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Críticas de: Sines Crupulos
Sines Crupulos |
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(Madrid, España)
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| 1302 | Películas valoradas |
| 331 | Críticas |
| 1 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
3,9
(ver sus estadísticas)
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Dirty Dancing (1987)
Emile Ardolino
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| 10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
17 de Julio de 2008 |
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La década de los ochenta fue la década pop, tanto en música como en cine. Sí, fue una mierda tal vez, pero ha dado mucho más tema de conversación que la de los 90. Cinematográficamente, una bazofia. Pero nostálgicamente, es La Década por excelencia.
Pues bien, en los ochenta existió un pequeño sub subgénero, un generín, que consistía en crear una historia de competición (musical, deportiva...) en la que el/la prota, en principio torpe, va superando las clásicas zancadillas mientras aprende de un maestro/a las dotes necesarias, siempre fundamentadas en saber escuchar, respetar y saber aplicar las palabras del experto, para alcanzar el clímax en una acción definitiva, que o bien se mostraba a cámara lenta, o bien era víctima del replay.
En esta peli, dicha acción consistía en un salto que Jennifer Grey (una chica muy maja, muy simpaticona... osea, un cardo borriquero) debía realizar en plan carpa para caer en brazos de Patrick Sawyze (el que se quedó sin besar a Demi Moore porque una negra gorda se puso por medium. Tampoco se perdió nada, porque la Moore es como la Grey, pero en gilipollas), ...para caer en brazos del Swayze, digo, y jugar unos segundos a los aviones.
Tramas más simplonas se han visto, pero no muchas.
¿Y qué quedó para la memoria? Pues la canción de un grupo que en la época flower power fue la margarita en vinagreta, y en los ochenta fue pop chicle remascado.
Sines Crupulos 
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El proyecto de la Bruja de Blair (1999)
Daniel Myrick, Eduardo Sánchez
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| 9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Julio de 2008 |
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Sí, provoca un poquitín de canguelis, angustia y desasosiego, pero el cine debe ser algo más que cumplir el objetivo principal del género correspondiente (dar miedo en el de terror, hacer reir en la comedia, hacer llorar en el drama, ponerla dura/empapar bragas en el erótico, ponerla dura y reventar acnés en el de empalmaos, manipular en el de crítica social, subir la adrenalina adolescente y explotar acnés en el de acción, hacer soñar en el de aventuras, etc)
Se puede decir que la película aprueba si cumple el objetivo principal, bueno, vale, pero si se queda ahí y no ofrece más...
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Vinieron del Espacio (1953)
Jack Arnold
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
5 de Marzo de 2008 |
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Resulta que a unos alienígenas se les pincha una rueda camino de un planeta que van a invadir, así que hacen una paradita en la Tierra para reparar la nave, tomar un cafetito y estirar los tentáculos. Así que roban un par de cables de cobre y un enchufe y raptan de paso a unos cuantos humanoides.
Pero aquí somos muy burros y no nos gusta que venga nadie a tocarnos los huevos, porque agarramos la escopeta y la liamos parda. A mí no me toca la cara ni mi padre, llega a decirle un obrerillo al bicho de un solo ojo embadurnado de baba.
Total, que unos periodistas montan el escándalo, un sheriff reune a unos Walker Texas Rangers, la prota, más cursi que remar en el bidé, empitona sus encantos, y el héroe científico trata de ayudar a los seres del espacio exterior a ponerse de nuevo en órbita.
Cuanto menos efectos especiales tenga una película de ciencia ficción de aquella época, mejor aguanta el paso del tiempo, y como a los tres años supongo que el bicho ya daba risa, Don Siegel decidió hacer una película del mismo estilo, pero cambiando bichos por judías verdes, y manteniendo la infalible fórmula de que los extraterrestres adquieran forma humana, con muchísimo mejor resultado.
Aún así, matiene intacto el encanto que adquiere la mezcla de pueblecito norteamericano de los 50 con visita desde las estrellas. Combinan muy bien.
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La guerra de Hart (2002)
Gregory Hoblit
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| 6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
28 de Noviembre de 2008 |
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Un guión perfecto (comercialmente hablando), pues tiene todos los ingredientes que se le pueden pedir para acompañar al combo palomitas-cola, cómeme la misma: racismo, malo malísimo, malo por necesidad pero con honor, bueno tontaina pero valiente y guapetón, malo sarcástico, subtrama racista, subtrama judicial, subtrama de viejos rencores, patriotismo, evasión, música, luces, flores de colores, fuegos artificiales, wearetheworld, vivalagente, bravoporlamúsica...
Y aún así, es mejorable:
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En la escena final, yo pondría un taburete al lado de cada preso. Así, se podrían subir a él para realizar el saludo militar, mirando al frente con las faces temblorosas como si el orgullo y la emoción fuesen a reventarles la mandíbula, y así dignificar, magnificar, americanizar y resucitar para siempre la memoria de Willis, mientras, uno a uno, van gritando en alto con gesto compungido:
Coronel, oh, mi coronel.
También añadiría en ese momento una metamorfosis múltiple en el campo de prisioneros: la cabeza de Bruce Willis se transforma en la de Robin Williams, Colin Farrell se convierte en chimpancé con bufanda del Sporting, copita de Patxarán y puro, y al maligno Alemán le sale un clítorix en el sobaco, como en aquella gloriosa peli porno de los ochenta.
Qué verde está USA. Qué infantiles resultan a ojos de cualquier otro terrícola. Qué párvulo millonario nos ha tocado aguantar, santo dios...
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El político (1949)
Robert Rossen
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Noviembre de 2008 |
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Me surge la duda de si los elementos esperpénticos en esta película surgen de forma desinteresada o están situados estratégicamente.
Tras cada discurso, el esfuerzo del espectador por escucharlo + comprenderlo, es supremo y acaba uno con las neuronas reventadas, de modo que si la siguiente escena no tiene mucho gancho se te cae la cabeza y duermes como cualquier diputado el día que no hace pellas. Es por ello que parece que Robert Rossen, en el momento preciso, te muestra a John Derek, ese actor de perfil griego, rostro simétrico, mirada montgomery y labios eróticos, en pañales. Y tu yo etéreo, que en esos momentos se disponía a alzar el vuelo, cancela el despegue sobresaltado al ver al tronchamozas con dodotis. Y de nuevo te sumerges en la trama. Grande Rossen.
Si esto ocurriese en una película de Ben Stiller, el hecho pasaría inadvertido para el espectador, pero en estas pelis viejas resultan sorpredentes, por inesperados, y le dan un toque muy sabroso. Recuerdo una peli en blanco y negro del Kurosawa, muy clásica y tradicional, muy seria, de esas que no dicen tacos y todo el mundo habla respetuosamente y tal, en la que aparecía paseando un pibe con un ovni incrustado en la cabeza.
Total, que mientras en “Lo que el viento se llevó” pasan tres cosas en cuatro horas y media, en ésta pasan quince a toda hostia y con enganches de este estilo friki-cómico. Además, hay mucho secundario relevante, protagonistas que evolucionan, muchos montajes de esos que aparecen mezcladas imágenes de periódicos con imágenes de la plebe, que molan un web, interpretaciones bien definidas y frases lapidarias que molan dos webs. Muy, muy bien.
Sines Crupulos 
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