8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una pena. Éso es lo máximo que se puede decir para resumir lo que es Harry Potter y el misterio del Príncipe.
Una pena porque el último tercio de la película es extraordinario, brillante, tenso, espectacular, con unos efectos visuales que dejan la boca abierta, y una inusual emoción que hace vibrar incluso a aquellos que ya conocemos lo que va a pasar. Menos mal, porque la tragedia final de la anterior película quedó absolutamente plana. Una pena porque los actores están mejor que nunca, en especial Tom Felton, seberbio, Alan Rickman (que hace maravillas con lo mal que han dejado su papel en esta parte), Michael Gambon, cómodo por primera vez en la piel de Dumbledore, y Evanna Lynch, la única actriz a la que siempre le funciona la vis cómica. Una pena porque el aspecto dramático y tétrico de la historia está muy bien entendido y muy bien llevado, con diálogos directamente extraídos de los libros. En realidad, la película tiene sólo una pega. Pero es tan grande que a mí me impide ponerle una nota más alta.
Y esa pega, señores, es el sentido del humor, absolutamente fallido. Es como si, por querer contrastar la parte oscura de la trama y para no perder espectadores jóvenes y adolescentes, se hubiese querido reforzar el infantilón sentido del humor de la saga. Algunos dirán que es la más divertida de las seis. Y o no lo creo. Lo que a otros les parece divertido, a mi me parece simplemente ridículo, y a veces vergonzoso. En mi opinión se han pasado siete pueblos con los chistes, de los que sólo uno de cada diez tiene gracia, y con los dimes y diretes sentimentales. ¿Y a qué viene esa escena inventada del ataque a la Madriguera? ¿Aporta algo? No. Sólo sirve para confirmar dos cosas: que David Yates hace lo que puede, pero no tiene ni idea de cómo llevar una película como ésta, y que Warner Bros ha perdido definitivamente las riendas de la saga. Miedo da lo que puedan hacer con el séptimo libro, ya estúpidamente partido en dos cintas. Temblemos.
Lo mejor: Los actores, los efectos visuales y todo el tercio final.
Lo peor: El insultante y machacón sentido del humor.
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Toy story, Bichos, Toy Story 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles, Cars, Ratatouille... y ahora también Wall-E.
Si toda esta lista de obras maestras perteneciese a un sólo director, dicho realizador sería sin duda el mejor de la historia. Como pertenece a una única compañía, Pixar, también se puede decir sin miedo a equivocarse que se trata de la mejor de la historia.
Pixar nunca falla. Incluso cuando no le salen las cosas totalmente redondas, como en Los Increíbles, es capaz de servir en bandeja de plata una animación extraordinaria y una aventura no menos fantástica. De DreamWorks no hay ni que hablar, porque cualquier persona con un mínimo conocimiento cinematográfico es capaz de darse cuenta de que sus guiones y su animación están a años luz de los de John Lasseter y compañía. WALL-E (pronúnciese "guaaaaaaliiiiii") es la última muestra de que el arte de Pixar no tiene fin. Recogiendo la herencia de sus socios de Disney, Andrew Stanton y su equipo nos presentan una historia entrañable como la que más, entretenida, emocionante, visualmente impecable, divertida y... casi muda. En los primeros cuarenta minutos de la película, la imagen lo es todo. Los personajes principales se expresan con sus ojos y sus manos, en un prodigio de maestría de Adamson (no me quiero imaginar lo difícil que debe ser escribir un guión en el que el 80% del mismo no hay palabras). Y cuando los humanos finalmente aparecen y hablan, sus escenas son aterradoras. Pensar que lo que vemos quizás sea real algún día pone los pelos de punta. Y es que WALL-E no es una película para niños muy pequeños. Pero para los demás es una experiencia única. Aunque para mi gusto, no la mejor de Pixar (ese lugar lo sigue ocupando Buscando a Nemo)
Lo mejor: Cada vez que aparecen WALL-E y EVE.
Lo peor: La historia, aunque perfectamente hilada, se aturulla demasiado al final. Cuando ya crees que no puede pasar nada más, pasa otra cosa.
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Pese a que Quills no es ninguna obra maestra, cabe reconocerle varias cosas. Primero, el cuidado que se puso en cada detalle de la producción, destacando el excelente vestuario y dirección artística, así como la música de Stephen Warbeck. Segundo, la valentía de tratar un tema tan espinoso como el del marqués de Sade y conseguir hacernos ver que, quizá, había algo más en él que su obsesión por ciertos temas (al fin y al cabo, era un auténtico criminal). Y tercer lugar, la película demuestra cuán importante es hacer gala de un reparto de primera. De Michael Caine ya nada hay que decir a estas alturas. De Geoffrey Rush, tampoco (no obstante, no voy a dejar de decir que lo que hace aquí es absolutamente impresionante, una actuación al alcance de muy pocos). Así pues, voy a repartir los halagos entre Kate Winslet, extraordinaria como siempre (¿acaso no es la mejor actriz de los últimos doce años, junto con Cate Blanchett?) y que tan sólo tenía 25 años, y un magistral Joaquin Phoenix en su año dorado y que resuelve perfectamente el personaje más difícil de la película. Así da gusto.
Lo mejor: Los cuatro actores protagonistas, en especial Rush y Phoenix.
Lo peor: No resulta trascendente para el espectador, quizá porque ya de entrada la historia no es lo más interesante del mundo.
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Reconozco que tuve que esperar al tercer visionado para encontrarle la gracia a Amélie, pero cuando lo hice ya no pude escapar a su encanto. Ni ganas.
Lo maravillosos de esta película es que devuelve al cinéfilo esa sensación de sentirse feliz durante el visionado de la misma. Ya no se hacen películas así, tan emotivas, emocionantes, mágicas y divertidas. Así, el espectador es hecho cómplice de cada paso que da esta peculiar joven parisina a la que personifica magistralmente Audrey Tautou, en su búsqueda de la felicidad de los demás a costa de la suya propia. Mathieu Kassovitz, también extraordinario, complementa perfectamente a la protagonista, y ambos nos regalan una de las historias de amor más bellas de los últimos tiempos.
Para qué decir más. Imprescindible.
Lo mejor: Prácticamente todo.
Lo peor: Que su extrañeza puede hacerte desconectar de la historia durante los primeros quince minutos, más o menos.
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Me ha gustado mucho, pero es una rayada auténtica. Hasta que no he leído las explicaciones que dais del final no me he enterado de nada. De todas maneras, es muy original y tiene algo que me ha encantado. No sé si es su estilo o qué, pero es genial. Jake Gyllenhaal está inmenso como Donnie y en cierto modo todos los demás (Jena Malone, Maggie Gyllenhaal...) son secundarios, pero ¡vaya secundarios!
Por cierto, ¿qué pintaba en todo el personaje de Drew Barrymore?¿Y el de Patrick Swayze?
Lo mejor: Jake Gyllenhaal y la originalidad de la historia
Lo peor: Que Maggie Gyllenhaal no salga más y que todo sea tan confuso.