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Críticas de: Ludovico

Ludovico
(Ávila, España)
542Películas valoradas
21Críticas
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Críticas: 21 Página: 3
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El Señor de los anillos: la comunidad del anillo (2001)
Notable
Peter Jackson
8 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Floja 2 de Enero de 2008
San Juan de la Cruz decía: «No a lo más, sino a lo menos». Y esto es aplicable también al ámbito del cine, pues no es sólo una norma ascética sino una ley cósmica; pero no podemos entrar ahora en eso. En todo caso, Robert Bresson la aplicó al cine de forma sabia y rigurosa, y en sus «Notas sobre el cinematógrafo» escribía: «La facultad de aprovechar bien mis recursos disminuye cuando su número aumenta». O dicho de forma más sintética; cuantos más medios, peores resultados, algo que Norman Jackson, está claro, no comparte. La obsesión por la multiplicación indefinida de los medios ha llevado al cine a renunciar a la creación genuinamente artística para convertirse en lo que hoy es de forma mayoritaria y casi exhaustiva: mero espectáculo de feria (hay excepciones, claro), todo lo sofisticado que se quiera, pero de feria.

Y la trilogía de «El Señor de los anillos» me parece un buen ejemplo. La novela de Tolkien tal vez no sea una cima de la literatura universal, pero es —yo creo— una buena novela, probablemente el intento más serio y logrado, desde los relatos medievales del ciclo artúrico, de construir un universo mitológico integral a partir de unas intuiciones metafísicas profundas: el viaje iniciático; el carácter ambiguo, y en definitiva maléfico, del poder; la sustracción y no la adición como camino de realización, etc. Es verdad —y el propio Tolkien se lamentó de ello a posteriori— que hay en su novela demasiadas concesiones a la literatura «juvenil», al relato de aventuras para adolescentes. Y es cierto también que un proyecto esencialmente sincrético, fabricado con elementos tomados de muy diversas mitologías (pero ¿cómo podría elaborarse hoy en día un relato mitológico si no es de ese modo?) inspirará a los puristas las mayores reticencias. Con todo, su novela me parece el único logro real, con enorme diferencia, entre toda esa corriente de «fantasía heroica» que acumula montañas de estulticia y mediocridad en la literatura y en el cine.

La película ha conseguido cargarse todos los hallazgos que la novela de Tolkien sugería o desarrollaba de forma incipiente, sin dejar ni rastro. Cediendo a todas las concesiones posibles exigidas por un público infantilizado, ávido de acción y de efectos especiales, todo el sencillo encanto y la profundidad metafísica del relato de Tokien han sido radicalmente arrasados. Batallas y más batallas… eso es todo: puro espectáculo banal para entretenimiento de mentes adormecidas. Cierto, la recreación visual de algunos escenarios está bastante lograda. Pero eso es lo menos que se podía pedir a uno de los proyectos más millonarios de la historia del cine. El problema es que para conseguir esa recreación —que no deja de ser algo secundario— ha sido necesario aniquilar todo lo esencial. En fin, siempre nos quedará la novela…
Ludovico
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Happy Together (Felices juntos) (1997)
Notable
Wong Kar-Wai
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Floja 15 de Marzo de 2008
Si esta historia, en lugar de a dos hombres homosexuales tuviera como protagonistas a un hombre y una mujer, probablemente parecería un relato más bien insubstancial, mil veces contado, de amores devoradores, posesiones destructivas, celos, etc.: algo que la narrativa del siglo XX ha repetido hasta el aburrimiento. Pero el problema no es la repetición —pues, antes de que surgiera la neurótica manía de la novedad, el arte ha repetido siempre modelos fijados, lo que no ha impedido la aparición de grandes obras maestras—, sino la modalidad de la repetición, la reiteración de actitudes, situaciones y personajes cerrados sobre su propia singularidad, limitados a su más estrecha concreción, y que no reflejan ni proyectan nada que vaya más allá del nivel del suceso, de lo que ocurre aquí y ahora.

Y difícilmente podría ser de otro modo, dado el lenguaje utilizado: planos cortos, movimientos de cámara abundantes y rápidos, contrastes cortantes, ritmo fragmentador: formalmente, estamos ante una mezcla de realismo naturalista y estética del videoclip, dos planteamientos formales aparentemente lejanos entre sí, pero que se refuerzan mutuamente en su tendencia a encerrar cada acontecimiento en su temporalidad específica, en la clausura de toda transcendencia simbolizadora, convirtiendo así cada acontecimiento en anécdota. Una estética violenta y un tanto neurótica que, como un niño impertinente o un adulto inmaduro, reclama constantemente nuestra atención para no decirnos, en definitiva, casi nada. Y el impacto visual, la conmoción del instante, está aquí, como suele ser habitual, en relación inversa con la capacidad de «impregnación»: la película, que se pretende novedosa pero que en el fondo es harto convencional, se olvida al día siguiente de verla para no recordarla más...

Todo esto no quiere decir que el director no tenga «oficio», que ciertamente lo tiene, pero eso no significa mucho: hasta el bombardeo de una ciudad puede realizarse con oficio y de forma técnicamente impecable.

Es de lamentar que los cineastas orientales hayan renunciado a toda integración de su propia tradición cultural con algo tan ajeno —y probablemente tan contrario, es cierto— como el cine. El proyecto era extremadamente difícil por la disparidad de las realidades que había que conjugar, pero eso mismo lo hacía interesante, y algunos directores japoneses como Ozu, Mizoguchi o Kobayashi lo intentaron en su momento con resultados diversos pero en general interesantes. Parece que, por el contrario, nada semejante se ha llevado a cabo desde el cine chino, que se mueve entre el exotismo de bazar pasado por Hollywood —al estilo Zang Yimou y su «Maldición de la flor dorada»— y la adopción de los criterios más característicamente occidentales en el fondo y en la forma, como en el caso de esta película.
Ludovico
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Madre e hijo (1997)
Buena
Alexandr Sokurov (aka Alexander Sokurov)
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 20 de Noviembre de 2007
Una de esas pocas películas que frente a la tendencia esterilizadora y asfixiante del cine-espectáculo que padecemos (con calidad o sin ella, que de ambas cosas hay, pero que se funden en una misma inanidad), apunta de forma sutil y casi diría que sacramental hacia lo intangible, hacia aquello que no puede ser expresado con palabras, ni siquiera con imágenes. Lo que esta película re-vela (es decir, vela de nuevo para mantenerlo en el secreto en el que por naturaleza habita) es lo que queda cuando el tiempo se detiene, cuando el alma se instala el silencio y se abre a sus abismos. Es decir, ni más ni menos, aquello que el arte está destinado a cumplir por naturaleza (aunque Tarantinos, Almodóvares, Haneckes y demás «genios» del momento ni siquiera lo sospechen).
Magnífico el comentario de Fran Benavente en la hoja que acompaña al DVD. No queda mucho que decir después de eso.
Ludovico
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El cielo gira (2005)
Buena
Mercedes Álvarez
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 15 de Marzo de 2008
Película que hace concebir esperanzas respecto a lo que puede ser el futuro de su directora; pero de ahí a considerarla una obra de arte, como han dicho algunos, hay todavía, en mi opinión, un gran trecho. Mercedes Álvarez ha filmado su película con una gran austeridad (sucesión de planos fijos, ausencia de música...), justificada sin duda por su propio planteamiento: una pretensión de máxima objetividad, de no intervenir en la realidad desnuda que pretende mostrar. Y la cosa resulta relativamente eficaz, aunque el planteamiento en sí no deje de ser cuestionable. ¿Es realmente posible o deseable esa objetividad? ¿No puede ser una vía demasiado fácil y con resultados limitados de antemano? Preguntas a las que se podrían añadir otras más sobre ese «falso documentalismo», que cuenta de hecho con una evidente puesta en escena; tal planteamiento ha dado al cine extraordinarias películas, es cierto, como «Nanook el esquimal» u «Hombres de Arán», pero, claro está, Mercedes Álvarez no es Robert Flaherty.

Se ha repetido, y estoy de acuerdo, en que la voz en off no encaja demasiado. Como texto literario no está mal, pero parece obedecer fundamentalmente a la inseguridad de la directora en sus posibilidades, a las dudas sobre su capacidad de transmitir su mensaje mediante un lenguaje estrictamente visual (es su primera película). Por lo demás, ese texto en off incorpora un elemento de subjetividad que no acaba de encajar, a mi entender, con la pretendida objetividad de las imágenes.

Probablemente la película habría ganado si no se hubiera apoyado tanto en los diálogos y se hubieran recortado ligeramente algunos de ellos, cuyo interés intrínseco no pasa de ser relativo, pues, obviamente, no se trata tanto de darnos a conocer las opiniones personales —necesariamente limitadas— de los vecinos sobre acontecimientos como la guerra de Iraq o la vida más allá de nuestro planeta, cuanto de transmitirnos una idea global sobre su vida colectiva.

En cualquier caso, con todas sus limitaciones, me parece una obra digna, estimable e interesante.
Ludovico
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Elvira Madigan (1967)
Buena
Bo Widerberg
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 22 de Noviembre de 2007
Lástima que esta película, que tuvo buenas críticas en su aparición, esté hoy tan injustamente olvidada. Se comprende: no vivimos precisamente tiempos de romanticismo, y «Elvira Madigan» es, probablemente, la película más radicalmente romántica que se haya filmado nunca, lo que la sitúa en las antípodas mismas del espíritu de nuestra época; tan ajena a este mundo como puedan serlo Novalis, Hölderlin o Friedrich.
¿Cuándo, por última vez, una pareja se suicidó por amor? (no desvelo nada: el desenlace de la historia se nos cuenta, con acertado criterio, en la primera escena de la película). Ahora las gentes se suicidan más bien por asco y aburrimiento, por defecto y no por exceso. Antes —es decir, en tiempos menos bárbaros—, cuando dos amantes veían su amor impedido por unas estructuras sociales asfixiantes, podían todavía «echarse al monte», como Sixten y Hedvig, nuestros dos protagonistas. Ahora, por el contrario, lo sensato es regular la situación, tramitar divorcios en el juzgado correspondiente, buscar en el periódico una hipoteca asequible y acomodarse al necesario calendario de la mezquindad programada...
Afirmación exaltante y exultante de la individualidad (de la individualidad a dos) frente a la devastadora socialización que ya se anunciaba en la época, cántico a una concepción del amor que no sabe de riesgos calculados ni compromisos consoladores, Elvira Madigan es una obra radical en múltiples sentidos: radical en su propuesta ética y estética, radical en su paradójica exaltación de una vida superior, radical en su intransigencia con la mediocridad... y, desde luego, una de las más bellas películas, en mi opinión, que se hayan filmado nunca.
Se le ha criticado su esteticismo, esos paisajes «irreales» que —se ha dicho— parecen propios de un anuncio de carretes fotográficos. Pero, ¿por qué no podría plasmarse en una película la naturaleza en todo su deslumbrante esplendor? Si es preciso llenar un paraje de basuras y aguas cloacales para que pueda resultarnos real, habría que empezar a preguntarse por el verdadero sentido de nuestra «realidad». Me admira la estética triste y gris de Bela Tárr, por ejemplo, pero eso no me impide maravillarme ante la estética luminosa y policroma de Widerberg en esta película hermosa y fascinante.
Cuanto tanto genio de la provocación anda suelto por ahí, pretendiendo sorprendernos con originalidades que, dicho sea de paso, ya no generan, por lo repetido, sino indiferencia y tedio, Widerberg nos anonada con la belleza y el amor: la única provocación posible en un escenario de fealdad y agresión normalizadas.
Ludovico
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