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Críticas de: Vivoleyendo
Vivoleyendo |
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(Huelva, España)
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| 1160 | Películas valoradas |
| 599 | Críticas |
| 4 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,8
(ver sus estadísticas)
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Wonderland (1999)
Michael Winterbottom
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
8 de Enero de 2008 |
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¿Qué tiene en común el abarrotado, cosmopolita, corriente y extraordinario Londres con el País de las Maravillas? A lo mejor tan sólo algunos milagros que duran lo que el destello fugaz de los fuegos artificiales... Pequeños milagros que no consisten en descubrir reinos encantados.
Winterbottom compone un drama urbano sin pretensiones, sin sorpresas forzadas ni giros inverosímiles. Real, respirable, cotidiano como la ropa que nos ponemos todos los días, familiar como las personas y los objetos a los que estamos habituados. Se deja completamente fuera cualquier rasgo de efectismo y pomposidad para dar cabida a la pura vida, a lo que tú y yo y los demás vamos experimentando un día tras otro. Gente que, con la heroicidad de los que pertenecen a las masas anónimas que se mueven como hormigas por la jungla de asfalto, realizan la hazaña de intentar sentirse alguien en un entorno en progresiva deshumanización.
Tres hermanas marcan el hilo central. Nadia, Molly y Debbie. Tres mujeres corrientes y heroicas a su manera, transitando por el difícil e intenso camino del amor, a menudo esquivo, y de la maternidad. Alrededor de ellas, su pequeño universo, donde se incluyen sus padres y otras personas. Un universo que no destaca especialmente pero que por lo mismo se identifica con muchos de nosotros. Sus sueños, sus satisfacciones, sus problemas, sus frustraciones. La búsqueda del amor, la tarea de ser padres, la insatisfacción que la rutina y la inercia imponen en las relaciones, el temor a hacer frente a una situación nueva que nos asusta, la resignación de un hijo que ha aprendido demasiado pronto que sus progenitores son seres tan imperfectos y tan cargados de inseguridades como él mismo, la incomprensión que levanta una barrera de incomunicación...
Y los pequeños milagros. Muchos pares de ojos que miran al cielo nocturno londinense iluminado por los destellos de unos fuegos de artificio. La caricia de una madre que disipa los miedos. Un abrazo que lleva en su contacto una carga de alegría. Un encuentro sexual satisfactorio. Y la llegada de Alicia, un nuevo trocito de humanidad que trae un soplo de magia y de renovación, barriendo las penas.
Y Michael Nyman contribuyendo a la magia con sus partituras que no parecen de este mundo.
Vivoleyendo 
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Happiness (1998)
Todd Solondz
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Enero de 2008 |
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Lo que tenemos aquí no es ni una comedia ni un drama fácilmente clasificable. Yo lo definiría más bien como una cuchillada certera, agria, amarga y mordaz a las apariencias. Un retrato afilado de las hipocresías, frustraciones, desilusiones, complejos, traumas y aberraciones que se ocultan por debajo de la superficie.
En la familia protagonista, tal vez el único elemento de cohesión y verdadera unidad sea el apellido, lo único que ofrece una fachada de "normalidad", pues se trata de una serie de personas cuyas vidas vacías van dando tumbos, tratando de aferrarse a falsas ilusiones o a castillos en el aire que no existen, o vagando por la vacuidad de una existencia sin mucho sentido, o descubriendo la hostilidad de un mundo en el que es muy difícil hallar un asidero, una mano amiga que no acabe saliendo rana. Y, aparte de esta familia, otros personajes que nos harán partícipes del patetismo y la desesperación en los que están sumidos.
Despiadada disección de la soledad, de la falsedad y del fracaso; fracaso en ser un cabeza de familia honorable y satisfecho; fracaso en ser la esposa "perfecta" del marido "perfecto"; fracaso en ser unos padres intachables; fracaso en tener una vida sentimental y sexual plena y sana; fracaso laboral; fracaso en hallar un propósito o un rumbo...
Seres solitarios que van siendo testigos de su propio desmoronamiento, de una insatisfacción permanente, de decepciones a veces muy duras, de su propia incapacidad para conectar verdaderamente con alguien, de los complejos insuperables, de traumas que terminan por estallar...
Todo el trasfondo que se va sacando a la luz resulta con frecuencia retorcidamente mordaz y corrosivo. Un humor muy negro impregna cada escena, un humor con sabor a bilis que despierta en nosotros con frecuencia risas de perplejidad, desagrado, irritación, estupor, incluso rabia, impotencia y desquite... Un derechazo tras otro filmados con parsimonia, con descarnada honestidad y, en ocasiones, rozando la sordidez. Y, desde luego, se logra el efecto deseado, que es el de ir revolviendo la conciencia del espectador, estirarla al máximo.
Brillante ejercicio de autocrítica social y personal que no deja piedra sobre piedra.
Vivoleyendo 
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Lejos del cielo (2002)
Todd Haynes
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Diciembre de 2007 |
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¿Qué te queda por delante cuando has construido una vida compartida con alguien, un hogar, unos hijos, y de repente todo se desmorona? ¿Qué se siente cuando descubres la traición, la negra oscuridad que acecha tras la apariencia agradable? ¿Cómo es ese abismo que se abre ante tus pies y que amenaza con tragarte?
Todd Haynes construye como un maestro de la elegancia un drama impecable con agridulce sabor a clásico. Un magnífico tributo al buen cine de antaño, a ese technicolor que marcó una era con la pátina de colores vivos y contrastados que infundía a la imagen. Y también un rescate de aquellas bandas sonoras cuyas orquestas evocan un estilo, unas tendencias, una época de vestidos con falda de vuelo, de sombreros muy coquetos, de cabellos ondulados rubio platino a lo Jean Harlow o Marilyn, coches grandes de líneas alargadas y atrevidas con neumáticos blancos... Elmer Berstein, compositor desconocido para mí hasta ahora, se ha hecho notar con sus partituras sobresalientes que dotan a la película de un alma atemporal.
Todd Haynes, desde el principio al final de su drama, brillante en la forma y en el fondo, ha filmado un deleite de rojos y verdes en acusado contraste: la naturaleza exuberante y caducifolia de Hartford , las ropas femeninas, el rojo de labios, el cabello de la hija de Cathy, los coches que parecen gritar descaradamente a los cuatro vientos la prosperidad de sus dueños, la decoración de interiores... Y, bajo tan llamativo y sumamente agradable envoltorio estético, una trama doliente, plena de emociones condensadas que a veces afloran en un estallido contenido. Julianne Moore, que embruja con su dulzura, contiene en su rostro todos los matices de las emociones que teme dejar al descubierto. Su sosegada vida cotidiana de ama de casa eficiente, de esposa entregada, se viene abajo, pero ella opone a las dificultades la luminosidad de su espíritu sincero que se ve en entredicho, sometido a las presiones de la sociedad provinciana de Hartford. La maledicencia y los fuertes prejuicios raciales la acechan cuando ella halla una amistad inesperada que la ayuda a pasar el mal trago que está soportando.
Que tu vida intachable se desmorone cuando vives en una ciudad de provincias puede ser muy duro.
Sutileza, dolor a flor de piel, amores culpables, racismo, doble moral, hipocresía, maledicencia, presiones sociales... Todo hilvanado con una delicadeza que me habla elocuentemente acerca de la sensibilidad del director y su capacidad para tocar temas universales que nunca dejan, por desgracia, de estar en el candelero.
Vivoleyendo 
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Adiós, muchachos (1987)
Louis Malle
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2007 |
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Uno de los aspectos más puros y envidiables de ser niñ@ (niñ@ en toda la extensión de la palabra) es que la infancia se rige por una visión particular e irrecuperable, en la que todo se halla en proceso de elaboración y desarrollo, sin que las cerradas concepciones adultas hayan calado todavía lo bastante hondo como para que se pueda hablar de prejuicios o de convicciones inamovibles.
Los aprendizajes cruciales de la vida se producen durante la etapa infantil. Sus mentes tiernas, que poco a poco van interiorizando el entorno que les rodea, aún no comprenden muchas de las extrañas actitudes e imposiciones socioculturales. Si vemos en el patio del colegio a un grupo de niños de tres, cuatro o cinco años, por ejemplo, observaremos que generalmente juegan juntos sin tener en cuenta ni advertir motivos estúpidos y banales para no jugar juntos. Por ejemplo, les da igual que haya dos sexos, que haya algún niño extranjero, que alguno pertenezca a una etnia distinta a la de la mayoría, que su familia profese otra religión, que tenga la piel de determinado color o que hable una lengua distinta. Los niños de esas edades aún no se fijan en cosas tan superficiales ni las consideran razones para condenar a un compañero.
¿Por qué los adultos son tan ciegos y estúpidos? ¿Por qué no se dan cuenta de que esos niños pequeños les aventajan muchísimo en civismo, tolerancia, empatía y valores? Esos pequeños que se están formando, que aún tendrán que asimilar muchos conocimientos y aprendizajes, esos pequeños a menudo menospreciados por su inocencia, poseen por instinto algo que los adultos han perdido a conciencia: un sentido de la justicia y de la igualdad que haría palidecer al juez más avezado.
Si escucháramos con más frecuencia sus vocecitas, si nos pusiéramos a su nivel para aprender de su gran sabiduría instintiva, el mundo en el que vivimos iría mucho mejor.
Después, en algún momento del desarrollo, algo se va torciendo en los espíritus de muchos de esos niños que antes eran puros. Su entorno les domina y ellos caen en las redes de los prejuicios malignos, de las fobias irracionales hacia personas que la sociedad tacha de diferentes al resto. Cuando eso ocurre, es como una vela que se apaga, dejando un relieve de lágrimas de cera que representan el final de la pureza, de la ecuanimidad. Significa que otro niño ha perdido la inmaculada integridad que poseía. Y todo gracias a nosotros, los mayores. Ya hemos realizado nuestra gran obra. Hemos transformado a unas criaturas luminosas en seres aspirantes a la mediocridad.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Julien y Jean aún son luminosos. Todavía se encuentran en una etapa en la que el brillo de sus almas no ha sucumbido a las torpezas adultas. Por más que su ambiente se empeñe en enseñarles lo contrario, ellos sólo comprenden una cosa: que no nos catalogamos en blancos, negros, amarillos, católicos, judíos, budistas-zen, metodistas o cualquier tontería que nos inventemos. Sencillamente nos catalogamos como seres humanos. Y, con este cerebro tan moldeable e infinito que tenemos, podríamos cambiar este mundo si quisiéramos. Nada está determinado definitivamente, nada está concluido jamás, nada es inamovible. La infancia como etapa inconclusa, que ofrece tantas posibilidades, es la prueba viviente de que todo es posible.
¿Por qué no hacemos más caso a nuestro niño interior y nos abrimos a la maravillosa convicción de que siempre puede haber un comienzo, de que siempre se puede volver a empezar, y de que nada está escrito?
Vivoleyendo 
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Marie-Antoinette (María Antonieta) (2006)
Sofia Coppola
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Septiembre de 2007 |
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Tenía catorce años y la vida rebosaba en sus ojos.
Criada en la severa corte de los Habsburgo, la dinastía imperial de Austria, era una niña dulce y espontánea que soñaba los sueños de cualquier niña.
A su alrededor se gestaban alianzas políticas y enrevesados entramados diplomáticos de política exterior hacia los que ella no sentía la menor inclinación.
Sin que nadie le consultara, la prometieron al delfín de Francia y la enviaron para siempre lejos del que había sido su hogar infantil.
La casaron con un muchacho tímido no mucho mayor que ella, y ambos tardarían mucho tiempo en hacer vida matrimonial plena porque eran demasiado jóvenes y no estaban preparados para todo lo que se les había echado encima. Pero la pobre muchacha tuvo que soportar las constantes presiones de su madre desde Austria y de la corte de Versalles, quienes la culpaban a ella por no saber seducir a su marido y por lo tanto no tener la posibilidad de traer un heredero a la corona.
Fue sumergida en una corte decadente, superficial y frívola y tuvo que aprender el arte de moverse entre buitres despellejadores.
Tuvo que aprender a convivir con el ridículo del exagerado, encopetado y exasperante protocolo.
Tan joven como era y rodeada de lujos y diversiones, se dedicó a lo que cualquier joven ansía dedicarse: divertirse.
Ella no era estúpida ni estaba ciega; simplemente, era una chica dulce que había crecido siendo la hija menor de su corte y a la que no habían preparado adecuadamente para asumir la tremenda obligación del gobierno. Ella misma no se creía facultada ni capacitada para ello ni su temperamento alegre, expansivo y sencillo la inclinaban hacia unos asuntos tan serios.
Vendida a un matrimonio concertado como era habitual para consolidar alianzas entre países, arrojada a un ambiente ponzoñoso y libertino que la despreció por su origen austríaco y por sus muestras de espontaneidad, encandilada por el incienso del lujo y de la gula, probablemente (aunque parece que nunca se ha demostrado) seducida por galanes, oprimida por la presión de consumar su matrimonio y tener un hijo varón...
La cámara se recrea admirablemente en las expresiones de su rostro, transmitiendo con honda emotividad la tristeza que a menudo la invadía, la sensación de vacío que a veces la inundaba; bajo su contenida apariencia de afabilidad, la imagen nos hace partícipes de sus ganas de gritar, de huir, de dejarlo todo y regresar a su infancia añorada y perdida. Somos testigos de su sensación de vergüenza y ridículo al tener que mostrarse continuamente como un mono de feria ante toda la corte.
Pero ella, siempre alegre y optimista, no tarda en aturdir tantas decepciones y penas organizando fiestas, reuniones y juegos, sacando a la luz sus ganas de disfrutar sin reparos.
Sigo en el spoiler.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Ella advierte la armoniosa belleza de un amanecer sobre los campos y el estanque de Versalles; ella capta la hermosura de la hierba, de las flores, la delicadeza de unas prendas de vestir exquisitas que realzan su atractivo, el placer de saborear la buena comida, de sentirse deseada por otros hombres... Su mirada se pierde con frecuencia, lánguida e inalcanzable, arrastrando con ella toda la melancolía, tal vez el dolor de ser "La austríaca" nunca plenamente aceptada, el vacío de una vida que se consume en días de aturdimiento y frivolidad para no tener que pensar demasiado, para no ver lo frágil de su posición, la falta de un amor auténtico excepto el de sus hijos y con el tiempo el de su marido.
María Antonieta no conoció otra clase de vida, no se le dio la oportunidad de desarrollar otras facultades, fue drogada y engatusada por el peligroso opio de Versalles. Mientras ella trataba de disfrutar lo máximo posible, las calumnias y los rumores circulaban y comenzaban a crear el cerco del odio popular que se iría cerrando poco a poco en torno a su frágil y dulce persona.
Pienso que sus mayores errores fueron los de querer apurar la vida que se le ofreció, y siendo reina en tiempos de ebullición e inminente revolución eso constituía un terrible error. Pero, ¿acaso su entorno la incitaba a actuar de otra manera? ¿Hasta dónde llegaba su culpa?
La banda sonora es espectacular, con unos marcados cambios de registros que van de lo clásico a lo actual que sin embargo no desentonan y que ofrecen el tono perfecto para cada escena.
En definitiva, una historia intimista centrada casi por completo en la joven María Antonieta, con una cámara acariciadora y envolvente que la sigue y graba hasta su mínimo gesto, sus anhelos, sus gustos, sus placeres, sus penas, su resignación y su entereza.
Porque ésta no es la historia de una reina. Es la historia de una jovencita que tuvo que convertirse en mujer demasiado pronto, que fue arrojada a los lobos corruptos y que supo conservar la suficiente dignidad y entereza para aceptar su devenir con la cabeza alta.
Vivoleyendo 
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