Así da comienzo otra de las obras maestras de HBO, una magnificente serie de tan solo dos temporadas que rozan la perfección cuando no la alcanzan. En la primera, conoceremos los lances de dos legionarios de la decimotercera: el recio Lucio Voleno y el despreocupado Tito Pullo y como sin pretenderlo influyen en el decurso de la formación de los pilares que conformarán la civilización occidental. Además, asistiremos a las intrigas palaciegas de Julio Cesar, Atia, Sirvilia, Bruto, Pompeyo, Marco Antonio, Cicerón, Cleopatra, entre muchos otros, en el arco que dibuja el ascenso y caída del poder de Julio Cesar. La segunda se centra en la pugna entre Marco Antonio y Octavio por el poder de la república tras la muerte del César, además de acompañar a los personajes configurados en la temporada anterior. Si bien la amistad entre Voleno y Pullo es el corazón del relato, el protagonismo se va repartiendo equitativamente entre personajes decisivos cuyas acciones, directa o indirectamente declinan la balanza del destino del imperio romano.
No estamos ante una producción políticamente correcta, sino plagada de sexo, muerte, esclavismo, incesto, y una crueldad desproporcionada para los cánones televisivos de hoy en día, que busca el realismo por encima de vacuas espectacularidades. Un duelo entre enemigos no se solventa con coreografías imposibles, sino con una estocada del más rápido de los dos. Punto. Si otro debe por conveniencias desposarse con quien no ama por razones consideradas superiores, lo hará, aunque sea a costa de su felicidad. Aquí no hay resoluciones edulcoradas ni romanticismos de postín, sino la vida pura y cruda.
Hay quien la acusa de falta de rigor histórico, ya que juega con hechos desconocidos o no constatables, pero yo creo que hay que disfrutarla como lo que es, un drama histórico de alto voltaje, con recreación fidedigna, pero con ciertas licencias, comprensibles como producto de entretenimiento que es. Lo que importa es la magnífica y apasionante recreación de una época convulsa de cambios fundamentales, a través de una de las series más sobresalientes en todos los aspectos que yo haya visto. ¡Así que ya sabéis, a verse Roma o que las siete furias se os lleven al Hades!
14 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
“Balada triste de trompeta” supone el exorcismo personal de los demonios que colonizaron la mente de Álex de la Iglesia, un compendio formal y temático de sus films anteriores y una purga de la cultura popular del tardofranquismo, perpetrada a base de meter en la picadora a “El día de la bestia”, Fofito, Miliki, Tod Browning, Franco, “Muertos de risa”, ETA, “Holocausto Caníbal”, Raphael, “800 balas”, Kojak, el Valle de los Caídos, “La comunidad”, Hitchcock... El resultado de tan ecléctica papilla es un caos reptante, un guiñol excesivo y altamente irregular; a ratos genial y a otros, fallido.
Momentos sublimes de un pulso cinematográfico intachable se conjugan con pasajes de dudosa calidad, secuencias caprichosas que no aportan nada a la trama o directamente entrecortan la tensión de algún que otro clímax (véase el motorista volador al respecto). Los géneros se entrecruzan más o menos afortunadamente una y otra vez para dar forma a un espectáculo circense en todos sus niveles a través de la acción, el gore, el drama, la comedia negra, el romance y el terror; sobre todo el terror como filtro categórico de la memoria histórica de la posguerra.
Es innegable su poderío visual, su valentía automutiladora, aunque no tanto la originalidad de su núcleo. Si bien el espectáculo bizarro y multirreferencial que se desarrolla pueda formalmente epatar los sentidos a golpe de efecto, en el fondo es la sencilla historia del deseo destructivo de dos seres mutilados física y anímicamente, que pugnan por los favores de una trapecista de tendencias masoquistas. O los hijos desmembrados de la derecha y de la izquierda que acometen un pulso a muerte por los restos de un naufragio victimista, llamado país.
Una marcianada esperpéntica que pudo haber sido la obra definitiva del director y se queda en un experimento curioso. Es graciosa y terrible, es sádica y sensible, es grotesca y lúcida en su carga alegórica. Porque yo no he visto el enfrentamiento de dos Españas, yo he visto una sola, una deforme, nihilista, esquizofrénica y que, en la turbación que le produce la imagen que le devuelve el espejo, se devora a sí misma bajo la sonrisa cicatrizada de dos payasos que ya sólo saben llorar sangre por lo perdido en la batalla.
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Series de comedia siempre ha habido, hay y habrá; las audiencias tienden a decantarse por un breve rato por un formato que no exija un nivel de atención exacerbado, en el que poder evadirse a carcajada limpia de su rutina habitual. Por ello la sit-com es uno de los más ajados de las parrillas internacionales. Es una fórmula harto socorrida: reunimos a un grupito carismático durante 20-30 minutos, en cada episodio los ponemos en un par de aprietos, uno principal y otro secundario, con cierto toquecillo sentimentaloide para que el espectador empatice algo con los personajes y se enganche semana tras semana.
Respetando estas premisas básicas, The Big Bang Theory supone toda una revolución en cuanto a la calidad de los guiones, que resultan hilarantes hasta la carcajada, mezclando humor sofisticado con humor burdo muy equilibradamente, de manera que uno no tiene la sensación de haber perdido 20 minutos de su vida, sino de haber presenciado uno de los productos televisivos más inteligentes que se hayan realizado. Guiones milimétricamente sincronizados casi a risa por segundo, con unos personajes excepcionales, en especial el maniático y asocial Sheldon, lo mejor de la función.
Esto no es una reunión de guapitos y carismáticos colegas, sino las chanzas de un grupo de frikis superdotados y el choque entre su cosmovisión (regidos por códigos trekkies, adictos al Warcraft, aviesos coleccionistas de cómics, nula capacidad de seducir al sexo opuesto y demás costumbres poco arraigadas en los machos alfa) y el mundo normalizado. Sheldon y Leonard reciben a una nueva inquilina Penny, briosa zagala del medio oeste norteamericano, camarera aspirante a actriz, y comienzan los líos ya que Leonard quiere algo más que un poco de sal de la vecina. Los ¿infructuosos ? intentos de establecer contacto carnal con ella son el principal motor de la serie, además de las diversas contingencias de los jocosos Rajesh y Howard Wolowitz, las manías de Sheldon, y toda clase de situaciones irrisorias. Recomendable a todo el mundo que guste de diálogos inteligentes, ya que no había tal nivel de ingenio en una comedia televisiva desde la desaparición de Frasier.
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Retrato intermitente del ex ídolo de masas mamporreras Jean Claude Van Damme a través de un lenguaje multigenérico y autorreferencial. Drama, intriga, acción y comedia se entrelazan armónicamente en este fresco basculante entre ficción y realidad, que no busca la complacencia con el actor, sino un retrato de las glorias y miserias de alguien que ha conocido cotas de popularidad universales, para caer en lo más bajo de las estanterías de los videoclubs.
Sus problemas a la hora de mantener algo de aquella fama perdida y encontrar films de su interés, junto a las dificultades económicas y judiciales por la custodia de su hija, chocan con una situación imprevista, pues en el banco belga al que ha ido a proceder con una transacción se está cometiendo un atraco; circunstancia que los asaltantes aprovecharán en su beneficio. El héroe fílmico deberá sobreponerse e intentar mediar con la situación en pro del bienestar de los rehenes usando su raciocinio sin sus habituales coreografías de patadas giratorias.
Momentos a destacar los hay y están bastante conseguidos: la insidiosa taxista a la que JCVD soporta estoicamente, la conversación con el representante sobre la coleta de Steven Seagal, las impagables clases de patadas anti tabaquistas, y sobretodo el afectado monólogo confesional directo a cámara en el que el protagonista se eleva literalmente fuera de decorado, recalcando la carga realista (o no) del relato.
Pero si hay algo que sobresale y sorprende es la estupenda actuación de Van Damme sobre Van Damme en este curioso ejercicio experimental y atípico sobre un mito del cine de acción que se desvela como un simple hombre, humano como el que más y superado por sus circunstancias.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
PD: Un análisis ontológico del corte de coleta de Steven Seagal desde la perspectiva del hemicefalismo heideggeriano en alemán sería mucho más interesante que esta crítica, pero qué le vamos a hacer.
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Parece que en los últimos años son pocos los valientes que se atreven con un género casi extinto como es el western, que parece no embelesar demasiado a la taquilla en plena era digital. Pese a eso, surgen puntualmente ciertos proyectos respetables, como el remake de "El tren de las 3:10" y el caso que aquí nos toca, un ponderado y elegante film a manos del excelente actor y buen director que es Ed Harris. Se nota que el realizador ama el género, pues parece una bienhallada mezcla/homenaje de cine fordiano, aunque de condición humilde y realista; no es ni intenta ser una magna obra de épicos cowboys crepusculares, sino un pequeño y sucinto relato sobre la amistad de dos hombres, Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen), que imponen la ley sin miedo a la muerte, y como esta relación peligra por la promiscua Allison French (Renée Zellwegger), propensa a los machos alfa, además de la amenaza del terrateniente Randall Bragg (Jeremy Irons) y su séquito de bandidos.
Sin ser una maravilla, la película se deja ver gracias al pulso narrativo de Harris, y un buen casting, en el que además de los ya mencionados destacan Ariadna Gil, Timothy Spall y Lance Henriksen; están todos fenomenales a excepción de Renée Zellwegger, que no era la actriz más adecuada para un papel que necesitaba transmitir bastante más sensualidad. No dejo de pensar que la Zellwegger y Ariadna Gil tendrían que haberse intercambiado los roles, pues la catalana sí lo hubiese bordado, pero claro ¿quién es la famosa? La fotografía, la ambientación y el panorámico logran transportarnos con fidelidad a la era del salvaje oeste en este frugal western, del que destacaría ante todo el oficio del binomio Mortensen-Harris, que interpretan excepcionalmente a esa pareja de amigos tan diestros con el revólver pero tan expuestos ante la …. ¿cuál es la palabra que estoy buscando?... ¡influencia! femenina.