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Críticas 240
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
5
19 de septiembre de 2008
126 de 182 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alguno de vosotros me tenéis alucinada. Sencillamente. Leo vuestras críticas y del que menos me lo espero va y le enguiña un 10 a Love Actually. En fin, ver para creer.

Yo tuve la sensación al verla de que el director estaba cosiendo retazos de Bridget Jones, de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y de alguna otra. Resultado: Love Actually, malcopiando a Robert Altman.
Por eso casi no logro distinguir de qué película estamos hablando.
Los actores se repiten, los diálogos, las situaciones, los melindres.
Todo es más de lo mismo: hits de los 80, Hugh Grant, Hugh Grant y Hugh Grant.
Es como una saga interminable donde el Dar Vader de la Navidad es un tal Hugh Grant (¿lo había mencionado?) con cara de estar hasta los wevos de repetirse y repetirse como el ajo.
Luego hay un reparto que no se acaba nunca. Eso es cierto.
Está Laura Linney, que parece mongui (¿quién, en su sano juicio, va a perderse ese revolcón?).
Thomas Brodie-Sangster
Colin Firth, haciendo de Colin Firth; Claudia Schiffer, haciendo de Claudia Schiffer. Emma Thompson (qué hastío de mujer) y Alan Rickman (yo pasaba por aquí)... disfrazando a sus hijos de langosta y yendo a la puñetera obra de Navidad del cole de los niños donde, claro, lo más normal es que se aparezca el Primer Ministro a punto de tirarse a su novia.
Por cierto, a la novia de Tony Hugh Blair también se la quiere beneficiar el presidente de USA, ajajajaja, y juro que la tía va vestida de azul. Azul oscuro, pero azul.

A todo esto Tony Hugh Blair monta un cristo diplomático con la Casa Blanca porque Billi Bob es un putero.

La historia más aceptable, desde mi punto de vista en este batiburrillo de ahora te quiero, ahora no, es la de Liam Neeson y su hijo.
La mejor escena de la película: los carteles que no se merece Keira...
La que definitivamente me sobra es la del pichafloja que se pira a Wisconsin a liarse con todo el censo femenino del pueblo.
Keira Knightley & Chiwetel Ejiofor
La más simpática, la del tío que canta en bolas y su manager.
La absurda, imposible ¡por mucho que estemos en Navidad! (el espíritu navideño idiotiza a la gente) es la historia del Tony Hugh Blair liándose con una tía que de cada cinco palabras, pronuncia cuatro tacos.
Me olvidaba de los actores porno, en fin...
Supongo que quisieron hacer una película para treintañeros. De ahí la música y las edades de los actores, más o menos digeribles para ese tipo de público. Pero, no. Les salió otro pastelón para adolescentes. Mejor que otros, pero pastelón de igual forma.
Ah! le iba a poner un 6, pero me acabo de acordar de Mister Bean! No lo tolero. Así que un 5 raspadillo y por cinco razones:
- el rockero,
- los carteles a Keira,
- el de la oficina que baila con Laura Linney,
- la portuguesa que le dice a la hermana que se pire a casarse con el príncipe Henry
- y la banda sonora.
Por cierto, el retrato de Portugal es lamentable y completamente falto de respeto. Sobraba.
9 de febrero de 2009
92 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sigo sin encontrar la excusa por la cual Peckinpah tuvo que rodar esta historia en Inglaterra y ofrecer la imagen que da de los británicos de pueblo: todo el santo día holgazaneando, enganchados a la jarra de cerveza o botella de whisky, repartiendo palos, estrangulando gatos y si se tercia, violando a vecinas.

Personalmente ese retrato es para mí, la pura controversia de la película y no como escribieron los críticos en su día, la ultraviolencia que destila.

Dudo que estemos hablando de violencia gratuíta (lo que la crítica quería hacer ver). Estamos ante un caso de autodefensa, desbocado, inverosímil también y exageradísimo, pero en todo caso justificado. Supongo que Peckinpah pretende enfrentar fuerza bruta a inteligencia. No veo que estén reñidas. De hecho, Hoffman, cuando de verdad se cabrea, utiliza una retahíla de trucos a cada cual más ingenioso para zafarse de la pandilla de hoolligans del "idílico" pueblo.

Violencia gratuíta es hablar de patatas fritas con mayonesa o hamburguesas para acto seguido volarle la tapa de los sesos a un chaval tipo... ¿Tarantino? Y no es que vaya a criticar a Tarantino; sencillamente me sirve de ejemplo para poner en evidencia lo relativo del uso del lenguaje sobre todo cuando hablamos de violencia, lo cada vez peor considerada que tengo a la crítica (que se cebó con "Perros de Paja" por ultraviolenta, no en cambio por acercarse a la xenofobia) y por la doble moral que lo impregna todo.
Contra Peckinpah, particularmente en esta película, vuelvo a repetir: me pareció que se pasó tres pueblos con los ingleses y que mejor hubiera sido quedarse en al otro lado del charco, ambientar la historia en cualquier pueblo californiano y no jugársela provocando un probable cristo diplomático. Pero sobre todo y aunque no me sorprenda después de haber visto otras obras de su filmografía, lo que aburre de Peckinpah es su misoginia. La protagonista femenina de "Perros de paja" o está infantilizada o actúa como un putón verbenero. Lo mismo ocurre con Janis, la segunda chica.

¿Por qué Peckinpah no contextualiza, en el año 71 a la mujer de Hoffman, llegada de Estados Unidos, de la ciudad, emparejada con un científico y liberada por la revolución contracultural de los 60 del sujetador como lo estoy haciendo yo tal que ahora? Sencillamente porque no le da la gana tomarse la molestia de dar explicaciones y de aclarar el porqué del comportamiento de Susan George. Con dejarlo en que es un poco putón, mejor. Y claro, luego se creen los hoolligans que todo el monte es orgasmo... y sucede lo que sucede.
"Perros de Paja" es una película tensa, trepidante, muy bien ambientada, con una última media hora magistral y una caracterización de los personajes especialmente cuidada. Sin embargo, aunque probablemente sea su película más conocida y elogiada, no creo que sea ni haya sido nunca la mejor de Sam Peckinpah.

Aún así: imprescindible.
22 de septiembre de 2008
80 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
... en las manos de Eddie, el Relámpago de California.

Newman, un desecho, es acusado por George C. Scott, corredor de apuestas, por beber whisky como pretexto para perder en la mesa de billar. Y sin embargo eso no es lo trágico.
El trago más amargo que ahoga a Newman es el pretexto fatal que encuentra para ganar: Sarah.

La película es lúgubre y oscura. Algunos podrán pensar que Scott entra en escena como un faro para iluminar esa penumbra; esa "impenetrable oscuridad que nos rodea" a la que se refiere Sarah y que se recoge en cada fotograma durante dos horas.

También inquietan los silencios, sólo rotos por el clack-clock de las bolas y el golpe seco de los vasos contra la barra del bar donde Scott le pone las pilas a Newman: "uno de los mayores deportes que existe, es sentir compasión de uno mismo, un deporte que gusta a todos. Especialmente a los fracasados".

Para mí el fracasado mayor en esta historia es ese gangster reconvertido en caja registradora, el que pone el dinero, los dedos rotos, la sodomización y la muerte por el medio. El que se queda sólo, al fin y al cabo: Scott.
Eddie al menos podrá recomponerse a pedazos. Pedazos rotos porque su historia de amor con Sarah es la de un contrato de mutua tristeza. Él le dice: "¡Inventa algo más alegre!" y ella responde clavándole la mirada y esperando: di, "te quiero".

Eddie no lo dice. Al menos a tiempo. Sí se lo dice al gordo de Minessota: "jugaste como un maestro", por representar el fair play, la honestidad (virtudes de las que Newman carece) pero sobre todo por reencarnar la razón por la que al menos, sea un poco menos doloroso haber empujado a alguien al borde del precipicio.

Scott, en el espejo:

- Pervertido (en la vida y en la cama)
- Retorcido (en la vida y en la cama)
- Lisiado (en la vida y en la cama).

¿Y eras tú el que acusaba a Eddie de no tener temperamento en el cuerpo? Siempre lo tuvo: al menos podía sentir los nervios de un taco, de un pedazo de madera.

- En fin, Newman en un papel atípico para él por el contraste de los sucios planos, el humo y el whisky contra su apolínea imagen.
Paul Newman
- Scott, en un personaje que reta en duelo a Newman durante toda la película y compartiendo escenas (compartiendo barra con él... ayyy), mientras debaten sobre la filosofía de la superación individual. "¿Pero quién te crees que eres, la General Motors?, le dice Paul.

- Y Piper Laurie, la voz de la razón aún estando coja, alcohólica y enamorada.
28 de noviembre de 2008
102 de 135 usuarios han encontrado esta crítica útil
A punto estuve de dejarla... creí que fallaba el sonido. Un ingenioso recurso con el que juega Coppola para que desde el principio, te rayes con una trama que no sabes hacia dónde va.

Un francotirador, una escucha ilegal, un mimo, un saxo, una conversación sin mayor importancia, un enigmático Harry (Hackman), un piano de jazz, un jovencísimo Harrison Ford y una fugaz aparición, de espaldas y de perfil de Robert Duvall. Quizás aquí Coppola se haya equivocado: por exceso con Gene Hackman y por defecto con respecto a Duvall.

¿Qué diablos ocurre?, te preguntas al cuarto de hora.

La figura gira en torno a un único registro. Harry, el protagonista, un personaje taciturno, de pocas palabras, serio, profesional, de difícil infancia y educación católica, incapaz de llevar una relación con una mujer por ser incapaz también de expresar afecto, huraño y solitario.

Pero... ¿qué le pasa?, piensas a la media hora.
Harrison Ford
La conversación en sí es intrascendente, las palabras no son la clave... él es un profesional y lo sabe. Sabe que el tono es mucho más revelador que el contenido. Ella dice "Dios mío" y a él se le remuve algo dentro. Por sus creencias, no se pronuncia el nombre de Dios en vano a no ser que estés implorando perdón por lo que has hecho, haces o vayas a hacer.

Una hora de película y sigues en ascuas.

Se introducen pasajes oníricos... entre la niebla, en la habitación del hotel; la voz de la chica suena constantemente. Sólo entiendes el porqué cuando se descubre la farsa. Ese tono lastimero conduce al espectador por el carril contrario durante toda la película.

Hora y media; la desesperación ya es mayúscula ¿Qué - está - pasando - por - el - amor - de - dios?

O Coppola le da a esto una vuelta de tuerca o quizás la decepción sea inevitable. Y así ocurre. Llegado el final, desenlace sorpresa incluido, una se pregunta cómo es posible que el perseguidor se vuelva el perseguido. Hackman se lo dice a su ayudante muy al principio: "has de apartar toda implicación personal de este tipo de trabajo" y sin embargo cae, como una presa fácil en la trampa, justamente, por motivos de conciencia (de los que nos informa el técnico número dos del ránking durante la extrañísima fiesta).
Gene Hackman
Conclusión. Hackman lo ha dado todo, aunque como mínimo, debería haber desaparecido 5 minutos de la pantalla. Coppola, no justifica con suficiencia ese final. No me convence, y me refiero a lo que ocurre con Hackman, no con Duvall y esposa. No es posible que haya perdido los cinco sentidos por mucho que se deje embaucar por la letanía del vagabundo que una vez fue niño y tuvo madre.

Excelente banda sonora y preciosa estética. Patinazo de guión, al final.
19 de octubre de 2008
91 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
10:Para Brynner. Se come a los otros seis y sólo con encender un cigarro acapara la pantalla.
9: Para la banda sonora y el reparto
8. Para Eli Wallach, su fanfarronería y lo bien que argumenta sus fechorías
7: Para Bronson y los niños
6. Para la película
5: Para Corburn y sus andares de "soy más chulo que un ocho"
4: Para lo absurdo del comportamiento de Horst Buchholz y de su historieta de amor
3: Para Robert Vaughn, que me saca de quicio
2: Para el mensaje "América os hará libres"
1: Para la deplorable imagen que ofrece la película de los mexicanos, estúpidamente mansos
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