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3
15 de agosto de 2010
15 de agosto de 2010
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es curioso, hay películas a las que te asomas convencido de que te van a gustar, ya que los ingredientes de los que parte son buenos, pero al final te quedas con el regustillo amargo de las expectativas defraudadas; éste es un buen ejemplo: una buena novela de John Le Carré, un realizador con punch, Fernando Meirelles, que había demostrado su talento en la soberbia Ciudad de Dios, y una pareja protagonista de altura, Fiennes-Weisz. Sin embargo, la nave naufraga en una larguísima travesía, unas injustificadas dos horas y pico en las que hay un pecado mortal, que aburren soberanamente, ya que todo se sabe, o al menos se intuye, casi desde el principio. Hay unas cuantas cosillas discutibles, el diseño de los personajes, la relación entre los dos protas, Justin y Tessa, no parece creíble, a no ser que uno se trague aquello de los dos polos opuestos; si no, cómo vamos a entender que una tía dinámica, "guerrera", comprometida, se enamore de un fulano tan parado como sus plantas (a las que dedica bastantes más atenciones que a su mujer). Obviando esto, y es difícil, ya que el leit-motiv de la historia es la venganza "a la inglesa" del viudo (es decir, sin hacer mucho, salvo descubrir lo que ya sabíamos, pero bueno), lo demás es un continuo fluctuar entre escenas de acción que avanzan a trompicones, normalmente mal resueltas (o mal escritas), viajecitos del prota por medio mundo, intercaladándose con momentos en los que los responsables parecen acordarse de que la cosa va de que hay que poner a parir a los malos malísimos del mondongo, las internacionales farmacéuticas dirigidas por el mismo Satán, con el beneplácito de los poderes fácticos y formales del mundo mundial. Eso sí, sin meterse con el gobierno keniata ni con ningún africano, no vayan a acursarles de racismo, de "yankicentrismo" o de una pamplinada de ésas.

Rachel Weisz & Ralph Fiennes
Por otra parte, la cámara se mueve rebuscadamente, marea, al igual que la iluminación, diseñada para epatar más que para ponerse al servicio de la narración cinematográfica.
En definitiva, un vacuo ejercicio de gris crítica demagógica, de escaso interés, salvado, en parte, por el esfuerzo mostrado por Fiennes y Weisz.
En definitiva, un vacuo ejercicio de gris crítica demagógica, de escaso interés, salvado, en parte, por el esfuerzo mostrado por Fiennes y Weisz.
Documental
2007Documental, Intervenciones de: Jacques Vergès
8
7 de abril de 2009
7 de abril de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Barbet Schroeder, tras haber iniciado su carrera fundando Les Films du Lonsange, productora responsable de varios de los mejores títulos de la Nouvelle Vague, es un cinesta que se interesa particularmente por personajes extremos, ya sea en su faceta de ficción (como los escritores Buckowski y Fernando Vallejo, en El borracho y La Virgen de los sicarios, ), o en la de documentalista (Idi Amin Dada, por ejemplo). En esta ocasión centra su mirada sobre la figura del controvertido letrado francés Jacques Vergès, de padre reunionés y madre norvietnamita, cuya infancia bajo la dominación francesa fue clave para entender el desarrollo que tuvo como persona y como profesional del Derecho.
En algún momento se afirma que tuvo que elegir entre ser un revolucionario o dedicarse a defender a personas oprimidas de una u otra forma, pero en el fondo la idea que subyace es que el hombre nunca abandonó su visión diferente del mundo, su mira revolucionaria desde una particular óptica, no siempre bien entendida (o tal vez no bien encaminada). Así, se esforzó en librar de la pena de muerte a terroristas argelinas, como Zhora Briff o Djamila Bouhared (con quien se casaría posteriormente), lo mismo que a Magdalena Kopp, a Carlos, a diversos miembros de corpúsculos terroristas propalestinos, de la Baader-Meinhof, o el ejemplo más extremo, la defensa de Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon.
La biografía del tipo es tremendamente interesante, sobre todo cuando se alude a su desaparición desde 1970 a 1978, periodo en el que se especuló podría estar unido a Pol Pot y al Khmer Rojo camboyano.
El documental, más que una sucesión de datos y situaciones, incide en un acercamiento a la persona, apostando por ofrecer testimonios de gente cercana a él (no todos complacientes, aunque sí deslumbrados por la particular aura místico-revolucionaria del personaje). Al mismo tiempo, Vergès aparece en persona para mostrarnos que es un tipo pagado de sí mismo, con una tremenda fuerza vital y una arrogancia casi infinita, pero firme en sus creencias y en lo que él cree defendible; Schroeder, a pesar de que tal vez refleje cierta empatía por el francés, no deja de inducir a la reflexión, a que el espectador sea dueño de sus propias opiniones sobre el personaje del que él nos habla, y eso está realmente bien.
En algún momento se afirma que tuvo que elegir entre ser un revolucionario o dedicarse a defender a personas oprimidas de una u otra forma, pero en el fondo la idea que subyace es que el hombre nunca abandonó su visión diferente del mundo, su mira revolucionaria desde una particular óptica, no siempre bien entendida (o tal vez no bien encaminada). Así, se esforzó en librar de la pena de muerte a terroristas argelinas, como Zhora Briff o Djamila Bouhared (con quien se casaría posteriormente), lo mismo que a Magdalena Kopp, a Carlos, a diversos miembros de corpúsculos terroristas propalestinos, de la Baader-Meinhof, o el ejemplo más extremo, la defensa de Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon.
La biografía del tipo es tremendamente interesante, sobre todo cuando se alude a su desaparición desde 1970 a 1978, periodo en el que se especuló podría estar unido a Pol Pot y al Khmer Rojo camboyano.
El documental, más que una sucesión de datos y situaciones, incide en un acercamiento a la persona, apostando por ofrecer testimonios de gente cercana a él (no todos complacientes, aunque sí deslumbrados por la particular aura místico-revolucionaria del personaje). Al mismo tiempo, Vergès aparece en persona para mostrarnos que es un tipo pagado de sí mismo, con una tremenda fuerza vital y una arrogancia casi infinita, pero firme en sus creencias y en lo que él cree defendible; Schroeder, a pesar de que tal vez refleje cierta empatía por el francés, no deja de inducir a la reflexión, a que el espectador sea dueño de sus propias opiniones sobre el personaje del que él nos habla, y eso está realmente bien.
7 de marzo de 2009
7 de marzo de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Solo, no puedes, con amigos, sí; eso decían, pero tal vez sea una mentira morrocotuda. Al menos, con tu grupo estás protegido, puedes seguir sintiéndote apaleado, arruinado en la fatal cotidianidad, pero al menos sabes que los que están a tu lado más o menos comparten esa misma inquietud.
Ésta es una de esas pelis en las que el guión se impone a lo que es su plasmación en la pantalla: el trabajo de Tomàs Aragay y Cesc Gay en la escritura es mejor que su traducción al lenguaje cinematográfico. Me gusta la idea de un grupo de "treintaañeros" de clase media, angustiados por la incomunicación, la amargura, por un conjunto de paranoias trascendentales que les hace no ver claramente el futuro, tener la vocación de querer romper cadenas, pero al mismo tiempo la cobardía de anclarse a lo ya conseguido. Sobre todo me parece interesante la imbricación con la ciudad, con su ritmo, su tiempo, creo que la "no temporalidad" que transmite la peli es buscada, nos sorprende que no haya pistas que nos remitan a un hilo temporal claro, salvo algunos diálogos de los personajes, al mismo tiempo que hay cierta confusión en las relaciones entre ellos, acentuando tal vez el tema de la soledad, del desamparo, de la huida que uno busca desesperadamente amparándose en el grupo.
Hay unos cuantos personajes interesantes, especialmente el de Eduard Fernandez, Mario, el de María Pujalte, Sofía, o el de Mónica López, Irene. Creo que estos tres, junto con la breve intervención de Leonor Watling se imponen sobre el conjunto de un reparto coral bastante acertado.
Pienso que nos hallamos ante una buena peli, y habrá que seguir mirando cosillas de Cesc Gay, de quien no había visto ninguna obra.
Ésta es una de esas pelis en las que el guión se impone a lo que es su plasmación en la pantalla: el trabajo de Tomàs Aragay y Cesc Gay en la escritura es mejor que su traducción al lenguaje cinematográfico. Me gusta la idea de un grupo de "treintaañeros" de clase media, angustiados por la incomunicación, la amargura, por un conjunto de paranoias trascendentales que les hace no ver claramente el futuro, tener la vocación de querer romper cadenas, pero al mismo tiempo la cobardía de anclarse a lo ya conseguido. Sobre todo me parece interesante la imbricación con la ciudad, con su ritmo, su tiempo, creo que la "no temporalidad" que transmite la peli es buscada, nos sorprende que no haya pistas que nos remitan a un hilo temporal claro, salvo algunos diálogos de los personajes, al mismo tiempo que hay cierta confusión en las relaciones entre ellos, acentuando tal vez el tema de la soledad, del desamparo, de la huida que uno busca desesperadamente amparándose en el grupo.
Hay unos cuantos personajes interesantes, especialmente el de Eduard Fernandez, Mario, el de María Pujalte, Sofía, o el de Mónica López, Irene. Creo que estos tres, junto con la breve intervención de Leonor Watling se imponen sobre el conjunto de un reparto coral bastante acertado.
Pienso que nos hallamos ante una buena peli, y habrá que seguir mirando cosillas de Cesc Gay, de quien no había visto ninguna obra.
1 de marzo de 2009
1 de marzo de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lugar: Mayayayacuna, pueblo remoto en un país remoto.
Tiempo: Tiempo Santo, cuando todo se puede hacer sin miedo a las represalias (tanto en el más allá como en el más acá).
Personas: Madeinusa, la chica virgen, consagrada a ser desflorada por su padre, con la sombra siempre presente de la madre, quien pudo, y lo hizo, escapar a Lima, a un futuro incierto que la redimiera de la pobreza material y, sobre todo, de esas cadenas espirituales, llenas de contradicciones con el mundo moderno.
Chale, la hermana, aquella para quien ya pasó el tren, reflejo de la oportunidad perdida, de la perpetuación de costumbres, en quien la protagonista puede mirarse para ver lo que no quiere llegar a ser.
Don Cayo, padre y alcalde, la solidez del tiempo pasado frente a los nuevos vientos que vienen de la capital. El peso de la sierra, de la montaña, de la tradición.
Salvador, el gringo. La llama que prende la mecha, que despierta lo que antes estaba latente, condenado a la repetición, a la eterna inmutabilidad. Despertará al tigre y será devorado por ello.
Claudia Llosa, en su debut en el cine, presenta una historia intimista, casi documental, en la que la ficción se pelea con la realidad, una fábula moral, en la que se sirve del costumbrismo para hacer un trabajo de crítica a las prácticas inmorales en muchos pueblos andinos apartados, extremadamente descentralizados, aniquilados por el alcohol, los prejuicios, los abusos sexuales, etc, marcados por un sincretismo cultural que los hace tan atractivos como peligrosos. Y en el horizonte, la capital, Lima, un sueño que no se sabe si se convertirá en pesadilla o en la tierra prometida...
Este cuento, a veces cruel, onírico, sórdido, a la par que estimulante, le sirve a la directora para presentar "en sociedad" a Magali Solier, una actriz muy interesante, que repetirá con ella en La Teta Asustada, reciente ganadora del Oso de Oro en la Berlinale.
La peli es atractiva, sin duda, dotada de una fotografía espléndida firmada por Raúl Pérez Ureta, en la que, a semejanza del Retablo Ayacuchano, de la luz y del color de la superficie evoluciona a la negrura, en consonancia con la historia. Me encantan los toques surrealistas que se van mostrando en pantalla, como ese hombre del calendario, y la imaginería visual barroca, aparte de las canciones con las que nos deleita Magali, una impresionante voz.
Tiempo: Tiempo Santo, cuando todo se puede hacer sin miedo a las represalias (tanto en el más allá como en el más acá).
Personas: Madeinusa, la chica virgen, consagrada a ser desflorada por su padre, con la sombra siempre presente de la madre, quien pudo, y lo hizo, escapar a Lima, a un futuro incierto que la redimiera de la pobreza material y, sobre todo, de esas cadenas espirituales, llenas de contradicciones con el mundo moderno.
Chale, la hermana, aquella para quien ya pasó el tren, reflejo de la oportunidad perdida, de la perpetuación de costumbres, en quien la protagonista puede mirarse para ver lo que no quiere llegar a ser.
Don Cayo, padre y alcalde, la solidez del tiempo pasado frente a los nuevos vientos que vienen de la capital. El peso de la sierra, de la montaña, de la tradición.
Salvador, el gringo. La llama que prende la mecha, que despierta lo que antes estaba latente, condenado a la repetición, a la eterna inmutabilidad. Despertará al tigre y será devorado por ello.
Claudia Llosa, en su debut en el cine, presenta una historia intimista, casi documental, en la que la ficción se pelea con la realidad, una fábula moral, en la que se sirve del costumbrismo para hacer un trabajo de crítica a las prácticas inmorales en muchos pueblos andinos apartados, extremadamente descentralizados, aniquilados por el alcohol, los prejuicios, los abusos sexuales, etc, marcados por un sincretismo cultural que los hace tan atractivos como peligrosos. Y en el horizonte, la capital, Lima, un sueño que no se sabe si se convertirá en pesadilla o en la tierra prometida...
Este cuento, a veces cruel, onírico, sórdido, a la par que estimulante, le sirve a la directora para presentar "en sociedad" a Magali Solier, una actriz muy interesante, que repetirá con ella en La Teta Asustada, reciente ganadora del Oso de Oro en la Berlinale.
La peli es atractiva, sin duda, dotada de una fotografía espléndida firmada por Raúl Pérez Ureta, en la que, a semejanza del Retablo Ayacuchano, de la luz y del color de la superficie evoluciona a la negrura, en consonancia con la historia. Me encantan los toques surrealistas que se van mostrando en pantalla, como ese hombre del calendario, y la imaginería visual barroca, aparte de las canciones con las que nos deleita Magali, una impresionante voz.
16 de febrero de 2009
16 de febrero de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Qué magnífica película, cómo me he divertido; Danny Boyle se ha currado su mejor obra sin duda, dirigiendo el guión de Simon Beaufoy que adapta la novela Q & A de Vikas Swarup. La historia es una extravagancia de tomo y lomo, honesta al mismo tiempo que inverosímil, un moderno cuento de hadas, eterna lucha entre el bien (el amor, las luces, los colores) y el mal (la oscuridad, la pobreza, la maldad, la intolerancia), con una espectacular ambientación, en Agra y Mumbai, metrópolis hipertrofiadas arquetípicas de ese universo tan peculiar y desconocido que es la India.
La trama sigue el triángulo formado por dos chicos, los hermanos Malik, Jamal y Salim, y Latika, el tercer lado. Me fascina cómo Boyle apuesta por el antagonismo entre los chicos: mientras el prota, Jamal, representa la pureza y la inocencia, Malik es el ángel guardián de la virtud de su hermano, conoce "el otro lado", pero hace todo lo posible por proteger al pequeño, sacrificándose contantemente, conociendo a la perfección la mitad oscura de la existencia, aunque lo arriesgue todo en el empeño. Desde el principio vemos esta dualidad, en esos muchachos, esos "slumdogs", chicos de chabola, iguales a los de casi cualquier lugar del mundo. La aparición de Latika significará la esperanza para Jamal, el futuro que apenas se puede vislumbrar en una vida en la que sólo hay lugar para el atroz presente.
La trama sigue el triángulo formado por dos chicos, los hermanos Malik, Jamal y Salim, y Latika, el tercer lado. Me fascina cómo Boyle apuesta por el antagonismo entre los chicos: mientras el prota, Jamal, representa la pureza y la inocencia, Malik es el ángel guardián de la virtud de su hermano, conoce "el otro lado", pero hace todo lo posible por proteger al pequeño, sacrificándose contantemente, conociendo a la perfección la mitad oscura de la existencia, aunque lo arriesgue todo en el empeño. Desde el principio vemos esta dualidad, en esos muchachos, esos "slumdogs", chicos de chabola, iguales a los de casi cualquier lugar del mundo. La aparición de Latika significará la esperanza para Jamal, el futuro que apenas se puede vislumbrar en una vida en la que sólo hay lugar para el atroz presente.

Dev Patel & Freida Pinto
Por ello la ventana del concurso televisivo es como una puerta cuántica, la certeza de que hay un más allá real y tangible...
No nos debe importar que las preguntas que se formulen en ese programa coincidan sospechosamente con la trayectoria vital del chaval, ya que la vocación de la peli es claramente ser una ficción, en ningún momento Boyle manda señales de que esto no sea un cuento, una fábula, y así lo debemos disfrutar; no obstante, se aprovecha para realizar una visión crítica de la situación social hindú, con unas cargas de profundidad que tienen su mira en la religión, los tremendos contrastes, la televisión, etc. La peli contiene tantos frentes que es difícil no olvidarse de alguno, pero me quedaría con la fascinante belleza de esa historia de determinación, amor y destino, con esa maravillosa adaptación de la iconografía "bollywoodiense" (sin duda gracias a la co-directora, Loveleen Tandan), con esa banda sonora de A.R. Rahman (quizá excesiva su nominación al óscar, pues no difiere en absoluto del color musical que contienen cientos de pelis hindúes), con ese espectacular trabajo de edición de Chris Dickens, con el talento narrativo a raudales que se ve en las pequeñas y grandes cosas (por ejemplo la escena de la representación de la ópera de Gluck, Orfeo y Eurídice, con un indudable paralelismo con la historia de Jamal) y la talentosa fotografía de Anthony Dod Mantle, parece que liberado de su adscripción al Dogma. Ah, y todos los actores están sobresalientes, sin excepción.
No nos debe importar que las preguntas que se formulen en ese programa coincidan sospechosamente con la trayectoria vital del chaval, ya que la vocación de la peli es claramente ser una ficción, en ningún momento Boyle manda señales de que esto no sea un cuento, una fábula, y así lo debemos disfrutar; no obstante, se aprovecha para realizar una visión crítica de la situación social hindú, con unas cargas de profundidad que tienen su mira en la religión, los tremendos contrastes, la televisión, etc. La peli contiene tantos frentes que es difícil no olvidarse de alguno, pero me quedaría con la fascinante belleza de esa historia de determinación, amor y destino, con esa maravillosa adaptación de la iconografía "bollywoodiense" (sin duda gracias a la co-directora, Loveleen Tandan), con esa banda sonora de A.R. Rahman (quizá excesiva su nominación al óscar, pues no difiere en absoluto del color musical que contienen cientos de pelis hindúes), con ese espectacular trabajo de edición de Chris Dickens, con el talento narrativo a raudales que se ve en las pequeñas y grandes cosas (por ejemplo la escena de la representación de la ópera de Gluck, Orfeo y Eurídice, con un indudable paralelismo con la historia de Jamal) y la talentosa fotografía de Anthony Dod Mantle, parece que liberado de su adscripción al Dogma. Ah, y todos los actores están sobresalientes, sin excepción.
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