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Críticas de: zoquete

zoquete
(Barcelona, España)
434Películas valoradas
26Críticas
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Críticas: 26 Página: 3
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Monster's Ball (2001)
Buena
Marc Forster
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 19 de Julio de 2005
Jamás he estado en un corredor de la muerte. No sé si olerá a orines, a vómitos o a sudor. No sé si sus habitantes vivirán en una continua congoja llena de arrepentimiento, de odio o de incomprensión. Tal vez rían, tal vez la impotencia se torne incongruente redención. Tal vez lloren, o maldigan esa desafortunada circunstancia que les conduce a la silla eléctrica. Eso sí sé: muchos querrían saber qué sienten, pocos son los que pueden contarlo. Menos aún los que quieren contarlo.

No sé si soy racista. No sé si podría renegar de una tradición familiar sureña, renunciar a mis vínculos sociales, aceptar que mi casa se devalúe porque tengo nuevo vecino, negro. La corrección política me llena de prejuicios, me impide conocerme y me obliga a firmar todos los manifiestos ensalzados por la mayoría, experimentados por minorías. Me pregunto si eso tiene que ver con el sentido común.

“Monster’s Ball” arranca con la preparación de la ejecución de un preso negro. Se dan cita mujer e hijo, celadores y dibujos realizados por el condenado que cargan de humanidad un desconocido crimen y una reprochable vida, que debe cesar por prescripción judicial. Los carceleros preparan los últimos minutos del convicto. Recogen sus pertenencias, le afeitan, verifican los letales electrodos... se aseguran de que sean de verdad sus últimos minutos. Su día a día se mezcla con la irreversible ruptura de la rutina de los ajusticiados. Víctimas y verdugos, crimen y castigo, negro y blanco.

En una provocativa ironía del destino, la mujer y el ejecutor del reo se encuentran, se gustan, se necesitan y se aman. Como si fueran ellos los condenados, de un largo trago, como wisky apurado para evitar, para alargar sus lágrimas. Como si no fuera a existir futuro y quisieran borrar el pasado...

La historia parece ser el fallido intento de dos aspirantes a actores por conseguir su primer papel, Will Rokos y Milo Addica, que tuvieron que conformarse viendo como grandes del cine se disputaban el guión que habían escrito. A ellos se une la espectacular Halle Berry, oscarizada por esta misma interpretación, que deja la sofisticada elegancia exhibida en Operación Swordfish para calzarse una sensualísima naturalidad de madre rural al borde del abismo. Billy, el gran Billy Bob Thorton, que parecía moverse de forma discreta, casi acentuando sus papeles de maniático personajillo (“Un Plan Sencillo” o en la reciente “Bandits”), cambia a un registro de alta temperatura.

Violencia y sexo, ¿está claro? No, aún no, en esta rareza hay efectos que le proporcionan una atmósfera especial: tiempos muertos, silencios... Peligroso. Podría ser perjudicial. Uno podría hacer cualquier cosa. Incluso pensar.

¿Qué le falta? Olor. Olor a tabaco y a café, a Jack Daniels y a vómitos, a carne quemada y a sexo. O tal vez no, más bien dentro de unos años, cuando al fin instauren TechniOlor diremos “ésta que no la oloreen, resulta más auténtica sin olor”.
zoquete
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Fausto 5.0 (2001)
Interesante
Isidro Ortiz, Alex Ollé, Carlos Padrissa
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 19 de Julio de 2005
¿Qué deseamos? En primera instancia todos gritaremos ´¡un ferrari, un chalet, una orgía...!´ Sí, sí, tú también, aunque te apresures a proclamar ´paz en el mundo´. Dejemos de engañarnos, la pregunta se refiere a nuestros íntimos deseos y no a aquellos que nos gusta hacer públicos. Deseamos aquello que nos causa placer... físico o mental. Más que nunca, el ´ojos que no ven, corazón que no siente´ se hace auténtico. ¿Qué nos importan las guerras celebradas hace mil años? ¿y las violaciones que se pertrecharán dentro de cincuenta lustros? ¿qué nos perturba un agonizante enfermo cuya carne lacerada jamás ha sido rozada por nuestros dedos, si jamás hemos escuchado su llanto desesperado, olido su putrefacción o vista su mirada de ultratumba?

El doctor Fausto es, por encima de todo, un hombre de ciencia. Su trabajo le obliga a mantener a diario un semblante de seriedad innegable, pues trata a pacientes terminales. Se enfrenta a las lágrimas de quienes ven ya desahuciados a sus seres queridos, presencia los incontenibles orines de quienes no soportan la cruel presión de perder sus afectos. El doctor Fausto firma impertérrito los partes de defunción, vomitando tales imágenes de dolor en sus supuestos momentos de ocio y descanso. ¿Descanso? La vivencia de tantas transiciones vida-muerte han convertido al escrupuloso doctor en un rígido moralista incapaz de permitirse el más mínimo ardor fuera de su calibrado orden racional.

´Fausto 5.0´ es una recreación moderna del famoso mito de Goethe, de la contradicción razón-pasión, del enfrentamiento a nuestros propios apetitos, de la vitalidad tras el destierro de los prejuicios. Así, no tarda en surgir una representación del mal, que invita al doctor a cumplir sus ansias más insospechadas, incluyendo aquellas imposibles de confesar.

La película no gustará a una mayoría del público, pero es un acierto para los amantes del género. La ambientación es inquietante, casi asfixiante. Las transgresiones se suceden, aunque en menor medida de lo esperado por tratarse de un trabajo firmado por ´La Fura dels Baus´. Eduard Fernández no desciende un ápice en su agresivo ritmo interpretativo dedicado a engalanar personajes de carácter. A Najwa Nimri le corresponde un papel comedido, pero con escenas de gran intensidad que la justifican (atención a su diálogo con el propio Fernández, lleno de gamas expresivas, tanto por la dicción como tras el lenguaje corporal). El protagonista, Miguel Ángel Solá, austero y comedido, en un personaje que le permite desplegar momentos muy convincentes, especialmente en sus estados de tensión y ansiedad.

Vuelve a preguntarte, ´¿qué deseas?´ y recuerda que el cumplimiento de tus deseos no tiene ninguna relación con el paraíso o con el infierno. Recuerda además que no se puede desear un cálido verano sin haber sufrido las inclemencias del rudo invierno. No se pueden desear las pulsaciones de un amor enfebrecido sin conocer la insensibilidad de una piel ignorada.
zoquete
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La huella (1972)
Notable
Joseph L. Mankiewicz
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 19 de Julio de 2005
Un afamado escritor de historias policíacas gusta de tejer complejas tramas, de plantear difíciles enigmas y de buscar sus soluciones posteriormente, quien sabe si soñando con idear el crimen perfecto. Vive en una gran mansión y disfruta de una acomodada posición económica y social, salpicada de extravagancias varias. Le gusta jugar, como si fuera un crío, como si la vida consistiera en un continuo reto al ingenio, en una caja de sorpresas con las que hacer malabarismos. Este buen señor de media edad es engañado por su mujer.

Un elegante joven se presenta en la aislada residencia del novelista. Seguro, orgulloso, de presencia impecable y ascendencia italiana, es propietario de una peluquería y esforzado trepador de posiciones sociales. Se trata del tercero en discordia, el que ejecuta la acción que convierte al literato en agraviado. Este mancebo aún no lo sabe, pero ha sido invitado precisamente por su condición de amante.

Ambos personajes se encuentran, intercambian las presentaciones de rigor y se sirven unas bebidas. Son ingeniosos, creativos, buenos conversadores, perspicaces... un ejercicio de prestidigitación mental francamente agotador, especialmente porque reta y encandila hasta la última de nuestras oxidadas neuronas:

La sangre fría ejerce un pulso con la pasión. Asistimos a un juego y a una condena. A un humillador y a un humillado. ´En toda su vida jamás habrá vivido lo que en este fin de semana, ni siquiera con mi mujer´ confiesa el escritor al amante, tras un extenuante intercambio de desafíos. Actores que representan a actores, a cada cual más brillante. Artimañas que se tornan bromas de mal gusto. Deseos de demostrar la superioridad. El sueño que sueña que sueña. Necesidad de ocultar la inferioridad. La farsa que representa la farsa de la farsa. El rizo sobre el ya rizado rizo. Clases sociales que se enfrentan y que demuestran que cada una se ha forjado en diferentes hornos, pero bajo el mismo fuego. ´Lo que para Vd. es un juego, para mí es supervivencia´. Simulación de un crimen que puede vivirse de forma más dolorosa que el propio crimen. Y una búsqueda del límite ajeno que nos enfrenta de forma peligrosa al propio. Juegos que rozan el surrealismo y jugadores que olvidan la importancia del participar, pues la única regla es que sólo se puede ganar.

Tras tal elitista competición encontramos a Laurence Olivier, Michael Caine y Joseph L. Mankiewicz. Cada uno merece capítulo aparte. Baste decir que quien no los conozca, qué mejor oportunidad que ésta para descubrirlos.

Dicen, los expertos, que la mejor manera de caracterizar un sistema es someterlo a una situación límite, esto es, aquella que provoca su ruptura. Para conocer un material, nada mejor que una apisonadora para comprobar su resistencia a la presión. Disfruten de un clásico donde la degradación nos muestra bastante sobre la conducta humana y aún más sobre el arte de la interpretación. ¿Quién se agravia más, el agresivo o el agraviado?
zoquete
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Los otros (2001)
Notable
Alejandro Amenábar
5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 19 de Julio de 2005
Resulta indudable la impecable factura de la tercera película de Amenábar. El reparto está ajustadísimo, con una impresionante Nicole Kidman que, como ya se ha encargado de declarar a los medios, se siente estrella y hace de estrella indudable de la función. Amenábar consigue inquietarnos, sobresaltarnos y, especialmente, transportarnos a nuestra infancia donde la oscuridad tuvo que ser superada entre otros muchos miedos.

La historia, una católica de obsesiva práctica o, mejor dicho, inflexible enseñanza, mantiene a sus hijos al resguardo de la luz, que podría llevarlos a la muerte, por una inexplicada enfermedad. La llegada de nuevos sirvientes que asisten a lo que deben ser sus tareas domésticas y, de paso, facilita la explicación de la situación y, finalmente, unos misteriosos fantasmas que parecen habitar la residencia.

¿Terror?, suspense. El propio Amenábar se reconoce fuertemente influenciado por Hitchcock, y probablemente el maestro le felicitaría por tan formidable ejercicio de pulso y buena letra. La propia Kidman no puede quejarse en su tratamiento casi monárquico, tanto por el nombre Grace que sugiere a la también musa de Hitchcock y mónegasca Sra. De Rainero, como por su indudable homenaje al resto de las actrices del llamado mago del suspense. Y la ex de Tom Cruise, productor ejecutivo de la película, sabe aprovechar la oportunidad, dejando por fin en segundo plano su también arrollador trabajo como ambiciosa presentadora en “Todo por un sueño”.

No quisiera olvidarme de destacar también la conmovedora interpretación de los niños, que saben transmitir una mezcla de ternura y misterio, casi morboso, acercándonos a la tan característica ingenuidad infantil no exenta de llana crueldad. A todo ello ayuda una espléndida fotografía e iluminación, imprescindible para una historia donde las sombras son más importantes que los colores, que el movimiento y, en ocasiones, que los propios diálogos.

Dicho esto sólo me queda recomendarles que vayan a verla: este trabajo necesita de la complicidad de una sala de cine, de pantalla grande, de sonido envolvente, de respiración contenida, para disfrutarse en plenitud.

¿Qué? ¿Por qué la baja valoración? Pues porque me gusta Amenábar, porque “Tesis” y “Abre los ojos” suponen un cine fresco sin concesiones, una veta aún no explorada, no imitada, no exprimida de un gran talento de director. En mi modesta opinión, “Los otros” es cine de “otros” ¿tal vez los Cruise?, no de Amenábar, y debo reconocer que he salido de la sala fuertemente decepcionado. La película es muy buena, pero no reconocí a Amenábar, sino a un alumno aplicado imitando a su maestro. Quien espere una agradable sorpresa como la dos anteriores, propias de un cine desmarcado de lo habitual, puede ahorrársela. Es un innegable taquillero bombazo español, donde la sombra del capital americano se hace notar (¡cómo habrían cambiado las dos anteriores!) pero casi, si me lo permiten, una secuela, segunda parte o continuación...
zoquete
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Million Dollar Baby (2004)
Notable
Clint Eastwood
6 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 19 de Julio de 2005
¿Qué busca el público en un combate de boxeo? ¿energía? ¿violencia? ¿sangre, parte inevitable de la lucha? ¿dolor? ¿sufrimiento, sin el que no tendría sentido el enfrentamiento? ¿ un vencedor, un derrotado, un caído? ¿busca, por fin, un accidente que desgarre sus tripas de la impresión, que les remueva del asiento raído a arañazos de ansiedad?

“Million Dollar Baby” muestra bastante de eso, con combates carentes de la espectacularidad de “Rocky” y sucedáneos, pero dotados de una austeridad que imprega de realismo cada golpe, lo que a la larga proporciona una mayor tensión.

¿Qué buscamos nosotros, espectadores, en tal recreación pugilística? ¿lo mismo que los asistentes al espectáculo en vivo, pero amparados tras una pantalla que nos protege del juicio ético sobre la legitimidad de su práctica?

Protagonizan la obra el propio director en el papel de Frankie Dunn, prestigioso entrenador sin un título del que presumir, su empleado Eddie Scrap, un Morgan Freeman que también narra la historia, dotándola de golosas notas al margen aprovechadas para jugar con el espectador, y la aspirante a campeona, Maggie (Hilary Swank), quien muestra un delicado equilibrio entre la humildad, sumisión del discípulo al maestro y su orgullo personal. Completa el elenco un sacerdote católico, “sparring” de Frankie en sus conflictos religiosos y la familia de la chica, quejicosos parásitos amargados que lastran el ímpetu de la protagonista con continuas críticas y desplantes.

El señor Eastwood se carga de tópicos, incluído el clásico esquema del choque profesor - alumna, duro entrenamiento y demás, jugó con ellos y, finalmente, los noquea. A Clint le gusta el dolor, ilustrado por castigos físicos, tan duros y abundantes en sus metrajes como progresivamente contrapuestos al padecimiento moral mostrado en sus últimos trabajos.

La película mantiene la inercia del autor hacia la reinserción de tipos fríos, que se revelan cargados de sentimiento. Definitivamente, nuestro “Harry” ha trocado su principal etiqueta, duro, como insensible, por la de bravo, como osado, de quien se enfrenta al dolor no porque no lo sufra, sino para sufrir menos. No por ironía su principal máxima en la película era “por encima de todo, siempre debes protegerte”.

La cinta adolece de un tramo final cargado de ese mal yanqui llamado moralina, sortear polémicas éticas exagerando las circunstancias hasta lo inverosímil, penalizando lo que sería una reflexión algo más universal.

Si aún no tenemos claro qué buscamos en el boxeo, ¿qué podríamos aprender con este rosario de fotogramas? ¿que no hay que huir del dolor, pues las heridas ignoradas hacen más daño que las que examinamos con un buen bote de alcohol? ¿qué no hay que ignorar el riesgo, ni como viles pusilánimes ni como fantoches temerarios, buscando una valentía “sin dejar de protegernos en todo momento”? Después de todo, hay quien dice que la plenitud vital puede encontrarse tras un buen golpe, en las narices o en las entrañas...
zoquete
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