Sam Dunn, Scot McFadyen, Jessica Joy Wise
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| 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
1 de Enero de 2008 |
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Curioso documental sobre Heavy Metal y derivados realizado por y para fans incondicionales del género, por lo que, a pesar de la pretendida seriedad que se le trata de dar, presentándolo como un estudio sociológico del mundo del Metal, se queda en un estudio desde dentro. Aún así, es uno de los mejores documentales sobre el tema: riguroso, buscando las raíces históricas y tocando todos los temas polémicos, si bien a veces superficialmente.
Son entrevistados algunos de los protagonistas de la historia del Metal desde sus comienzos hasta la actualidad, aunque también hay unas flagrantes omisiones y algunas figuras que tal vez sobran. Todo buscando la complicidad del espectador, que casi siempre ya sabe por donde van los tiros y que nos va a contar el personaje en cuetión.
En cualquier caso, es entretenido, ameno y divertido, pero poco más. Cualquiera que alguna vez haya hecho los cuernos, berreado como un animal cantando canciones de Iron Maiden y agitado sus melenas con un mini de cerveza en la mano se sentirá pelín nostálgico y rebuscará entre sus viejos discos para escuchar algo de viejo heavy metal... recordando viejo tiempos y conciertos épicos....
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Especialmente interesantes son los momentos en los que habla de la sexualidad en el heavy metal, donde se ve en gran medida el machismo del mundillo, que contrasta, irónicamente, con el hecho de gran parte de la iconografía más ultramacho del Heavy provenga del ambiente sadomaso gay vía Rob Halford. Pero tampoco hay una crítica ni un análisis de este factor, se limita a dejar unas vagas indicaciones.
También de gran interés es la cuestión del satanismo en el Metal, con una aproximación, aunque muy breve, al mundo del Black Metal y toda su parafernalia y excesos, especialmente en la tierra de los fiordos (con quema de iglesias, nazismo y asesinatos incluidos).
Se echa en falta alguna crítica a toda la parafernalia, la pose y el comercialismo del Heavy (¿hay algún producto que no hayan comercializado KISS?), pero siendo el autor un fan incondicional no se puede esperar un análisis profundo sino solo mitomanía y lugares comunes para los ya iniciados.
Lo dicho, bueno para nostálgicos y para fieles, y no tan interesante para quienes traten de conocer mejor las relaciones del Heavy con la sociedad y sus propias dinámicas internas y evolución, más allá de los árboles genealógicos que aparecen cada dos por tres en el documental y que son más que discutibles (para empezar no aparecen ni el Doom ni el Grindcore por ningún sitio, por no hablar de los grupos que elige como representativos de cada estilo, aunque esto es cuestión de gustos...)
Aún así, no está de más verlo. Es divertido ver retratadas algunas de las miserias y flipadas del mundo del Metal todas juntas y revueltas...
Maese Huvi 
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La brujería a través de los tiempos (Häxan) (1922)
Benjamin Christensen
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
28 de Octubre de 2008 |
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Mezcla de ficción y documental, Häxan es una de esas joyitas del cine mudo danés (pionero en tantas cosas), con muchas similitudes en forma, contenido, estructura y mensaje con Las páginas del Libro de Satán de Dreyer, rodada más o menos al mismo tiempo, e influyendo también en otra obra del propio Dreyer, Dies irae. Dividida en siete capítulos, Christiensen lleva a cabo una historia de la brujería analizándolo desde diferentes aspectos (orígenes de las supersticiones, análisis de los tópicos sobre brujería, características de la represión, etc.).
Es un retrato magnífico del miedo a lo desconocido durante la Edad Media y Moderna y la brutalidad y la sinrazón con que se combatía aquello que no se comprendía, algo que Christensen traslada muy sutilmente al presente para hacernos ver que todas las barbaridades de la Inquisición no son algo tan remoto y lejano como pudiese pensarse sino que se repite a lo largo de la historia. “La creencia de la gente era tan fuerte que la presencia del diablo se convirtió en algo real” se dice en un momento de la película. Siempre hay un mal absoluto al que se achacan todos los males y que sirve como justificación para las mayores atrocidades y para justificar la propia existencia de los mecanismos de represión. Llámese a ese mal brujería, judaísmo, comunismo, o terrorismo, lo cierto es que ese miedo abstracto es una creación artificial del poder que a fuerza de ser presentado como el mayor enemigo de la humanidad acaba por convertirse en una realidad que sirve como válvula de escape y justifica las peores atrocidades: la Inquisición, los campos de exterminio o Guantánamo, todo ello con el aplauso entusiasta de una inmensa mayoría de la población que termina creyendo todas las mentiras y aplaudiéndolas, hasta que un día se ve denunciada por bruja o descubre que tiene sangre judía o ve como le aplican la ley antiterrorista… entonces ya es demasiado tarde para parar lo que ha contribuido a crear.
Como curiosidad decir que la película estuvo perdida hasta los años sesenta en que fue recuperada, estrenándose una nueva versión con narración de William Burroughs y una nueva banda sonora.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En el último de los capítulos se ofrece una explicación psicológica (muy freudiana y muy matizable) de la brujería, asociándola a problemas mentales como el sonambulismo o la histeria que, al no ser comprendidos como enfermedades mentales, se vinculaban a la obra de fuerzas exteriores malignas. Es quizás la parte más mediocre de la película, aunque también tiene interés al mostrar la visión más común entre la clase culta de comienzos de siglo XX respecto a la brujería.
Visualmente, Häxan es una auténtica maravilla, con una fotografía espectacular, onírica y terrorífica, y una escenografía y ambientación muy curradas, cuidando hasta el más mínimo detalle para crear una sensación de realismo y al mismo tiempo de alucinación y pesadilla. A pesar de no ser una película de terror (al menos lo que hoy podemos concebir como tal) tiene una serie de elementos que la sitúan en los orígenes del género, al que contribuyó en gran medida a dar forma, especialmente en su vertiente satánica (los diablos, aquelarres y brujas de Christensen son paradigmáticos). A destacar algunas escenas memorables, como la que recrea un Sabbath en el que todas las brujas besan el trasero de nuestro señor Lucifer o las numerosas alusiones sexuales que recorren la película y que a veces sorprenden por su contenido explícito.
Maese Huvi 
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Vidas truncadas (2003)
Pen-Ek Ratanaruang
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Octubre de 2008 |
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El cine tailandés no es precisamente mi fuerte, de hecho está es la primera película tailandesa que he visto (aunque tengo alguna más en la lista de espera). No es que esperase gran cosa, pero al menos aspiraba a ver algo de una realidad tan distinta como la tailandesa. Pero Vidas truncadas no es sino una copia de la estética y los trucos más efectistas y por ello banales del cine coreano y japonés aderezada con elementos del cine “independiente” estadounidense de los últimos años (Sofia Coppola, ¡cuánto daño has hecho, bonita!). El resultado es un pastiche aburrido y bobo en el que nada tiene sentido y que hace que lo más interesante de la película, la historia de amor entre un bibliotecario japonés obsesivo-compulsivo y una chica tailandesa, quede diluido en una multitud de adornos superfluos y espectaculares (con yakuzas incluidos) que no aportan nada pero que hacen pasar la película por original, arriesgada y surrealista (ja).
El personaje protagonista (el japonés Asano Tadanobu) es un maldito maniático obsesionado con el orden y la limpieza, es cargante, irritante, soso, incapaz de transmitir nada. Es como un Bill Murray oriental pero todavía más enervante. De hecho, me pasé toda la película deseando que se suicidase de una vez por todas (el muy inepto es incapaz siquiera de hacer eso bien) o que la yakuza le pegase dos tiros en la nuca para no tener que ver más su jeta de bobalicón.
Los defectos del guión y la falta de sentido y de interés de la historia se suplen con cuatro recursos visuales mediocres pero espectaculares y con momentos de irracionalidad que algunos tratarán de hacer pasar por surrealistas y hermosos pero que no son sino pura estética sin ningún fondo, un engaño a la vista y ya está, detrás no hay nada. Y la historia de amor, que en un principio parece llegar a conmover por el contraste entre los dos personajes y un cierto aire a cuento de hadas, se desinfla poco a poco y no muestra sino mediocridad, conformismo y miserabilismo. De hecho, en ningún momento llega a ser tal historia de amor por dejadez, miedo y abandono, sin que en ningún momento sea la intención del autor mostrar esto, hacer visible el miserabilismo, simplemente lo expone porque no conoce otra cosa. Una película para gafapastistas con poco criterio y fácilmente impresionables. Vidas aburridas, truncadas por sí mismas.
Maese Huvi 
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