Vittorio De Seta ya había ganado un premio en Cannes con “Isole di fuoco” en 1954 por un corto documental. “Bandidos de Orgosolo” también lo parece: actores no profesionales de carne y hueso en una excelente combinación de tono documental con thriller rural (incluso historia de amor entre líneas) y drama psicológico con decorados naturales amenazantes. Neorrealismo combinado con los hallazgos de Robert Flaherty.
El thriller se suele basar en un elemento común: estar en lugar y momentos equivocados o ser testigo de algo que te puede costar la vida. Vittorio De Seta dirige la película en su primera vertiente: un pastor que ha conseguido lo que no pudo su fallecido padre ve como todo se arruina porque unos bandidos ocupan su refugio al estar uno de ellos malherido. La policía llega y el pastor calla por miedo (los bandidos están muy cerca vigilándolo) y ocurre lo que tiene que ocurrir: el pastor huye y un policía muere. El responsable de todo: el fugitivo.
Ni la ayuda familiar y la de su hermano hacen asomar un atisbo de sol entre los negros nubarrones. Todo se convierte en un filme de lucha por la supervivencia: las ovejas tienen que llegar vivas y huir ambos hasta que todo se arregle, pero todo se empeora…
spoiler:
Por la deuda al pastor le van a arrebatar la casa, las ovejas han muerto porque no aguantaron el tremiendo viaje a las llanuras. Nadie les quiso brindar ayuda. Otro pastor les niega el agua. Finalmente el pastor pide un arma. En ese momento lo que dictamina el genero es que el pastor vaya a por los bandidos que le amargaron la vida y sea resolutiva moralmente, pero De Seta prefiere una resolución psicología. Si el bueno sufre y el malo sale victorioso. Entonces, habrá que ser malo para sobrevivir… así que roba las ovejas a otro pobre pastor (el que le negó el agua) que le maldice por haberle arruinado la vida… Gran final buñueliano.