37 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Notable thriller ejecutado de manera asombrosa por Brad Anderson. Los "no engaños" al espectador comprimen un suspense macabro, realista hasta la médula y que sobrecoge en alguno de sus pasajes. Un film acertado tanto en el reparto (los roles están bien definidos) como en su resolución, sin grandes ni petulantes giros que compliquen una trama tan sencilla como arrebatadora. La puesta en escena, sórdida a más no poder, es una de las bazas con las que el director juega a su favor, pues da la impresión de certeza, de realidad, a veces imposible de conseguir en pos de una belleza visual que representaría aquí más un estorbo que una ayuda. La Unión Soviética ya acojonaba antaño, pero la Rusia de hoy no le anda a la zaga y Anderson la describe con corrección pero sin miramientos, convirtiéndose en ciertos instantes en un turbio retrato sociopolítico de aquel país. Y eso también acojona.
Transsiberian se ve en un pestañeo y se digiere fácilmente ante la falta de alardes innecesarios con los que suelen rellenar sus tramas directores menos dotados y más sobrevalorados. La tensión, el miedo y lo inesperado se combinan admirablemente por lo genuino de su esencia ya que los momentos previos a las escenas violentas, es decir, toda la película, consiguen que retemos a nuestra mente para que encuentre una salida más sencilla, lo que a mi modo de ver es el acierto principal que atesora. No hace falta ser Hitchkock para rodar una buena película de suspense, y amigos, ésta lo es. Recomendable.
65 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil.
"He observado durante muchos pasajes un estado de ánimo trasladado al cine y no una emoción proveniente de la historia y de sus imágenes. Me ha parecido que esta obra discurre hacia dentro y es poco, o muy poco, lo que desprende hacia afuera." Txarly dixit.
Más o menos explicado de una manera algo burda es lo que me ha hecho sentir Kagemusha. La profunda tristeza que en aquellos tiempos convivía con Kurosawa, trasladada a la pantalla. Hermosa y triste pero carente del nervio acostumbrado por el director nipón, como si la depresión que en aquellos tiempos lo acompañaba incidiera de forma subconsciente en toda la producción de la obra.
La fotografía, colorida pero gélida, y germen futuro de la maravillosa Ran, resalta el gris sobre los colores, la muerte sobre la vida.
La banda sonora transmite una épica quijotesca destinada más al perdedor que a la derrota en sí, como una imposibilidad física de vencer los obstáculos que afrontamos en la vida.
La melancolía se adueña de las interpretaciones de los actores, olvidando mostrar el alma de lo que están interpretando.
En cambio, Kurosawa vuelve a sacar sobresaliente en el apartado estrictamente técnico del film. Él y Ford manejan la cámara como pocos han sabido hacerlo. El cambio de planos, así como los encuadres realizados en toda la obra, son de matrícula de honor, pero no consigue llenar de vitalidad una película que ya nació muerta... en el alma de su autor.
55 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Indiana Jones y el templo maldito es una de las mejores películas de Steven Spielberg y por ende la mejor de la trilogía. Es cierto que el guión flojea y además añadiría que el filme no envejece bien. Siempre será mejor que bodrios como El temible burlón y quedará para el futuro como una cinta para ver con tus hijos. Cine familiar de primera categoría.
La película posee un ritmo endiablado que tan sólo aborta la llegada al poblado y la entrada a palacio. La secuencia del salón me parece de lo mejor que ha rodado jamás Spielberg: el antídoto, el diamante, los globos, el gong... Luego viene el avión, la trampa de la cueva, la montaña rusa, el puente, etc. A día de hoy parece algo infantil, pero en su momento quedaba genial. Estoy seguro de que a cualquiera que tenga menos de trece años le sube la adrenalina por todos lados, porque Indiana es cualquier héroe de plástico que le han comprado sus padres. Éso fijo.
DESTACO la secuencia del salón, el epiléptico montaje, el vestuario, los decorados y los curradísimos efectos especiales.
SUSPENDO al niño de los cojones y a que partiendo sobre todo de esta película, el cine perderá hasta el día de hoy toda la magia que poseían las antiguas películas de aventuras. Lo espectacular no quita lo valiente. Y a partir de este día todo resbalará por encima y se hará superficial. Los cineastas copiones serán todos. Txarly dixit.
Spielberg comprendió aquí la importancia de las sagas y su poder recaudatorio. Cine familiar con mayúsculas. 9.3
48 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tiburón fue la película que más beneficios hasta el momento había recaudado para una productora: cien millones de dólares. Ahí es nada. A partir de ese momento Spielberg tendría más libertad de movimientos en la industria y empezaría a escoger los productos que trasladar a la pantalla. El guión del film fue retocado hasta cuatro veces y pasó, entre otras, por las manos de Robert Shaw. La fotografía alterna con acierto el mundo acuático con el nuestro y juega de forma espléndida durante todo el film con las distintas tonalidades de azul. La mayor parte de aquellas escenas se rodó cámara al hombro y balanceando cadera y rodillas para dar la sensación de movimiento, con el agua a la cintura unas veces (la estampida playera), y desde la cubierta del barco en otras ocasiones.
Película ambiciosa que fue un auténtico quebradero de cabeza tanto por la duración del rodaje como por las dificultades que surgieron con la estrella de la película: la maqueta de tiburón. Como curiosidad, apuntar que la barca en la que aparecen nuestros héroes se hundió y tuvieron que izarla mientras se volvía a hundir para grabar la secuencia final. Uno de los acierto de Spielberg fue el de no mostrarnos al gran tiburón hasta que había transcurrido una hora de película.
DESTACO el bofetón que se lleva en la cara Roy Scheider, la estampida bañista y la secuencia del camarote por reunir a tres grandes actores diciendo paridas entre vasos de whisky. También la famosa banda sonora y la utilización que hace Spielberg de los distintos colores que emplea en el vestuario de Tiburón.
SUSPENDO algunas subtramas que lo único que consiguen es desviar la atención y que frenan un desarrollo más dinámico.
El mundo conoció a Steven Spielberg tras esta película.
40 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ya era hora de que un país que se gasta más la pasta en acontecimientos fatuos que en realizar cine de calidad, se invirtiesen más kilos de los acostumbrados para arriesgar con una película con visos de superproducción. A mí me ha gustado, y diría que más que la nota que le otorgo, aunque no sería justo conmigo puntuándola más alto porque sus fallos son evidentes para cualquiera que se asome a verla.
Creo que la falta de bemoles ante un supuesto tropezón en taquilla (como así fue), hizo que la producción condensase tres películas (o cuatro) en una sola, con el consiguiente mosqueo general ante el maremagnum de acontecimientos narrados y torpemente encadenados durante las dos horas de envite que los sufridores espectadores huérfanos de las novelas del capitán tuvieron que reciclar. Pienso que en dos partes las aventuras del mercenario español hubiesen recibido una mejor crítica y un apoyo más cercano entre sus seguidores o detractores. El gran Maximiliam acierta en su crítica al comentar que es un trailer de más de dos horas. Ocurren tantos acontecimientos que es complicado hilvanar los hilos que los unen.
A pesar de las prisas por terminar, y a pesar también de su tosca densidad, lo cierto es que posee momentos de gran cine. La secuencia de las picas (en Flandes, perdonen el chiste) merece la consideración de lo sublime, como también el vestuario, Don Juan Echanove, el duelo a espada en el patio, la omnipresente fotografía y por qué no, el interesante acento de Don Viggo Mortensen, un capitán Alatriste perfecto.
Se aguardó su estreno con la escopeta cargada y pilló a contrapié a quienes esperaban encontrarse, efectivamente, con una gran historia narrada atropelladamente pero que obviaron las enormes cualidades escénicas que ostenta y que nunca en el cine patrio habían sido rodadas de aquella manera, es decir, con medios e inteligencia. Prefiero quedarme con el espíritu aventurero de aquellos hombres que cerraron un ciclo de la Historia en Rocroi e involuntariamente iniciaron otro que terminaría en Waterloo. Muy notable.