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Críticas de: Lupo
Lupo |
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(Madrid, España)
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| 1785 | Películas valoradas |
| 194 | Críticas |
| 12 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,5
(ver sus estadísticas)
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Elling (2001)
Petter Naess
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Marzo de 2008 |
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"Me preocupa la reencarnación: si la hay, me queda un largo viaje hasta el nirvana". Esta es la melancólica reflexión de Elling cuando es trasladado a un asilo mental al morir su madre, de quien dependía totalmente.
En el asilo comparte habitación con el corpulento Kjell Bjarne, otro niño grande, en versión buenazo.
Un programa social del gobierno les proporciona un piso en Oslo para intentar su adaptación a la vida corriente.
Elling suple a la madre con la figura de la exprimera ministra, de quien cuelga un retrato enmarcado, y cuyo libro lee una y otra vez. Por su parte, Kjell Bjarne sólo piensa en 'estrenarse' por fin con alguna mujer.
Entre el actor Ellefsen y el personaje Elling hay tal simbiosis que cuesta verlos como entidades distintas. Un trabajo asombroso. El otro actor de la pareja cómica acompaña perfectamente.
Tutelados por un asistente, ambos personajes han de aprender lo básico: contestar al teléfono, hacer la compra, cruzar la calle... Para la narración de estas divertidas peripecias, Naess escoge con acierto un código elemental, sin complicaciones, reforzado en off por los tronchantes monólogos internos de Elling.
A la hora de mostrar el arduo y vertiginoso proceso de integración social de unos seres marginales, desvalidos, es difícil imaginar una fórmula mejor que este derroche de inteligente ternura.
Lupo 
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El sueño eterno (1946)
Howard Hawks
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Mayo de 2008 |
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Preocuparse por seguir al detalle los vericuetos de una compleja trama que, medio en broma, Chandler, Faulkner y Hawks renunciaban a explicarse (algún asesinato sin autor identificado), es menos provechoso que considerar la historia criminal como un fondo.
Ante ese fondo de sombra, noche, lluvia y algún que otro tiro, Bogart y Bacall, recién casados, hacen a sus personajes (Marlowe y Vivian) comunicarse con una conexión erótica tan intensa que casi llegan a verse en pantalla los lazos.
Ejemplo, entre docenas: el diálogo sobre las apuestas de caballos.
La pareja tiene en el film química, física, biología, neurología y medicina interna.
Un fenómeno.
Lupo 
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Cashback (2006)
Sean Ellis
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| 6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Abril de 2008 |
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Traumatizado por la ruptura de su primer noviazgo, Ben, estudiante de pintura, pierde el sueño y se emplea en el turno de noche de un supermercado, por una corazonada.
Cada empleado tiene una técnica personal para abstraerse del opresivo paso del tiempo. Ben desarrollará la de congelarlo, como si con el mando a distancia de la vida diese al 'pause'.
Como pintor le inspira la figura femenina. Al detener el tiempo puede realizar el sueño infantil de estudiar y admirar el desnudo. Dibuja a las clientas, convertidas en maniquíes. Su sueño adulto es exponer su obra en una galería importante.
También tiene sueños Sharon, quien trabaja como cajera pero proyecta aprender idiomas y viajar por otros continentes. Compartiendo tímidamente sus sueños, empiezan a vislumbrar una salida al asfixiante mundo tiranizado por el insomnio y el reloj laboral.
Cortometraje transformado en largo, película pues de una idea, cuenta con interesante voz la crisis sentimental del estudiante Ben. Sean Biggerstaff lo interpreta con sorprendente aplomo. En tono de romántica ligereza, trata de los mecanismos de la atracción y de la importancia decisiva de vivir en el presente, puesta la atención en cada segundo que pasa: puede ser crucial.
Dibuja con guasa a unos cuantos secundarios, que aportan comicidad.
El metraje acusa el estiramiento. Sin los desnudos, tan utilizados por la promoción, y que contribuyen bastante a lo agradable del film, éste quedaría algo soso.
(6,5)
Lupo 
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No Direction Home: Bob Dylan (2005)
Martin Scorsese
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Septiembre de 2008 |
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1. El Dylan de hoy habla en plano corto y ante fondo negro al entrevistador invisible. Velado a ratos por humo de tabaco, la expresión de su rostro zorruno se vuelve, al pronunciar según qué frases, más dura y distante, a punto de manifestar impaciencia o sarcasmo.
Sus intervenciones se entrelazan con pasajes documentales, en buena parte material inédito, procedente de los archivos del cantautor: los inicios en B&N de un artista de aniñada cara envuelta en pelambre rizada y abundante, llamado todavía Robert Zimmerman.
Común a ambos: los ojos entre soñolientos y soñadores, el deje nasal en la voz.
2. La película es un excelente documental que con agilidad y ritmo monta con ese material fragmentos de noticiarios (la atmósfera provinciana de su población natal en Minnesota, Martin Luther King proclamando su sueño en Washington, el día de JFK en Dallas, los brotes antibelicistas y los festivales multitudinarios…) y fragmentos de entrevistas con cantantes y productores coetáneos.
Pero la película es también, porque Scorsese puede, una apasionante narración del complejo proceso por el que el joven Zimmerman, en firme ascensión, se convierte en el mito viviente Dylan.
Sus primeros planos durante ensayos y actuaciones demuestran el control concienzudo de la vocalización, la respiración y el aliento, la fonación y los músculos faciales.
3. Aprendiz tesonero, memorizaba y cantaba innumerables canciones de otros folkies hasta hacerlas propias. Técnico y meritorio, rastreaba y recopilaba. Persiguió a un inalcanzable Woody Guthrie, vagabundo de trenes y agitador proletario, artista nato que era por sí mismo como Dylan se esforzaba en ser, y lo encontró desde el hervidero neoyorquino cuando ya era tarde, en un sanatorio.
¿Por eso el giro de Dylan al rock?
Los testimonios de los colegas cantantes son divertidos, además de incisivos. La historieta a cuenta de “La casa del sol naciente”, muy cómica, revela el sentido práctico de Dylan, quien jamás desaprovechaba una oportunidad: nada al azar.
No faltan Joan Baez, su agudizada voz, ni el bueno de Pete Seeger, juglar de entonación y prestación fijas.
El lúcido Allan Ginsberg proporciona un momento culminante al señalar cómo Dylan acabó respirando el aliento de todos, trasegando el mismo aire y exhalando el sentir colectivo, electrizante fenómeno chamánico que involucraba al corazón de la mentalidad norteamericana.
4. Como los profetas del Antiguo Testamento entrenaban sus riñones, para domar la potencia tremenda del espíritu que aspiraban a albergar, Zimmerman acondicionó disciplinadamente su aparato respiratorio para convertirse en Bob Dylan, aliento poético de su pueblo, y con su voz sobrevolar en el viento la Norteamérica soliviantada.
Lupo 
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Cuento de verano (1995)
Éric Rohmer
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Agosto de 2008 |
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Lundi.
Llego en barco a un pueblo de Bretaña y encuentro fácil la casa donde unos colegas me ceden un cuarto unos días. Dejo la mochila y doy una vuelta por la playa. Casetas blanquiazules. Bastante gente, lo veo desde una terraza, con una cerveza. L* no está, no habrá llegado aún. Ella sabrá por qué se fue a España con su hermana, pero no tardará en venir. Ceno temprano en una creperie.
Una ventaja de las pelis de Rohmer es que se pasa rato sin hablar.
Por la noche, calles animadas. En el cuarto toco la guitarra.
Mardi.
En la escena de playa salgo con un calzón negro bastante antiguo. Me saluda la camarera de la creperie. Al mirarla caigo en que me suena de otra película de Rohmer, de hace años. Se ha puesto más ancha, aunque tiene gracia. Pero no es mi tipo, creo. Se llama M*. Charlamos un rato. Digo que hago música. Country, baladas irlandesas, rock celta, en esa onda. Por si me cree músico callejero, o no sé por qué, añado que soy consultor de informática. Bueno, que soy de Exactas pero no quiero dar clases. Pues ella resulta que se ha doctorado en Etnología. Hace investigaciones en la región. Su novio está en la Polinesia, para una temporada, con un trabajo. Al contar que estoy esperando a L*, mi novia, comprendo que en realidad no es mi novia, que yo querría que lo fuese pero no lo es todavía, o sea que es una amiga, pero también algo más, o eso me gustaría. Mientras explico la historia me parece notar una mirada burlona en los ojos de M*.
Mercredi.
Excursión con M*, a ver a un viejo marino al que está estudiando. El hombre usa un montón de palabras de argot, muy chulas. Y canta una canción de navegantes, satírica. Me quedo con la copla para hacer un arreglo y regalársela a L*, que me vea con buenos ojos. M* se interesa por L*. De mis respuestas deduce que estoy colgado de una que no me toma en serio. Situación sentimental típica en Rohmer, pienso. La costumbre del azar, dice enigmática. Quiere liarme a cenar juntos pero no voy. Sí a una boite luego, con su pandilla. Hay una que me mira. Se llama S*. Mientras baila con un maromo me mira todo el rato. Tú también la mirabas, dice M*. No creo, pero puede ser. Es algo físico.
Vendredi.
Voy con M* a un sitio con vistas de la costa. Le gusta la gente, la amistad. Digo que soy misántropo, de pocos amigos y menos amigas, tengo que decirlo. Ella quiere ser mi amiga. Hace ojitos. Enseño una foto de L*. Dice que no me pega. Y que S*, la del baile, sí. No se cree que yo tenga algo con L*. Alego que vine a la habitación prestada sabiendo que ella puede estar por aquí. He apostado: puede pasar algo, o no. Es lo de Pascal, la apuesta y el amor y el azar.
Confidencias. Me recomienda que me busque una chica para el verano. Sé en quién está pensando.
Me veo diciendo que soy inclasificable, que estoy al margen de grupos. M* dice que eso es no ser nada, que me pierdo el aprendizaje. En la despedida se amaga un beso, un roce de labios.
(sigue en el spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Dimanche.
Me encuentro en la playa con S*, la de la boite. Ha dejado a su novio. Charlamos. Subo escaleras tras ella y miro sus muslos. Me lleva en barco con sus tíos. Alegres: risas y canciones. Llega la noche y nos dejan en el sofá. Acaramelados. Con los movimientos se le sube el vestido a S*. De pronto se levanta. Tiene sus principios, dice. Nunca hace todo el primer día. Me parece muy bien, digo. Se va a otro cuarto. Con el calentón me voy a tocar la guitarra.
Al día siguiente anda por su casa en… esto… en ropa interior; me pego a ella. Otra vez lo de los principios, y que tiene que haber compromiso sí o no, sin demora. Digo que muy bien. ¿Me está indicando el camino de la vicaría?
Se lo cuento a M*. Si L* no viene me voy con S*. Me suelta que la he decepcionado, que me he dejado liar por una chica vulgar. ¿Pero no era lo que me aconsejaba? No sé qué pensar.
Ella: Te salva tu estupidez, no apetece tomarte en serio.
Yo, con la indecisión, no tengo respuesta.
Jeudi.
En estas aparece L*, que ha venido a ver a sus primos. En la playa se me abraza. Me ha echado de menos. Es porque le ha ido mal en el viaje. El pesado del novio de la hermana… L* les dejó y se fue a Italia, donde unos amigos de su ex. Y no escribió ni llamó. Me mosqueo. Estuvo agobiada: gente pegajosa, mosconeando, abalanzándose. Cansada de estar siempre a la defensiva, guardando su culito. Acabamos discutiendo. Y me gusta. ¿Porque me rechaza?
Me habían hablado de lo fácil de ser personaje de Rohmer: que si no hace falta correr ni gesticular ni gritar; que si todo se hace al paso, suave, palabras sueltas, en tono normal pero sin forzar, dejándolas caer como quien en un paisaje agradable habla del tiempo, que si el azar y la apuesta amorosa, etc., pero con esto de la indecisión todo es muy difícil, ¿sabes?, porque estás todo el día que no ves por dónde tirar…
Samedi.
S* quiere ir a X pero yo había pensado ir con L*, así que propongo otro sitio. Y ella que no, que a X, y que lo tengo que decidir ya porque ella tiene principios. Quedo con L* pero al final llama para cancelar por no se qué rollo con sus primos, los que dicen que qué ha visto ella en mí, así que propongo a M* la excursión y me dice que ella no quiere ser un parche…
No sé si tengo tres chicas o ninguna. Tener una para dejar a la otra, me suena la frase. Pero ¿a cuál tener y a cuál dejar, si es que tengo a alguna? Todo el día deshojando la margarita.
En su distancia, M*es más seria. Las otras tienen rasgos que me gustan, pero se ponen a juguetear y les sale el lado tonto. ¿Será la amistad más seria y profunda que el amor?
Ahora suena otra vez el teléfono: alguna que se lo ha pensado mejor. ¡Me voy a volver loco con esto de ser inexperto y vacilante!
Tengo que hablar con Rohmer para cambiar el plan de la próxima semana, porque él es viejo, y se divierte contando desde su altura los líos sentimentales de la juventud, pero tal y como van las cosas me hago la picha un lío, la verdad, querido Diario.
Lupo 
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