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Críticas de: zoquete
zoquete Barcelona - España 
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Fausto 5.0 (2001)
Isidro Ortiz, Alex Ollé, Carlos Padrissa
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| 20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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¿Qué deseamos? En primera instancia todos gritaremos ´¡un ferrari, un chalet, una orgía...!´ Sí, sí, tú también, aunque te apresures a proclamar ´paz en el mundo´. Dejemos de engañarnos, la pregunta se refiere a nuestros íntimos deseos y no a aquellos que nos gusta hacer públicos. Deseamos aquello que nos causa placer... físico o mental. Más que nunca, el ´ojos que no ven, corazón que no siente´ se hace auténtico. ¿Qué nos importan las guerras celebradas hace mil años? ¿y las violaciones que se pertrecharán dentro de cincuenta lustros? ¿qué nos perturba un agonizante enfermo cuya carne lacerada jamás ha sido rozada por nuestros dedos, si jamás hemos escuchado su llanto desesperado, olido su putrefacción o vista su mirada de ultratumba?
El doctor Fausto es, por encima de todo, un hombre de ciencia. Su trabajo le obliga a mantener a diario un semblante de seriedad innegable, pues trata a pacientes terminales. Se enfrenta a las lágrimas de quienes ven ya desahuciados a sus seres queridos, presencia los incontenibles orines de quienes no soportan la cruel presión de perder sus afectos. El doctor Fausto firma impertérrito los partes de defunción, vomitando tales imágenes de dolor en sus supuestos momentos de ocio y descanso. ¿Descanso? La vivencia de tantas transiciones vida-muerte han convertido al escrupuloso doctor en un rígido moralista incapaz de permitirse el más mínimo ardor fuera de su calibrado orden racional.
´Fausto 5.0´ es una recreación moderna del famoso mito de Goethe, de la contradicción razón-pasión, del enfrentamiento a nuestros propios apetitos, de la vitalidad tras el destierro de los prejuicios. Así, no tarda en surgir una representación del mal, que invita al doctor a cumplir sus ansias más insospechadas, incluyendo aquellas imposibles de confesar.
La película no gustará a una mayoría del público, pero es un acierto para los amantes del género. La ambientación es inquietante, casi asfixiante. Las transgresiones se suceden, aunque en menor medida de lo esperado por tratarse de un trabajo firmado por ´La Fura dels Baus´. Eduard Fernández no desciende un ápice en su agresivo ritmo interpretativo dedicado a engalanar personajes de carácter. A Najwa Nimri le corresponde un papel comedido, pero con escenas de gran intensidad que la justifican (atención a su diálogo con el propio Fernández, lleno de gamas expresivas, tanto por la dicción como tras el lenguaje corporal). El protagonista, Miguel Ángel Solá, austero y comedido, en un personaje que le permite desplegar momentos muy convincentes, especialmente en sus estados de tensión y ansiedad.
Vuelve a preguntarte, ´¿qué deseas?´ y recuerda que el cumplimiento de tus deseos no tiene ninguna relación con el paraíso o con el infierno. Recuerda además que no se puede desear un cálido verano sin haber sufrido las inclemencias del rudo invierno. No se pueden desear las pulsaciones de un amor enfebrecido sin conocer la insensibilidad de una piel ignorada.
zoquete 
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Ciudad de Dios (2002)
Fernando Meirelles, Kátia Lund
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| 32 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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Veréis, cuando una película sobre un vivero de criminales se llama “Ciudad de Dios” me siento desarmado. Cuando un pueblo laureado por su carnaval muestra con sangre su cara menos festiva, se me acaba la ironía. Cuando la violencia tiene origen en un trío denominado “Ternura”, decido que dejaré para otra opinión las metáforas, ya suficientes en esta película.
Arranca la historia presentándonos la matanza de unas gallinas, a las que se les corta el gaznate y arrancan las plumas. Una de ellas se rebela y se cuela entre las piernas de sus ejecutores. Una voz de alerta y una legión de chiquillos que se lanzan a la captura del pobre animal. ¿Podrá escapar? La gallina cuenta con una agilidad extrema, dos veloces patas y dos alas que le permiten sobrevolar escalones sin tropiezos. Los niños disponen de revólveres, pistolas y altas dosis de crueldad.
La cinta muestra una escalada en violencia a lo largo de una treintena de años en una barriada marginal de Río de Janeiro, las raíces del conflicto y las consecuencias de las decisiones individuales. Nos lleva de la mano de “Buscapé” y “Dadinho”, criados y maltratados por el mismo entorno, pero de trayectorias muy diferentes. Tanto el primero como el segundo parecen poseer un carácter, más allá de las circunstancias, que les lleva a rechazar o aceptar el crimen. ¿Realmente están decidiendo?
Decidir, la clave. Observamos el crecimiento de estos chicos, desalmados, chorizos, maleantes y pensamos: ¡qué lacra social! podrían enderezarse y escoger el “buen” camino. Pero para escoger hay que tener, al menos, dos alternativas. Son sólo críos y se están matando. Si William Golding hubiera conocido estas favelas brasileñas, no hubiera necesitado de una isla desierta en su “El Señor de las Moscas” para mostrar a niños en su salvajismo más primitivo. Hablamos de un barrio maltrecho donde la violencia, la dureza no es una opción, es supervivencia.
Afortunadamente nosotros caímos en el bando bueno. Nuestras decisiones son más correctas: escoger banco para la hipoteca, o comercio para las rebajas. ¿No será que nuestras traiciones, mezquindades, deslealtades están lo suficientemente amordazadas, suavizadas y justificadas tras la comodidad burguesa? “Ciudad de Dios” también nos muestra la transformación de uno de los nuestros, amoroso amante y noble trabajador. Su mujer es violada y el hermano asesinado. Quiere mantenerse íntegro, exigiendo el respeto por los inocentes, pero ¿ puede? ¿tiene ya algo que perder?
La película confirma que la violencia engendra violencia. La pregunta, más inquietante, es cómo romper la espiral. ¿Nos dejamos intimidar, nos escondemos o esgrimimos un arma? ¿Más propuestas? Hay quienes se recrean en el dolor, propio o ajeno. Los segundos me inquietan especialmente.
¿Conseguirá sobrevivir el pollo o se convertirá en el despiadado entretenimiento de sus perseguidores? ¿No hubiera sido mejor que aceptara la misma suerte que sus iguales, una muerte rápida e indolora?
zoquete 
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Anticristo (2009)
Lars von Trier
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| 15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Agosto de 2009 |
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Es tan frágil, tan tenue la línea que separa el amor del odio más visceral, tan delicada la emocionalidad humana, que no existe sabio, ni empresa, ni religión capaz de ofrecer una fórmula, una garantía capaz de prever el desastre, capaz de aventurar la estabilidad de un afecto, sin caer en los horrores del desamor. Quizás por ello a menudo se prefiere la rutina, la triste decadencia de la pasión, a la ruptura.
Atención, no es ésta una película apta para mayores de dieciocho años, peor aún para quienes ya frisen los treinta, y mucho menos para la gente respetable y de sólidos principios que coqueteen con la tercera edad. Hiere los valores más firmemente arraigados, pretende transgredir con las imágenes que nos resultan mayor tabú: dolor físico, sexo explícito rozando el sadismo y una emocionalidad descontrolada, difícilmente enmarcable en parámetros tradicionales. Quizás puedan verla sin conmoción adolescentes ávidos de sensaciones fuertes o niños con la ingenuidad de quien observa el mundo sin juzgarlo. Pero verla sin conmoción también podría ser no entenderla.
Arranca el primer fotograma plasmando una poesía cinematográfica, desde una sosegadora música, fotografía en blanco y negro de postal, ritmo pausado y hermosos primeros planos hasta una sucesión de imágenes que muestra el delirio de la pareja haciendo el amor mientras su niño del alma avanza hacia el desastre. Una lavadora que les impide percibir los objetos que caen y se estrellan contra el suelo, el arrastrar de la silla hasta la mesa que conduce a la ventana, y el salto al vacío de su más preciado bien.
Dolor, intenso dolor, fácilmente contagiable. El marido que, como psicólogo, muestra su más frío raciocinio, habitual en los hombres. La mujer, que como madre, no entiende de lógicas que le permitan haber perdido a su niño. El inteligente disertador se encuentra con su propia trampa, la dialéctica no sirve cuando domina la emoción. El dolor a estos niveles sólo puede ser acallado con fuertes impactos físicos, aunque requieran del sufrimiento de la carne.
Observamos el pulso entre el hombre, que se plantea como un reto la superación del trauma por su mujer, acudiendo para ello a sus conocimientos psicológicos; y la mujer, que requiere de un bálsamo más alejado del raciocinio, más sexual, más visceral, más lacerante.
Quizás no sea la película más impactante de Von Trier, quizás uno pueda pensar que pretende superar a Haneke en su búsqueda de espectadores que abandonen la sala, tan duras son las escenas del dolor físico como el sexo desesperado (que algún ignorante se atreve a calificar de pornográfico), pero es un trabajo hermoso, que sin duda merece la pena visionar si se desea vivir una experiencia trágica, desagradable pero que encierra bastante de poesía y mucho de angustioso enfrentamiento con nuestros propios temores.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Se contraponen las dos personalidades espléndidamente interpretadas por un Dafoe impresionante y una Charlotte Gainsbourg valiente, audaz, difícilmente superable. Entre tanto dolor y sufrimiento, resulta especialmente reveladora e impactante una escena en que la protagonista se muestra eufórica, llena de vida, y se declara sana y curada a su marido, que asiste a su alegría con tibio escepticismo, como consternado ante su recuperación. No son pocos los hombres que sólo saben acompañar a sus mujeres en el dolor, pero se muestran incapaces de compartir de su alegría…
zoquete 
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La huella (1972)
Joseph L. Mankiewicz
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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Un afamado escritor de historias policíacas gusta de tejer complejas tramas, de plantear difíciles enigmas y de buscar sus soluciones posteriormente, quien sabe si soñando con idear el crimen perfecto. Vive en una gran mansión y disfruta de una acomodada posición económica y social, salpicada de extravagancias varias. Le gusta jugar, como si fuera un crío, como si la vida consistiera en un continuo reto al ingenio, en una caja de sorpresas con las que hacer malabarismos. Este buen señor de media edad es engañado por su mujer.
Un elegante joven se presenta en la aislada residencia del novelista. Seguro, orgulloso, de presencia impecable y ascendencia italiana, es propietario de una peluquería y esforzado trepador de posiciones sociales. Se trata del tercero en discordia, el que ejecuta la acción que convierte al literato en agraviado. Este mancebo aún no lo sabe, pero ha sido invitado precisamente por su condición de amante.
Ambos personajes se encuentran, intercambian las presentaciones de rigor y se sirven unas bebidas. Son ingeniosos, creativos, buenos conversadores, perspicaces... un ejercicio de prestidigitación mental francamente agotador, especialmente porque reta y encandila hasta la última de nuestras oxidadas neuronas:
La sangre fría ejerce un pulso con la pasión. Asistimos a un juego y a una condena. A un humillador y a un humillado. ´En toda su vida jamás habrá vivido lo que en este fin de semana, ni siquiera con mi mujer´ confiesa el escritor al amante, tras un extenuante intercambio de desafíos. Actores que representan a actores, a cada cual más brillante. Artimañas que se tornan bromas de mal gusto. Deseos de demostrar la superioridad. El sueño que sueña que sueña. Necesidad de ocultar la inferioridad. La farsa que representa la farsa de la farsa. El rizo sobre el ya rizado rizo. Clases sociales que se enfrentan y que demuestran que cada una se ha forjado en diferentes hornos, pero bajo el mismo fuego. ´Lo que para Vd. es un juego, para mí es supervivencia´. Simulación de un crimen que puede vivirse de forma más dolorosa que el propio crimen. Y una búsqueda del límite ajeno que nos enfrenta de forma peligrosa al propio. Juegos que rozan el surrealismo y jugadores que olvidan la importancia del participar, pues la única regla es que sólo se puede ganar.
Tras tal elitista competición encontramos a Laurence Olivier, Michael Caine y Joseph L. Mankiewicz. Cada uno merece capítulo aparte. Baste decir que quien no los conozca, qué mejor oportunidad que ésta para descubrirlos.
Dicen, los expertos, que la mejor manera de caracterizar un sistema es someterlo a una situación límite, esto es, aquella que provoca su ruptura. Para conocer un material, nada mejor que una apisonadora para comprobar su resistencia a la presión. Disfruten de un clásico donde la degradación nos muestra bastante sobre la conducta humana y aún más sobre el arte de la interpretación. ¿Quién se agravia más, el agresivo o el agraviado?
zoquete 
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The Visitor (2007)
Thomas McCarthy
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| 10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Marzo de 2009 |
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Gozas de una posición acomodada, que no necesariamente satisfactoria, en tu trabajo. No sabes cómo, tu profesión constituye un importante eje de tu existencia. ¿Por el dinero? Sí, aunque nos gusta pensar que hay algo más (reconocimiento, prestigio, crecimiento, autonomía...)
Imagina que debes faltar un día. Habrá que tener una razón para el jefe, o para el cliente (si uno es el amo), o para el socio…
Imagina que decides faltar un mes. Ahora la inquietud cambia, ya no se trata de cómo lo justificas ante los demás, ahora pasa algo más grave ¿cómo lo haces ante ti? ¿Qué es eso tan importante que te hace dejarlo, te hace confinar tu rutina profesional a la más baja de las prioridades? Sin duda algo vital que hacía tiempo teníamos muy abandonado…
En esta película he aprendido que la música clásica tiene cuatro tiempos, mientras que los ritmos africanos sólo tres. Que para tocar el djembe (el tam tam de toda la vida), hay que arrojar fuera los pensamientos y dejarse llevar por el ritmo, sólo sentir… ¡qué cosa tan difícil hoy en día!
Pues bien, vayamos a por el primer tiempo: los tambores y la vida dulce.
Walter Vale es un profesor universitario que intenta tocar el piano mediante reglas, las que sean. Así también lleva su trabajo, inflexible frente a los problemas personales de uno de sus alumnos y de una colega con quien comparte un artículo.
Tarek es un músico sirio que toca el djembe y que lleva su vida según la hora árabe. Primando la alegría del momento sobre la planificación y rigidez de las normas.
Se cruzan sus vidas y, sin embargo, no hay choque, sino una deliciosa permeabilidad inesperada que permite que fluya la generosidad de ambos. El profesor descubre un sutil, pero poderoso, nuevo impulso vital en el tambor.
Segundo tiempo: la cárcel y la vida amarga.
Asistimos a una conferencia sobre el efecto de la globalización en países en desarrollo y a la detención arbitraria de Tarek, que posteriormente es enviado a inmigración por no disponer de los debidos papeles. Aparece el desconcierto, la lucha, la rabia, las lágrimas, el abogado, la impotencia, la frialdad de los carceleros…
Tercer tiempo: la madre y la vida agridulce.
Como joven alegre que es Tarek, nos encontramos con la aparición de una madre atenta, cariñosa y preocupada. El contraste entre ella y el profesor se pone de manifiesto en la manera de afrontar la detención del joven, pero nuevamente sin fisuras, en armonía, de una forma encantadoramente amable… lo único hostil en este cruce de vidas es el entorno.
Ninguna sorpresa, ninguna trampa, el natural transcurrir de los hechos previsible, pero con la fuerza emotiva de unos personajes que nos hacen sentir bien, que nos hacen sentir mal, que nos hacen sentir. Una película para degustar con sutileza, no demasiado recomendada para quienes buscan emociones fuertes, pero sí para quienes escojan emociones profundas más que intensas, de las que requieren algún bagaje en nuestra maleta existencial…
zoquete 
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