- "No quisiera nunca tener que ser perseguido por mí." - Dijo desenfadadamente el reputado detective de una aseguradora de Nueva York, CW Briggs, después de explicar su método para adelantarse siempre a los pasos de aquellos a quienes investiga, y recibir los halagos de sus compañeros de trabajo...
Ahí estaban todos; incluso el dueño de la compañía y su nueva "jefa", Betty Ann, una fría y agresiva mujer con la que se llevaba realmente mal. Esa noche era el cumpleaños del detective Biggs, y mientras tanto, todos bebían y disfrutaban del espectáculo que el Rocky´s Bar ofrecía esa noche. De repente, entra en escena un misterioso hipnotizador llamado Voltan Polgar que pide colaboración para poder realzar su número; y adivinen a quienes elige para ello... a Betty Ann le dice que obedecerá a todo lo que él diga una vez pronuncie la palabra Madagascar, y a CW Briggs igualmente pero al escuchar la palabra Constantinopla.
El número de hipnosis termina con éxito, y en el club se divierten como locos viendo la voluntad sumisa de los dos espectadores.
Pero ese dominio de la voluntad no será cortado de raíz cuando debería, con lo que tanto el detective Briggs como Betty Ann Fitzgerald seguirán obedeciendo aún después del show a esas dos "palabras mágicas". Ellos lo ignoran, pero su voluntad está a merced de Voltan Polgar y al servicio de su instrumento hipnótico, el escorpión de jade: circunstancia que les acarreará numerosos problemas con la ley.
Woody Allen nos regala una hora y media llena de entretenimiento con esta comedia homenaje al cine de detectives; aquellos que la vean disfrutarán casi con seguridad con las desventuras y tribulaciones de un pobre detective que termina persiguiéndose a sí mismo.
Ambientada en los años 40, con un reparto aceptable, una banda sonora muy adecuada y unos diálogos dignos del que es uno de los mejores comediantes de la industria norteamericana, La Maldición Del Escorpión De Jade supone una gran opción a la hora de apostar por el entretenimiento, y disfrutar de esa magia del cine que hace que a veces nos abstraigamos de todo lo demás y podamos visitar nuevos pasajes diferentes a los de nuestra vida.
¿Cuánto cuesta dejar a tu pareja?, aunque las cosas no marchen... ¿Y cuánto dejar tu ciudad?, aunque el trabajo esté fuera... ¿Cuánto cuesta romper con todo lo demás por complicado que sea?.
Pues seguramente mucho, pero lo de Jerry Falk en concreto ya es más bien un trauma; él no puede, sinceramente no puede; y como no sabe el por qué, suele ir a un psicoanalista para que lo ayude a encontrar el camino. Jerry es un joven guionista al que aún nadie apenas conoce en el mundillo, "gracias" en parte a un desastroso representante, y en parte por vivir en una ciudad donde el trabajo de escritor más bien escasea. Se siente atrapado en una especie de jaula donde las paredes que lo agobian son su trabajo, su pareja, su representante y su incapacidad para ponerles las cosas claras a todos.
No puede hacerlo... él sigue queriendo a su pareja aunque esté en plena crisis sexual y a veces parezca una histriónica; él quiere a su ciudad aunque no le ofrezca futuro, él sabe que su representante no le da trabajos en condiciones... pero no puede romper con todo eso. Le resulta demasiado complicado.
Es entonces cuando entra en escena David Dobel, otro guionista bastante más mayor que él, pero igualmente desconocido, con el que entabla una interesante amistad. Dobel es una persona culta, neurótica, psicótica incluso; pero tiene sobre todo una cualidad que Jerry admira, su seguridad, su capacidad para hacer lo que quiere. Así que todos los consejos que Dobel le da en cada encuentro calan hondamente en Jerry. Se está empapando de la filosofía de Dobel, así que para bien o para mal su filosofía de vida también cambiará; y con ella todo lo demás.
Es este el argumento de una ligera comedia que nos propone casi dos horas de entretenimiento que por desgracia cae en demasiados altibajos. Y es que, aparte de unos diálogos verdaderamente geniales y frescos, la película ofrece poco más. Pocos giros argumentales, actores discutiblemente buenos, y un buen montón de grandes instantáneas dignas de los fotogramas a los que nos tiene acostumbrados el Neoyorquino.
Se podría decir que Todo lo Demás, son ante todo los diálogos, y que luego está pues eso... todo lo demás.
Un 6 de nota. Disfrútenla.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
- ¿Crees que la física cuántica es la solucióna todo?... quiero decir, desde que sé que espacio y tiempo es lo mismo... es como... si yo le pregunto a alguien qué hora es y me contesta seis kilómetros, ¿eso qué coño significa?.
jajajaja... Chapó. Y como este ejemplo muchos más.
Con la boca abierta he quedado tras ver este peliculón de Allen. La cinta rebosa una lucidez y un ritmo narrativo, encantador, fino, ácido y genial a partes iguales. Pocas comedias he visto que puedan estar a la altura de esta, y sin duda, no es ninguna exageración si la catalogo de las que son "de visión obligada para cualquier amante del cine".
Está llena de frases mordaces y originales, tiene escenas divertidísimas, y la fluidez del guión es simplemente brillante.
La visión que nos ofrece sobre las "relaciones humanas, y lo increíblemente absurdas y complicadas que pueden llegar a ser...", tal y como nos comenta el protagonista de la película; es agridulce, y también neurótica, pero a su vez resulta un muy buen retrato de las cosas que suelen ocurrir entre dos personas que se conocen, conviven juntos y evolucionan entre sí, para bien o para mal.
Créanme si les digo que no se arrepentirán si la ven; así como creo que es un error pensar que hay que ser de los que buscan un humor inteligente para disfrutar de algo como esto.
Sin duda es el Woody Allen más sublime que he visto hasta ahora; y sin duda, seguro que la veré una vez más, y otra, y otra, y otra....
Directamente la pongo entre mis clásicos. Disfrútenla.
Super 8 es una película de esas que se asemeja más a una simple suma de ingredientes básicos que a un producto original y único. Al igual que un desayuno puede tranquilamente consistir en leche caliente y Colacao, la fórmula de esta cinta también resulta evidente una vez vista. Sería algo así como mezclar en la pantalla algo de "Los Goonies" o "Cuenta conmigo" con otras cintas del estilo de "E.T." y "La guerra de los mundos" o "Monstruoso". Es decir, elementos atractivos para los niños combinados con otros llamativos para los adultos, o mejor aún, un combo que atrae fácilmente la atención de adultos aún no muy lejanos a su juventud.
¿Pero qué ocurre?... que quizá ese es su defecto principal, a veces, si los ingredientes no se mezclan con acierto se le queda a uno la sensación de que todo podía haber salido mejor... como cuando se quedan los grumitos en la leche por no haberle dado suficiente coba a la cucharilla. Pues bien, aquí a lo que no le han dado mucho es al cerebro a la hora de escribir (igualito que lo que estoy haciendo yo...). ¿El resultado?, un entretenido producto de buena factura que a pesar de sus bazas deja un regustillo agridulce. Super 8 se disfruta, pero podía habernos dejado un mejor sabor de boca... y encima nos deja con hambre, si no ojo al abruptísimo final...
En fin. Si añoran el cine de aventuras familiar de los 80 no hace falta ni que cojan el Delorean, ni nada por el estilo, tiren de videoclub, desempolven el VHS o lo que les apetezca, y si quieren ver bichos destructores, la verdad es que es más disfrutable "Monstruoso". Aunque si buscáis simplemente una hora y pico de puro entretenimiento tampoco os va a fallar Super 8. Depende un poco de lo exigente que se esté ese día...
Nota: 6,5.
Disfrútenla.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
Escondido en un rincón casi olvidado al final del pasillo, a través del cristal de una ventana que se puede ver iluminada desde una calle silenciosa y casi etérea, desde el último peldaño de una escalera impregnada en humo y humedad, en el extremo de la habitación contigua observando, casi sin hacer ruido, las imágenes que nos devuelven los espejos. Desde cada uno de esos sitios se pueden observar los secretos de cualquiera casi sin riesgo de ser descubiertos, y es allí donde sitúa Wong Kar Wai su cámara para que podamos compartir los pedazos de cotidianeidad de una atestada casa de vecinos del Hong Kong de los años 60.
Porque se ve que en esta cuestión Wong Kar Wai no es tonto, ni mucho menos... él sabe de sobra cómo quiere contarnos su triste capítulo. Desde un segundo plano, desde el anonimato del testigo que ejerce de Voyeur. Y es que todos sabemos de sobra que la pareja que se topa de bruces con la necesidad de amar y sentirse amados a pesar de la negativa constante de una conciencia que da patadas a lo que dicta su corazón necesita, como mínimo intimidad y quietud.
Así que con quietud está contada la historia, podría decirse que casi temiendo al sobresalto; aquí las ganas de amar reprimidas con más o menos éxito fluyen a ritmo de bolero, acariciando el humo de un cigarro, a la luz de un flexo que ilumina una novela en una habitación mínima con paredes de papel estampado... No esperéis otra cosa en esta película, vais a observar un amor candente ahogado en una capa gruesa de frialdad, hermetismo e impotencia. Frialdad, por el freno de la timidez y el mismo miedo al desborde de una pasión prohibida; hermetismo por el miedo a ser vistos y a sucumbir ante su propio amor, por abandonarse a lo que puede ser y no se debe; e impotencia... impotencia por saber de sobra el final de una historia cimentada en el secreto.
Hasta aquí la película es impecable. Pero todas sus virtudes son virtudes de doble filo, porque el montaje sigiloso, las actuaciones contenidas, y el minimalismo expresionista que retiene cada una de las escenas, puede correr el riesgo de no transmitir al espectador ni un ápice de lo que personalmente intuyo que se quería mostrar. En parte, tal ha sido mi caso.
Hace un momento, he leído que el director trabajó sin guión para rodar esta película (cosa que por lo visto suele hacer por norma), la verdad es que no lo he confirmado, pero si es así, ya me explico un poco más lo que he podido ver a lo largo de su metraje. ¿Es eso también una virtud o un defecto?, ¿necesitaba esta historia más palabras o más gestos?... o en el amor a veces hablan más los silencios y las palabras vacías. Que cada uno lo juzgue según su criterio, que a mí solo me queda ya recomendaros esta interesantísima película.
Un 6,5 de nota. Disfrútenla.
PD: Atentos a una banda sonora tan buena como sobreexplotada en manos del Hongkonés, pues su tema central suena a lo largo del film aproximadamente cada 15 minutos. Un abuso en toda regla vaya...