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7
26 de diciembre de 2006
26 de diciembre de 2006
79 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
Poco se sabe de Gerald Kargl. Mucho me temo que somos pocos los que hemos “disfrutado” de “Angst”, un retrato de los interiores y entrañas de un asesino.
¿A la espera de la reivindicación? Debería de ser tan comentada como “Henry: retrato de un asesino” o figurar en cualquier comentario sobre la filmografía de Haneke. ¿Se la tragaría enterita Aronofsky para coger ideas visuales? Apuesto a que sí.
Filme de bajo presupuesto con parte de la estética típica: fotografía en blanco y negro y reparto amateur en su práctica totalidad; pero esconde bastante virtuosismo en su dirección / realización: planos y encuadres muy logrados, picados y balanceos desde grúas (o lo que utilizasen) tan sorprendentes como inestables. Teniendo en cuenta que además es una cinta de 1983. Ahí queda eso.
Pero aparte de sus virtudes artísticas está la historia, la de un psicópata al que ninguna cárcel le quitará la obsesión para torturar y quitar vidas (ya sean animales o humanas) y que la sociedad no le considera un enfermo mental.
¿A la espera de la reivindicación? Debería de ser tan comentada como “Henry: retrato de un asesino” o figurar en cualquier comentario sobre la filmografía de Haneke. ¿Se la tragaría enterita Aronofsky para coger ideas visuales? Apuesto a que sí.
Filme de bajo presupuesto con parte de la estética típica: fotografía en blanco y negro y reparto amateur en su práctica totalidad; pero esconde bastante virtuosismo en su dirección / realización: planos y encuadres muy logrados, picados y balanceos desde grúas (o lo que utilizasen) tan sorprendentes como inestables. Teniendo en cuenta que además es una cinta de 1983. Ahí queda eso.
Pero aparte de sus virtudes artísticas está la historia, la de un psicópata al que ninguna cárcel le quitará la obsesión para torturar y quitar vidas (ya sean animales o humanas) y que la sociedad no le considera un enfermo mental.

Bebe de “La naranja mecánica” y podría ser (salvando las distancias temporales y formales) la última de Haneke, por esas secuencias alargadas e interminables que ponen de los nervios a cualquier ser con sangre en las venas.
El retrato sórdido de un sádico asesino se exterioriza a través de la voz en off, que supone el vínculo con el espectador de sus fechorías y pensamientos. Pero también resulta interesante el de la tercera persona (también en off) que le otorga un aire documental y contrasta ambas visiones.
Lo mejor es que no pretende ir de pedante (Haneke o Aronofsky), quiere ser una cinta de terror realista-documental en plan “La última casa a la izquierda”, pero con mayor virtuosismo técnico (Hitchcock/Welles) que al contrario de hacerla perder credibilidad la dotan de una mayor carga inquietante.
Curiosa, turbadora y bastante desconocida cinta que sigue sin perder ni un ápice de sus cualidades con el paso del tiempo. Otro mérito más.
El retrato sórdido de un sádico asesino se exterioriza a través de la voz en off, que supone el vínculo con el espectador de sus fechorías y pensamientos. Pero también resulta interesante el de la tercera persona (también en off) que le otorga un aire documental y contrasta ambas visiones.
Lo mejor es que no pretende ir de pedante (Haneke o Aronofsky), quiere ser una cinta de terror realista-documental en plan “La última casa a la izquierda”, pero con mayor virtuosismo técnico (Hitchcock/Welles) que al contrario de hacerla perder credibilidad la dotan de una mayor carga inquietante.
Curiosa, turbadora y bastante desconocida cinta que sigue sin perder ni un ápice de sus cualidades con el paso del tiempo. Otro mérito más.
Serie
1999David Chase (Creador), Timothy Van Patten ...
9
2 de abril de 2011
2 de abril de 2011
77 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
Parafraseando al protagonista y motor de toda la historia: cada día es un regalo y una serie como “Los Soprano” la perpetua calidad elevada al talento.
Añadir y escribir algo sobre una gran serie como “Los Soprano”, pensada inicialmente como película y con el temor simultaneo de su estreno en formato serie al son de “Una terapia peligrosa”, se me antoja una tarea no imposible sino repetitiva. Poco se puede ampliar la opinión generalizada de público y crítica a una serie que lo es todo y supuso un nuevo punto de partida y reflexión a las series de televisión contemporáneas. Sus guiones, con tramas abiertas como heridas sinuosas de bala, la convirtieron en un artefacto de culto y terrible adicción desde su arranque y serán recordados dentro de lo mejor que ha generado la televisión. Sí, hay un antes y después de la serie que protagoniza y monopoliza Tony Soprano y su estirpe. Queda, únicamente mostrar las sensaciones que uno retiene sobre sus innumerables crímenes y peripecias familiares. Narrar en primera persona aquel terrible poso que supone un corte abrupto hacía ese terrible ‘negro’.
Añadir y escribir algo sobre una gran serie como “Los Soprano”, pensada inicialmente como película y con el temor simultaneo de su estreno en formato serie al son de “Una terapia peligrosa”, se me antoja una tarea no imposible sino repetitiva. Poco se puede ampliar la opinión generalizada de público y crítica a una serie que lo es todo y supuso un nuevo punto de partida y reflexión a las series de televisión contemporáneas. Sus guiones, con tramas abiertas como heridas sinuosas de bala, la convirtieron en un artefacto de culto y terrible adicción desde su arranque y serán recordados dentro de lo mejor que ha generado la televisión. Sí, hay un antes y después de la serie que protagoniza y monopoliza Tony Soprano y su estirpe. Queda, únicamente mostrar las sensaciones que uno retiene sobre sus innumerables crímenes y peripecias familiares. Narrar en primera persona aquel terrible poso que supone un corte abrupto hacía ese terrible ‘negro’.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En el final, polémico y genial, de “Los Soprano” planea la eterna duda existencial que se traslada hacía el espectador: ¿es el fin? Efectivamente es el final, pero a nivel ficcional. David Chase parece recodárnoslo a través de ese corte y esa mirada perdida del protagonista, al ritmo del tintineo de la puerta del destino, que nos ha acompañado durante numerosos y copiosos años de talento y devoción. ¿Está vivo o está muerto? Muchos se aferran a los episodios “Members Only” y “Stage 5” para ‘fusilar’ la cabeza de Tony Soprano. ‘Es probable que ni lo oigas cuando pase’ o ese ‘granizado en spray’ de sangre que salpica la cara de Silvio al no enterarse del asesinato de su comensal. Ese corte cerebral al ‘negro’ y al ‘silencio’ parece el fin y justificar la teoría, aunque como dicen sus creadores: ¿tanto quiere muerto el público a Tony? ¿Desean que su familia vea como es ejecutado con todos los sesos desparramados en aros de cebolla o que se homenajeé la masacre de Moldavia de ‘Dinastía’?

Vivo o muerto, vivo y muerto a la vez. ¿No recuerda al gato de Schrödinger? A esa paradoja y teoría a la que también se referencia en el hospital por el ‘vecino’ de habitación físico al que extirpan la laringe en “The Fleshy Part of the Thigh” y esa doble vida inducida en un coma.
El punto de partida de la secuencia final fue planificada desde el desenlace de “2001: Una odisea del espacio” con esa digresión sobre la ubicuidad en la entrada de Dave Bowman en la cuarta dimensión. Como si el futuro se proyectase en las narices de Tony Soprano. Los elementos confluyen en esa secuencia final como si fuera el interior mente del protagonista. ¿Es eso lo que nos quieren contar? ¿Esa asimilación de la ‘muerte’ en toda la última temporada? ¿De todos los miedos e inquietudes introducidos en la misma habitación? Porque realmente todo es más sencillo: los invitados llegan uno a uno a la mesa antes de caer el telón. La campana y su sonido indicativo al abrir la puerta del Holsten’s es la clave. Primero el patriarca, después la matriarca, posteriormente el ‘heredero’ y ‘legado generacional’ (sí, el crimen organizado es machista) y, finalmente,… ¿Meadow? A la pobre le cuesta aparcar y es causante del suspense y clímax dramático. Ella realmente fue la que provocó ‘indirectamente’ y debido al acoso de un matón de Phil Leotardo la venganza de Tony y la guerra entre Nueva Jersey y Nueva York. ¿Podría ser asesinada? Un coche que pasa detrás suyo al cruzar la calle aumenta la tensión y… suena la campana… y Tony mira a la puerta. Están todos y están bien… por el momento… y ya no queda más que contar. Fin.
El punto de partida de la secuencia final fue planificada desde el desenlace de “2001: Una odisea del espacio” con esa digresión sobre la ubicuidad en la entrada de Dave Bowman en la cuarta dimensión. Como si el futuro se proyectase en las narices de Tony Soprano. Los elementos confluyen en esa secuencia final como si fuera el interior mente del protagonista. ¿Es eso lo que nos quieren contar? ¿Esa asimilación de la ‘muerte’ en toda la última temporada? ¿De todos los miedos e inquietudes introducidos en la misma habitación? Porque realmente todo es más sencillo: los invitados llegan uno a uno a la mesa antes de caer el telón. La campana y su sonido indicativo al abrir la puerta del Holsten’s es la clave. Primero el patriarca, después la matriarca, posteriormente el ‘heredero’ y ‘legado generacional’ (sí, el crimen organizado es machista) y, finalmente,… ¿Meadow? A la pobre le cuesta aparcar y es causante del suspense y clímax dramático. Ella realmente fue la que provocó ‘indirectamente’ y debido al acoso de un matón de Phil Leotardo la venganza de Tony y la guerra entre Nueva Jersey y Nueva York. ¿Podría ser asesinada? Un coche que pasa detrás suyo al cruzar la calle aumenta la tensión y… suena la campana… y Tony mira a la puerta. Están todos y están bien… por el momento… y ya no queda más que contar. Fin.
2 de marzo de 2012
2 de marzo de 2012
76 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lynne Ramsay ha hecho una pequeña gran película con numerosos detalles y un material dramático y literario proporcionado por la novela de Lionel Shriver. Parece una imposible secuela de “La semilla del diablo” con el personaje de Constance, pulido por muy diferentes y afiladas aristas, de “American Horror Story”. “Tenemos que hablar de Kevin” es una película claramente psicológica con breves incisos y tendencias al thriller, un polo opuesto a “Mamá sangrienta” de Roger Corman, forjada sobre varias capas temporales.
La presentación del personaje es sublime con Eva (Tilda Swinton) cubierta de un manto rojo, grumoso y liquido en La Tomatina de Buñol. Se trata de una metáfora obvia de un baño de sangre y recurrente en toda la puesta en escena de la directora de Ratcatcher. Al igual que Sam Mendes recurría a las coloridas y enronquecidas flores en “American Beauty”, Ramsay ha decidido que su personaje esté rodeada de tarros de sopa de tomate, que el carmesí siempre esté presente en la puesta en escena y, sobre todo, que tenga que limpiar esa ‘mancha roja’ con la que ha quedado marcada por la sociedad. La tensión narrativa queda apagada desde las primeras secuencias aunque invita a cierta manipulación en las imágenes para no desvelar todas sus cartas. En cierta medida el espectador sabe de qué trata “Tenemos que hablar de Kevin” en sus primeros veinte minutos pero al igual que su protagonista principal quedamos encerrados junto a esos sucesos que vamos a ver aunque queramos evitarlos. Esa percepción nos convierte a nosotros en asistentes del leit motiv del filme: el sentido de la culpa y el remordimiento por la revisión de todos los acontecimientos que provocaron una tragedia… inevitable.
La presentación del personaje es sublime con Eva (Tilda Swinton) cubierta de un manto rojo, grumoso y liquido en La Tomatina de Buñol. Se trata de una metáfora obvia de un baño de sangre y recurrente en toda la puesta en escena de la directora de Ratcatcher. Al igual que Sam Mendes recurría a las coloridas y enronquecidas flores en “American Beauty”, Ramsay ha decidido que su personaje esté rodeada de tarros de sopa de tomate, que el carmesí siempre esté presente en la puesta en escena y, sobre todo, que tenga que limpiar esa ‘mancha roja’ con la que ha quedado marcada por la sociedad. La tensión narrativa queda apagada desde las primeras secuencias aunque invita a cierta manipulación en las imágenes para no desvelar todas sus cartas. En cierta medida el espectador sabe de qué trata “Tenemos que hablar de Kevin” en sus primeros veinte minutos pero al igual que su protagonista principal quedamos encerrados junto a esos sucesos que vamos a ver aunque queramos evitarlos. Esa percepción nos convierte a nosotros en asistentes del leit motiv del filme: el sentido de la culpa y el remordimiento por la revisión de todos los acontecimientos que provocaron una tragedia… inevitable.

“Tenemos que hablar de Kevin” trata y se reduce realmente a una relación inusual y la imposibilidad de comunicación clásica entre una madre y un hijo. El diálogo queda establecido desde el nacimiento e infancia con el miedo y el dolor, con el llanto y la incapacidad de dar amor convencional mutuo. Esa enfermiza comunicación va en crescendo hacía un abismo de perdición para ambos. Quizás, el filme de Lynne Ramsay funcione perfectamente con sus trazos de comedia negra pero, en cuanto a la emoción que puede sacar del drama, queda congelada por la fría relación y sentimientos de sus personajes principales. Para algunos será coherente, para otros… una pena.
Serie
2006Graham Linehan (Creador), Ben Fuller ...
8
27 de septiembre de 2009
27 de septiembre de 2009
74 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
Existe una pequeña (o gran) discusión en mi círculo de amistades (algunos gafapastas nos juntamos con gente normal que ven series y películas dobladas) sobre si es mejor “The IT Crowd” o “The Big Bang Theory”. Obviamente son series completamente diferentes: la primera enlaza con ese humor absurdo heredado de los Monty Python que ha continuado la estela de la comedia catódica británica con series inimitables como “The Young Ones” y sobre todo “Bottom”, sin llegar la ‘sobriedad british’ de “Hotel Fawlty” o “Yes Minister”. Tampoco pretende ir de original como “Extras” o “The Office”. Es en sí una serie única adaptada al formato de la sitcom, de esa comedia de situación basada en la complicidad de personajes especiales y carismáticos, aunque aquí se emplean exteriores reales en muchos episodios y parece mucho más libre de ligaduras al formato.
La segunda es una sitcom de toda la vida, con una estructura ya elevada a la perfección en otras series americanas como “Friends” que no mea fuera del tiesto bajo ningún concepto. Encorsetada hasta el coxis, con referencias friquis y geeks muy populares, teorías físicas retocadas para el argumento y un personaje merecedor de seguir la serie llamado Sheldon. Le falta ese toque absurdo que la quité el corsé o algo por encima de la referencia geek que la convierta en ‘cult’ como “Scrubs” y sobre todo “Búscate la vida”. Mejor ni compararla con “Futurama” para evitar la desintegración absoluta.
La segunda es una sitcom de toda la vida, con una estructura ya elevada a la perfección en otras series americanas como “Friends” que no mea fuera del tiesto bajo ningún concepto. Encorsetada hasta el coxis, con referencias friquis y geeks muy populares, teorías físicas retocadas para el argumento y un personaje merecedor de seguir la serie llamado Sheldon. Le falta ese toque absurdo que la quité el corsé o algo por encima de la referencia geek que la convierta en ‘cult’ como “Scrubs” y sobre todo “Búscate la vida”. Mejor ni compararla con “Futurama” para evitar la desintegración absoluta.

Obviamente me decanto por la primera porque me resulta mucho más brillante y original: sí, porque en tiempos de temporadas de 22 episodios son capaces de hacer temporadas redondas de seis, haciéndola más relevante. Tiene ese aire de culto que le da de entrada los maravillosos títulos de crédito con el tema principal de Neil Hannon que no puede faltar en cualquier melodía de móvil. Pueden reírse de la paraplejia, el canibalismo o la muerte. Va más a allá de la típica serie de oficinas y marginados geeks y los intentos baldíos de imitación en tierras yankis refuerzan su espíritu de serie inimitable y a seguir.
Serie
2009Dan Harmon (Creador), Joe Russo ...
8
22 de abril de 2011
22 de abril de 2011
73 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué es lo que convierte una serie en algo mayor que lo trascendente? ¿Las críticas, los premios, el público…? ¿Sus personajes, tramas, formato, calidad…? Es difícil matricularse y continuar año a año en esa difícil carrera universitaria que componen las series de ficción americana. Más si uno opta por la sitcom como formato en una cadena como la NBC que ya cuenta con insignias propias: los premios y nominaciones de “30 Rock” o “The Office” han sido abrumadores en los últimos años.
¿Es “Community” la serie más reivindicable del panorama actual? ¿Es tan buena “Community” para que la crítica americana la incluyese entre sus shows favoritos del 2010 tan sólo por detrás de “Mad Men”, “Breaking Bad” y “Boardwalk Empire”? ¿Por delante de la última ganadora al Emmy a la mejor serie de Comedia, “Modern Family”? Pasen y vean esa gran universidad pública llamada Greendale condenada a epatar y formar parte de sus vidas.
Todas esas anteriores referencias me hicieron hablar bien de la serie a terceras personas… Terceras personas que vieron el piloto y me devolvieron la pelota a mi tejado: ‘no es nada del otro mundo’, me respondieron todas. Algo fallaba en la ecuación y al visionar uno a uno todos sus episodios comprendí el motivo. “Community” es un ejercicio de papiroflexia en el que no vemos la ‘figura’ hasta que se doblan varias veces el papel que forman sus guiones y personajes. Hay que ver, al menos, diez episodios para que uno recuerde sus títulos de crédito al son de The 88 y su ‘At Least It Was Here’ y parte de su estribillo:
¿Es “Community” la serie más reivindicable del panorama actual? ¿Es tan buena “Community” para que la crítica americana la incluyese entre sus shows favoritos del 2010 tan sólo por detrás de “Mad Men”, “Breaking Bad” y “Boardwalk Empire”? ¿Por delante de la última ganadora al Emmy a la mejor serie de Comedia, “Modern Family”? Pasen y vean esa gran universidad pública llamada Greendale condenada a epatar y formar parte de sus vidas.
Todas esas anteriores referencias me hicieron hablar bien de la serie a terceras personas… Terceras personas que vieron el piloto y me devolvieron la pelota a mi tejado: ‘no es nada del otro mundo’, me respondieron todas. Algo fallaba en la ecuación y al visionar uno a uno todos sus episodios comprendí el motivo. “Community” es un ejercicio de papiroflexia en el que no vemos la ‘figura’ hasta que se doblan varias veces el papel que forman sus guiones y personajes. Hay que ver, al menos, diez episodios para que uno recuerde sus títulos de crédito al son de The 88 y su ‘At Least It Was Here’ y parte de su estribillo:

«I can't count the reasons I should stay
One by one they all just fade away.»
La comunidad está formada y más si Abed les transforma en personajes metaficcionales o les convierte en personajes de animación para descubrir el significado de la navidad. Posiblemente nos interese más la vida de los perdedores y de las almas descarriadas en universos proclives al surrealismo. Greendale, con un innumerable número de personajes estrafalarios, ofrece con la ayuda del guiño referencial un catálogo de posibilidades. Origami pop al servicio del talento con el colorido del washi-homenaje que hace de “Community” una sitcom con excelentes e ingeniosos diálogos y un arsenal de referencias proclives al recuerdo. ¿La diferencia con otras series? Episodios como “Introduction to Statistics”, “Debate 109”, “Physical Education”, “Contemporary American Poultry”, “Basic Rocket Science”, “Conspiracy Theories and Interior Design” o “Abed's Uncontrollable Christmas”. Pero sobre todo por pequeñas ráfagas de genialidad y obras maestras del formato como “Epidemiology”, “Advanced Dungeons & Dragons” y sobre todo “Modern Warfare”, lección magistral de encadenar innumerables referencias para producir el mejor episodio de una sitcom visto en años. Enésima razón para inscribirse en esta universidad y ponerse al día con todas sus asignaturas. ¿A qué esperas? ¡Greendale te necesita!
One by one they all just fade away.»
La comunidad está formada y más si Abed les transforma en personajes metaficcionales o les convierte en personajes de animación para descubrir el significado de la navidad. Posiblemente nos interese más la vida de los perdedores y de las almas descarriadas en universos proclives al surrealismo. Greendale, con un innumerable número de personajes estrafalarios, ofrece con la ayuda del guiño referencial un catálogo de posibilidades. Origami pop al servicio del talento con el colorido del washi-homenaje que hace de “Community” una sitcom con excelentes e ingeniosos diálogos y un arsenal de referencias proclives al recuerdo. ¿La diferencia con otras series? Episodios como “Introduction to Statistics”, “Debate 109”, “Physical Education”, “Contemporary American Poultry”, “Basic Rocket Science”, “Conspiracy Theories and Interior Design” o “Abed's Uncontrollable Christmas”. Pero sobre todo por pequeñas ráfagas de genialidad y obras maestras del formato como “Epidemiology”, “Advanced Dungeons & Dragons” y sobre todo “Modern Warfare”, lección magistral de encadenar innumerables referencias para producir el mejor episodio de una sitcom visto en años. Enésima razón para inscribirse en esta universidad y ponerse al día con todas sus asignaturas. ¿A qué esperas? ¡Greendale te necesita!
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