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Críticas de: Vivoleyendo

Vivoleyendo
(Huelva, España)
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600Críticas
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Media de sus votaciones: 6,8 (ver sus estadísticas)
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Críticas: 600 Página: 32
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Las crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian (2008)
Interesante
Andrew Adamson
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 3 de Agosto de 2008
En una Inglaterra amenazada por la guerra, los cuatro hermanos Pevensie sueñan con regresar a Narnia, el país mágico del que tiempo atrás fueron reyes.
Narnia agoniza. El pasado esplendor cedió el lugar a una decadencia que está eliminando la magia, que está embruteciendo a la naturaleza y a todos los seres. Ya quedan pocos animales parlantes, los árboles no bailan, la mayoría ha perdido la fe. Los vecinos del país de Telmar, un país poblado por humanos y colindante con Narnia, odian a los narnianos y no creen en las leyendas que cuentan que existen animales que hablan, seres fantásticos (minotauros, centauros, duendes, hipogrifos...) y un león mítico, Aslan, el creador de Narnia.
Telmar se ha alzado con el poder y en la actualidad un monarca indigno gobierna, Miraz, usurpador de la corona de su predecesor, el rey Caspian IX. Sin ningún heredero al trono, Miraz ha conservado a su lado bajo un vil engaño a su sobrino Caspian, el hijo del anterior rey, con la intención de que le suceda. Pero cuando su propio hijo varón nace, los planes cambian y Miraz no tiene piedad. El joven príncipe Caspian está sentenciado. No le queda más salida que la huida. Desesperado, utilizará el antiguo cuerno de la reina Susan Pevensie para pedir ayuda.
Y la llamada es recibida por los cuatro hermanos Pevensie en su presente en Inglaterra. Tan sólo ha pasado un año desde que abandonaron Narnia, y ahora van a ver cumplidos sus mayores deseos: volver.
En Narnia, al igual que en el lugar del que los Pevensie proceden, el mundo se prepara para la guerra. Telmar va a invadir a sus vecinos.
Los narnianos van a luchar por su libertad con la ayuda de Caspian, Peter, Susan, Edmund y Lucy.
Y van a comprender que nunca se debe perder la fe. La fe en uno mismo, la fe en la vida, la fe en el futuro. Cuando no hay fe, Narnia se pierde en el olvido.
Una espectacular aventura más madura y adulta que "El león, la bruja y el armario", que ha ganado en tono épico. La historia que se gestó en la mente de C. S. Lewis como una vía de escape en un siglo XX sacudido por la destrucción, es la historia de todos esos niños que maduran deprisa y que comprenden que la vida es difícil. Y que, cuando todo lo que conoces y amas está amenazado, el peligro alcanza a todos, también a los niños. C. S. Lewis les concedió a ellos el protagonismo, los encaró con la muerte, con la magia, con la lealtad, con el honor, con la amistad, con el amor, con el odio, con el sufrimiento y con el miedo. Les dio responsabilidades adultas sabiendo que en sus manos inocentes y en sus corazones puros el futuro sería mejor.
Narnia es el lugar con el que todos los niños sueñan, el lugar donde ellos son escuchados y donde pueden ser reyes.
Como el País de Nunca Jamás. No dejemos de soñar ni de aplaudir, para que las hadas no mueran.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Vivoleyendo
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La señorita Oyu (1951)
Notable
Kenji Mizoguchi
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 23 de Junio de 2008
Tanto Kenji Mizoguchi como Yasujiro Ozu, paisanos y coetáneos, se volcaron magistralmente en los retratos de familias corrientes, legándonos extraordinarios y preciosos testimonios sobre la sociedad japonesa tanto de la primera mitad del siglo XX, como de otras épocas anteriores.
Ozu, con sus buenos y sencillos actores y sus minuciosas ambientaciones, rodaba la vida normal de una familia cualquiera, como si se metiera con su cámara en una casa y pidiera a sus moradores que simplemente se dedicaran a hacer sus tareas de siempre y a mantener sus conversaciones habituales. Mizoguchi hacía prácticamente lo mismo, pero tomando por la vertiente de los grandes dilemas que ponían en entredicho el honor, la respetabilidad y la prosperidad de familias enteras. Si podía ocurrir algún acontecimiento que alterase el orden corriente y amenazase la estabilidad de un clan, Mizoguchi ahí estaba para filmarlo con ese desgarro elegante y armonioso.
En este caso, la causa del dilema es la atracción que el joven protagonista, a quien presionan para que elija una esposa, experimenta hacia la hermana mayor de la chica con la que lo quieren comprometer. Pero esa mujer, la señora Oyu, es intocable. Aunque es viuda, tiene un hijo varón que debe convertirse en el cabeza de familia, y por lo tanto las normas no escritas de la conducta familiar le impiden volver a casarse.
Así que Shinnosuke, enamorado de Oyu, y Shizu, la hermana de ésta, se encuentran ante un terrible atolladero y deberán tomar una decisión muy, muy difícil...
En este drama se respira amor, delicadeza, belleza y dulzura en cada fotograma. Pero también la opresión de un ambiente reprobador.
Los exquisitos modales, las costumbres cotidianas, los hermosísimos paisajes, los sobrios pero elegantes interiores de las viviendas, las vestimentas, los rituales, la observancia del decoro y cualquier mínima alteración del mismo que da lugar a habladurías... Toda la cerrada sociedad que circunda a los protagonistas se deja sentir casi como un personaje más. Esa mirada severa y circunspecta del entorno que, tras su serena y amable apariencia, apunta con su dedo justiciero a quienes osen contravenir cualquiera de las rígidas normas de conducta.
La esplendidez de este drama romántico radica en su calidad etérea, en su buen gusto, en su sutileza, en su capacidad para sugerir delicadamente los mayores conflictos suscitados por el amor y por el qué dirán.
Como un juego de porcelanas chinas que hay que tratar con sumo cuidado y respeto. Como esas frágiles pinturas japonesas sobre papel. O como un quimono de seda elaborado por manos mágicas.
Nada hay que se salga de tono, nada estridente, nada que rompa la magnífica estética que transporta al espectador al corazón de Japón. Desde la maestría indiscutible de la fotografía hasta la artesanía de la música folclórica, todos los detalles nos regalan un billete de ida al que una vez fue el Imperio del Sol Naciente.
Vivoleyendo
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Qué verde era mi valle (1941)
Notable
John Ford
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 10 de Junio de 2008
Cuando la mina tatúa en la piel la pátina indeleble del carbón, nada puede borrarla.
Cuando la mina sangra, de sus entrañas telúricas arroja las lágrimas de un pueblo entero.
Cuando la mina se torna de infierno en sepultura, y de sepultura en infierno, arrastra consigo el lamento de cientos de almas.
La mina, benefactora y tumba áspera, ruda, cruel y caprichosa que hace aspirar polvo de carbón y sudar sangre a quienes viven de ella.
En los tiempos de las grandes explotaciones mineras con las que unos cuantos poderosos británicos de escasos escrúpulos y gran ojo para las libras esterlinas se enriquecían espectacularmente tanto dentro como fuera de Gran Bretaña, miles de humildes mineros se hacinaban en poblaciones que se creaban y se sostenían merced a esas entrañas ingratas excavadas en una tierra sometida a la industrialización que codiciaba sus tesoros minerales.
Las famosas y legendarias minas galesas de carbón crearon a su alrededor pueblos de esforzados mineros.
La de minero es una de las profesiones más duras, peligrosas y malsanas que hayan podido existir, sobre todo en países y en políticas cuyas leyes sólo favorezcan la caja de caudales de los poderosos en detrimento de las condiciones laborales de los obreros que se dejan la piel y la salud entre las vetas de mineral tan costosas de obtener.
El incontestable John Ford, llevando magistralmente al cine una novela de Richard Llewellyn, agitó esa varita suya que contenía toda clase de genialidades.
Con un movimiento de varita, creó un pueblo minero dotado de un vívido espíritu colectivo, de tradición y de esa belleza irrepetible que poseen los lugares donde uno ha crecido. Incluso si ese sitio respira el aliento del carbón, nunca habrá un valle más verde que el que fue pisado por los pies del niño que habrá de rememorarlo para siempre.
Con otro movimiento de su varita, dio vida a una familia que se alzaría en el pódium de las familias más entrañables del cine.
Ford viene a contarnos algo que ya sabemos, pero que no nos cansamos de escuchar ni de ver.
Nos cuenta que nada ilumina más el camino de la infancia que esos padres que se arrancarían los ojos por nosotros. Que se desloman por nosotros. Que nos preparan, con amor y enarbolando su espada protectora, para la dureza que aguarda agazapada y esperando su momento para saltar.
Nos cuenta lo efímera pero sólida que es esa seguridad suprema del niño que crece entre esos pequeños grandes héroes cotidianos.
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Vivoleyendo
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La familia Savages (2007)
Buena
Tamara Jenkins
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 12 de Mayo de 2008
Crudo y doloroso planteamiento del dilema que se les presenta a las familias cuando los mayores comienzan a sentir los efectos degenerativos de la vejez y dejan de valerse por sí mismos. Cuando se introducen en ese duro camino sin retorno de la dependencia de otras personas para realizar incluso las funciones más básicas que antes no representaban el menor problema. Un camino ciertamente muy duro y frustrante para todas las partes implicadas y que pone a prueba la capacidad y la entereza de la familia para sobrellevar las dificultades.
Cuando los padres se hacen viejos y pasan de ser el pilar que sostiene la familia, a ser ancianos frágiles marcados por una edad que no perdona y que necesitan de cuidados constantes, una enorme responsabilidad se abate sobre los hijos. Acostumbrados a sus propias vidas independientes, acostumbrados a que los padres son los que cuidan a los hijos, llega el momento en que tienen que devolver a sus padres los cuidados... Y el gran problema está en cómo ubicarlos en el orden de sus vidas cotidianas y en el tiempo que hay que dedicarles. El trabajo, las propias responsabilidades y preocupaciones, las prisas y, por qué no, el egoísmo personal que todos tenemos...
El hecho de que es terriblemente difícil ubicar a tu padre senil, cuidarlo y lidiar con él, está ahí. ¿Cómo lo afrontarías? ¿Cómo no sentirse desbordado? ¿Cómo no deprimirse al ver que tu padre se desmorona a ojos vistas? ¿Cuál es la mejor alternativa para hacerse cargo de él lo mejor posible? ¿Cómo no equivocarse? ¿Cómo acertar? ¿Cómo no acabar discutiendo con tus hermanos mientras tratáis de encontrar una difícil solución equitativa?
Tratando de suavizar el tremendo drama con certeros toques de humor, sosteniendo magníficamente el dilema familiar a través de dos grandes como Philip Seymour Hoffman y Laura Linney, y presentando los problemas de los Savage sin recargar tintas pero con efectismo casi brutal en ocasiones, Tamara Jenkins se desliza por los cimientos de una familia que podría ser como muchas. Disfuncional, con ausencias, incomunicación, traumas, rencores y, pese a todo, amor. Amor que a menudo es vacilante, que no siempre actúa de la mejor manera, que con frecuencia se resigna al silencio y a la distancia y se deja vencer por el egoísmo y la inercia. Los inevitables errores que cualquier familia puede cometer y por los que acaba lamentándose sin remedio. Culpabilidad, remordimiento, incapacidad para entregarse, para dedicarse plenamente a otra persona... Miedo. El miedo que paraliza.
¿Dónde está la respuesta? ¿Dónde está la solución?
Cada uno tiene que buscar la suya...
Vivoleyendo
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Los chicos de mi vida (2001)
Interesante
Penny Marshall
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 19 de Julio de 2007
La historia de Beverly Donofrio es relatada en la película en flashback.
Ella era una jovencita con un futuro prometedor como escritora, y soñaba con marcharse a la Gran Manzana y llegar a serlo. Pero a menudo los sueños son muy esquivos mientras la vida nos juega duros reveses, nos hace morder el polvo y pagar con creces las consecuencias de nuestros actos.
Basada en la novela de la propia protagonista, "Riding in cars with boys", se nos narra la lucha de una mujer por arrostrar las dificultades y dedicarse a su gran vocación relegada.
Buena y convincente interpretación de Drew Barrymore, haciendo crecer esta película que podía haberse quedado en una mediocre propuesta, pero que está dotada de un toque especial.
Vivoleyendo
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