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Críticas de: Macarrones
Macarrones |
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(Burgos, España)
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| 1293 | Películas valoradas |
| 168 | Críticas |
| 2 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,2
(ver sus estadísticas)
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Pequeña Miss Sunshine (2006)
Jonathan Dayton, Valerie Faris
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| 10 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Marzo de 2007 |
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Sencilla, bonita, entretenida, encantadora, bien rodada, bien interpretada. Esta modesta película es un ejemplo de cine hecho con talento, pocos medios, naturalidad y humor. Si la hubiera visto en un autobús o en un tren habría sido inmensamente feliz: salir de casa, coger el metro e ir a un cine para verla ex profeso me parece un poco excesivo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Propuesta para un remake europeo:
Atendiendo a su parecido físico, emocional o intelectual (o todo junto), propongo el siguiente reparto para la versión europea de la película:
La madre: Soledad Puértolas
El padre: José Luis Rodríguez Zapatero
El abuelo: Luis María Anson (adiestrado por Coto Matamoros)
El tío experto en Proust: Nanni Moretti (ídem por Servadac)
El hermano: Macarrones
La niña: Esperanza Aguirre
El presentador de la gala de las misses: José Luis Moreno
Director: Luis G. Berlanga
Macarrones 
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Las mujeres de verdad tienen curvas (2002)
Patricia Cardoso
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| 10 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Febrero de 2007 |
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Bienintencionada película de sentimientos, espíritu de sacrificio y de superación que muestra el contraste entre la patriarcal, obesa y retrógrada sociedad mexicana (representada por una familia de chicanos) y la norteamericana, tierra de las oportunidades, donde no importa el tamaño de cadera o de sujetador que gastas sino tu talento. Aquí uno descubre que puede entrar en la Universidad de Columbia haciendo un trabajucho de cuatro folios por las noches y encima llama el decano para felicitar a tu tutor del instituto (ja, ja, ja). La película es una especie de telenovela social (interpretaciones desaforadas, tópicos a granel) y yo creo que desconoce la realidad de la que habla o bien, lo que es peor, no sabe plasmarla (las relaciones académicas, laborales o personales que aquí se muestran son todas inverosímiles). Para mayor desgracia, en España han doblado a los personajes con acento de anuncio de colonia y el resultado es ridículo de principio a fin, con esas voces afectadas y tan poco naturales en boca de unos chicanos: toda la verosimilitud de la película se pierde y al espectador sólo le queda fijarse en los defectos de la película, que son muchos.
Macarrones 
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Love Actually (2003)
Richard Curtis
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| 10 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Septiembre de 2006 |
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Ni comedia romántica ni nada por el estilo, si hubiera que clasificar esta película dentro de algún género, debería ser en el de cine navideño, con todos los defectos que esto implica salvo uno: aquí nadie cree en Papa Noel y afortunadamente no hay milagros de última hora, aunque todo termine con el buen rollito propio de estas entrañables fiestas (esto se intuye desde el primer fotograma, así que no reviento nada). La ausencia de apariciones celestiales no quiere decir que sea una película realista: muy al contrario, sus personajes no son en absoluto reales, sus vidas no se parecen en nada a la suya -la suya de usted, amado lector- o a la mía, el mundo que nos muestra este film -aunque se ambiente en el Londres actual- está fuera del tiempo y del espacio, sólo existe en el cine: maravilla que alguien prefiera inspirarse en los telefilmes antes que en la propia vida para crear su obra. Pero es así, qué le vamos a hacer: las relaciones humanas, laborales, sociales, políticas, familiares y de todo tipo que se presentan en Love actually son disparatadas (además, en el sentido más soso que se le pueda aplicar a la palabra "disparate", sin siquiera la gracia de lo extravagante o lo absurdo). Quizá la película hubiera tenido un poco más de pimienta si la hubieran ambientado en Semana Santa, pero la melaza navideña cayó sobre el guión y los actores y lo pringó todo. Me imagino al guionista tecleando a la vez que comía mazapanes a dos carrillos y bebía bebidas espiritosas que le llenaban el cerebro de burbujitas. La película es así: tiene alguna burbuja graciosa, pero todo sucumbe ante la ñoñería, la dulzonería y el regusto a peladilla del resultado final.
En fin, flojita.
Macarrones 
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La delgada línea roja (1998)
Terrence Malick
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| 8 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Enero de 2007 |
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Se podría decir que en "La delgada línea roja" en realidad hay dos delgadísimas líneas; por una parte estaría aquélla a la que hace alusión el título y que no es otra que el límite simbólico y quebradizo que, según Kipling, separa en nuestra mente la lucidez de la cordura. La otra línea roja, también simbólica y no menos frágil, es la que divide en esta película la pedantería más empalagosa de la belleza y la emoción más intensas, de modo que en realidad estamos ante dos filmes: uno de ellos muy mediocre y otro maravilloso. Así, si juzgamos sus virtudes, "La delgada línea roja" es una extraordinaria y bellísima película bélica con un demoledor mensaje antimilitarista (como todas, vaya). Pero si atendemos a sus defectos, se trata de una especie de cursillo de iniciación al budismo, con olor a pachulí y con ese tono de conferencia de un yogui en un herbolario, de una pedantería y superficialidad notables. Con la excusa de la guerra, y como contraste a su barbarie, se nos presenta una serie de reflexiones e imágenes esteticistas no siempre afortunadas que a menudo son verdaderas bombas de cursilería que estallan al paso del fotograma (y no hay más que ver cómo empieza la cosa, con los baños de unos soldados desertores con los edénicos salvajes de una isla del Pacífico, como si aquello fuera un reportaje de Walt Disney).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Las virtudes de la película están más en los sentimientos que en las ideas y, en general, gana cuando los personajes no piensan, no recuerdan y no hablan, y así las emociones que los soldados renuncian a expresar con palabras están maravillosamente reflejadas (el miedo en la batalla, el compañerismo, el paroxismo del ataque y la lucha, la alegría tras la supervivencia). También resultan muy potentes algunas de las imágenes donde, al modo de "La balada del Narayama" de Imamura, las acciones humanas tienen un eco en la naturaleza que sirve para subrayar la fragilidad de los hombres y lo absurdo de su crueldad. En fin, para espectadores pacifistas, con corazoncito y buenas tragaderas (como este que firma y se despide).
Macarrones 
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El gran silencio (2005)
Philip Gröning
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| 7 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Diciembre de 2006 |
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El típico cuñado pesado que se ha comprado una cámara digital se extravía en la comunión del sobrino y se queda un año en una cartuja, espiando a los monjes con su tomavistas y tomando planos (que él considera muy poéticos) de la lluvia, la nieve, los arbolitos y a veces de los rostros de los monjes. Este es el resumen que puedo hacer de esta película (lo del cuñado es para explicar la perspectiva que toma el señor Gröning respecto a lo que rueda). Al principio parece que quiere rodar una versión casera y sin crímenes de "El nombre de la rosa", con su monasterio en las montañas, su ciego, sus monjes calvitos y barbados, pero todo se queda en un ¿documental? (por dar algún nombre a lo que en realidad es un amontonamiento informe de imágenes inconexas y desvertebradas sobre la vida de clausura). Como documento de la vida monástica es bastante pobre, lioso y muy superficial. Si este fuera el único testimonio del que dispusieran los historiadores del futuro dirían que los monjes eran personas muy raras que se pasan el día haciendo cosas absurdas, pendientes del reloj y de los campanazos, van corriendo a todas partes -además todos renquean-, se dedican al bricolaje sin mucho esmero, a encender y apagar luces como niños, lo tienen todo manga por hombro, poca afición a la higiene y se aburren bastante. La cámara siempre se queda en el exterior de la cabeza y el corazón de los cartujos, su mirada es completamente ajena. No entiendo muy bien qué pretendía el director: huye de lo psicológico, de lo narrativo, de lo informativo... yo diría que su único interés es el paisajístico. En realidad no le interesa la vida espiritual o contemplativa, sino el paso de las estaciones: le atrae más el clima que la liturgia.
El estilo de la película es muy variado, dentro de su aire amateur y chapucero. A veces las imágenes parecen de "El proyecto de la bruja de Blair", otras tienen la calidad de las de la llegada del hombre a la luna y las más parecen cualquier secuela del Dogma danés (sin desnudos ni escenitas sexuales, por desgracia).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: "El gran silencio" se titula esto: bueno, lo del silencio es relativo. Las salas del cine Renoir-Princesa de Madrid (donde yo vi la película) están mal insonorizadas, con lo que se escucha todo el tiempo la banda sonora de la película de al lado. Es falso también que no haya diálogos: hombre, no es precisamente una película de Woody Allen, pero tampoco están callados estos cartujos (para lo que dicen, mejor que no abrieran la boca, porque sus charlas son de sonrojo, tanta meditación para eso). En la cartuja esta, además, todo cruje, chirría, retumba y hace ruido: urge comprar a estos monjes un poco de aceite para engrasar las puertas y las ruedas de los carritos.
Me hizo gracia comprobar que uno se va a la cartuja a apartarse del mundo y resulta que (al menos el prior) acaba con la mesa llena de facturas, como un ejecutivo cualquiera (seguro que es un tiburón de las finanzas y especula con la producción del chartreuse como la OPEP con el petróleo). Por otra parte, san Bruno les dice que beban de los manantiales y luego compran agua mineral embotellada (por no hablar de las frutas con pegatinas, a ver de dónde salen: esta comunidad me parece muy poco autárquica, la verdad).
En mi sesión el público (compuesto en buena medida por monjas, curas y filoclericales) se echó grandes siestas. A mí, pese a todo lo dicho, me gustó la película: no deja de ser una rareza muy valiente, alejada de lo que normalmente se estrena en las pantallas, que nos habla de una realidad muy interesante y oculta. Pero no creo que sea una gran película, ni mucho menos. Aunque a alguno le pueda extrañar esta clasificación, para mí esto es un ejemplo de cine ligero y de verdadero entretenimiento (las películas del agente 007 en cualquiera de sus encarnaciones son infinitamente más complejas y aburridas).
Macarrones 
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