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Críticas de: Cocalisa
Cocalisa |
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(Miranda de Ebro, España)
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6,0
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Grizzly Man (2005)
Werner Herzog
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| 6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Julio de 2007 |
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Grizzly Man, la alucinante aproximación a una existencia -la del aventurero autodidacta Timothy Treadwell- paralelamente alucinada, obtuvo a lo largo de 2005, entre otros muchos reconocimientos, el Premio Alfred Sloan en el Festival de Sundance y el Premio al Mejor Documental de la Asociación Nacional de Críticos de USA. Su narrador y director, el alemán Werner Herzog, encontró en el experto en osos grizzly Treadwell un ejemplo perfecto del ser poseido, devorado por una pasión desorbitada, profundamente conmovedor y terrible a un tiempo en su desequilibrio. Como otros grandes protagonistas de su filmografía -Lope, en Aguirre, la cólera de Dios (1972), Fitzcarraldo (1982) o Francisco Manoel da Silva en Cobra Verde (1987)- Treadwell sostiene un pulso cósmico con la naturaleza, establece su propia medida oponiéndola a dificultades que al resto de mortales se antojan insalvables. Su temeridad parece responder a ratos a una suerte de heroísmo inmune al temor y a ratos a algún tipo de alteración mental de primer orden. ¿No es esa, después de todo, la esencia de algunas de las grandes aventuras equinocciales, como las retratadas por Sender o Chatwin en los relatos que alimentaron dos de las ficciones del animador del Joven Cine Alemán y responsable a su vez de algunos de los rodajes más intensos de la filmografía de las últimas tres décadas?.
Tal vez aquello que viene a diferenciar a las criaturas de Herzog de algunas de las figuras aupadas por la historia es su incapacidad final para vencer esa atracción que sobre sus días y obras ejerce el abismo. Unas y otras -y la de Timothy Treadwell no es una excepción- parecen huir de sus fantasmas personales galopando sin freno hacia una meta tan grandiosa como inalcanzable : levantarse contra el rey construyendo un Imperio particular, edificar un inmenso teatro de la ópera en plena selva para que el mítico Caruso acerque a Verdi a los nativos, establecer un pacto de igual a igual con el instinto bruto de los enormes plantígrados de Alaska... Poco importa, en fin, la variante del fracaso; lo esencial es que éste venga a aliviar el dolor anidado en almas bipolares, aunque la avalancha final arrastre a los seres más próximos a nuestros extenuados y extenuantes héroes.
¿Cabía esperar, con tales apetencias, que fuera otro que Klaus Kinski el protagonista casi omnipresente de su cine y, como viene a documentarse en Mi enemigo íntimo (1999), de su propia existencia, que inspiró y atormentó a partes iguales desde que se conocieron, apenas adolescente Werner, en los años 50?, ¿cabía esperar que fuera Herzog a desatender una biografía, la del contumaz naturalista, tan desaforada como la del también desaparecido Klaus?.
Cocalisa 
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Eres muy guapo (2006)
Isabelle Mergault
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| 5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Julio de 2007 |
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Desde hace algunos años, el cine francés viene regalándonos regularmente comedias ligeras, acertadamente construidas, que alcanzan por lo general un notable éxito no sólo, aunque principalmente, en las pantallas galas. En ocasiones, esos trabajos alejados de toda pretenciosidad arrojan, además, un destello sobre la naturaleza humana, una reflexión engañosamente leve en torno a los usos y costumbres del “ciudadano de a pie”.
Nacen así -situándose en las antípodas de algunas de las aventuras megacostosas en las que, también periódicamente, se embarca el cine vecino con resultados frecuentemente decepcionantes- títulos como La cena de los idiotas, Salir del armario o ¿Por qué las mujeres siempre queremos más?. A esta amable variedad pertenece, desde luego, Eres muy guapo (2005), debut como directora de la veterana actriz Isabelle Mergault, que alcanzó más de tres millones de espectadores en el mercado francés.
Magníficamente interpretada por Michel Blanc -el obsesivo protagonista de Monsieur Hire (1989), director y actor en Mala fama (1994) y Besen a quien quieran (2001)- y la rumana Medeea Marinescu, Eres muy guapo nació de la curiosidad que había despertado en su realizadora un documental televisivo sobre las acciones desesperadas que algunos campesinos galos se veían forzados a acometer para encontrar una compañera. Una dificultad puesta de manifiesto en nuestro país, por otra parte, por iniciativas que, como las “caravanas de mujeres”, ocupan de tanto en tanto los titulares de los medios informativos.
La elección de Michel Blanc -que desempeña con la solvencia de costumbre el papel de agricultor misántropo y tacaño, empeñado en “cubrir la baja” de su esposa para solventar las agobiantes tareas domésticas- es todo un acierto. Su objetiva carencia de atractivo, de la que Aymé (el escasamente desolado viudo a quien recrea) es plenamente consciente, le empujan a buscar una nueva pareja allí donde parecen abundar las oportunidades : la Europa pobre, ansiosa de buscar una vida mejor. En concreto, en Rumania, cuna por otro lado de la magnífica Marinescu, quien -sin apenas hablar el francés, memorizando fonéticamente el guión- supo construir una creíble, emocionante Elena. Cruce de intereses, por tanto, en el que la zafia repetición de la frase “eres muy guapo” resulta tan patética como clarificadora. Remedo de tantas otras historias vividas día a día en nuestro país, como narraba -en otro registro- Icíar Bollaín en Flores de otro mundo (1999). Espejo, al fin y al cabo, de tantas frágiles peripecias de supervivencia.
Eso sí, nos movemos, con Aymé y Elena, en el terreno del melodrama, donde todo -y, sobre todo, la conversión entrañable que el amor alcanza a introducir en los corazones- es posible.
Cocalisa 
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Despertando a Ned (1998)
Kirk Jones
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Octubre de 2008 |
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Esa es, exactamente, la suma de libras que una lotería primitiva excepcionalmente generosa deja caer en el pueblecillo irlandés de Tullymore. Habrá que admitir el acierto de uno de los comentarios que se deslizan en Despertando a Ned (1998), primer largometraje de Kirk Jones: “un premio multimillonario puede cambiarle a uno la vida... para siempre”. Y si no, cabría preguntárselo a Jackie O´Shea y Michael O´Sullivan, los entrañables amigos que junto a la esposa del primero, Annie, protagonizan esta divertida historia.
Jones, autor también del guión, aborda en clave de enredo su aproximación a un universo rural sacudido por tamaño golpe de suerte, emparentado en más de un pasaje con la espléndida El hombre tranquilo (1952), que Ford situaba en Innisfree. Algunos de los perfiles permanentes en la cinematografía costumbrista irlandesa -su carácter coral, la belleza plácida de sus paisajes, el tipismo en ocasiones estrafalario de sus habitantes, el peso específico que en las comunidades tienen el cura y el tabernero (regentes uno y otro de los locales más populosos de la localidad), la prodigiosa abundancia de whisky y cerveza...- son introducidos con acierto en la película.
Pese a lo exiguo de su producción para la gran pantalla -La niñera mágica (2005) completa por el momento su brevísimo catálogo-, el director demuestra dominar su oficio, construyendo una trama que funciona con la precisión de un reloj. Sus años de creativo publicitario (con clientes como Mercedes, Absolut Vodka, Coca-cola o Reebok, y premios de la Televisión Británica y Cannes), lejos de traducirse -como en tantos otros trabajos de realizadores formados en la publicidad- en un efectismo visual vacuo, alimentan la firmeza de un relato ágil, chispeante, salpicado de gags tan sencillos como eficaces.
Acompañados por la hermosa banda sonora de Shaun Davey, los veteranos actores Ian Bannen, David Kelly y Fionnula Flanagan resuelven magistralmente su representación del trío estelar, envuelto en la creciente complicación de su aventura. Como contrapunto, otras subtramas vienen a enriquecer el relato, en el que engarzan con toda naturalidad: así, el amor escasamente fragante de Maggie y Pig Finn, o la amistad entre el hijo de aquella y el joven párroco accidental (a quien no cabe confundir con el párroco felizmente accidentado).
En suma, hora y media de cine amable, desbordante de buen humor, tierno o irónico conforme aconseja el desarrollo argumental. Despertando a Ned viene a alinearse con todo derecho junto a títulos como Café irlandés o La camioneta, tendentes a la comicidad. Uno de los rostros de la isla, radicalmente contrastado por el retrato crudo de sus perfiles más oscuros, relacionados en no pocas ocasiones con su agitada historia, que han trazado otros cineastas.
Cocalisa 
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Un funeral de muerte (2007)
Frank Oz
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Enero de 2008 |
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“¿Quién no ha sufrido un ataque de risa en el momento más inapropiado? Es una reacción humana bastante natural, y es la base cómica de Un funeral de muerte”, argumenta Frank Oz, realizador de esta -permítanme un mal chiste- vivísima comedia negra. Efectivamente, durante hora y media los espectadores asistimos a la creciente desesperación de los invitados a la reunión familiar de despedida al difunto patriarca, abocados unos y otros a deslizarse desde la mera inoportunidad al absoluto desastre.
Avezado creador de un cine humorístico -Un par de seductores (1988), con los (y este es, admítanlo ustedes, otro mal chiste) impagables Michael Caine y Steve Martin, o ¿Qué pasa con Bob? (1991), con Bill Murray y Richard Dreyfuss, son algunos de sus trabajos- el inglés Oz contó para esta memorable ocasión con un guionista de nervio y genio, Dean Craig. Un joven escritor que encontró su inspiración en el problemático entierro de su abuelo; conforme recuerda, "mi abuelo murió hace unos años. Fue un acontecimiento muy triste y difícil, pero en el que ocurrieron un montón de cosas. Era todo tan raro que me hizo pensar que en realidad podría ser la ambientación perfecta para una comedia negra. También quería utilizar ese sentimiento tan poderoso que nos invade a todos en los funerales porque, aunque en esos días todo se centra en la muerte, también hay una sensación preponderante de que la vida sigue”.
Si bien la estructura general de la película responde a la de la comedia tradicional británica (buenos actores, diálogos brillantes, enredos comprometedores, etc), la juventud y desenfado de Craig iban a introducir elementos novedosos, vivificantes, en la trama. "Lo que nos encantó del guión fue que sigue totalmente la tradición de las grandes farsas cinematográficas como Arsénico por compasión o El quinteto de la muerte, pero a la vez transmite la modernidad de haber sido escrita por un guionista joven", apuntaba el productor Share Stalling.
¡Qué placer topar, además, con una pantalla repleta de actores de talento! Desde los recientemente conocidos Matthew Macfadyen -por la versión de Orgullo y prejuicio estrenada en 2005- o Alan Tudyk en su papel alucinante por alucinado, al veterano Peter Vaughan bordando un requeteborde Tío Alfie o al insuficientemente vertical Peter Dinklage (¿recuerdan su papelón en Vías cruzadas/The Station Agent (2003)?), todos y cada uno dan en el clavo, imprimiendo un tono y un ritmo perfectos a la historia. Una historia definitivamente coral, lo que, como aprecia Dinklage, “no es muy común. Todos desempeñan un papel bastante equitativo, así que ninguno de los personajes pasa desapercibido. Cada uno de los personajes le añade un toque de humor a la situación, para calentar el ambiente según se encamina hacia un final increíble”.
Tomen asiento, digan “les acompaño en el sentimiento”, y disfruten con las trapisondas de los atribulados personajes, todos ellos al borde del colapso... excepto el honorable difunto.
Cocalisa
Cocalisa 
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La luna en directo (The Dish) (2000)
Rob Sitch
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| 4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Julio de 2007 |
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La Historia de la Humanidad -la Historia con mayúscula- la escriben los Faraones. O Julio César, o Napoleón, depende. Lo recordaba, con notable eficacia didáctica, Brecht en su poema a los constructores de civilizaciones. Sólo que -como reivindican los defensores de la microhistoria, las personas “de a pie” que defienden la aportación de sus semejantes al avance de las sociedades- la aventura humana es infinitamente más rica y compleja que la reducción a la que nos tienen acostumbrados sus relatores. Faraones, sí, ordenando levantar pirámides; pero, ¿quien daba el agua a los camellos que arrastraron las moles de piedra?.
Esta es, entre otras, una de las sugerencias de esta magnífica, deliciosa producción australiana, dirigida en 2.000 por Rob Sitch con el título original de “The Dish”. “La Luna en directo” -narración de un aspecto desconocido de la llegada del hombre a la superficie lunar, en julio de 1969, a bordo del Apolo XI- conecta, en este sentido, con la tradición del teatro clásico español, en el que una subtrama de personajes secundarios ofrece el contrapunto a las andanzas de las “primeras figuras”, mostrándolas desde una perspectiva más inmediata al espectador, a menudo más matizada y “radicalmente humana”.
Así, el film nos describe el papel que determinadas circunstancias iban a reservar a una minúscula población australiana, Parks, en la difusión de aquel logro tecnológico y sociopolítico de magnitud global a cientos de millones de boquiabiertos espectadores. De paso, y con la aparente sencillez que caracteriza buena parte del mejor cine de nuestras antípodas, nos habla de las limitaciones, sueños, deseos, voluntad de superación y ambiciones de sus lugareños, a quienes se encargaba una misión que, conforme a todas las apariencias, parecía venirles extremadamente grande.
El enorme acierto de Sitch consiste en haber sabido acercarse con todo el humor, y el amor, del mundo a esos personajes agobiados por una responsabilidad entreverada con un mal disimulado orgullo localista. Como resultado, una de las más divertidas y entrañables comedias de los últimos años, subrayada por la acertadísima actuación de sus intérpretes, impagables en sus matices. Toda una fiesta.
Cocalisa 
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