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Críticas de: GVD

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138 críticas (Ver todas por título) Página: 4
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Un lugar en el mundo (1992)
Notable
Adolfo Aristarain
60 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 20 de Junio de 2007
El mejor Ford habita en esta película. Y muy pero que muy pocos elogios son mejores que ése. La emoción, la sencillez, la ternura, el cariño, el lirismo, la tristeza, la alegría, la poesía sin ser pretendida, la lírica, la belleza. Todo en uno y ese uno para todos. El director no es Adolfo Aristarain, es directamente el corazón y las entrañas, convirtiendo a los actores en portavoces de toda esa emoción.

Narra la eterna lucha del débil contra el poderoso, ese cabrón que siempre gana, que todo tiene a favor suya y todo lo pone en contra del débil. Yo siempre me identificaré con el débil, el sometido, el luchador. Siempre van a ganar los poderosos, pero jodámosles un poquito, sólo por satisfacción.

El lugar donde se sitúa esta maravilla es un pueblecito de Argentina que como bien apunta el título es sólo un lugar en el mundo, que podría ser perfectamente nuestro lugar. Con lo mejor de "Las uvas de la ira", "Qué verde era mi valle" o "El hombre tranquilo", se conforma un relato agridulce, como la vida misma. A los personajes no se nos presentan como personajes, sino como seres humanos, que cobran vida gracias a una serie de actores de pura cepa, grandiosos: Federico Luppi, José Sacristán y Cecilia Roth.

El gran cine es éste, dejémonos de polladas de innovaciones, truquitos de cámara, efectismo, etc. Despojémonos de toda esa superficialidad y mostremos al ser humano en su desnudez. Ojalá todos encontremos nuestro lugar, un lugar como éste.

"Dicen que lo importante es amar, no que te amen. Los que dicen eso son gilipollas."
GVD
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Los límites del control (2009)
Interesante
Jim Jarmusch
55 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 11 de Octubre de 2009
Aunque es evidente que la estructura superficial de esta cinta es más propia de una peli de espías, me gusta más pensar que lo que ha hecho Jarmusch aquí ha sido crear su propio superhéroe. Aunque ni vuela, ni lanza telarañas, ni tiene fuerza sobrehumana.

Debajo de su fachada hermética y silenciosa (no olvidemos que es el ideal de Jarmusch), el único superpoder que posee es el de la imaginación. En la realidad no es gran cosa, en la ficción lo es todo. Para salvaguardar a los músicos, cineastas, científicos, bohemios y drogadictos, es el superpoder idóneo*.

No viene a salvarnos a nosotros, entonces, sino al arte. Y para hacerlo hay que eliminar a la realidad. Sin armas, sin fuerza, sin planes estratégicos. Sólo con una simple cuerda de guitarra. Con arte.

Sin embargo, aunque la misión acaba en la película y nuestro héroe (bueno, el del arte) guarda su traje y se pierde en la realidad, el objetivo no está cumplido. Jarmusch configura su particular lienzo en blanco, su elogio al arte por el arte. El concepto está perfectamente conseguido, su ejecución no. Su universo de variaciones, diálogos marcianos y hermetismo interesa (a ratos), pero no cautiva. Convence, pero nunca emociona.

Y es que para que el arte mate a la realidad no basta con el lienzo. Necesita que lo rellenen.
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GVD
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Pat Garrett y Billy The Kid (1973)
Notable
Sam Peckinpah
51 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 13 de Marzo de 2008
John Ford le puso fecha de caducidad al western con esa obra maestra que es "El hombre que mató a Liberty Valance" en la que ese territorio en bruto en el que el poder se impone a golpe de revólver, comenzó a extinguirse por la llegada de ferrocarriles, de hombres de negocios... De la civilización. El poder deja de ser impuesto por la fuerza y se emplea el dinero para esto. Muere una época a la que yo no habría concedido mayor importancia de no ser porque el cine la inmortalizó inmejorablemente en mi retina. John Ford anunció este fin, Peckinpah lo explotó.

Lo que en principio sólo se trata del progreso de un territorio acaba adquieriendo tintes de tragedia y poesía en manos de Peckinpah. Se trata de la auténtica decadencia de un imperio, ante la cual sólo se pueden optar por dos vías: adaptarse o resistir. Y aquí es cuando entra otro de los temas fundamentales de Peckinpah: la amistad traicionada. Aquí, evidentemente, se trata de la de Pat Garrett y Billy The Kid.

Mientras que Garrett planea llegar a viejo, para lo que decidirá adaptarse a los tiempos cambiantes, Billy hará lo que ha hecho siempre: lo que le salga de los huevos. Estas dos actitudes les llevarán a que el primero sea contratado para matar al segundo.

Y lo que viene después no se trata de persecuciones con tiros y acción espectacular, sino de resignación, tristeza y melancolía. Todos siguen su cometido aun sabiendo que esto signifique traicionarse a sí mismos o morir. Matan a desgana y mueren sin llanto. Todo esto aparece arropado por una atmósfera sombría y crepuscular, y por un halo poético intensificado por la soberbia música de ese monstruo que es Bob Dylan.

Uno acaba comprendiendo que Pat Garrett ni llegó a viejo ni murió como se nos muestra en la escena que abre la película, sino que ya estaba muerto desde tiempo atrás: se mató a sí mismo o, más bien, lo mató Billy the Kid. Y yo, lo único que puedo hacer ante tal despliegue de maestría, es rendirme ante Peckinpah, el cine y la vida. Obra maestra.
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GVD
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Carretera perdida (1997)
Buena
David Lynch
54 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 7 de Febrero de 2009
SUJETO 1: no soporta el cine de Lynch. Le parece un estafador, un tío que sabe plasmar sus pajas mentales con cierta atmósfera malsana, pero que termina por perderla, tarde o temprano, en la maraña argumental. Y es que la principal y doble arma del cine será la imagen y el sonido, pero sin un guión que las coordine el sujeto se duerme. Qué coño, entra en coma.

SUJETO 2: le fascina "Carretera perdida". Esa oscuridad que destila cada fotograma le empapa, le mantiene pegado a la pantalla. Le da igual lo que esté pasando en la historia, pero el caso es que su esencia (el mal rollo, vamos) lo atrapa. El guión pasa a un segundo plano. Sólo es una excusa. Lo grande está en la sinfonía visual y sonora que se logra (y mantiene) durante buena parte del metraje. Es cierto que en ocasiones pierde fuelle, pero los momentos de gran intensidad son la hostia.

¿Quién es el SUJETO 1 y el SUJETO 2? Pues los dos responden al nombre de un tal GVD, al que se le ha ido definitivamente la olla.

Y eso que iba con ganas de meterme con Lynch, como siempre, de confirmar por enésima vez que ver cine de este tío para mí es tan productivo como ver llover. Pero esta vez la lluvia me ha alcanzado. Y por poco me cala.

Va a haber que dejar de ver cine de Lynch, que en una de éstas me va a pasar como a Bill Pullman y voy a sufrir una transformación, pero la mía va a consistir en cubrir mis ojos con unas gruesas gafas de pasta. Y eso si no la he sufrido ya. Habrá que rezar tres padrenuestros a Eastwood por si las moscas.
GVD
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¡Bienvenido, Míster Marshall! (1953)
Notable
Luis García Berlanga
56 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 12 de Enero de 2008
A día de hoy, lo más sorprendente para mí al visionar "Bienvenido, Míster Marshall!" es que pasara ese maldito obstáculo que suponía la censura. Sólo alcanzo a obtener una explicación, y es que los censores debieron ver una comedieta entretenida, simpática, y por completo intrascendente. Bendita una vez más la comedia si sabe engañar tan hábilmente a bobos como estos, ocultando debajo de tan agradecible disfraz un descomunal alegato con la España del momento.

Cogiendo un pueblo que podría ser cualquier otro, Berlanga echa toneladas de ácido corrosivo contra todo lo que se mueve, porque ciertamente no deja títere con cabeza. Se nos muestra a una serie de entrañables personajes: el alcalde, el hidalgo, el cura, la profesora, la cantaora, su manager, el científico, etc. La pena es que se nos describen a través de una voz en off del gran Fernando Rey, pero creo que innecesaria.. No creo que haga falta introducirnos en la película con la dichosa voz en off, creo que está sobrada de recursos puramente cinematográficos para contar de sobra la historia, y no con uno tan fácil y molesto. De todas formas, un único defecto entre tanto mérito.

Berlanga con este pueblo representa el fracaso, el anclaje, la incapacidad de seguir adelante debido a que éste se encuentra cercado por una especie de barrera reacia al progreso. Así pues, el pueblecito se tiene que conformar con ver el mundo a través de un escaparate, ante el cual desfilan los reyes magos de los EE.UU., aquéllos que cuentan con tractores de última generación, con héroes que matan al malo y se llevan a la guapa, con los coches más rápidos y mejores; en definitiva, con el progreso.

Y estos pobres pueblerinos se tendrán que conformar con su azada, su trabajo de sol a sol, ver a aquellos héroes llevarse a la guapa a través de películas a las que jamás accederán. Sólo podrán soñar con esas golosas aspiraciones, confiando sus esperanzas a esa quimera americana.

Esta película a pesar de que se mueve en un pozo de amargura, cuenta con una de las grandes fachadas que ofrece el cine, que es la comedia. Convertir esta triste historia en una comedia descojonante sólo está al alcance de grandes como es Berlanga. Y desde luego, terminar la película con una sonrisa liberadora es de las mejores cosas que ofrece el cine. Gran película.
GVD
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