No sé si Jia Zhang Ke es mejor documentalista que cineasta. Tal vez funcione a la perfección combinando ambas facetas bajo ciertas concesiones a la ficción… y precisamente el discurso de “Useless” no está nada alejado de sus anteriores largometrajes ficcionales. Posiblemente se deba a esa capa documentalista que abarca su obra. Si hace la siguiente prueba puede que se sorprenda. Saque del armario ropa y empiece a mirar etiquetas: Bangladesh, India, Turquía… ¿China? Por supuesto. El monopolio textil chino se impone gracias a su bajo coste por mano de obra barata, pero no es de lo que nos va a hablar directamente el director de “Naturaleza muerta”. Sí de los cambios que acometen al gigante mundial y de nuestro mundo consumista, que acaba por dejar las cosas (como la ropa) sin uso.
Pero en “Useless” aparece cierta profundidad: la ropa son recuerdos enterrados en el pasado, que finalmente acaban siendo nada. Desde ese niño que relame una cuchara delante de una tienda de Dior al consumismo disparado, el documental de Jia Zhang Ke nos habla de la mano de obra que come en sus propios platos. La superproducción no admite a la invención. Jia viaja hacia el interior: cada personaje u objeto deja paso al anterior, como si fueran prendas de vestir. El viaje interiorista desde la producción masiva hacia París y la invención al corazón interior de esos objetos que quedarán sin uso con el cambio de temporada.
“Useless” abarca la deshumanización, explotación, la moda de alta costura y, por supuesto, sus costuras. Más tarde añadiría ficción y se remontaría a 1958 para rodar “24 City”.
Unos planos inaugurales nos recuerdan a “Bonanza” aunque las letras se menean como si las estuvieran meando… Algo raro, raro…
Llegan los tonos sepia y el ayudante de sheriff latino más orondo del western…. Pero “Dead West” demuestra ser una película muy madura y adulta y enseguida nos muestra elementos metaficcionales. Ni Charlie Kaufman escribiría algo tan complejo.
Pasamos de esos tonos sepia a tonos gélidos bañados en azul y a imágenes subliminales catódicas en una conversación de madre e hija en una cocina.
En ese punto muchos espectadores decidirán ponerse una escopeta y apretar el gatillo. Otros, intentarán comprarla aunque dudarán sobre qué dirigir el cañón…
========================
El negocio ha cambiado y los especialistas de cine del Oeste quedan reciclados para funciones nocturnas y fantasmales. No, no es “The Artist” versión Far—Vamp-West entre ese juego de roles y audiciones. Salpicada de momentos latino-mariachis tampoco es la versión mejicana de “Mi Gitana” ni una versión tex-mex de “Vania en la calle 42”. El director ha hecho un gran trabajo formal: en una secuencia dramática (pese a su iluminación de puticlub) encuadra al canalillo de una de las protagonistas como discutible recurso dramático.
Entre planos incrustados de lobos y lunas llenas, maquillaje natural y una gran interpretación de la villana… aparece el problema de “Dead West”: es una película sobre un casting en la que no tienen ni idea de hacer uno.
Parece que quiere ser una versión cutre de “Abierto hasta el amanecer” y acaba en un montaje paralelo en una partida de rol en vivo de ‘Vampiro La Mascarada’ en Portaventura y filmada por unos colegas que pasaban por allí. Entre la risa y el llanto… hay una placa de Sheriff caída al 'sueño'… en plan ‘boloncia’ a lo Ciudadano Kane que nos indica:
«Otra leyenda cuelga su placa y cruza el más allá…»
Lo que habría que colgar es a los responsables por hacer esta película.
========================
Por cierto, el final es antes de “War Horse”… y es igualico… asín que…
Se podría discutir el papel evolutivo de la secuencia cinemática, cada vez con mayor calidad y con vida propia dentro de los videojuegos. Y es que las peleas de artes marciales digitales no son ni el huevo ni la gallina, son hijas de la cultura del videojuego. Tal vez por eso una aventura como “Tekken Blood Vengeance” quede encuadrada en una alargada suma de secuencias cinemáticas extraídas de un videojuego del universo Tekken. Ligadas al sentimiento de la cultura geek, consumidas por dicha sentimentalidad.
Un Oso Panda en vez de perro y una trama sacada de “Al salir de clase” o “Física o Química” no dan para mucho. No falta concurso de popularidad y trama de enredos, mejores amigas y chicos peligrosos. Entre sus momentos de “Dragon Ball Z” y que los ‘humanos’ simplemente tienden a evaporarse por grandes criaturas y combates a lo “Power Rangers”, “Tekken Blood Vengeance” funciona por pose pixelizada, simple pose, y más pose. Y las secuencias son tan cinemáticas que parecen conformar un teatro digital. Rompo puertas por aquí y me presento, rompo puertas por allá y me presento también…
Es cierto que el popular e imprescindible videojuego ha pasado por fallidas mutaciones desde su película animada del 1997 hasta el largometraje de Dwight H. Little con actores reales en 2010. El mérito es que en el 2011 al menos Youchi Mori ha dado ciertas esperanzas.
P.D.: Al final a Xiaoyu Ling le regalan un Tamagotchi roto, pero no dicen cómo lo arreglan.
Las fórmulas del suspense y tensión dramática sobre lo cotidiano han sido objeto de estudio cinematográfico por parte de Hitchcock, Polanski o Chabrol. Al igual que en “Los pájaros” un cambio de comportamiento, sin motivo aparente y esta vez humanizado, provoca el ingreso en una clínica psiquiátrica del protagonista. Cuando es dado de alta su mujer, que sufrió la violencia de su psicosis, sigue teniendo un aprensión que continúa latiendo cada vez más fuerte en su interior. ¿Si los médicos han indicado que la perturbación no tuvo un origen orgánico sino mental, podrá volver a recaer? ¿Tendrá que revivir de nuevo ese terror que casi la aniquila?
Dos elementos marcan claramente “El gato desaparece”: el gato del título que hace lo que dice el título y esa tormenta y truenos que parece evocarnos la locura del protagonista de “Take Shelter”. Pero la tormenta llega y con ella… ¿la calma? El gato arisco representa la psique de esa mujer atrapada lentamente en las garras del delirio. El gato únicamente volverá a ser dócil y 'gato' cuando el peligro desaparezca. La tensión psicológica se realiza en acciones cotidianas y posibles en cualquier entorno: aparte de la desaparición gatuna… una ordenación de libros, un cuchillo cortando salmón o la incertidumbre de una visita.
La iluminación cuasi-teatral, con ese comedero gatuno marcada, se une a la duda y la desesperación. Esa duda nos hace volver a esa conspiración que, en teoría, provocó el brote psicótico y el mérito de Carlos Sorin es intentar que el espectador se ubique en el rol de la mujer. Me parece una buena solución narrativa y de producción hacer una visita al centro comercial a primera hora: adiós extras. Aunque más que criticar el cambio de Sorin a ciertos esquemas clásicos resalta su necesidad ('la' necesidad) de un giro final al conjunto. ¿Realmente no es deshonrar en cierta medida a sus referencias?
El gato se fue, ¿qué será lo que se llevó el gato?
Pues se llevó una gran película...
Este corto creacionista refleja que si uno se obsesiona demasiado por el espacio y la Vía Láctea acabará empachado de leche y sin ganas de comer. Y allí tampoco hay dinosaurios, oigan… que Noe les incluyó en su evento de Facebook llamado ‘Viaje en mi Arca durante todo el Diluvio’ y todos pulsaron NO. Y así les pasó. Si tiene niños creacionistas no duden que “The Milky Way” es de visión obligatoria junto a un vaso de leche.