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Críticas de: Bloomsday
Bloomsday |
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(Alicante, España)
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| 3424 | Películas valoradas |
| 443 | Críticas |
| 7 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,0
(ver sus estadísticas)
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Cazador blanco, corazón negro (1990)
Clint Eastwood
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| 17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Marzo de 2008 |
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Piel gruesa, coriácea, enorme y árida probóscide y marfil de dos metros. Seis toneladas de bicho, seis toneladas de músculo adherido a un barril de costillas y entrañas; un abdomen como cuatro sacos de dormir cosidos con piel; un corazón con ojos de buey en lugar de válvulas, de cadencia de latido pausada, señorial; enormes fuelles intercostales capaces de resoplar un tornado.
Con una licencia se podía conseguir que ese enorme mamífero, ese pedazo de vida pura y salvaje que llena con litros de espuma sanguinolenta el vacío, cayera de costado, se desplomara, mientras la tierra se retuerce en un quejido de infrasonidos.
Huston siempre rodó así, matando elefantes. No es accidental que él adaptara Moby Dick al cine, pero sí es una fascinante casualidad. Se fue al Congo para buscar la casualidad que le permitiera apurar la vida que le había sido concedida. Y, una vez allí, la eventualidad de su afición al whisky probablemente le salvó de caer enfermo de disentería durante el rodaje.
También fue casualidad, que no causalidad, que La reina de África le saliera, después de todo, tan entretenida y encantadora. Pero es que el cine clásico era así muchas veces, y en el caso particular de Huston también. En realidad el cine, con tantos brazos y piernas, tantos egos entrelazados y tanto dinero de por medio, es algo tan complejo de equilibrar y sazonar que no es extraño que las buenas películas salgan un poco por talento y un poco porque sí.
Claro, que si vas a rodar a África para montarte un safari y correrte una cogorza constante con Humphrey Bogart entonces no precisas un azar cualquiera, no, sino una de esas mastodónticas casualidades que también le salvaron el culo a Michael Curtiz.
Y así jugaba al cine Huston, con la ruleta rusa de Raoul Walsh y Howard Hawks, para devorar la vida y dar rienda suelta a la necesidad salvaje de moldear la figura del perdedor que tanto le obsesionaba. Como Errol Flynn, Hemingway y tantos otros, John Huston apuró sus días entre elefantes, boxeo, alcohol, ironía, literatura y cine. Plenamente consciente de que, ya que la muerte es lo único predecible, esto de vivir consiste en cazar casualidades.
Y, si se ponen a tiro, elefantes.
Bloomsday 
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The History Boys (2006)
Nicholas Hytner
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| 16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Enero de 2008 |
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Cargante la cosa… Unos adolescentes repelentes, medio ciclotímicos, gays unos, otros no; que se arrancan a declamar poesía, citas o lo que sea un poco a lo loco… Como si hubiera chicas de su edad ante las que lucir cerebrín. Pero no las hay, chicas digo. Y entonces no entiendes nada… ¿O sea que son así? ¿ No lo hacen para ligar? Y asistes mitad atónito mitad empachado a esos gritos; a esas alocadas, por absurdas, clases de francés; a unas tertulias nerviosas, aceleradas; a un constante duelo no de ingenios, no, sino de ansiedades, de conversaciones contrarreloj sin orden ni concierto, sin finalidad aparente… A un profesor gordo, simpático acosador de niños, tío de Harry Potter y muchas más cosas; absolutamente aborrecible en su composición de un docente medio tarambana, edulcoradamente simpaticón y de vivaracha habilidad para dar el coñazo.
En fin, que estas pelis si no me hacen recordar mi infancia y me invitan a lamentarme de que estudié poco, de que tenía que haber hablado más con las chicas o leído más poesía en aquellos años… Pues si no consiguen nada de eso como que me dejan igual. Por mucho debate que me ofrezcan… “Supuesto” debate y para el que lo vea. Yo no, claro. Y si encima es todo tan afectado, tan postizo, tan teatral y tan exagerado como estos chiquillos, estos profesores y sus conversaciones, pues me dedico a otra cosa (mirar el reloj, meterme el dedo en la napia, y mascar compulsivamente mis propias muelas del juicio… Ese tipo de fructíferas actividades). Y todo ello con la barbilla pegada al pecho de puro tedio; con la clavícula apuntalando el peso de mi cráneo caliente de puro aburrimiento.
Inteligente sólo en aspectos superficiales, en la epidermis. A medida que curioseas no ves nada que refrende las buenas intenciones (que las tiene y por ello el 5). Quizás el pop de los 80 para nostálgicos de Morrisey y ese tipo de cosas. Pero ni la realización ni el guión. Aquí no hay naturalidad. Sólo chiquillos artificialmente pedantes, sin vida ni aliento por muchas citas literarias que esgriman, y los bostezos, mis bostezos. Estos poco literarios por cierto.
Bloomsday 
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Mi hermana, mi amor (1966)
Vilgot Sjöman
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| 15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Enero de 2008 |
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La cinta, aunque basada en la obra de uno de los autores representativos del teatro isabelino, John Ford (el otro), es curiosamente una película de marcado tono, para entendernos, “sueco”. Y no sólo por su capacidad de conmoción en cuanto al aspecto sexual de sus fotogramas, característica muy de la fecha y de la nacionalidad de la cinta por otro lado; sino por sus concomitancias, superficiales si se quiere, con algunos elementos del cine de Bergman (la intensidad y crudeza dramática de su puesta en escena, las pretensiones de introspección psicológica, sus intenciones de ofrecer un drama simbólico, representativo de ideas y conceptos) e, incluso, con dramaturgos como Strindberg y la irreverencia sexual y social y los arrebatos de pura fuerza indómita y contradictoria de los personajes (puritanos, feministas, naturalistas, rebeldes, inconformistas... Heterogéneos en definitiva) de su Señorita Julia; mujer que, al igual que la protagonista de esta historia, le dan una vuelta de tuerca a las cuitas de las Noras y M. Bovarys, cargando las tintas de lo sexual y lo primitivo rompiendo convencionalismos sociales (tirarse al criado) o familiares (tirarse al hermano).
Imaginemos a un director grande, enorme, con barba rala y gafas de culo de vaso, haciendo llorar a las actrices en busca de dios sabe qué resultado artístico y buscando vaginas que retratar como si eso fuera el cénit de la modernidad y el espasmo intelectual.
Pues ése es el énfasis que se imprime a la peli, por eso digo que es muy sueca y muy de los reivindicativos y transgresores (trasnochados también) 60. Y es que dudo mucho que la obra isabelina en la que se basa llegue a estos extremos, llegue a esta desinhibida y desquiciada disección de la obsesión de los protagonistas. Pero eran suecos, eran los sesenta y llevaban barba. Supusieron que ofrecer al espectador una, trazando un paralelismo con Casa de Muñecas de Ibsen, casa de putas, era el camino idóneo para que la moderna modernidad de la que hacían gala tipos como este Vilgot Sjöman cristalizara. Lo que ocurre es que esas ansias de impacto y renovación quedan cuarenta y pico años más tarde algo gastadas, sobre todo por algunas pegas que tienen que ver con cierta liviandad en el tratamiento de la historia y personajes, que son precisamente las carencias que peor aguantan la tormenta del paso del tiempo.
Pero en fin, no hablaré más de las pegas de la peli, sino que les remito directamente a las ya señaladas por Grandine (a mí la película me gustó más que a él, pero me sirven sus observaciones) y así me ahorro el esfuerzo y el spoiler.
Que hoy también estoy yo en plan “moderno”.
Bloomsday 
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Dublineses (los muertos) (1987)
John Huston
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| 15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
31 de Mayo de 2007 |
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Huston se moría. Así de simple. Y dotó a esta película de ese ambiente de recapitulación, de rendir cuentas ante aquello que se desvanece. Un retrato vívido, puro. Un epitafio en movimiento ideado y consumado desde una mascarilla de oxígeno. Y es que no hay nada tan vivo como un hombre frente a la muerte.
Huston se moría y decidió que no podía posponer más la adaptación de este relato. Todos debían entender qué significa que suene “la joven de Aughrim” mientras revolotea el pasado, arañan los recuerdos y los muertos nos reclaman.
Decidió que no podía esperar ni un minuto más para rodar la nieve cayendo sobre el universo.
Bloomsday 
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Sang Woo y su abuela (2002)
Jeong-hyang Lee
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| 15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Octubre de 2006 |
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Hermosa y sencilla película que nos cuenta una tierna historia sin grandes excesos (la relación abuela-nieto se consolida a través de pequeños detalles) y eludiendo momentos lacrimógenos y el sentimentalismo barato. Cuando se plantean nuestras propias cuitas (siempre mucho menos enrevesadas que otros grandes dramones) de forma natural es suficiente con un tono amable como éste.
Sincera, espontánea y con la humildad necesaria para tocar la fibra más sensible sin necesidad de grandes tragedias, ataques de llanto ni infartos de miocardio. La película simplemente deja que la nostalgia que cada uno de nosotros llevamos de serie se deje atrapar por esa desvencijada casa, ese bosque y los dedos montados de la anciana. Una dulce tristeza que es, paradójicamente, la más amarga de todas.
Bloomsday 
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