El triunfo de la integridad personal sobre la adversidad dentro de los laberintos de la existencia. De esto va ésta conmovedora y desgarradora película, con una interpretación soberbia de un actor “outsider” como Mickey Rourke, que de paso, hizo el papel de su vida. La soledad más absoluta, la ausencia de los fundamentales afectos familiares, la inhibición de una sociedad convencional ante lo que pudiera desconcertar su plácida rutina, la inocencia estupidizante de unas moles gigantescas que hacen del culto narcisista una opción de vida y el simulacro de la lucha sobre las bases del espectáculo, el entretenimiento y el negocio, ante estas situaciones se sumerge el desgarrador personaje al que da vida Rourke. Un hombre prisionero de su fama y pasado, incapaz de asumir la decadencia y la inserción en la vida real como un cualquiera, un anónimo más. El personaje de Rourke, termina siendo fiel a sí mismo, y éste homenaje a la autenticidad sin cálculos de por medio, nos permite una identificación/admiración por éste luchador teatral que cree de verdad lo que representa ante su público y es capaz de hacer bien. Una película de un solo actor, y de paso magnífico, un mimetismo casi absoluto, es como si de verdad Rourke fuese ese luchador en la vida real. Tomei es el contrapunto necesario, comedido y sin estridencias, que realza aún más ésta sorprendente película.
Hemos disfrutado “The Visitors” de Thomas McCarthy, una sensible y emocionante película sobre la solidaridad humana hecha de una forma comedida e impecable argumentalmente hablando. El tema de la inmigración y la situación de zozobra de los ilegales en los países desarrollados es hoy uno de los temas fundamentales de la contemporaneidad. Los intercambios migratorios han sido tradicionalmente algo normales y hasta deseables, sólo que las consideraciones estrictamente nacionalistas, y hasta culturales y religiosas, han impuesto una serie de restricciones degradantes. La tan cacareada globalización tropieza todos los días con los procesos discriminatorios que se impone al libre intercambio y la circulación de los distintos grupos humanos. Si bien las regulaciones son válidas, éstas deben ser más flexibles y atendiendo de manera respetuosa los más elementales derechos que resguardan la dignidad humana. Por otro lado las actuaciones son convincentes y destaca abiertamente la de un desconsolado y “derrotado” Richard Jenkins. Es válido también destacar la condición “humana” y decente del “ilegal” que McCarthy desea mostrarnos; que si bien la necesidad de huir de realidades de oprobio a otras prósperas es legítima, eso no significa que todos sean unos delincuentes o terroristas.
Si hay una película que he visto como más de diez veces, y que me sigue gustando, sin importar el tiempo transcurrido, es ésta “Luces de la Ciudad”. La actuación de Chaplin es brillante y todo su genio está plasmado en cada escena. Y lo más meritorio es que así como te emociona te divierte apelando a la espontaneidad y sencillez. Chaplin logra conectar con todos los públicos y hace que nadie sea indiferente a su desgarbado y noble personaje, que al igual que Don Quijote, está lleno de un idealismo romántico a prueba de balas. Si hay algo que me ha llamado la atención, y que no capté las primeras veces, es la soledad y tristeza que “Charlot” lleva consigo mismo, y que a pesar de todas sus aventuras y avatares, es incapaz de disipar. Su avidez por la vida es indiscutible, ya que siempre está en movimiento y no se resigna a decretar la derrota ante una adversidad que le marca y persigue, al parecer, reflejo de una infancia infeliz. Chaplin, por otro lado, es un excelente sociólogo de su época y tiempo, y no se conformó con la fama del artista establecido en la cumbre, sino que arriesgó su prestigio asumiendo causas sociales vinculadas a los más desfavorecidos. Su apego por los “de abajo” es más que evidente y se hace presente a todo lo largo de su filmografía. En fin, ésta “Luces de la Ciudad” de 1931 es uno de los registros cinematográficos más perennes y artísticos desde que el cine inició su magia.
12 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hay películas de culto como ésta “Memento”; aunque a mí en lo particular no me gustó. Ni me entretuvo; ni me emocionó, por el contrario fue bastante tediosa. Christopher Nolan abusó del experimento con el tiempo, la memoria, los recuerdos y el olvido. El énfasis en lo metafísico y filosófico no arraiga en la trama, que por el contrario, es bastante convencional. Contar una historia de atrás hacia delante no es nada original. El protagonista, en el refugio de una habitación de Motel, se debate entre su amnesia y afanes de venganza; pero no nos parece convincente. Todo es un artificio, un lamentable juego cuyas partes se mueven en forma caótica sin producir ningún asombro. Lamento contradecir a la mayoría de los cinéfilos que alaban la película, pero cuando opino sobre cine trato de no traicionarme a mi mismo.
9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Floja muy floja ésta película cargada de estrellas de la interpretación; aquí vemos como un pésimo guión dentro de una tonta historia son capaces de anular nada más y nada menos que a Tom Hanks y compañía. Aburrida hasta desesperar e irreal; no es ni cómica ni seria, no tiene proporción de las situaciones dramáticas que podrían generarse alrededor de las más altas esferas del poder estadounidense al plantearse operaciones encubiertas en el marco de la Guerra Fría. Una banalización de la realidad desde la prepotencia del "imperio del bien".