Efectivamente “Deception” es toda una decepción… aunque, ¿había algo con lo que decepcionarse? Cualquier persona que lea la sinopsis del nuevo culebrón-thriller de la NBC se llevará las manos a la cabeza preguntando si algo tan tonto se ha podido hacer realidad. Vamos a ver, entiendo que existirán fanboys del elenco y que consideran ‘original’ plagios como “Avatar” (‘Pocahontas’) o que los mockbusters no son realmente copias sino revolucionarias ideas. Aquí, aparte de plagiar de mala manera a “The Killing”, estamos ante el enésimo drama de unos ricachones y su cruce con el género policial, gracias a una detective que ‘regresa’ al que fue su hogar para resolver el asesinato de su mejor amiga en la adolescencia. Un momento, si la familia es tan rica y poderosa, ¿por qué no saben que la hija de la chacha es ahora una policía? ¿Son tan tontos como piensan los productores que somos los espectadores? Además, que a están niña se le salen los cables del micrófono con tanto escote…
Entre un vomitivo e insultante montaje por el que expulsarían a cualquier estudiante en una escuela de cine, unas tensiones sexuales y dicotomías bañadas en chocolate con leche y el mismo drama con el que se encuentra cada mañana Paris Hilton al elegir ‘modeli’, “Deception” es una de las mayores tomaduras del pelo para ‘despertarnos’ y afilar nuestras uñas para empezar bien el 2013. Es un cruce de “Twin Peaks” y “Downton Abbey” contemporáneo pasado por la piedra de “Revenge” y perpetrado por The Asylum como el mismo mimo y ‘hamor’ con el que trata Jason Voorhees a sus víctimas. ¿De verdad que “Deception” no es el primer mockbuster hecho serie?
Los secretos de esta acomodada familia estarán expuestos, así como una conspiración de la compañía farmaceútica familiar con una droga nueva llamada Lyritrol, que ha causado muertes en Tailandia y que puede haber sido el motivo tanto del asesinato de Vivian como del periodista con el contactó para facilitarle información. No falta preñamientos e hijas bastardas, sex-tape, amor loco de la adolescencia, nuevo amor en ciernes con peligros laborales y cliffhangers facilones con marcas de anillos que nos dejan claro dos cosas: cualquier miembro de la familia puede ser el asesino y todas las neuronas de un seriéfilo pueden ser asesinadas si la NBC continúa con la emisión de este despropósito hecho serie.
En 2011 pudimos disfrutar de “Zombinladen: The Axis of Evil Dead” de Clément Deneux. A modo de corto y falso trailer narraba cómo el cuerpo de Bin Laden, revivido por una gota de Coca-Cola, llegaba a una isla francesa para delirio y jolgorio exploitation. La pieza de Deneux se topaba con cierta sintomatología de falta de ideas y posibilidades una vez era revelada la premisa. En el caso de “Osombie” de John Lyde la proposición argumental no es nueva ni relevante ni novedosa. El regreso de Osama Bin Laden como terrorista zombie llega en el año en que Kathryn Bigelow y su “Zero Dark Thirty” parecen devorar vivas a todas sus competidoras para los premios mayores y dorados… ¿Casualidad?
Únicamente podríamos entender este proyecto como la cara y la cruz de la misma bin-moneda. Todo apunta a que la Bigelow ha producido en la sombra esta película para mandarla junto con una copia de la suya a todos los académicos. Las comparaciones son odiosas… pero en este caso sería pasar de “Ciudadano Kane” a “Morning Glory” o “Íntimo y personal”… Al parecer prometieron desde la productora Arrowstorm Entertainment (con vocación crowdfunding de ser una nueva Asylum) sobredosis de violencia, disparos, mucho gore y romance. Sí, he dicho crowdfunding y lo mismo la Bigelow mandó ‘anónimamente’ la pasta necesaria con la condición de ese estreno pre-cuasi-simultáneo. De ahí podríamos concebir que la directora de “En tierra hostil” vaya a desayunar este año los testículos al baño María de Paul Thomas Anderson y Ben Affleck… No los de Steven Spielberg, ya que es un hecho constatando que también ha utilizado la misma técnica: ha producido y filmado con seudónimo “Abraham Lincoln: Cazador de vampiros” y “Abraham Lincoln vs. Zombies” para mandar copias de sus guiones y de las propias películas a los académicos… Eso explicaría que “Lincoln” sea la máxima rival como aspirante a los Oscars del filme de Bigelow…
El productor ejecutivo de este engendro no dudó en afirmar que el guión se escribió antes del operativo de mayo de 2011. Nadie le cree… Como que digan que han rodado el bodrio en Utah y sepamos que esté filmada en las Barranquillas. E incluso me atrevería a decir que los cineastas utilizaron a toxicómanos reales con mono para abaratar costes y untaron a los protagonistas con farlopa para hacer más creíbles las secuencias.
“Osombie” podría resumirse en ese simplista argumento-misión, en un niño que no sabe decir Derek, en el torso desnudo y gratuito de Corey Sevier (Apolo y sus empanadillas en “Immortals”), en el momento trospid-femenino-porque-yo-lo-valgo a lo “Conan el Bárbaro” o en esa inenarrable pesadilla-flash-mind-fuck en la que Bin Laden persigue a dos niños jugado en el parque filmada efectivamente como una pesadilla. Lo peor es que los niños son los protagonistas y nos hace pensar si estamos en 2042 o toda la película es una siesta de Resines tras tomarse un kebab en mal estado. El aburridísimo bodriaco intenta rellenar los huecos en su escasa acción y limitado argumento con diálogos pokemonizados y pasados tróspidos de los protagonistas que convierten a “Los Serrano” en una adaptación de Proust. En definitiva, que este año es la gran rival de “Zero Dark Thirty”… y así… cualquiera… claro.
“Margaret” narra la crónica del olvido y lo hace a todos los niveles posibles. Desde su propia concepción en 2005 como película post 11-S, su metraje original que superaba las tres horas, sus múltiples problemas de estreno hasta 2011 con el montaje ‘final reducido’ de Martin Scorsese y Thelma Schoonmaker, los nombres de los ya fallecidos Anthony Minghella y Sydney Pollack como productores en sus créditos o el crecimiento ‘hormonal-catódico’ de la propia Anna Paquin… Estamos ante una película maldita y controvertida, nunca definitiva… pero muy interesante en sus planteamientos y dispersión narrativa gracias a ese camino omitido y recorrido propiciado por la pérdida de material en esas marcadas elipsis.
A Kelly Reichardt en “Meek's Cutoff” le compararon al indio protagonista con Obama y es que el cine se suele confrontar y ubicar con el momento. En el caso de “Margaret” podríamos entablar paralelismos entre la tragedia y el icono que lo origina. Un sombrero de cowboy y el afán de la juventud por alcanzar el sueño ‘americano’ podrían marcar una cierta alegoría de ese EEUU capaz de saltarse los semáforos en rojo con una sonrisa, llevarse por medio a seres anónimos, desmembrarles y desangrarles… para salir inocente y nunca como culpable de una tragedia y la sucesión de cambios en los afectados que realmente provocó.
No nos encontramos ante una digresión del infortunio y el silencio a lo “Paranoid Park” sino con una lectura sobrecargada concerniente al debate personal y el peso moral que carga la protagonista. El idealismo, la adolescencia, la ingenuidad, el despertar sexual. “Margaret” nos habla sobre la incomunicación y la frase «Las personas no sintonizan, están desconectadas» funciona como leit motiv y motor de una historia sobre los fantasmas del 11-S y las uniones del destino. Desde el nombre de una hija difunta y planteamientos de cambios futuros en un mundo en el que no hay culpables… solamente víctimas que no pueden decidir en un cosmos en el que reina el dinero. La puesta en escena en el caminar de esa joven entre el bullicio o contra corriente podría resumir la propuesta. El filme se ve a sí mismo como una gran obra de teatro con actores secundarios y conecta con la profesión de actriz de la madre de la protagonista: su hija se convierte en espectadora de la repetición. Entre lo difícil, lo circular, la complejidad moral y las consecuencias de los actos, el filme se somete a la órbita de su protagonista como drama existencial y evolución a la madurez mientras que la ópera, Shakespeare, citas literarias y los debates sobre los conflictos morales de la política exterior de EEUU, forman un gran conjunto colectivo de voces resonantes.
No obstante, es ‘Primavera y otoño de una niña’ de Gerard Manley Hopkins aquella pieza que, aparte dar titulo, da hondura al discurso que establece esta interesante cinta indie para unos y detestable propuesta para otros:
Margaret, ¿estás llorando el desoje del bosque dorado?
¿De las hojas como posesiones terrenales tu tierno corazón se preocupa?
Ah, pero cuando envejezcas con más frialdad verás la naturaleza.
Contemplarás, sin malgastar un suspiro, mundos de pálida hojarasca en tu retiro.
Pero te embargará el dolor, he aquí la razón.
No importa su nombre, niña. La fuente del pesar es la misma.
Lo que ni ti boca ni tu alma sabían expresar, tu corazón y tu espíritu logran adivinar.
AVISO AL ESPECTADOR: Vaya meado a ver esta película. El 'ensayista' que escribe nunca ha visto miccionar tanto en pantalla grande en tan poco tiempo. Entiendo que Samuel Maoz quiere mostrarnos que esos personajes que tenemos delante son humanos… ¿Pero meando tanto? No es un chorrito y corte en la sala de montaje. No, se trata de meadas completas y chorros que escuchamos antes del goteo y meneo final. Y venga mear… y venga chorros… Utilizan una cajita fuerte pero por lo que mean hubieran necesitado un bidón… En fin, que el ser que les escribe este aviso casi se mea encima. Les repito y les insto: como si fueran a la mismísima guerra… ¡vayan meados!
La premisa de “Lebanon” parte de una sencillez pasmosa: el seguimiento durante 24 horas de un grupo de inexpertos y jóvenes soldados israelís que se encuentran en el interior de un tanque durante la guerra del Líbano del 82. Obviamente “Náufragos” de Alfred Hitchcock creó escuela pero Maoz sabe cómo hacer las convenientes ‘trampas’ en vacios legales del invento: la mirilla del tanque será y funcionará como el objetivo de una cámara. Ese punto de vista, en manos de un novato artillero, nos muestra el exterior del tanque desde esa perspectiva del descubrimiento. Un ojo y mirada voyeur para ver el lado más efectista y brutal de la contienda y describir tantos los encuentros como la guadaña que ha pasado por allí. Esa posibilidad de alargar y ampliar el exterior del tanque choca con lo (in)visible y contrasta con el microcosmos de roles grupales que se establece en el interior. Enseguida nos damos cuenta que nos encontramos ante un atajo de jóvenes con escasa formación a los que se les ha ‘regalado’ una máquina de matar y se les da órdenes que muchas veces son incapaces de acatar. El discurso antibélico comienza a darse forma entre los cadáveres que empiezan a dejar a su paso…
Al igual que Steven Spielberg en “Munich” se traza un vínculo con el 11-S y lo que podrían ser próximos objetivos en otro tipo de mirillas terroristas. El cineasta parece utilizar la cinta como material autobiográfico y como expulsión de sus demonios interiores, utilizando resortes cinematográficos de “La chaqueta metálica”, “Das Boot” o “Platoon”. Pero Samuel Maoz se limita a generar suspense e incertidumbre a lo “En tierra hostil” en vez de resolver cuestiones morales, sociales y políticas. No es tampoco “Masacre: ven y mira” de Elem Klimov aunque comparte ese balazo emocional entre los ojos de los espectadores respecto al límite que impone un punto de vista establecido. “Lebanon”, en cierta medida, es ese tanque descrito en el propio cartel: se encuentra solo en un lugar que no debería estar. Sus imágenes son claramente efectivas y precisas para hacer vibrar a los espectadores: ese suelo encharcado y lleno de restos de comida y la suciedad y sudor con la que van cubriéndose sus personajes forman parte de una evolución tanto interior como exterior de los mismos.
“Hatchet” fue un agradecido homenaje al slasher utilizando resortes del mito y Serie B con cameos de ‘Freddy’ y ‘Candyman’. La cinta de Adam Green fue capaz de hallar el equilibrio entre el humor y el splatter sin desparramar demasiado ambas vertientes y afilando su hacha cinematográfica en el terror de la vieja escuela. “Hatchet II” vuelve por sus fueros para reírse, en cierta media, de las secuelas. Comienza fuerte: la superviviente de “Hatchet”, Marybeth, escapa de las garras de Victor Crownley hundiendo uno de sus ojos en la miseria… Una decapitación con sus propios intestinos de uno de esos secundarios de paso… para dar ‘paso’ a la auténtica historia: Marybeth vuelve al lugar del crimen con un grupo de mercenarios reclutados por el Reverendo Zombi (Tony Todd AKA Candyman). Saben que Victor Crownley es un fantasma ¿indestructible?, aunque las intenciones del Reverendo son tas oscuras como su piel…
La heroína y superviviente quiere volver a enterrar a su familia… y de paso vengarse. Aunque la duda es saber si se puede matar a un fantasma. En el mundo paranormal Victor Crownley es un repetidor, en el slasher sería el asesino inoportuno e inmortal que tan bien parodió la deleznable “Club desmadre (Club Dread)”. “Hatchet II” sería como “Aliens: el regreso” (aplicado al slasher) pero descuartizando el cuerpo a hachazos sobre el que se apoya el subgénero de terror. El Reverendo Zombi habla mucho sobre maldiciones pero falla más que la Bruja Lola y Aramis Fuster juntas… Y es que el cine de terror actual suele ofrecer demasiadas promesas que finalmente incumple. “Hatchet II” parece consciente de lo que es y sabe reírse de sí misma en su recta final entre una gran amalgama original de muertes y vivisecciones imposibles.
La crítica atacó con brutales hachazos a esta segunda parte: vacía, sin sentido, estúpida, poco ingeniosa y demasiado simple… Se olvidaron recordar que el cerebro a cualquier posible intelectualidad ya lo había vaciado Victor Crownley en la primera entrega. Para el resto: un ¿inteligente? divertimento salvajemente descerebrado. Lo interesante de “Hatchet II” es que no pretende engañar a nadie por sus obvias pero afiladas pretensiones.