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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana Sevilla - España 
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El viento que agita la cebada (2006)
Ken Loach
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Septiembre de 2008 |
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Siempre que me dispongo a ver una película de Ken Loach, me imagino un profesor, muy rojillo y simpaticote él, dando una clase de historia y su estrategia se trata de convencernos a todos de que tomemos parte en los hechos empíricos, en que juzguemos a unos personajes sin tener en cuenta el momento histórico en que ocurrieron esos actos y el estilo de vida de la época. Te machaca la cabeza, te señala con el dedo y hace que te cuestiones si realmente eres buena persona si no apoyas sus mismas causas, y poco menos que te faltará al respeto si no cumples con lo que él desea. Lo curioso es que el cineasta británico no es ni más ni menos que el mayor maniqueo del cine actual, camuflando de manera descarada sus ideas pretendidamente revolucionarias y buscando la objetividad y el verismo desde la subjetividad más extrema, y es por ello que El viento que agita la cebada termina convirtiéndose en un panfleto algo ridículo por lo plano de su entramado y por la escasa intención de humanizar a las dos partes de un conflicto armado, amén de por la frialdad con la que Loach narra unos hechos que, partiendo de una base bastante dramática, como es el conflicto político de un país y las luchas entre amigos o hermanos, como aquí sucede, y que contentará a todos aquellos incapaces de ver más allá de sus narices y de entender la complejidad de un acontecimiento que se remonta a casi 800 años en el pasado, y que el impúdico director convierte aquí en un tratado de partidismo insultante que finaliza alejándose de la cuestión nacionalista de Irlanda para centrarse en el topicazo de su rancio cine social, donde los malvados opresores son ricos terratenientes que apoyan a los ingleses y los buenazos de la película son los pobres irlandeses de clase baja quienes superarán todos los problemas para llevar a cabo su revolución y triunfar sobre el mal, y que no es ni más ni menos que la versión proletaria del Michael Collins hollywoodiense que hace unos años realizó el siempre interesante Neil Jordan.
Dentro de ese pretendido historicismo que busca Loach dentro de la historia, comete dos errores bien grandes: si quiere ser histórica y verista debería dar una visión más general de algunos hechos, ya que pasa por alto bastantes elementos importantes del conflicto, como la presencia de Michael Collins o De Valera, su firma del tratado o su virulenta lucha una vez que se escinde Irlanda en dos mitades; y la excesiva distancia que impregna en el relato, imposibilitando que se establezcan vínculos entre los dos personajes protagonistas y el espectador. El guión, de su colaborador habitual Paul Laverty, está plagado de incoherencias entre los protagonistas, contradicciones, especialmente en el caso Damian O'Donovan, un muy buen Cillian Murphy, personaje capaz de ejecutar a sangre fría a un compatriota pero luego acusar de asesinos e injustos a los protratado por hacer exactamente lo mismo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Hay alguna escena que no aporta nada, aquella en la que Damian le cuenta a Sinead su encuentro con la madre del joven ajusticiado, y que habría conseguido un mayor resultado siendo narrada visualmente y no con las palabras del protagonista, pero imagino que a Loach no le gustaría cargar de semejante responsabilidad a su culto y refinado héroe, personaje del que realmente nunca llegamos a entender su completa evolución, ya que en apenas un par de escenas vemos cómo pasa de ser un zopenco neutral y bastante cobarde, por llamarlo de algún modo, a ser el extremo del patriotismo más idealizado, dejando a Collins, el padre de la patria irlandesa, a la altura del betún. Y es que esa es otra cuestión. Resulta estridente el hecho de que los revolucionarios verdaderos, aquellos que llevan razón, estén guiados por un personaje con estudios, ya que, en cierto modo, ningún paleto será capaz de darse cuenta de las injusticias que cometen los ingleses para con los irlandés, y no se corrompan como el malvado Teddy, mezcla entre Judas y Caín, con el que se ceba Loach para demostrar su férrea doctrina y demostrar cuánto se equivocaba con su hermano pequeño, el intelectual de la familia.
El recurso de colocar como protagonistas a dos hermanos, es bastante previsible, y su semejanza con la guerra civil irlandesa y la visión cainita de Paddy O'Donovan es muy pobre. Podría llegar a tener entereza si sus ideas y su mensaje no fueran tan diáfanos y no demonizase a británicos e irlandeses protratado hasta la extenuación, pero a la hora de dividir la historia en dos partes, la jugada le sale mal. Destrozando por completo el marco histórico, el retrato que realiza de los ingleses es, ni más ni menos, que el que se realizaba en los años 40 en Hollywood sobre los nazis, y, de hecho, esta cinta tiene mucho en común con la, por otra parte, portentosa Los verdugos también mueren. Cierto que en el clásico del director austriaco había didactismo, y un claro buenos y malos, con ese intelectualismo propio de Brecht que la hacía algo fría y difícil de asimilar por el espectador que tanto le gusta a Loach, pero carente de la fuerza de la otra, y, sobre todo, del debate moral que se le presentaba a Brian Donlevy, entre realizar lo correcto o claudicar contra los nazis, mientras que Damian es un héroe en el sentido más homérico de la palabra. Y es que el inglés delimina cualquier intentona de reflexión por parte del espectador y le hace tragar con su mensaje, resultando realmente peligroso el hecho de que justifique, de manera bastante explícita, el uso de la violencia. Había más ideas interesantes, como la deshumanización que provoca la guerra en las personas, o la imposibilidad de mezclar leyes y conflicto bélico, pero eso ya no interesa en el punto en que termina convertida la película, una parodia para gente de extrema izquierda que vea aquí el clásico canto mitificado con el que vean respaldado su ideario político.
Tony Montana 
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La joven del agua (2006)
M. Night Shyamalan
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Julio de 2008 |
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Cuando somos pequeños todos nos creemos que un lobo pueda tragarse a una abuela sin masticarla y hacerse pasar por ella hasta que la descubren y la salvan de una pieza. Hoy en día, el espectador no puede ser inocente, se ha perdido esa capacidad innata de creer en la inverosimilitud que todos tenemos, y desde pequeños se nos inculca la búsqueda del raciocinio de cosas altamente improbables salidas de la cabeza de los Esopo o Grimm de turno, y se nos corrompe para impedir que los pequeños tengan una infancia que sea eso, infancia. En dichas fábulas, que contenían un fondo moral la mayor parte de las veces que solía ser bueno para el niño, incapaz de ver a esa edad la suciedad que según muchos hay en ellas, no había reglas físicas, ni naturales, ni ideológicas, eran simples vehículos que hacían que los niños adquirieran unos valores educativos sin que para ello tuvieran que ser educados en algo aburrido e impropio de esa edad, en la que uno está pensando más en fantasías y en cosas mágicas sin necesidad de buscarles porqués, ya que un adulto jamás podrá pensar como un niño, y viceversa, ya que los peques jamás verán homosexualidad en Tinky Winky o Epi y Blas, pudiendo ver a Espinete caminar desnudo sin ver nada sucio en ello del mismo modo que pueden entender que una rana esté enamorada de una cerda sin ninguna convención social que les obligue a ser cerdo+cerdo o rana +rana. Aquí, Shyamalan busca recuperar esa sensación, para muchos ya perdida, de las historias que leíamos antes de irnos a dormir en los que no nos preocupábamos en si tenían un fondo político o en si tenían unas enseñanzas poco adecuadas, ni tampoco si hay fallos de guión o si las cosas ocurren por lógica de una manera normal y a gusto de los que ya han perdido la capacidad de soñar.
Y es que Shyamalan es un niño pequeño en el cuerpo de un adulto que, haciendo suya eso de que para Orson Welles el cine era un gran tren de juguete, utiliza el cine como medio para crear fábulas, jugando con historias, texturas, sonido, hasta crear una sinfonía de elementos que provocan que sus películas, mejores o peores, sean una experiencia casi extrasensorial, convirtiéndole en un titiritero que engaña al espectador con sus marionetas, un hombre que es puro espectáculo y que logra congregar a muchas personas a su alrededor en torno al que se oyen multitud de historias que, no por no ser verdad van a dejar de ser menos reales.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Y es que en La joven del agua no hay que buscar explicaciones coherentes a lo que se ve, es una historia simple a más no poder, de un interés netamente narrativo con personajes formados de estereotipos sacados del cuento más clásico, y con un guión al que, si realmente se le quieren buscar fallos, se le encuentran, pero que, como niños, podemos acatar cualquier cosa que veamos y quitarnos el velo del prejuicio adulto hasta, en una maniobra de retroceso vital, convertirnos en niños ante las hojas de un libro de cuentos. Desde el mismo momento en que una ninfa aparece y ninguno de los personajes se cuestiona que realmente no sea más que una chiflada con un buen par de piernas y pelirroja, Shyamalan nos está avisando que cualquier intento por parte del espectador de verle lógica alguna a cosas tan aparentemente ridículas como las que suceden. Como la mujer coreana le dice a Giamatti para contarle toda la historia, este debe ser un niño inocente de nuevo, debe ser capaz de creer en un imaginario icónico que sólo se encuentra en las leyendas, para así alcanzar la mayor comprensión de todo cuanto le acontece y saber extraer las lecciones y adaptarlas a su propia vida y así completar ese ejercicio de superación moral que es lo que centra su verdadera historia, y lo que representa para él el personaje de Story para él, la lucha contra el pasado y el descubrimiento de que todos tenemos una utilidad dentro del mundo, sólo hay que saber buscarla.
A lo largo de su cine, la función principal de los niños es la de hallar soluciones a los problemas que los adultos no pueden ver, y los niños son la respuesta para las grandes dudas que plantea el director en su obra, como en El sexto sentido, donde un niño que era el único que podía ver a los muertos, así como el descuido de la pequeña hija de Mel Gibson, del mismo modo que en El Bosque era Ivy, una joven ciega, la única que, al no haber contemplado nunca el mundo, tiene el valor de recorrer ese bosque maldito. Es lo mismo que encontramos en esta obra, donde, tras muchos errores en su crítica poco encubierta al racionalismo con que analiza fríamente la situación el prepotente y amargado crítico, es el niño el que, no sin cierta rutina de aprendizaje y asumir errores, da con la tecla y es el único capaz de salvar a Story y hacer que el personaje de Paul Giamatti encuentre su sitio en la constante evolución y maduración de sus personajes para poder afrontar la toma de decisiones por duras que estas sean. Destaca también el grupo. Con un concepto bastante fordiano de la comunidad, Shyamalan nos habla del vínculo que se establece entre todos los miembros sin los que es imposible entender las acciones de un único individuo, puesto que no somos más que el resultado de todo aquello que hemos aprendido durante nuestra infancia, y haciendo obligatorio que todos remen en la misma dirección o el barco se va a quedar parado donde está.
Tony Montana 
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El divorcio de la señorita X (1938)
Tim Whelan
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Junio de 2006 |
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El divorcio de Lady X me ha sorprendido gratamente. Es una película que recuerda inevitablemente a las screwball comedies americanas. La película es muy ligera. No pretende hacer otra cosa que no sea entretener. Para ello cuenta con un guión que utiliza el enredo, la confusión y diálogos ingeniosos con doble sentido para provocar la carcajada, y todo ello en un ambiente de glamour propio de la mejor comedia romántica americana. Sin ser ningún prodigio en cuanto a guión y dirección, al menos entretiene de forma constante debido a la rapidez con que se desarrolla y que no da un momento de tregua.
Seguramente sería una comedia romántica al uso si no fuera porque tiene al frente a uno de los más grandes. Olivier está inmenso. Su personaje recuerda al David de La fiera de mi niña, se ve inmerso en una situación en la que no puede controlar nada, en manos de una mujer que le controla en todo momento. Él solo ayuda a levantar la cinta, siendo clave en el buen funcionamiento de la mayoría de los gags, y que sin duda está a la altura del mejor Cary Grant, maestro de comedias. Merle Oberon, la chica blandita con nombre de leñador de Massachussets también está bien, aunque al igual que el resto del reparto, no tiene nada que hacer ante el magnetismo que irradia Olivier, que se come él solo la película. La película retrata también a la alta sociedad inglesa, esa de los lord y las ladys, a la que estamos tan acostumbrados, la nobleza con todos sus tópicos, vistos siempre desde una vertiente paródica, y cómo en cada situación diferente, siempre se las ingenian para montar un lío entre los protagonistas.
Un aspecto que me ha chocado ha sido el uso del color. Se nota mucho que en el 38 no lo controlaban aún, porque en algunos momentos parecía que Olivier tuviera los labios pintados, y la señorita Oberon parecía más pálida que de costumbre, aunque quizás a ello también ayuda que la fotografía a veces sea excesivamente luminosa...
Bastante recomendable y entretenida siempre que uno esté acostumbrado al género de la buena comedia que no utiliza chistes zafios y cutres para provocar la risa.
Tony Montana 
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Hostel (2005)
Eli Roth
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| 7 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Marzo de 2006 |
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Pues eso, como reza el título que he puesto, esta película es pura basura, violencia gratuita. Si fuera menos absurda serviría para pasar el rato, pero es que es patética. Se nota mucho quién llevo las riendas de la producción, quién permitió todo este abuso, este exceso de todo menos de calidad. Tarantino cada día da más pena la verdad, si sigue así va a acabar como un cineasta olvidado, ya que no acierta ni como productor.
Tony Montana 
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El diario de los muertos de George A. Romero (2007)
George A. Romero
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| 6 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
28 de Julio de 2008 |
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George A. Romero es un cineasta que siempre ha intentado atentar contra la moral algo aborregada y políticamente correcta del tiempo en que le ha tocado vivir. Alejado de ello, bastante, se encuentra El diario de los muertos, su última incursión en el género zombie de un cineasta que será recordado, casi y exclusivamente, por ser su inventor y explotador principal. Sabedor de la escasez de ideas que ronda el género, donde, últimamente, solo destacan el remake de Amanecer de los muertos y la saga de 28 días/semanas después, y donde ha fracasado ese revoltijo de tópicos que es la saga de Resident Evil, irrespetuosa adaptación de un homenaje a Romero dentro del videojuego, ha querido reinventarse a si mismo y renovar la forma en que cuenta lo mismo que lleva narrando desde hace 40 años para acercarse más a un público que difícilmente tolera una buena idea. Pero, más allá de ese intento de incorporarse a los nuevos tiempos, la película se queda en agua de nadie al ser un ejercicio diletante y bastante reiterativo acerca de los medios de comunicación, carente de una motivación que no sea la crítica más aparente y donde no existe un hilo narrativo que seguir y que hubiera facilitado bastante la construcción de un guión deficiente por momentos, sacando a la luz la falta de talento del Romero que pretende ponerse auteur, alejándose de la imagen que le ha reportado respeto y fama, el buen y competente artesano.
El intento verista arranca como hacía El proyecto de la bruja de Blair. Romero presenta a los personajes intentando crear una complicidad con el espectador que nunca se llega a conseguir del todo, tratando de eliminar la barrera que separa mito de realidad formada por la pantalla de cine y hacer partícipe al espectador de ese terror en ocasiones metafísico y divagante que no es tal, y donde Romero nunca alcanza sus objetivos. Aquí arranca con una especie de autohomenaje a si mismo mientras rodaba la primera entrega de su saga de zombies en 1968, y su justificación acerca del, según muchos, estilo desfasado de sus zombies en comparación al a creación que hiciera Danny Boyle y que luego siguiera Zack Snyder, seres ultraviolentos de portentosas condiciones físicas alejadas de cualquier realismo anatómico. Así de sencillo y directo, y defendiendo el imaginario del cine de terror la creación de suspense mediante los clichés ya clásicos de la chica corriendo perseguida por un monstruo que, mucho más lento, porque si no se partiría los tobillos una vez muerto, terminará alcanzando a la chica. Es el modo del director de decir: mis zombies son lentos porque actúan en masa, y es entonces cuando crean peligro, en una idea bastante política que siempre utiliza en todo su cine, y que aquí toma una dimensión casi bufonesca debido a la casualidad con que todo sucede, prueba de un guión bastante pobre en el que apenas hay criterio narrativo alguno.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El cáncer de la obra radica en el intento de ser veraz y de captar cualquier cosa por aparentemente poco importante que sea. Ese concepto de captar la cotidianeidad y la imprevisibilidad de la historia, algo que retrató de forma magnífica Robet Kirkman en su brillante cómic Los muertos vivientes, hace que al final todo se venga abajo, debido a que, en la búsqueda de frescura y realismo 100% se pierde dramatismo ya que no se trazan unas líneas maestras sobre las que estructurar todo. Una frase que dice uno de los protagonistas, pretendidamente profunda, resume eso: "nuestra vida siempre es previsible, y, sin embargo, ahora no sabemos que sucederá en un momento". Romero ha tenido en sus manos una tecnología que no ha sabido manejar y que no llega a buen puerto en ningún momento, dando la sensación constante de frialdad y falso documental que hacen sencillamente imposible entroncar con los sentimientos del espectador. Sin embargo, a pesar de buscar la sorpresa, la cinta acaba decayendo por un esquematismo constante en el que se sigue una serie de pautas repetitivas que van dando lugar a situaciones calcadas una de las otras, y donde no se diferencia nada de nada, con una columna vertebral formada por viaje + llegada a un sitio + zombies + viaje + llegada a un sitio + zombies que no ofrece sorpresa ni emoción algunas.
Podemos considerar El diario de los muertos como el canto de cisne romeriano, el resumen de toda su obra en la que ha pretendido abarcar más que con ninguna otra de sus entregas de zombies, o con su dilatada y mediocre filmografía alejada de los muertos antropófagos, y su intención analítica y crítica se le ha ido de las manos, dando la sensación de que lo que antes era sutileza y humor negro ahora se ha convertido en ataques directos que denotan poca o nula inteligencia, haciendo explícito el pensamiento que antes, salvo en contadas ocasiones, permanecía agazapado detrás de una buena historia. Imposible camuflar una idea que no se desconoce, y que se lleva a cabo de una manera cansina, repetitiva y redundante, como esos flashes en el que la protagonista, Deb, habla directamente con el espectador resaltando las ideas que las imágenes ya han mostrado, haciendo que ese subrayado conceptual ahogue las ideas por demasiado reiterativasTampoco ayuda a la historia que los personajes de la cinta sean un conjunto de estereotipos que se mueven por inercia dentro de la historia, donde únicamente se salva el personaje de Tracy, quien se cuestiona su funcionamiento dentro de la historia de terror al comienzo y termina siendo la única que actúa con algo de coherencia. Tema aparte merece, quizás, el personaje más prototípico de la película, el profesor que les acompaña constantemente, presentado como alguien solitario que siempre tiene la frase oportuna en el momento indicado clásico antihéroe solitario que ha vivido más que el resto de protagonistas y pretende demostrarlo a cada cosa que dice.
Tony Montana 
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