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Críticas 1.747
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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27 de diciembre de 2007
61 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el momento en que comienzo a escribir esta crítica, hace apenas unos segundos que he visto la película y me inunda un aluvión de cosas que me gustaría decir sobre ella.
Por ejemplo, que es una de esas sencillas y pequeñas obras maestras rodadas sin ánimo de deslumbrar ni de destacar, pero dotadas de ese toque mágico que toma el atajo directo hacia esa parte que hay en mí que necesita vibrar y expandirse, sentir sin obstáculos ni trabas. Tal vez sean estas historias sobre gente corriente que tienen sus rarezas, sus problemas latentes que pugnan por encontrar una vía de salida; personas que buscan su lugar en el orden de las cosas, que intentan encontrarse a sí mismos en medio de la inseguridad en la que siempre flotamos; seres que pasan por la vida tratando de hallar algo firme a lo que aferrarse, la seguridad de algo a lo que se pueda llamar "hogar".
Llámese hogar a enamorarte inesperadamente de alguien a quien hace pocos días no conocías pero que ahora deseas que te acompañe en este extraño, duro y maravilloso camino.
Llámese hogar a reconciliarte con esos fantasmas que te persiguen desde pequeño y a los que nunca conseguiste acallar.
Llámese hogar a saltar valientemente por encima del abismo del resentimiento que has guardado dentro de ti, para tender la mano y alcanzar el perdón; perdón hacia ti mismo y hacia quienes creías que más te habían dañado.
Llámese hogar a descubrir que probablemente estés pasando por esos momentos que dejarás grabados con tinta dorada en el álbum de los recuerdos de tu vida.
Llámese hogar a conocer el verdadero significado de la palabra "amistad", de la palabra "amor".
Zach Braff, actor y director completamente desconocido para mí hasta ahora, ha sabido aplicar la fórmula apropiada para robarme el corazón. Y si además ha contado con una actriz de la talla de Natalie Portman, que despliega aquí todos los registros de una inmensa dulzura, encanto, naturalidad desbordante y habilidad para ganarse nuestro afecto desde el primer instante de su aparición, entonces me quitaría el sombrero, en caso de que usara sombrero.
Natalie Portman & Zach Braff
Los dos resplandecen hechizando todo el desarrollo de la película, que cuando termina parece haberse acabado demasiado pronto.
Excelente tratamiento de las emociones y sentimientos, de la tristeza, la melancolía, la nostalgia, la amistad, el amor sin empalagos, el humor simpático y natural que roba muchas sonrisas, la sorpresa en medio de lo cotidiano.
Y si ya de por sí todo el caudal emocional es considerable, el apartado técnico a veces deja sin aliento con una fotografía que alcanza lo prodigioso, una banda sonora prácticamente perfecta, llena de embrujo, que ofrece un cierre sublime a la historia. ¿O sería mejor decir que es una puerta para un nuevo comienzo?
Magnífica, rara, entrañable, conmovedora y especial mezcla de drama y comedia que, quien la disfrute como yo, no podrá olvidarla.
3 de abril de 2008
49 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Segunda parte de la aclamada y memorable "Antes del amanecer", con guión del director y los propios protagonistas.
Desde el principio, esta secuela arrastra un estigma imposible de ignorar, y es el de su incapacidad de igualar en encanto, inocencia y frescura a su predecesora. Pero imagino que tampoco lo pretende. Al menos tiene la inteligencia de asumir que no es posible recuperar la magia de la primera vez.
En este brevísimo reencuentro de Jesse y Celine, han pasado nueve años. Y ambos muestran con gran credibilidad que el tren de la gran oportunidad sólo suele pasar una vez. Para ellos ya pasó y, por las circunstancias de la vida, lo dejaron escapar.
Si hay algo que verdaderamente me llega de esta continuación, es la certeza del dolor que se siente al haber perdido al ser que más amabas y al que sabes que no vas a recuperar. El dolor de seguir sintiendo lo mismo que aquel día perfecto y no tener contigo a esa persona. El dolor de encontrártela un día inesperado para agitar un pasado que no se repetirá, y penar por lo que ya nunca volverás a acariciar. Por los días que no vas a pasar a su lado. Por las cosas que no le dirás. Por la piel que no podrás tocar. Por todo lo que no vais a compartir.
Ethan Hawke & Julie Delpy
Este reencuentro representa para Celine y Jesse la aceptación de la madurez. No la madurez entendida como la seguridad en uno mismo (¿existe acaso esa sensación?), ni como la plenitud personal, ni como el autocrecimiento. Es la madurez entendida como la resignación a la pérdida. La asunción de las decisiones que has tomado y de lo que tuviste que dejar. Aprender a vivir con la certeza de que nunca vas a recobrar aquella felicidad completa. De que la verdadera magia sólo se revela cuando te hallas en un estado de gracia que alcanzas en el momento cumbre de tu existencia, para después esfumarse.
Mirar a los ojos de Celine y Jesse es lo mismo que mirar algo que da miedo. Es mirar directamente a las ilusiones rotas. A unos sueños que no se realizarán. A unas heridas sangrantes que no cicatrizan.
Pero también se advierte un sentimiento que proporciona alivio. Y es el hecho de saber que has atesorado los recuerdos más preciosos que se puedan atesorar, y que esos recuerdos te ayudarán a continuar. Perdiste al amor de tu vida, pero el haberlo tenido aunque fuese sólo por un día te bastará para sacar energías y seguir adelante.
Ethan Hawke & Julie Delpy
Espontáneos y estupendos diálogos que, como en la primera parte, son el eje y el sustento de la película. Pero ya no tan maravillosos como en la primera parte. Algo adulterados, irremediablemente imbuidos de los obligados comentarios acerca de hechos de actualidad que en mi opinión restan atemporalidad a la trama, cosa que no sucedía en "Antes del amanecer". Aquellos diálogos podrían escucharse en cualquier época y seguramente no pasarían de moda, pero algunos de los de la segunda parte sí.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Además, noto algo envarados a los actores. Ethan Hawke ya no interpreta con la misma naturalidad, ni Julie Delpy. Tal vez quisieran dar la correcta impresión de la incomodidad de encontrarse tras tanto tiempo y no saber bien cómo actuar ante el otro, pero no han logrado la misma intensidad que antaño traspasaba. Como excepción que agradezco muchísimo, está la escena en el coche, que alcanza unas cotas de emoción asoladora, derrochando una autenticidad que hace que merezca la pena ver la película aunque sólo sea por experimentar ese aluvión de sentimientos que por fin rompen los diques y se derraman.
Paseemos por calles parisinas, subamos a un barco en el Sena, tomemos un café en un local acogedor, escuchemos una canción creada por Celine, bailemos al ritmo de Nina Simone y sintamos cómo esa barrera del amor imposible nos aprieta la garganta, contemplando tal vez por última vez a la persona que más amas en este mundo.
28 de julio de 2007
48 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
No entiendo por qué, si una película muestra las grandes miserias humanas con crudeza, sinceridad, sentimiento y sentido del humor, siempre tiene que haber alguien que la tache de "tramposa", "engañosa", "mentirosa", y cualquier calificativo que la denigre, como si la historia que desarrolla no fuera digna de nuestra consideración, como si ese famoso crítico de El País supiera exactamente lo que siente un chico que vive en la penuria y lo tachara de indigno y "mentiroso". Prácticamente, según ese entendido señor, parece que todo lo que Frank McCourt nos cuenta fuese una tontería, una mentira, total, todo lo que vivió en su juventud no vale la pena de ser contado. Denigrando esta película, lo que hace es denigrar la dignidad de unas personas que existieron y existen y que quisieron dar a conocer al mundo sus desdichas. ¿Tan malo es eso, señor Fernández Santos? ¿Según usted, qué tipo de película se debería haber hecho sobre el asunto, ya que es usted tan sabio?
Yo no considero que mi anónimo criterio sea inferior al de ese renombrado crítico, y sin embargo esta película me atrapó, me transmitió con fuerza todo el dolor de aquella familia condenada a la mendicidad y al desamparo más absoluto, me hizo experimentar la fortaleza y las esperanzas de un chico que pese a todo salió adelante y persiguió sus sueños, y que optó por poner al mal tiempo buena cara y tomarse las cosas con sentido del humor. ¿Qué pretendía el señor Fernández? ¿Que el protagonista se pasara todo el rato lloriqueando y regodeándose en su dolor? ¿Acaso no piensa que haya personas capaces de crecerse en las adversidades y afrontarlas con entereza?
A mí me parece que el relato de Frank está lleno de honestidad, cuando nos habla de su vida cotidiana sumida en la pobreza pero que pese a todo vivió su infancia como cualquier niño, con sus travesuras y sus momentos felices, creció como cualquier adolescente y sintió las urgencias y los conflictos propios de esas edades, alimentó sueños e inquietudes y, de paso, tuvo que asumir una gran responsabilidad ya que la figura paterna los había dejado en el más completo abandono.
Con una ágil narración que va al grano, que nos sumerge en el día a día, que nos hace reír pese a que las imágenes que presenciamos a menudo son muy penosas, que a veces nos pone el corazón en la garganta y nos forma un nudo muy apretado... El resultado es una gran película que nos ofrece una crónica de la miseria.
Y, por supuesto, la música de John Williams, que siempre hace brillar las películas para las que compone.
Yo, desde luego, la recomiendo.
9 de junio de 2009
45 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si hay algo que este drama de Zinnemann nos comunica con fuerza, es que lo único que podemos hacer es ser quienes somos.
No sirve de nada engañar a los demás y tratar de engañarnos a nosotros mismos, pretendiendo ser alguien que no podemos ser.
Muchas de las decisiones que tomamos implican compromisos, renuncias, bendiciones, sacrificios, alegrías y sufrimientos, en distintas proporciones. Una mujer que se consagra a ser monja debe aceptar y hacer suyos el compromiso, la renuncia, el sacrificio y el sufrimiento, recibiendo a cambio las bendiciones y las alegrías que conlleva la recompensa espiritual y divina. Librará una lucha constante para despojarse de su orgullo, de su vanidad, de su amor propio, de sus deseos carnales y de su rebeldía. Tendrá que esforzarse cada día por ese camino de perfección lleno de humanas imperfecciones, tendrá que tropezar mil veces para levantarse mil veces y seguir. Porque el orgullo, la vanidad, el amor propio, los deseos carnales y la rebeldía son como los pulmones, como el corazón, como todos los órganos vitales. Están tan presentes y tan arraigados en nuestro espíritu como los órganos lo están en nuestro cuerpo.
Audrey Hepburn
Por ello, el camino de una esposa de Cristo no es como caminar por la ininterrumpida paz de un túnel de luz cegadora. Puede llegar a ser un camino lleno de zarzales espinosos que rara vez ofrece paz interior. Porque la verdadera virtud de quien se consagra a Dios no es la imposible posesión de la perfección del alma, sino su búsqueda incansable. Sabiendo que la lucha será perpetua y aceptándola como la parte más difícil del sacrificio.
Tratar sin tregua de vencer los mundanos impulsos y sentimientos. Sin lograrlo completamente, pero domándolos y controlándolos cada vez con mayor eficacia, gracias a la ayuda de la experiencia, de la fuerza interior y, sobre todo, de la verdadera vocación. Puede que esto último sea lo más esencial para lograrlo.
Zinnemann, por medio de la batalla interna de la hermana Lucas, nos muestra una de las cosas más complicadas en esta vida: encontrarte a ti mismo.
13 de febrero de 2010
43 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Chris Marker dejó en 1962 el bosquejo de un potencialmente muy interesante argumento en su mediometraje "La jetée". En un aeropuerto, un niño que iba a ver los aviones presenciaba el asesinato de un hombre, y se le quedaba memorizado también el rostro de una mujer a la que nunca podría olvidar. Después de haber experimentado sus últimos momentos de felicidad en su vida corriente de niño normal, y de ser testigo de la extraña escena en el aeropuerto, sólo se sabe que ese niño sería posteriormente uno de los escasos supervivientes de una hecatombe mundial que relegó a los humanos a las profundidades de la tierra. La raza de los científicos (que era la oligarquía dominante) usaba a sus "prisioneros", sometiéndolos como si fueran cobayas a experimentos de viajes en el tiempo para indagar acerca del origen exacto del factor apocalíptico que condenó a la humanidad a quedar al borde de la extinción, y al mismo tiempo buscar auxilio para evitar la catástrofe.
Bruce Willis
Chris Marker colocó las bases en sólo veintiséis minutos desarrollados escuetamente en una especie de fotonovela audiovisual. A lo mejor no se le ocurrió que en el futuro, concretamente treinta y dos años más tarde, otro cineasta en busca de ideas estrambóticas y creativas retomaría su argumento para desarrollarlo a su manera. Terry Gilliam, un director caracterizado por su estilo entre lo onírico, la fantasía y la ciencia-ficción, supo hacerle honor y creo que hasta lo mejoró. Porque si bien la idea de Marker se me quedó muy incompleta, Gilliam completó el trabajo honrosamente y con respeto hacia el tema original.
James Cole, prisionero de los científicos en el planeta agonizante, es enviado por la fuerza al pasado, a la búsqueda de respuestas... Y lo que hara será empezar a descubrirse a sí mismo, su rastro perdido. Portador de una certeza terrible (la del destino de la especie humana), irá en pos de pistas y rastros. Por supuesto, padecerá el llamado "complejo de Casandra". Casandra, según algunas versiones, fue una sacerdotisa de la mitología griega que fue dotada con el don de la clarividencia, pero a la vez sentenciada a no ser creída, lo cual le creaba una impotencia enorme. Por su parte, James Cole tratará de hacerse escuchar por alguien del "pasado", y captará la atención de una psiquiatra, cuyo rostro está incrustado en su recuerdo y en sus sueños...
Bruce Willis & Brad Pitt
Una aventura increíble de saltos temporales, la persecución de unas metas imposibles y, bajo toda la envoltura y la confusión espacio-temporal, un mensaje pesimista pero también hermoso: "Vive el presente, el ahora, porque el pasado ya se marchó y el futuro aún no ha llegado. Márchate a ver el mar, a respirar el aire puro y a ver las estrellas junto a la persona que amas, a la que has amado desde que puedes recordar, porque es lo único bueno que te llevarás de esta vida tan horrible como maravillosa."
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