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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana Sevilla - España 
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The Descent (2005)
Neil Marshall
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Julio de 2008 |
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La sensación que deja The Descent es que, llegado a un punto de cuasi perfección, se le iba las manos al guión, pretendiendo ser más arriesgado durante gran parte de él, para terminar simplificándolo todo para echar por tierra la, hasta ese momento, sencilla y esquemática aunque bien trenzada historia, rompiendo esa regla de que las grandes cintas de terror no deben buscarle los tres pies al gato, y derivaba en una paranoia que se alejaba de todo lo mostrado hasta ese momento, haciendo rebajar considerablemente el nivel de la película, puesto que rompía el discurso que hasta ese punto había mantenido, y es que, si bien trata un tema muy manido, lo hace alejándose de cualquier visión tópica, siendo esa su gran virtud, y que, al igual que ocurría en Alta tensión, de Alexandre Aja, es cuando saca a pasear la vena exagerada de este tipo de cine cuando rompe con el buen nivel ofrecido y enturbia una más que digna película de género 100%.
La película tiene un arranque vigoroso, lleno de fuerza, en donde se adelanta qué vamos a ver a continuación, ya que todo lo ocurrido posteriormente surge a raíz de este momento. Es quizás uno de los puntos a favor de la cinta, su alta carga dramática en según qué momentos, que incluso hacen buenas ciertas secuencias al final de la cinta, donde el mensaje original de lucha entre hombre y naturaleza queda algo desvirtudado por la visión comercial que toda historia de terro que se precie debe tener para contentar al espectador. Pudiendo huir de las comparaciones con, varias películas, en especial con Defensa, la película no sólo no las rechaza si no que, por momentos, hace evidente la ya citada pugna entre el hombre y la madre tierra ha comenzado, tal y como lo hacía en la obra de Boorman, y el desprecio que tiene el ser humano por el planeta en que habita, tomándolo poco menos que como un juego de niños. A partir de aquí, la trama es más o menos similar, y durante esos momentos en los que el director opta por la sutileza y por la sencillez es cuando el espectador peor lo pasa, ofreciendo un cursillo intensivo de iluminación como recurso narrativo, sumergiendo a las protagonistas en un mar de oscuridad y en angostos parajes en los que el espectador también se adentra, y donde ambos lo pasan realmente mal debido al buen hacer del realizador, capaz de lograr momentos de verdadera tensión sin necesidad alguna de trucos baratos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Pero, como en el cine de Spielberg, el cáncer de la película está la falta de riesgo final, destrozar lo tejido con mimo hasta cierto momento donde todo iba como la seda, y caer en las garras de lo convencional, haciendo que, lo que hasta ahora era un tour de force tan brutal como una montaña rusa, se desmadre y el descenso a los infiernos de las protagonistas sea demasiado literal. A raíz de la mitad de la cinta, el guión toma prestados elementos de clásicos como Alien, quizás la película paradigmática del agobio y la claustrofobia en espacios cerrados, a la que el tratamiento excesivamente sanguinolento y maniqueo colocan a años luz, por desgracia, 28 días después, donde queda patente ese mensaje de el hombre es un lobo para el hombre, la entretenidísima (que Clint me perdone) Pitch Black, y, para darle un toque más surrealista y casi bizarro, la irregular Carrie, del plagiador por excelencia, De Palma. De este modo tan escasamente original, lo que empezó como una sobria historia de terror psicológico deriva en el slasher más evidente y barato y donde el sobrio y sencillo guión, que avanzaba sin pausa pero sin prisa, comienza a romper las costuras y a desvariar de manera alarmante, destruyendo el opresivo y asfixiante ritmo conseguido con el montaje para ponerse frenético, demostrando, en alguna secuencia, la ausencia absoluta de soluciones formales y argumentales del realizador, convirtiéndola en un refrito sin más variante que la interesante, aunque mal construida, historia de la venganza entre un par de personajes y que, como ya dije, se remonta al principio. Sin embargo, el personaje de Sarah, lleno de matices, casi buscando una especie de redención cargada por la culpabilidad, consigue levantar esta irregular mitad. Situada aquí como protagonista absoluta en detrimento de las demás, su constante evolución es casi como la del detective protagonista de Cosecha roja, situada en un ambiente que la hace sacar su instinto más violento en medio de una orgía de sangre y vísceras, y va viendo cómo, al igual que los humanoides, se adapta al medio, sacando su lado más primitivo. Es en este punto en el que el director debería haberse tomado un momento para analizar fríamente lo que tenía entre las manos, y no seguir avanzando sin tener casi en cuenta esta nueva vía abierta que casi es desechada en claro beneficio del gore más extremo para satisfacer a aquellos espectadores que, si no hubieran visto un bicho matando gente, probablemente habrían pedido que les devolvieran la entrada. En definitiva, una muestra de que la valentía con la que a veces se acomete una historia la hace más válida que cualquier remedo genérico homenaje-plagiador que se precie, pero a la que algunos directores aún no están acostumbrados, prefiriendo contentar a la masa bobalicona que busca lo fácil, antes que lanzarse de cabeza y sin manguitos al agua.
Tony Montana 
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La huella (2007)
Kenneth Branagh
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Octubre de 2007 |
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Brannagh es uno de los directores que más facilidad tienen para acaparar proyectos dentro de diferentes registros. Desde la aparatosa aunque brillante Hamlet, hasta Los amigos de Peter, pasando por la agradable Mucho ruido y pocas nueces. Quizás no tenga una enorme película en su haber, pero sí se había mostrado respetuoso con los espectadores a la hora de escribir y dirigir sus películas. Eso se ha roto con La huella, donde ha cogido el testigo de uno de los grandes autores de la historia del cine y, dándole un (horrible) lavado de cara ha hecho algo completamente diferente y que es, por desgracia, la única virtud de la película, por llamarlo de algún modo. Esas escasas virtudes se encuentran en el guión de Pinter, quien, a pesar de mantener el esqueleto de la obra de Schaffer, mete sus habituales inquietudes, que acaban convirtiéndose en molestos tics y dando al traste con la arriesgada y fallida propuesta de director y guionista.
El director ha revestido todos los aspectos de la película de forma que esta pueda parecer atractiva a los ojos del público moderno, ha querido deshumanizar aún más si cabe la casa de Wyke, ese particular Xanadú lleno de entresijos, con una apariencia demasiado tecnológica, y que ha usado de una forma demasiado incómoda como hilo conductor de la historia. Y la casa es una muestra en general de lo que ha hecho con la cinta en general. Limitándose a rodar a Caine y Law en un rápido juego de primeros planos, acompañado por incomprensibles planos medios y generales llenos de ángulos muertos, acaba por tirar una historia que, sin ser la original, se hubiera aprovechado mejor con un punto más sobrio en la puesta en escena, y menos moderna visualmente. Brannagh se ha pasado de barroco, como le ocurría en algunos momentos de Hamlet, y acaba haciendo un vacuo ejercicio que se pretendia asfixiante y cuya fórmula acaba sin gas tras algunos momentos interesantes.
La película se recrea en su modernismo durante todo el metraje, aparte de la puesta en escena, con un guión lleno de frases burdas que jamás encontraríamos en un guión de, por ejemplo, Mankiewicz, y que, como la mayor parte del cine moderno, se vuelve soez como si necesitara remarcar a base de tacos y frases sacadas de una pandilla de quinceañeros que tienen libertad y pueden soltar insultos a diestro y siniestro. Y el molesto toque de la tensión homosexual, que, si bien puede resultar novedoso al principio, acaba por cansar, haciendo del tercer acto una muestra más de que Michael Caine está a años luz de Jude Law, quien desata su histrionismo y tira por la borda lo que, hasta ese momento, había sido un papel más que correcto.
Tony Montana 
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Una historia de violencia (2005)
David Cronenberg
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
8 de Marzo de 2007 |
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No soy admirador del cine de Cronenberg. Mayormente, su obra me repulsa, su malsano interes por lo raro, por lo especial, me aburre y me deja la sensación de que se desperdicia un enorme talento que podría hacer más películas aparentemente sencillas como esta, y ponerse menos críptico de lo que es. Y aunque no se ponga críptico, esta película, que podría malinterpretarse al venir de un cómic, es la película que Clint habría hecho, sin lugar a dudas. Una absoluta reflexión acerca de la violencia que inunda nuestras vidas, toda forma de violencia posible, desde la maldad pura, hasta la autodefensa, y de cómo puede cambiar la conducta de las personas, todo ello envuelto en la apariencia de un western moderno, a semejanza de los que en su día hizo Peckinpah, como podemos observar en el magnífico principio, una auténtica declaración de ideas acerca de todo el desarrollo de la película.
También, una probable crítica a la necesidad de la gente de buscar sus propios héroes, la necesidad del pueblo llano de tener a alguien de su mismo rango que sobresalga entre ellos y les muestre cómo representar los elementos que debería tener todo buen ciudadano, que a ojos de los demás sea un moderno John Wayne, como aquí es el caso de Tom Stall, cuya apariencia no es ni más ni menos que la punta del iceberg que oculta una compleja y oscura historia dentro. A partir de entonces, comienza la disección del héroe, ese ciudadano al que todos admiran, y lo hace de una forma totalmente sobria, para acabar concluyendo que no es más que un animal que usa la violencia como método de supervivencia ante todo aquello que le ataca, incluso si hace falta, contra su propia familia. Un magistral Viggo Mortensen, ese héroe cinematográfico de nuestra generación, le da el toque perfecto a su personaje, lacónico aunque hijo de puta, ese héroe anónimo, perfecto padre de familia, que recibe la visita del pasado y al que todo se le desborda en el momento en que tiene que hacer frente a la realidad, siguiendo un proceso de desmoronamiento en el que el espectador es capaz de imbuirse, aún sabiendo cómo es realmente el protagonista, debido al buen hacer de actor, director, y por qué no, de la sutil composición de Howard Shore.
Una película sobre la ambigüedad moral que copa nuestra sociedad, donde eres héroe por matar a alguien, y que, como vimos recientemente en Banderas de nuestros padres, encumbra como héroes a personas que son como nosotros mismos por el mero hecho de salir en la televisión, a una gente estúpida con un velo tapándole los ojos que no ve más de lo que quiere ver. Por ponerle un par de peros a la película, los últimos 20 minutos me parecen inconcebibles, debería jugarse más a la insinuación y no descubrir todo el fondo de la historia, a pesar de contar con una escena final con su familia absolutamente magistral, y William Hurt, desfasadísimo y sobreactuado... por lo demás, una cinta referente del 2005.
Tony Montana 
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Corrupción en Miami (2006)
Michael Mann
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Septiembre de 2006 |
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Segunda decepción consecutiva en 1 semana y pico. Al igual que con Alatriste, esperaba muchísimo más de Miami Vice. Pero no por el reparto, ni por ser nostálgico de la serie, de la que sólo sé que fue el icono hortera de los 80, si no por Michael Mann, un hombre que me parece de los más serios del cine actual, y porque me alucinan Collateral, Heat y El dilema. De sus últimas películas, únicamente con Ali me fui decepcionado, y por eso esperaba que esta película me sirviera para seguir subiéndolo a los altares del cine moderno como uno de esos directores con un mundo y una iconografía propia. Pero Miami Vice me ha bajado del limbo y me ha demostrado que aún teniendo todas sus virtudes, Mann no logra levantar el flojo guión.
El principal problema es que no me creí por ningún momento la película, no me interesó, porque tenía un guión tan lamentable que te vas preguntando: ¿Cuántas veces he visto esto?. Cada una de la situaciones que se producen en la peli están tan manidas como las escenas de sexo en las comedias adolescentes. El guión del propio Mann está repleto de situaciones vistas en 2000 thrillers anteriores, con unos personajes que no son más que no son más que una colección de tópicos, y las relaciones que se trazan entre estos personajes son a cada cual de risa. Sobre todo la de Gong Li y Colin Farrel. Relación imposible entre la mujer del capo y el poli macarra... ¿No lo hemos visto ya antes en 2000 películas?. Y el personaje de Luis Tosar es lo más lamentable que se ha escrito. Es el arquetipo del mafioso latino, una especie de Tony Montana alopécico, sin identidad propia, con pinta de peligroso y de tener mucho poder, y ya está, Michael Mann no se ha comido la cabeza a la hora de darle credibilidad. El apartado actoral a un nivel realmente flojo. Colin Farrel se limita a poner la pose de soy más macarra que nadie y marco paquete porque me molo y Jamie Foxx se limita a hacer de negro. Y bien, no es un comentario racista, es que es lo que hace siempre. El mismo papel que en Jarhead, el típico negro con su jerga tal y tal, le faltaba empezar con Hey brother, me metí a madero porque en el guetto no me respetaban ¡¡¡BLACK POWER!!!, una interpretación tan creíble como un billete de 57'3 €. Gong Li, una actriz que siempre me parece sobresaliente, aquí se limita a poner cara de afectada por su romance imposible, y Luis Tosar se limita a estar ahí los 4 momentos contados en que asoma el careto.
Al final, con todo el tinglado que monta el director, lo único que acaba pareciendo es una parodia de sí mismo, con su estilo visual de siempre, pero por algunos momentos tan abusivo que parece que se ha propuesto autoparodiarse. La música abusa por momentos del sintetizador, algo que quedaba muy bien en otras películas, pero que aquí ya queda desfasado y hortera. Mann se propuso hacer una versión diferente de la serie ochentera, pero parece que le ha salido mal el invento. Le doy un cinco, y porque me sabe mal suspender a Michael Mann.
Tony Montana 
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Red de mentiras (2008)
Ridley Scott
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
28 de Julio de 2009 |
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El principal problema que puede presentar al espectador Red de mentiras es esperar de ella algo más de lo que verdaderamente es y puede llegar a dar bajo cualquier interpretación posible. Por su confuso tráiler podíamos esperar un intrincado thriller psicológico y político con el actual conflicto palestino de fondo. Funciona del modo que hace un par de años cuando algunos se llevaron un chasco tremendo al ver Diamantes de sangre, del siempre pirotécnico Edward Zwick, y comprobar que únicamente se trataba de una película de acción bien realizada a la manera del modelo del sistema de estudios: historia de amor y secuencias de acción para un thriller camuflado de pretendida denuncia social servido con una gran realización a manos de un artesano bastante más que competente. Y es que no hay más, ni trucos de magia ni dobles lecturas, ni la complejidad intelectualoide y el sabelotodismo naif de Syriana ni la vacuidad de La sombra del reino ni el virulento dramatismo de Jarhead, una trama sencilla que el guión pretende llevar al límite mediante un juego de espejos literario y un subtexto tan evidente que es la perfecta muestra de cómo funciona el sistema actual: Hollywood da la oportunidad al espectador de pensar que hay una posible crítica a Occidente desde dentro del propio enjambre con una superproducción con un ex ídolo teen y uno de los mejores actores del mundo cuyo pasatiempo es armar gresca allá por donde pasa y que termina siendo una versión muy light de Lawrence de Arabia, y que si funciona, más allá de por la idealizada presencia del personaje de Di Caprio, atrapado entre dos mundos, es por la cruda imagen que se muestra de la mayor potencia de este mundo convertida aquí en una especie de Partido orwelliano que todo lo ve y controla.
No deja de ser una versión cibernética y modernizada del clásico de aventuras de los años 60: un tipo que trabaja para una potencia de occidente trabaja en mitad de un conflicto en Oriente Medio y comienza a sentirse incómodo con su país por sus mentiras al tiempo que se hace a la cultura autóctona y decide ser un musulmán más. Le incluimos un romance con calzador y ahí tenemos Red de mentiras. Los personajes son planos a la vez que la trama lo es, aunque busque engañar al espectador, y el protagonista, interpretado por Di Caprio, llega a cansar de lo romántico de su construcción. Es un T.E. Lawrence de diseño cuyos remordimientos están sujetos a la subtrama romántica que afea el conjunto y a un compañero muerto al principio, un lugareño utilizado por los Estados Unidos y desechado cuando llega el momento.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Tenemos un buen reguero de tópicos, vistos últimamente en las cintas ya nombradas de Gaghan, Berg, Mendes o en Munich, de Spielberg, esta última muy superior, sobre la culpabilidad de Occidente, la crueldad y el alienamiento que provoca nuestro sistema capitalista y la prescindibilidad del individuo por parte de los políticos y burócratas. Es demasiado científica y rigurosa cuando se trata de explicar cada pequeño detalle de las operaciones pero sin embargo útiliza brochazos para describir la psique de sus personajes. Porque como la cinta del bueno de los Scott funciona es como un James Bond menos glamouroso. Hay escenas de acción brillantemente rodadas, muy buenas interpretaciones, y una estupenda fotografía, amén del intenso trabajo del director en escenarios naturales.
Pero lo realmente interesante de la cinta es comprobar cómo se muestra a Estados Unidos. El Hoffman interpretado de forma soberbia por Crowe es una extensión del Allenby del clásico de David Lean, manipulador y mentiroso. Caracterizado como un gordo cuarentón que vive en una gran casa, con barco y bebe cerveza a raudales, se sienta en su despacho y, como si se tratase del Cristo de El Show de Truman, controla la vida de Ferris y del mundo entero a través de una pantalla enorme, a la vez que, de manera nada disimulada, cuida de su país, representado en eso tan americano que es la familia: lleva a su hijo a orinar y le indica cómo hacerlo bie, y se permite ser un amigable y entrañable padre en los partidos de fútbol de su hija. La tan conocida doble moral norteamericana en su mayor exponente. Del mismo modo que puede celebrar acción de gracias y transmitir la imagen de la moral capriana y familiar de foto, esa que destruyó Mendes en American Beauty, puede empezar a matar gente, comenzar una nueva guerra, y utilizar de manera reiterativa a diferentes personas para deshacerse de ellas a la mínima con suma facilidad. Y por volver a hacer comparaciones con Lawrence de Arabia, el personaje, consciente de la forma de trabajar de su país, la autonombrada policía del mundo, decide abandonarles (volvemos también a Munich) y dejar en manos de los propios países musulmanes que resuelvan sus conflictos, quizás la solución, puesto que estos se bastan y se sobran para engañar a los multimillonarios satélites de Hoffman con apenas una ventisca en medio del desierto. Por este mensaje tan aparentemente incendiario, es una auténtica pena que todo acabe como lo hace, con un clímax tan descafeinado y alargado como típico, ya que, si pregonas pesimismo, se valiente y actúa en consecuencia. Por esto último, yo me tomo Red de mentiras como una brillante película de acción, no sé si la mejor, pero sí la menos decepcionante.
Tony Montana 
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