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Críticas de: Maese Huvi
Maese Huvi |
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(Madrid, Uzbekistan)
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| 722 | Películas valoradas |
| 32 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
5,8
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Cuando el destino nos alcance (1974)
Richard Fleischer
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Mayo de 2008 |
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Soylent Green es una de las grandes películas de la ciencia ficción apocalíptica, género distópico que presenta el mundo yéndose al carajo por culpa de nuestro modo de vida (ya sea por el agotamiento de los recursos, por la guerra o por el holocausto nuclear) y que tiene por tanto un tono crítico respecto al presente, aunque esa crítica suela matizarse y a menudo quede descontextualizada y/o reducida a sus aspectos más obvios y por ello más fácilmente asumibles por el público.
Ambientada en el año 2022, Soylent Green presenta un futuro en el que la Tierra ha quedado yerma por culpa de un cambio climático que ha hecho subir las temperaturas. A ello se une la preocupante superpoblación del planeta. Así pues, tenemos un descenso brutal de los recursos alimenticios y un incremento desproporcionado de la población (¿alguien ha dicho malthusianismo?). La situación es más que preocupante, menos mal que tenemos nuestro soylent green para alimentarnos... ¿qué haríamos sin él?
El futuro presentado es netamente distópico: no aparecen nuevos adelantos tecnológicos espectaculares ni coches volando ni nada por el estilo, este futuro tiene un aire más bien cutre, lo que se podría achacar tanto a que el guionista quiso presentar una historia desnuda, sin aditivos, como a la falta de presupuesto de la producción y las limitaciones de los efectos especiales. Pero lo que es cierto es que este aire “cutre” le concede un cierto encanto y, sobre todo, lo hace más cercano, más creíble y, por ello, más temible. Ese futuro se parece más al pasado (al de comienzos del siglo XX) que a lo que esperaríamos de una sociedad por venir.
Estamos frente una sociedad en la que los que son ricos viven muy bien, ellos sí pueden comer carne de buey y otros manjares como fresas (a 150 dólares el bote, oiga), y disfrutar de prostitutas de lujo a juego con la casa como si de "mobiliario" (como se las llama en la película) se tratase; mientras, los pobres se mueren literalmente y por miles en calles e iglesias convertidas en hospicios. Una sociedad en la que los polis no tienen recursos, son corruptos y muy violentos (y con unos uniformes que parecen los de un electricista) y la ley no vale nada frente al poder y el dinero (esto también me suena). Hay una escena que ejemplifica esto perfectamente: Charlton Heston haciendo de poli bueno (a pesar de ser un fascista, el expresidente alcohólico de la ANR actuó en algunas películas memorables) interroga al guardaespaldas del ricachón que acaba de morir en su lujosa casa: «-¿Cuál era su nombre completo? -William R. Simonson. -¿Profesión? -Rico». Poco más se puede añadir.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Tras la típica intriga policíaca (con chica guapa incluida) llegamos al esperado (y temible) desenlace: Heston, ayudado por su amigo Sol (interpretado por un magnífico Edward G. Robinson), descubre el terrible secreto que no ha de ser desvelado: el soylent green está hecho con restos de seres humanos. Sol decide suicidarse tras descubrirlo, abrumado por ello. El suicidio no sólo es admitido por esta sociedad sino que se considera un servicio dada la superpoblación, por lo que cuentan con toda una serie de instalaciones de suicidio asistido e higiénico. Esta cuestión (la del suicidio y su tratamiento y engarce con el tema principal de la película) bien merece que nos detengamos un poco. Sol se suicida ante la monstruosidad de lo que ha descubierto y que no puede ni comprender ni tan siquiera comunicar: cuando trata de decírselo al personaje de Charlton Heston, ya en la sala de suicicio y a punto de morir, una distorsión impide que le escuchemos. La barbarie no puede siquiera ser nombrada, es indecible. Tal y como les sucedía a muchos supervivientes de los campos de exterminio nazis, Sol decide suicidarse, abrumado por la culpa de haber sido partícipe de la barbarie, aun siendo también víctima, derrotado porque sabe que nadie le creerá o peor aún, será creído, pero nada se hará y nada podrá hacerse para remediar lo sucedido e impedir que continúe. El pesimismo es evidente. Esto es una mierda, pero es lo que hay y el ser humano es impotente para cambiarlo. El individualismo es estéril, la acción colectiva no parece existir.
El fondo de la película es la política de los hechos consumados (tan cara al capitalismo): se produce una autonomización del sistema que crea un problema artificial (la falta de recursos) y después la solución al mismo, siendo el remedio peor que la enfermedad y además irreversible. O muerte lenta por inanición o a comerte los restos triturados de tus vecinos. Todo da igual.
La película termina con un Charlton Heston enloquecido gritando que el soylent green está hecho con carne humana sin que a nadie, ni a sus compañeros ni a los pobres hambrientos hacinados en la iglesia les importe lo más mínimo. La moral ha desaparecido: en una sociedad que reduce al ser humano a mera vida, a la supervivencia más elemental, no tiene cabida el planteamiento de cuestiones morales, son un lujo que no cabe permitirse. Una exageración, tal vez, pero que expresa una realidad profunda a la que nos enfrentamos cada día y a la que tendremos que enfrentarnos en el futuro, si bien de forma no tan cruda (nunca mejor dicho), pero no por ello menos cruel y desesperada.
Maese Huvi 
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Fago (TV) (2008)
Roberto Bodegas
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Marzo de 2008 |
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Lo interesante de este telefilm no es su calidad artística (juas), pues tanto los actores como la dirección son bastante mediocres, sino los propios hechos relatados, que puede que no sean totalmente fieles a la realidad de lo que ocurrió en Fago, pero sí que sintetizan a la perfección lo que es esta tierra que llaman España y como se las gastan los nativos de por aquí. ¿O es que, al enterarse de esta historia, no has recordado inmediatamente algún suceso parecido sucedido en cualquier otro punto de la geografía peninsular? Esto es España en estado puro. Sí, somos unos pendencieros, unos broncas, unos tocagüevos dispuestos a pegarle dos hostias al vecino porque nos ha tirado la ceniza del tabaco en el geranio.
Como cantaban Def Con Dos:
"España ya no es roja, España no es azul,
España ahora y siempre es negra como el betún."
España es ansi, que le vamos a hacer. África termina en los Pirineos y nosotros no somos europeos por mucho que digan lo contrario (ni lo queremos ser, que en el norte son todos unos sosos y unos aburridos...)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Hay un montón de escenas memorables (los vecinos apedreando la casa del alcalde, la guardia civil montando un dispositivo de vigilancia que canta a la legua, el alcalde empadronando sólo a los que le votan a él...) ¿Es o no es typical spanish? Pero la mejor escena es en la que el presunto asesino dice: "Él montó una casa rural y yo monté otra, mejor y más barata sólo para joderle." En esta frase se resume el carácter español. "sólo por joderle", ahí es nada. Vamos a ver quién los tiene más gordos y cuando la competición testicular llega a un punto muerto pues toca liarse a hostias, a palos o a tiros. Y es que nos gusta más una guerra civil (aunque sea a escala local) que a un tonto un lápiz...
Maese Huvi 
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Marquis (1989)
Henri Xhonneux
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
27 de Septiembre de 2008 |
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Marquis es seguramente la película más original de las muchas que se han rodado sobre el Marqués de Sade, ya sea que estén basadas en sus escritos o en su propia vida. Y esto es así tanto en su argumento como en su disparatada puesta en escena. Y no podía ser otra cosa más que disparatada siendo sus creadores Roland Topor y Henri Xhonneux. El primero de ellos fue miembro del movimiento Pánico junto a Jodorowsky y Arrabal y colaboró posteriormente con varios directores. Junto a Xhonneux creó a comienzos de los años ochenta del pasado siglo el Telechat (las Noticias del guiñol francesas). Y juntos decidieron rodar en 1989 esta película sobre Sade en la que los actores aparecen ataviados como animales, cada uno de ellos caracterizando una clase social, una forma de ser o un rol determinado.
El divino Marqués se encuentra encerrado en la Bastilla por sus supuestos crímenes sexuales. Allí confluyen una serie de personajes a cual más disparatado y bizarro que dan lugar a una historia que entremezcla elementos reales de la vida de Sade en prisión (no olvidemos que pasó casi toda su vida encerrado, siendo el único personaje que tiene el dudoso honor de haber sido encarcelado por la monarquía, la república y el imperio napoleónico), con conspiraciones republicanas, escenas sexuales propias de sus libros y aportaciones originales de Topor y Xhonneux.
Más allá del bizarrismo de la película, en ella podemos ver uno de los intentos más honestos (al menos en el cine) de dignificar a Sade (“el espíritu más libre que haya existido hasta la fecha”, tal y como le definió Apollinaire), más allá de los tópicos y de la leyenda negra. Podemos ver su sensiblidad, su alta concepción de la libertad y su defensa de la vida en todo su esplendor, todo ello narrado con un sentido del humor irreverente, bizarro y algo surrealista.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El Marqués de Sade se dedica en la soledad de su celda a hablar con su pene, Collin (sin duda el personaje más entrañable de la película), que tiene vida propia, y a escribir historias eróticas para él. A pesar de querer mantener su soledad y dignidad en prisión se ve envuelto en una serie de intrigas. Por un lado es cortejado por el carcelero Ambert, que quiere que le sodomice. Por otro lado, está Justine, una vaquita que fue violada por el rey y ahora espera un hijo suyo. El cura y el director de la Bastilla (aficionado al sadomasoquismo, que practica con la bella yegua Juliette) deciden entregar a Justine a Sade para tapar el escándalo y que todos piensen que el hijo es suyo, pero él decide resistir pese a Collin, desesperado por meterla en caliente. Sade narra algunas de sus historias a Justine, que se enamora de él por su sensibilidad y su diginidad. Pero de poco le vale, pues el cruel carcelero Ambert la viola, despechado por el rechazo de Sade, y poco después, al dar a luz, muere. Sade decide hacer de ella una de las heroínas de sus novelas. Ficción y realidad, vida y literatura se unen de forma enrevesada.
En La Bastilla también está encerrado Lupino, ex jefe de la policía, responsable del encarcelamiento del marqués y ahora conspirador republicano. Lupino le pide ayuda a Sade para escapar; para ello debe entretener al carcelero dándole por culo, pero Collin no está por la labor, así que el marqués le mete una langosta por el culo, en lo que es una de las escenas más bizarras de la película, con el carcelero corriendo con la langosta en su ano al descubrir la fuga. Sade se ve envuelto en una trama conspirativa dentro de prisión sin comerlo ni beberlo. Él sigue escribiendo, siendo esto lo único que le mantiene vivo entre las cuatro paredes de su celda. Pero hasta esto se lo roban. En mitad de una orgía el cura consigue que un editor se comprometa a publicarle los escritos que le roba a Sade.
Despojado de todo: de su libertad y de su diginidad hasta en lo más íntimo, Sade decide participar en la conspiración. Tras la primera y fallida fuga, Juliette, una de las conspiradoras republicanas y la dómina del director de la prisión, utiliza su poder sobre éste para planear y ejecutar la fuga, igual de disparatada que la anterior y en la que pierden la vida Lupino y el director de la prisión, éste teniendo su último orgasmo al exhalar su último suspiro. El marqués se ve por fin libre y Collin con él, lo que aprovecha para follarse a Juliette en el coche de carruajes en el que huyen. Al recobrar la libertad, el marqués y Collin se separan, éste decide recorrer el mundo en busca de aventuras sexuales y el marqués se queda escribiendo, reflexionando sobre la vida y el ser humano amputado en cierto modo de sí mismo pero conservando toda su dignidad y su esperanza.
Maese Huvi 
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Edipo, el hijo de la fortuna (Edipo Rey) (1967)
Pier Paolo Pasolini
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Septiembre de 2008 |
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Pier Paolo Pasolini es uno de los personajes más fascinantes del siglo XX, tanto por su febril actividad creativa como por su permanente compromiso político. Pasolini fue un Leonardo o un Rafael del siglo XX, un intelectual y un artista (en el sentido que tenían hace ya muchos años esos términos) capaz de tocar todos los campos del saber y del arte (poesía, novela, teatro, ensayo, cine, pintura) con una maestría que muchos ni tan siquiera aspiran a alcanzar, pero al mismo tiempo con una modestia y una sinceridad muy alejada del habitual narcisismo, megalomanía y estupidez de los “creadores” contemporáneos. Pasolini era ante todo un humanista, pero un humanista que sabía que la cultura humanística había desaparecido o estaba en trance de desaparecer, que la barbarie se ha instalado entre nosotros y que la cultura no es una inocente damisela sino una prostituta vendida al mejor postor, al capitalismo y a la sociedad de la abundancia mercantil.
Puede que Edipo re no sea una de las películas más destacadas de la filmografía de Pasolini. No es el neorrealismo crudo de Accattone o Mamma Roma, ni tiene la visión idealista y colorista de la Trilogía de la vida, ni la poesía crítica e hiperpolitizada de Porcile o Teorema, ni tampoco alcanza el nivel apocalíptico, polémico y pesimista de Saló. Decir que Edipo Re es una película de transición es una obviedad, porque todas las películas de Pasolini fueron eso, películas de transición, todas ellas son una búsqueda constante y, en gran medida desesperada, de un lenguaje que sea algo más que cinematográfico, que enganche con la vida y con el proyecto de mejorarla. En ese sentido, todo su cine es un cine extremadamente personal, íntimo, pero puede que Edipo re sea su película más íntima, y no sólo por su contenido claramente autobiográfico (reconocido por el propio Pasolini), sino sobre todo por cómo logra a partir de un mito clásico llevar a cabo una crítica del mundo contemporáneo de una forma que sólo Pasolini puede hacer, con sutileza, con una forma de narrar que lo dice y no lo dice todo, que nos deja la libertad para buscar la verdad por nuestra cuenta.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El tema de Edipo re, más allá de la interpretación freudiana y de la identifiación entre Pasolini y Edipo, es el de la culpabilidad. Pasolini nos muestra cómo se puede ser inocente y al mismo tiempo culpable sin saberlo, cómo somos víctimas de un mundo que nos hunde en el fango y cómo colaboramos con la barbarie sin que lo sepamos y cómo al descubrir la verdad que se oculta en nuestra vida aparentemente apacible nos vemos arrastrados a la locura. Edipo re es una película con un mensaje político contundente, aunque no sea evidente, es una crítica al capitalismo y al “nuevo orden hiperindustrial”, a esta sociedad en la que unos se mueren de hambre y otros de aburrimiento, una sociedad en la que todos somos culpables de la destrucción del mundo y de la vida, pero al mismo tiempo somos inocentes, pues también somos víctimas de esa hidra que nos arrastra y nos empuja hacia el abismo sin que sepamos qué hacer, cómo reaccionar, cómo evitar la catástrofe que nos acecha. Sólo nos quedaría enloquecer, huir, llorar.
El pesimismo crítico de los últimos años de Pasolini aparece ya en esta película, que puede ser considerada como un prólogo crítico a sus obras más optimistas, contagiosas y vitalistas (Trilogía de la vida, Teorema) y que engancharía con su gran obra final, su epílogo, ese grito desesperado que fue Saló. Lejos de adherirse al optimismo de su tiempo, Pasolini nos presenta una realidad atroz y nos obliga a enfrentarnos a ella, ¿qué podemos hacer?, ¿qué debemos hacer? Desde luego no hacer caso omiso a la profecía, sino enfrentarnos a ella, comprenderla y buscar la manera de evitar su cumplimiento. La ignorancia no nos salva, el mirar para otro lado es complicidad con la barbarie. Puede que la profecía (el triunfo definitivo del capitalismo) sea inevitable, pero la única forma de afrontar la vida con dignidad, es ser consciente de esa profecía que nos amenaza y de todo lo que conlleva, seguir la vida como si nada fuese con nosotros en una huida ignorante y aparentemente inocente es un suicidio retardado, pues al final la profecía nos alcanza y acabará explotando en nuestras manos, destruyendo nuestras vidas y las de todos los seres que amamos.
Maese Huvi 
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La casa de los 1000 cadáveres (2003)
Rob Zombie
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
29 de Agosto de 2008 |
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Pocas películas de terror hay ya que consigan convencer, atrapar, sorprender o simplemente entretener. Está tan trillado el género y son tantos los tópicos una y otra vez repetidos que parece que este tipo de cine está ya tan muerto como los zombies y al igual que estos ya no inspira miedo sino simplemente vergüenza ajena. Y entonces llega un señor llamado Rob Zombie (enseguida hablaremos un poco más de él y de su trayectoria) y consigue insuflar nueva vida al género utilizando esos mismos tópicos, lugares comunes, escenas y personajes ya vistos una y mil veces en todos los clásicos, pero aportando frescura, mucho humor negro, imaginación y un toque revival pero que quiere ir más allá del mero homenaje y ofrecer algo más.
Rob Zombie, cantante del mítico grupo White Zombie, es un tipo que ha mamado cine de serie B y Z desde su infancia. Este tío en lugar de comerse el bocata de mortadela viendo Barrio Sésamo lo hacía viendo pelis gores. Hace años había un lamentable programa de la MTV (cuyo nombre no recuerdo) en el que unos muñecos de plastilina que representaban a diferentes estrellas del cine y del rock se zurraban en plan lucha libre. Todos los fines de semana en un bareto heavy teníamos nuestra ración de esta basura y todavía recuerdo uno en el que Ozzy Osbourne se enfrentaba a Rob Zombie. El muñeco de Ozzy le decía a Rob: “Yo ya adoraba a Satán cuando tú todavía llevabas pañales de cuero” y a continuación creo recordar que le arrancaba el corazón (o algo así). Y es cierto que Ozzy ya comía murciélagos (con las consecuencias que todos conocemos) cuando Rob Zombie iba a la guardería, pero mientras Ozzy hace ya muchos años que da pena, el bueno de Rob Zombie se ha convertido en uno de los reyes del bizarrismo y la casquería. Satán debe estar orgulloso de su discípulo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: El argumento de La casa de los 1000 cadáveres es sencillo y tópico: dos parejitas de enamorados se pierden en mitad de la noche y acaban en una casa de los horrores en la que una familia de frikis paletos se dedican a asesinar a gente y a celebrar bizarros rituales. Todo esto regado con sangre a borbotones y un batiburrillo de componentes del buen cine de serie B: ultraviolencia, zombies, sexo, gore, experimentos con seres humanos, canibalismo, etc. Por cierto, en más de un aspecto La casa de los 1000 cadáveres recuerda a la mítica e infravalorada película española La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos: dos parejas de incautos urbanitas perdidas en mitad del campo, familia de paletos caníbales, hermana ninfómana (interpretada en este caso por Sheri Moon, la espectacular mujer de Rob Zombie, que borda este papel y hace que uno desee caer en sus manos para ser torturado), chica que parece (sólo parece) que se va a salvar en el último momento… Un parecido más que razonable.
Para terminar, hacer mención de algunos de los homenajes que el tío Rob hace en la película: al personaje de Vampira, a las películas Madhouse o La matanza de Texas, a Vincent Price, etc. Un placer para todo friki que se precie de serlo. Y también destacar algunos de los toques de humor negro, como el payaso más grotesco y siniestro que se recuerda en el cine (excepción hecha de las películas de los payasos de la tele Gaby, Fofó y Miliki, ¡estos sí que daban miedo!), la escena del pez-hombre (simplemente espectacular) o los personajes del abuelo y la madre (a cual de los dos más grotesco…)
Una buena combinación de elementos prestados de clásicos del gore y del terror, una cuidada puesta en escena, toques de humor en el momento justo, una fotografía que sorprende bastante, una buena banda sonora (compuesta como no podía ser menos por Rob Zombie). En definitiva. Un nuevo clásico del género (y falta le hacía). Y al que no le guste...
Maese Huvi 
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