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Críticas de: Bloomsday

Bloomsday
(Alicante, España)
3374Películas valoradas
436Críticas
7Listas
Media de sus votaciones: 6,0 (ver sus estadísticas)
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Críticas: 436 Página: 30
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Cabaret (1972)
Notable
Bob Fosse
17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 3 de Junio de 2008
Interesante musical, con multitud de números antológicos, que destaca curiosamente no tanto por las coreografías (que se presuponen) sino por, y creo que es lo que le da el marchamo de película notable, la preocupación por organizar una sutil puesta en escena que sea motor de la película sin reducir el espectáculo únicamente a diálogos cosidos con bailes.

Y en eso hace hincapié el director aunque la parte musical pueda parecer separada del desarrollo dramático. Separación aparente, ya digo, puesto que en el fondo la vinculación es más que obvia (con el MC alertándonos, como un oráculo, sobre las miserias e impulsos de la condición humana y las alarmas históricas que deben afrontar los personajes).

La escena de "Tomorrow belongs to me" es el ejemplo fundamental de narrativa a través de una puesta en escena, y es tan digna de estudio, revisión y admiración como la cerilla de Lawrence de Arabia, el espejo roto de El Apartamento o la introducción de Centauros del desierto. Pero la película no se queda en ese detalle, sino que toda ella está plagada de momentos de esas características (Por ej: definición de las intenciones y la relación del trío protagonista a través de la escena del baile; el final con la esvástica nazi perfectamente perfilada entre un amasijo de rostros deshumanizados, uniformes alienantes y piernas pateadoras de culos...).

La película no habla, no explica, por tanto, sino que se arranca a través de la puesta en escena. En ese sentido es interesante reivindicar a Bob Fosse no sólo como coreógrafo, sino también por su particular mezcolanza de narrativa visual de raíces, incluso, de cine clásico (abundancia de primeros planos realzando las interpretaciones, planificación a partir del espacio y de la ubicación de los personajes...), con una temática, audacia y recursos visuales (montaje histérico y cámara al hombro en breves pero determinantes ocasiones) que le dan una aureola de modernidad aún vigente y le acercan a un cierto cine independiente que entonces, y con Cassavetes a la cabeza, iba tomando cuerpo.

Cassavetes y Fosse. Ya saben; las SS.
Bloomsday
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Cazador blanco, corazón negro (1990)
Buena
Clint Eastwood
17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 11 de Marzo de 2008
Piel gruesa, coriácea, enorme y árida probóscide y marfil de dos metros. Seis toneladas de bicho, seis toneladas de músculo adherido a un barril de costillas y entrañas; un abdomen como cuatro sacos de dormir cosidos con piel; un corazón con ojos de buey en lugar de válvulas, de cadencia de latido pausada, señorial; enormes fuelles intercostales capaces de resoplar un tornado.

Con una licencia se podía conseguir que ese enorme mamífero, ese pedazo de vida pura y salvaje que llena con litros de espuma sanguinolenta el vacío, cayera de costado, se desplomara, mientras la tierra se retuerce en un quejido de infrasonidos.

Huston siempre rodó así, matando elefantes. No es accidental que él adaptara Moby Dick al cine, pero sí es una fascinante casualidad. Se fue al Congo para buscar la casualidad que le permitiera apurar la vida que le había sido concedida. Y, una vez allí, la eventualidad de su afición al whisky probablemente le salvó de caer enfermo de disentería durante el rodaje.

También fue casualidad, que no causalidad, que La reina de África le saliera, después de todo, tan entretenida y encantadora. Pero es que el cine clásico era así muchas veces, y en el caso particular de Huston también. En realidad el cine, con tantos brazos y piernas, tantos egos entrelazados y tanto dinero de por medio, es algo tan complejo de equilibrar y sazonar que no es extraño que las buenas películas salgan un poco por talento y un poco porque sí.

Claro, que si vas a rodar a África para montarte un safari y correrte una cogorza constante con Humphrey Bogart entonces no precisas un azar cualquiera, no, sino una de esas mastodónticas casualidades que también le salvaron el culo a Michael Curtiz.

Y así jugaba al cine Huston, con la ruleta rusa de Raoul Walsh y Howard Hawks, para devorar la vida y dar rienda suelta a la necesidad salvaje de moldear la figura del perdedor que tanto le obsesionaba. Como Errol Flynn, Hemingway y tantos otros, John Huston apuró sus días entre elefantes, boxeo, alcohol, ironía, literatura y cine. Plenamente consciente de que, ya que la muerte es lo único predecible, esto de vivir consiste en cazar casualidades.

Y, si se ponen a tiro, elefantes.
Bloomsday
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La evasión (1960)
Notable
Jacques Becker
17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 19 de Diciembre de 2007
Con la pata metálica de un somier golpean el suelo hasta quebrarlo. Becker no nos escatima ni un golpe, ni uno solo de los sonidos descoordinados, ni uno solo de los escombros que brotan del pavimento queda sin salpicarnos el rostro. Vemos los dedos agarrotados, zarpas moldeadas según la empuñadura del martillo improvisado. Los turnos, el sudor, el polvo. Y después sigue por ahí, por esa senda abierta a golpe de perfecto montaje, plano detalle y narración plena, definitiva y pura.

Cuando el director nos entrega el espectáculo completo de ese primer agujero, cuando nos ofrece la tensión del silencio en forma de golpes y jadeos... Entonces tus ojos, como platos, tratan de aprehender algo de aquello que se proyecta, algo de la compleja y rígida simplicidad de los hechos, los actos y las palabras. De lo neutro. Una película minúscula, pero elevada hasta la cima del máximo aprovechamiento y ajustado control de los propios inconvenientes y limitaciones. También, huelga decirlo, de las propias e infinitas virtudes en forma de miradas, manos, rostros y trabajo.

Y te das cuenta de que nada significa el instante justo, el ademán preciso, el movimiento exacto, el giro breve y conciso. Que nada explican esas palabras aunque las unas, las yuxtapongas o las amases con cemento. Que no son más que preámbulos absurdos, danzas refinadas sin valor explicativo, desvíos que no esquivan lo inexorable.

Que no son sino formas inútiles de expresar aquello que se entiende con sólo pronunciar un nombre.
Bloomsday
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Picnic en Hanging Rock (1975)
Buena
Peter Weir
16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 5 de Enero de 2008
Serpientes, lagartos... reuníos para el banquete. Hoy es San Valentín.

Las niñas ya acarician la enorme roca con forma de rostro.
Sus manos gráciles, como siempre, deambulan y tocan; despiertan.
Sus tobillos ya hacen temblar la piedra,
y el rocío y el liquen lamen los huesos de los dedos de sus pies.

El cuerpo blanco, a ratos sonrosado, florece, se expande y metamorfosea,
mientras un estallido de olor a cabello húmedo invade las pleuras,
y la hierba adquiere tentáculos en lugar de tallo.

Sangre repiqueteando en las sienes de los muchachos,
en sus forúnculos sombríos y en la salvaje ventosa de su sexo.
¿Lo veis vosotros también? ¿No lo notáis?

Hongo cartilaginoso con cabeza de bestia las mira.
Cara picada de viruela y psoriasis en mofletes y cejas,
ojos inyectados en una emulsión de fluidos sin nombre.

Abismo membranoso, individuo lascivo, ladera de montaña;
sigue a las niñas, las atrapa.

La carne seborreica, empedrada, remueve los muslos de las odaliscas, se adhiere a ellas, las ansía...
¡Las reclama como suyas!
¿No lo oléis? ¿Acaso no palpita en vuestro estómago?

Dulce sueño de goce puro; suave desasosiego de delectación.
Aprietan los botines, qué digo aprietan, ¡estorban!, ¡constriñen!
Y maldecimos los trajes victorianos, los cuellos de las camisas, esos corsés y esas medias;
las normas castradoras y las envidiosas e insoportables directoras...
Arpías, viejas zorras remilgadas, putas...

Porque esas niñas excitan la corriente coagulada, abismal;
las entrañas, las vísceras y las glándulas.
Hacen fluir la sangre hirviendo,
la derraman por los racimos de uva que nutren nuestros cuerpos,
por las argollas de rubí del cojín de sus labios.

Se desploma del cielo un ardor sudoroso que les provoca un vértigo narcótico y caliente...
La pierna quiere respirar y la media se desliza,
roza la rodilla de forma invencible al desnudarla.

Los pies intactos, luminosos, lisos e irresistibles guardarán silencio,
sólo las flores podrán contar esta historia eterna.
Darán testimonio de aquello que llega, justo, en el instante preciso.
Como la vida, como la muerte, como la sangre de los besos...

Hoy es San Valentín. Los engranajes cíclicos ya crujen y giran.
Lagartos, serpientes, dragones... Venid a Hanging Rock.
Bloomsday
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La llave del mal (2005)
Interesante
Iain Softley
16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Pasable 7 de Agosto de 2005
No está del todo mal pero el conjunto acaba por ser rutinario y sin gancho.
Una trama y una sorpresa final correctita que, sin ser nada del otro mundo, ven limitado su potencial por una mediocre realización.

Esta realización se encarga de echar por tierra las posibilidades de la historia, incapaz de generar la necesaria atmósfera y desperdiciando el rendimiento que, de una buena descripción del paraje sureño, hubiera podido obtenerse. Trata el director de ser sutil, imprimir cierta pausa y destacar el detalle. Magníficas intenciones que se diluyen ante su escaso talento provocando el bostezo.

Pero el director no es el único culpable, la peli decae en su ritmo también por una explicación de todo lo que rodea a la casa demasiado detallada (exageradas las pistas), con ello se aburre al espectador y se le niega a la cinta cualquier tipo de suspense convirtiéndola en previsible y anodina. El guión, por tanto, es mucho menos sutil de lo que, pretendidamente, es la realización (creo que esta descoordinación es lo que genera el aburrimiento fundamentalmente).
Es cierto que se levanta un poco el vuelo en el clímax final pero decae pronto (yo me aburrí de persecuciones antes de que se desvelara el final sorpresa).

Una lástima ya que había cosas interesantes: las localizaciones (como he dicho Nueva Orleans, la mansión y los pantanos daban para más), una Kate Hudson aceptable y, por supuesto, un momento con todas las papeletas para convertirse en antológico: Gena Rowlands arrastrándose por el suelo con las piernas rotas (“momentazo” como dirían algunos).

Miedo no se pasa pero no es el objeto de la cinta (por ahí no es criticable), el problema es que no genera suspense ni tensión y esto ya es más problemático.

En todo caso es pasable más por comparación (con el cine de terror reciente) que por virtudes propias.
Bloomsday
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