Scorsese practica aquí de nuevo su particular esfuerzo de retratar los dos lados de la historia. Pero en su ambición de equilibrista en el alambre, no termina de observar lo que la historia le da que no es ni más ni menos lo que hace que una peli sea una obra maestra o no. Y esta no es Uno de los nuestros, pero ni de lejos. A la película le falta quizá esa mala leche que rezumaba por todos lados los alrededores de Liotta, o sea, Pesci y compañía en Godfellas. La estructura estaba clara pero el desenlace, esto es, el edifico que luego pudimos contemplar en las pantallas de cine o en nuestro home cinema distaba bastante del primer proyecto.
spoiler:
Atención a los spoiler: la única historia paralela que resuelve de una manera aceptable el bueno de Scorsese es la de Mark Whalberg: en ella aparece en la habitación que ocupa Damon y sin medias palabra le suelta dos tiros. Luego reflexiona, siempre sin hablar, y como si fuera un profesional de esos menesteres de matón justiciero se larga en el más absoluto silencio. Brillante. Las demás, de guionista de segunda fila. Sobre todo la nota que encuentra DiCaprio en la mesa de Damon. Un desastre de final. No hacen tantas alforjas para acabar ese viaje desbarrancando como diría el inefable Vallejo.