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Críticas de: La Maga
La Maga |
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(Salamanca, España)
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| Media de sus votaciones:
6,2
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Ken Park (2002)
Larry Clark & Ed Lachman
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| 11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Abril de 2007 |
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Uno de los autores más radicales en la actualidad regresa al mundo adolescente, un universo que ya explorara en 1995 con la película de culto Kids, su obra más personal hasta la fecha, a pesar del carácter documental que contenía. Si en aquella ocasión los padres no disponían del permiso necesario para adentrarse en el mundo de sus hijos, ahora Larry Clark va a indagar en las relaciones que mantienen ambos a través de cuatro familias afincadas en una pequeña localidad de California, donde el sexo y la violencia llenan unas horas que se antojan marginales y nihilistas.
Larry Clark dota a Ken Park de una frescura especial. La opción de utilizar actores no profesionales eleva las historias a la condición de espejos de una existencia que busca en el sexo una salida, ya sea como píldora curativa, forma de evasión, método de desahogo o vehículo comunicativo. A esto le añade una profundidad y preocupación por sus personajes que ya había mostrado, pero jamás con tanta comprensión y sutileza. Una dócil senda separa el odio del amor, la crítica a la paternidad, de la oda a los niños de la calle, hijos para Larry Clark: la joven reprimida por la obsesión de su padrastro con la religión y el recuerdo de su fallecida esposa; el adolescente psicópata y aficionado al placer extremo; el joven que se tira a la madre de su novia; o el chico con un padre celoso.
La pena llega cuando el mejor Larry Clark, más loachiano que nunca, traiciona a sus protagonistas, y por añadidura, a sus seguidores. Aparte de algunas deficiencias técnicas más que notables, y varias incoherencias temporales y argumentales - extraño dada su habilidad para el montaje-, el director sucumbe ante el morbo de unas escenas solipsistas que no reciben un posterior desarrollo a la altura de su belleza. Abandona a sus personajes, hipnotizado por la carne, como se abandona a alguien en el altar el día de su boda.
Como ya hicieran Intimidad, La pianista o Romance X, Ken Park reabre el debate de la censura. Uno pensaba que lo había visto todo en una sala de cine, pero está claro que con tipos como Larry Clark cualquier cosa se puede esperar.
Se compadece a todos aquellos que vayan a sufrir de mareos, vómitos y temblores, pero también se defiende la libertad de expresión de uno de los directores más comprometidos con mostrar la verdad, sin tapujos, y la realidad, sin miramientos. Se sugiere a todos los padres e hijos que alguna vez hayan deseado, descubrir, y mostrarse, respectivamente, no desaprovechen la oportunidad de acercarse a conocer un retrato muy fidedigno de la comunicación actual reinante entre muchos de ellos, que, aunque sea triste, nos urge revisarla.
La Maga 
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Kung Fu Sion (Kung Fu Hustle) (2004)
Stephen Chow
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| 11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Enero de 2007 |
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¿Quién dijo que detrás de una buena película siempre hay un mejor guión? Stephen Chow abandona el ritmo habitual de producción made in Hong Kong (7 proyectos de golpe) para demostrar todo lo contrario a cualquier purista o incrédulo que se precie. El reto, conquistar Hollywood, o por lo menos, la expansión de unas fronteras que los distribuidores se obcecan en abrir. Hacía mucho que no me divertía tanto en el cine, y aseguro que no fui el único (lo ideal para ver Kung Fu Sion es ir acompañado de un buen puñado de amigos). Si en Shaolin Soccer, nos tronchamos de risa con los Oliver y Benji de carne y hueso, en esta ocasión, Chow coproduce, dirige y protagoniza su cabriola más surrealista, tanto delante como detrás de la cámara.
Olvídense de los gags obvios, estúpidos y gruesos. Que la acción flojea y el pintoresco doblaje autonómico (andaluz, catalán, gallego y madrileño) desvirtúan la recepción, no le den demasiada importancia. La grandeza de Kung Fu Sion reside en su esencia: una declaración de amor al cine de género a través de la sublimación de la tecnología y la sabiduría popular. Junten a los cartoons de la Warner, las comedias de Terence Hill y Bud Spencer, y una parodia épica de las artes marciales, y tendrán cine puro desde el primer minuto hasta el último a cargo de un Tarantino de ojos rasgados.
Maestros con bata, rulos y chancletas; tríadas, gángsteres y asesinos en la Shangai prerrevolucionaria de los años 40; coreografías de Yuen Wo Ping (Matrix), inimaginables en occidente a no ser con una buena dosis de peyote; tortazos, collejas, sopapos, hematomas, chichones, brazos en cabestrillo, sangre cuando tiene que haberla; humor amarillo, osadía, brío visual y falta de vergüenza; hachas, instrumentos musicales asesinos, delirios místicos y muchos guiños y homenajes al imaginario colectivo (El resplandor, El padrino, Gangs of New York, Astérix y Obélix, Bruce Lee, Jackie Chan, Tarantino…). En definitiva, mafiosos de ferretería y budistas de rellano llevados en volandas por una plasticidad de irrepetibles emociones en un delirio que recuerda a los tiempos del cine de barrio.
La Maga 
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Paradise Now (2005)
Hany Abu-Assad
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| 10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
4 de Marzo de 2007 |
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Uno empieza a estar cansado ante el goteo continuo de noticias que la prensa y la TV ofrecen sobre los muertos en Palestina e Israel. Salta a la vista que un perfil informativo que deja la realidad de lado, tratando a los asesinos como entes inmorales sobre los que no hay que tomar partido o tratar de comprender, no parece responder al tratamiento más objetivo. Es por eso que tal vez Hany Abu-Assad, palestino con pasaporte holandés y residente en Israel, haya decidido retratar la Cisjordania de la 2ª Intifada a través de dos jóvenes palestinos amigos desde la infancia que, ante la ocupación asfixiante de su ciudad, Nablus, actúen de la única manera que comprenden como posible, secundados por una organización de artificieros caseros, leyendas mártires e ideólogos que no se inmolan. Entender estas mentalidades es el primer paso, y la secuencia inicial del arreglo del parachoques es la metáfora que mejor lo explica.
En principio, Khaled adopta una postura pasional y ciega, Said una más reticente. La alternativa, la postura femenina de Suha, la más moderada y occidental. Y Jamal es el reclutador que, mientras tanto, profiere aforismos tan poco edificantes para cabezas en proceso de degeneración como: si no teméis la muerte, controláis la vida; mira siempre a los ojos de tu enemigo, porque tú eres el dueño de su vida, cuando quieras, lo harás saltar por los aires. Las aspiraciones vitales quedan reducidas a beber té, la familia sobrevive marcada por el calvario del dolor, y un solo chispazo es suficiente para pasar de la parsimonia al activismo. Con una fotografía desaliñada, poseída por la sencillez árida de los escombros, el director explora las legítimas razones de la resistencia a la ocupación sin justificar en ningún momento la pérdida de vidas humanas, sin juzgar, manipular o posicionarse. La tensión, continua, incómoda, no deja indiferente a nadie.
Rodada en 35 mm., con un magistral fundido en blanco como desenlace, Paradise Now es una indagación sobre las motivaciones, y la falta de éstas, de los kamikazes, de la procedencia de su fanatismo y las causas que los empujan a él. Necesaria y estimulante, esta reflexión sobre la ambigüedad que encierran los términos víctima y opresor esquiva lo políticamente correcto, las presiones (el localizador fue secuestrado, varios técnicos decidieron abandonar, y el rodaje se vio interrumpido por la caída de un misil enviado desde Israel), y una visión occidental de la vida y la muerte. Historia y estética se cuidan sin grandilocuencias, y aunque algunas escenas acusan un debilitamiento amoroso por culpa de excesivos auto-análisis psicológicos, su valentía y humanismo les emocionarán, siempre y cuando no se resistan por juicios morales o posicionamientos políticos.
La Maga 
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Bobby (2006)
Emilio Estevez
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| 10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
30 de Enero de 2007 |
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Como actor, lo mejor que se puede decir de Emilio Estévez es que formó parte del legendario Brat Pack. A pesar de este prometedor comienzo (Rebeldes) a las órdenes de Francis Ford Coppola, sólo destacaría su interpretación en Arma joven (1988), otra versión del mito de Pat Garret y Billy el Niño, esta vez adornado con un reparto lleno de caras juveniles. Como director, el panorama es también desolador. Junto a su hermano Charlie Sheen, Dos chalados y un fiambre (1990) sería su primera tontería. Junto a su padre Martin, Guerra en casa (1996), la continuación, pero esta vez el benjamín apuntaba por lo menos inquietudes (políticas). Con Bobby, el niño se ha hecho al fin hombre.
Quizás porque el momento presente de su país guarda en muchos sentidos paralelismos con los de aquella década de los sesenta, quizás porque el magnicidio de Bobby Kennedy no ha sido tan cubierto como el de su hermano, Emilio Estévez se lanza a contarnos retazos de la vida de unos personajes (22) presentes aquel fatídico día en el Hotel Ambassador. No esperen el típico biopic, lo cual es de agradecer. Bobby bebe del cine de Robert Altman y del Gran Hotel (1932) de Edmund Goulding, un brillante reparto con el que pretende, más que perfilar la figura del que iba a ser el próximo presidente, retratar el espíritu de una época y una gente que pasó del renacido optimismo a la pérdida de la inocencia, y quién sabe si de sus ideales. De alguna manera, los de Estévez se ven refrendados por un uso excelente del material de archivo, y una catarsis final procedente, no del trágico destino de su carismático líder, sino de la tristeza que emana de unos personajes representativos de una sociedad ansiosa y deseosa del cambio.
Buen e interesante guión. Intenso, honesto y liberal. Un microcosmos al que sólo le pongo un pero: es tan cándida que roza el santoral.
La Maga 
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Entre copas (Sideways) (2004)
Alexander Payne
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| 9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
29 de Diciembre de 2006 |
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Procedente del panorama independiente norteamericano nos llegó hace algunos años una de las voces más prometedoras. En 1999, Alexander Payne puso el dedo en la llaga del sistema gracias a la ácida comedia Election, en la que unas elecciones de instituto empujaban a Reese Witherspoon y Mathew Broderick a desplegar todas las artimañas inimaginables para conseguir la victoria. Tres años más tarde, en A propósito de Schmidt, Payne ofrecería a Jack Nicholson una de las mejores interpretaciones de su carrera, un personaje desencantado y deprimido, pero entrañable, producto del seguimiento de las reglas establecidas por el conservadurismo tradicional latente en la América profunda. Con su último título, Entre copas (traducción horrorosa del original Sideways), este licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, realiza su mejor obra hasta la fecha, y confirma el horizonte de renovación intelectual de corte europeo que se atisba en su país desde hace algún tiempo por culpa del talento y el talante de gente como Paul Thomas Anderson (Magnolia) o Wes Anderson (Los Tenenbaums. Una familia de genios).
A través de los parajes vinícolas de California – a los nostálgicos seguidores de Santa Bárbara y Falcon Crest les sonarán -, asistimos a una road movie de insospechado destino. Lo que se inicia como una divertida y cachonda despedida de soltero se convierte, gracias a un tono tragicómico descarnadamente existencial, y unos diálogos deudores del pesimismo y la inseguridad típicos en Woody Allen, en un bello canto a la verdadera amistad – ésa que no huye de la verdad a pesar de la crítica y no se escaquea durante las malas rachas -, a las imperfecciones y a las segundas oportunidades. Encabezados por un extraordinario y convincente Paul Giamatti (American Splendor), Entre copas asombra por su cercanía y empatía populares, acierta por la elección poco estelar de su reparto – Virginia Madsen también deslumbra –, saca humor y respuestas del perdedor que todos alguna vez hemos sido o sentido, y enaltece el espíritu, pues es posible la recuperación.
Cuando los protagonistas hablan del vino, podían estar haciéndolo de cualquier otro asunto, el fútbol, la astrología, la pintura, la cría de lubinas en piscifactorías… porque de lo que en el fondo hablan, es del paso del tiempo, de su heridas, de la vida, de sus subidas y bajadas, y de la necesidad apremiante de encontrar un lugar en el mundo para no sentir que nada ha merecido la pena. Entre copas debe degustarse como el buen vino, en silencio, con tino, mucha serenidad y buena compañía. Sin duda, su digestión supone la realización de una pequeña joya que muchos ya quisieran hacer con tan solo 16 millones de dólares. ¡A degustarlo!
La Maga 
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