19 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La reciente película del cineasta argentino Eliseo Subiela, “No mires para abajo”, siempre fiel a su tradicional estética de la imagen y a sus temas siempre colmados de casuística; propone en esta historia narrada en primera persona: Los esquemas sobre la amistad, el amor y el desarrollo de esa devoción entre una joven pareja Eloy (Leandro Stivelman) y Elvira (Antonella Costa).
Esta historia cargada del más inteligente erotismo que haya visto en el cine latinoamericano hasta los presentes días, me permite aproximarme una vez más a dos temas en el cine de Subiela. Eros (“El lado oscuro del corazón”) y la muerte (“No te mueras sin decirme a donde vas”). Entonces, tres conceptos salidos de los mismos diálogos de los personajes (la más sincera caracterización de dos jóvenes, con la ausencia de gestos “falsificados”), invitan (a mi juicio) a la siguiente lectura del filme:
1.- Cuando Eloy sentencia “Nos muertos no necesitan leer para enterarse de las cosas”. Aquí Subiela confronta la relación del joven con su padre fallecido (“El espíritu de papá viene las noches a casa”) y ofrece una lectura de las relaciones padre e hijo, desde la perspectiva de la necesidad de sentir al ser adorado y la sabiduría de la vida. Su metáfora esclarece el sentido propio de aquellos seres ya desparecidos (La escena de la bicicleta y los señores pegados a la pared con sus tics).
2.- El diálogo de Elvira cuando sentencia que “No quiero ver a Dios después de muerta, quiero verlo aquí en la vida.¡Vamos a buscarlo!”. Y es la primera escena de amor que sublima esta idea y confiere a la historia la ausencia de la metáfora para aproximarnos al goce los cuerpos. Ya en esta escena, vino a mi memoria el diálogo en la “La hija del caníbal”, de Antonio Serrano, cuando Lucía (Cecilia Roth) al ser amada por un joven, piensa: “El cielo si es que existe, debería ser un instante de sexo detenido”.
3.- Cuando se asevera que “las debilidades” podría compararse a “las formas defectuosas de andar”. Con metáforas visuales, introduce “ese andar” por la vida en todos sus senderos. Aunque sea en el cuerpo de Elvira, donde arriba de sus nalgas se lee el tatuaje: “Comienza una nueva vida”, en un acto en que la pareja se untan de aceite antes de comenzar el sutil juego de hacer el amor, siempre dirigido por ella.
Podríamos sentenciar que esta película, lleva al Subiela de siempre. Un cine para disfrutar de su plasticidad de la imagen y su música, pero también para pensar un poco, sobre lo que parece ya no interesar al ser humano. Y no olvidar el consejo del papá de Eloy: “En la vida siempre estarás diciendo adiós. ¡Qué eso no te impida amar!”.
Gonzalo Restrepo Sánchez (Film critic. Barranquilla,Colombia)
15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El tema del hombre que decide ser justiciero por iniciativa propia, de vengador (¿nos identifiquemos con él?), ya lo hemos visto en el cine con interpretaciones en ese papel a Charles Bronson en “Vengador anónimo” y Clint Eastwood, entre otros.
Ese deseo de poner un poco de orden y justicia en mundos desquiciados donde pululan los desgraciados, ha sido una vena importante para el cine. En esta oportunidad, el excelente actor Michael Caine, interpreta a Harry Brown, quien se toma la justicia por su mano, en un buen film en su estructura dramática y ciertas situaciones al límite, que siempre nos lleva al pensamiento interior de que no le pase nada a Harry (aunque lo hecho esté mal, pues nadie debe tomarse la justicia por su mano).
En este ideario acerca de la conducta del ser humano, en “Harry Brown” una policía, interpretada por Emily Mortimer (en una buena caracterización), si bien termina comprendiendo a Harry, es otro elemento en común en este tipo de trama: alguien que conoce de ti, pero que se entromete a medias.
De todas formas el film, sin romper el esquema de este tipo de historias, y sin sorpresa alguna, mantiene el interés y nos estremece la idea de una soledad en hombres duros, quienes ante el final casi de la existencia, ya no les importa nada, ni siquiera la muerte. ¡Así es la vida!
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Basada en la novela de Donna Woolfolk Cross, “La pontífice” nos describe la historia de Johanna, hija de un sacerdote y una pagana. La película, narrada en tercera persona, plantea siempre en un ritmo y tono ascendente, la vida de una mujer dedicada al servicio de los demás.
De todas formas, podemos destacar del film dos aspectos de este mito. La etapa de infancia de la niña, donde nos impregna sobre lo más profundo de un ser que desea el discernimiento. Y es que desde la infancia, Johanna le urgen los deseos de tener más conocimiento, no obstante que los religiosos de la época, les impide a las mujeres aprender a leer y escribir.
La segunda idea, nos revela y muestra a una mujer ya adulta (realmente significativa la caracterización de Johanna Wokalek), que enfrentada a las barbaridades de la época, afronta y comprueba su circunstancia espiritual y real como mujer. De todas formas, esta idea de una mujer Papa, atiborrada de lo que Claude Lévi Strauss denomina mitemas, ¿infringe en la realidad romana acerca de los Papas antes de Cristo?
Un interesante tema. De todas formas, la parte final de la cinta deja abierta esa puerta de traiciones y engaños para abrir el debate. Muy bien por el director del film Sönke Wortmann, ya que sin una cámara forzada, registra el velo pintado de una historia aún por debatir.
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Este film de Alexander Kott arranca un 21 de junio de 1941 en un parque donde bailan unas personas. En este momento, la narración presente en primera persona por parte de la voz adulta y estentórea de Alex Akimov (a quien vemos adolescente), nos introduce poco a poco en el pasado y tormentoso mundo de una guerra.
Así que este crudo drama, de cuidada puesta en escena y detallada ambientación, nos habla de la guerra, del honor y de una batalla que a la larga todos perdieron. En este contexto, y sin que hayamos de identificar nada, por supuesto; el film “The Brest Fortress”, (al igual que “Stalingrado”), evade el maniqueísmo fácil y si bien no se aleja de esa costumbre de retratar a todos los nazis como despiadados que matan sin reconcomios y angustias; distinguimos unos rusos procediendo por el honor. “The Brest Fortress”, es una pequeña obra maestra.
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Tom Tykwer nos muestra un filme bastante internacional por las locaciones que vemos en la película. Pero más allá de adjetivizar (tic nervioso, de algún sector de la crítica) y de la simple lectura sobre la espectacularidad o no de la cinta, bien deja en nuestras mentes muchas cosas,y, citemos las esenciales a mi juicio.
1.- Ante la crisis que vivimos hoy, ¿no son los bancos, el FMI y sus sucedáneas, responsables de lo que vivimos?...A muy buen momento, se exhibe esta película que nos invita a pensar una vez más sobre el asunto, por muchas reuniones que tenga el G-20.
2.-Que para aquellos que deseen conocer un poco más el asunto sobre quienes rigen en este planeta," les recomiendo lean "El Club Binderberg" de Daniel Estulin.
En lo estrictamente cinematográfico, como en el trasunto discurren el agente de la Interpol Luis Salinger (Clive owen) y la Fiscal del Distrito de manhattan Eleanor Whitman (Naomi Watts), en algún momento (aunque a la larga no es así), vino a mi memoria el filme de Hitchcock, "Falso culpable", ("The wrong man") por aquello de los falsos culpables. De todas formas "The international", es una historia con duros protagonistas, una cinta que posee todos los ingredientes necesarios para agradar a los amantes del "thriller" urbano y ese nuevo realismo (aunque no tan nuevo) sobre la serie negra.
Gonzalo Restrepo Sánchez (Film critic, barranquilla. Colombia)