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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana Sevilla - España 
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Tirad sobre el pianista (1960)
François Truffaut
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| 19 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Mayo de 2006 |
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Truffaut es de mis directores favoritos porque siempre supo sacar la belleza de la cotidianidad, por no abusar de la pretenciosidad de la nouvelle vague, y porque siempre consiguió interesarme su forma de hacer interesantes cosas que podrían pasar en mi propia casa. Pero a la hora de rodar su primer thriller, no supo por dónde quería conducirlo. Es una película donde nada tiene sentido, las cosas ocurren sin tener nada que ver con lo anterior, y donde lo que vemos ocurre de una forma totalmente absurda, sin que realmente el espectador sepa en ningún momento a qué viene lo que acaba de ver.
Quiso homenajear a ese cine negro americano que tanto le gustaba en sus años de juventud, pero se le fue la mano. Un guión horrible, donde lo único que tiene algún interés es la escena final, que está mal rodada, al usar unos planos excesivamente generales, y el espectador no tiene noción de quién dispara contra quién. Es quizás su película más nouvellevaguiana en sentido y forma, pues tiene unos diálogos absurdos y pretenciosos, situaciones bufonescas que pretenden ser algo y se quedan en estupideces, y se desaprovecha la anterior vida del protagonista, su pasado oscuro, que suele ser uno de los puntos fuertes del film noir. La película en sí es como Con la muerte en los talones, se persigue al protagonista sin que sepamos el por qué, aunque la facilidad de Hitch y Truffaut para dotar de interés a una historia absurda es muy diferente.
En definitiva, la película más floja de Truffaut, que luego en La piel suave lograría resarcirse de este fracaso.
Tony Montana 
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Carmen (2003)
Vicente Aranda
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| 13 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Abril de 2006 |
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Algo que no entiendo es por qué a este señor le siguen dando dinero para rodar sus películas porno light, cuando realmente tiene menos intención de contar una buena historia que Michael Bay de contar una historia intimista. Uno de los grandes problemas del cine español es que se le siga pagando a este señor sus caprichos... si el bueno del señor Aranda está cachondo, que se meta a director porno, pero que no se le permita dirigir más cine comercial, para seguir grabando tías desnudas y escenas de sexo, que alguien le regale a este señor una cámara digital y lo lleve a un burdel, el mundo del arte lo agradecerá... por cierto, la película, es mala hasta decir basta
Tony Montana 
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Harry el fuerte (1973)
Ted Post
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| 7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Julio de 2008 |
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El cine de Clint Eastwood tiene unas cuestiones que le hacen reconocible como el gran crítico de la sociedad norteamericana que han ido evolucionando junto a su carrera hasta conferirle el grado de grandísimo autor que es a día de hoy. Sin embargo, todo ello comenzó en su etapa de actor comercial más taquillero que hacía películas que, si bien en su momento fueron tomadas como meras cintas facilonas, se revelan a día de hoy como una muestra de lo que podríamos denominar la evolución del (anti)héroe eastwoodiano y su fatal destino al tiempo que, heredando la tarea de John Ford, se ha convertido en el narrador de la historia norteamericana moderna de una manera bastante crítica. A todo ello ayudó su tarea de productor y su visión clásica del cine como un compendio de profesionales que trabajaban en cadena para ofrecer un producto de calidad a muy bajo coste, o lo que es lo mismo, Malpaso, donde se trazaban unas historias al gusto del jefe, Clint, y donde lo único importante era que uno de los directores en nómina se pusiese manos a la obra con el guión calentito. Así surgió, ni más ni menos, Harry el fuerte, la, por momentos, notable secuela del inspector Harry Callahan en la que la filosofía Malpaso permite realizar una pieza cuidada, respetuosa con su primera entrega y, aunque no esté al nivel de esta, un espectáculo de primera a muy bajo coste que raya a un nivel inesperado para una secuela, donde, a pesar de la ausencia del gran Don Siegel, Ted Post, sin estar a la altura de este, tiene un eficaz manejo de la historia, aunque algo funcional y prefabricada.
Harry el fuerte tiene un mensaje bastante diferente del que tenía Harry el sucio yse llega a cuestionar la bondad del personaje al colocar un enemigo que provoca el efecto espejo, dando voz así a aquellos que hablaban del fascismo antilegislativo del inspector en la primera y exitosa primera parte de la saga. Si bien en la primera parte algunos personajes ya cuestionaban el comportamiento de Callahan, aquí es la propia historia la que coloca al protagonista en una tesitura incómoda de la que no podrá zafarse ni incluso al final, cuando, caminando al horizonte, la sensación que se le deja, tanto al espectador como al protagonista, es de una lección incómoda aprendida. Es una visión más conciliadora con respecto a esas voces que pedían la cabeza de Clint por la primera entrega, no arriesga ni transmitía un mensaje tan incendiario como su predecesora y así se volvía más comercial en ese sentido.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Ambos bandos juegan con la misma idea, ya que la línea que separa lo correcto de lo incorrecto aquí desaparece por completo, puesto que, en cierto modo, los criminales reciben su castigo y, como bien apuntan en un momento de la cinta, no se mata a nadie que no sea un criminal y, más o menos, se acaba con aquellos a los que la justicia, por culpa del incompetente sistema, ha dejado en libertad. Llegados a este punto, ¿Habría alguna diferencia entre el trabajo de uno y otro? ¿Quién es el verdadero asesino dentro de la historia? No son ni más ni menos que las dos caras de una moneda que puede caer de cualquier lado de manera arbitraria.
Pero las cuestiones no cesan aquí. El director siempre realiza, en su cine, un pormenorizado estudio de la violencia como forma de expresión netamente americana, puesto que obtuvieron su independencia por la violencia, del mismo modo que, siendo una nación joven, ya han vivido una guerra civil y han protagonizado varias guerras. Los potagonistas del cine de Clint están salpicados por algún hecho violento siempre, su cine es el retrato sucio de la violencia. Llegados a este momento, la evolución del antihéroe eastwoodiano a lo largo de la filmografía del genio tiene aquí su punto de inflexión. Aquí, Callahan ha visto que la malinterpretación de su visión sobre la justicia puede dar como resultado una aberración. No dista tanto ese grupo de jóvenes policías y su fanática visión del método del personaje principal de la distorsionada visión que tenía Hitler de Nietzsche y lo que a la postre, lo que era una idea ya de por sí un tanto radical, se desmadraba. A raíz de aquí, sus protagonistas verán la violencia como un estigma, algo de lo que no pueden separarse pero que, a diferencia de ser un elemento resolutivo, es aquello que origina la tragedia y lo que les marca para siempre, sembrando el camino de sus personajes de constantes pruebas marcadas por el destino contra las que, en mayor o menor medida, cualquiera de sus héroes tiene la pugna perdida. Del mismo modo que aquí el personaje de Callahan comienza a intentar cambiar algunas cosas de su vida, como una mujer que llene el hueco que dejó su difunta esposa, además de tener una visión menos cínica de todo, ve cómo es imposible luchar contra uno mismo y todo ese cúmulo de circunstancias que le han llevado a dicho punto. La mano de Milius y Cimino en la escritura es perceptible acerca de las ideas que impregnaron su posterior filmografía como cineastas, con mayor o menor fortuna, y que, en cierto modo, cambiaron el rumbo del cine de Clint que, por aquel entonces, maduraba con una serie de productos alimenticios salpicados con pequeñas joyas como El fuera de la ley, quizás la primera cinta que realmente nota esa nueva percepción sobre la violencia del renovado cine eastwoodiano, Honkytonk man o El sargento de hierro hasta llegar a las cintas que significa su cambio definitivo, Bird y Cazador blanco, corazón negro.
Tony Montana 
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Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto (Piratas del Caribe 2) (2006)
Gore Verbinski
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
21 de Agosto de 2006 |
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Una de las cosas por las que sorprendió a tanta gente fue por su planteamiento más de comedia que de película de bucaneros a la vieja usanza, y que a mi particularmente no me gustan nada. El humor era su gran baza, personificada en el capitán Jack Sparrow, buque insignia de esta nueva y lucrativa trilogía, que engrandece con su presencia la película.
Pero ahora, esa frescura de la que hacía gala la primera parte se ha perdido, y no por nada, si no porque Jack Sparrow no sorprende, ya conocemos su excéntrico comportamiento, y su espectacular aparición en la primera parte era imposible de superar, y así ha sido, siendo aquí algo gris y mediocre. Tampoco funciona porque el guión no está a la altura de la primera cinta, y cae en el uso continuo de peleas y escenas para mostrar la capacidad visual de Hollywood, que como siempre, se antepone a una historia que habría dado para mucho, y que únicamente espera atrapar al espectador para que vea la siguiente parte. Podemos ver un batiburrillo de diferentes películas míticas del género de aventuras, como Indiana Jones o Star Wars, creando situaciones que realmente te hacen pensar si no las has visto ya en 2000 películas mucho mejores, como las ya nombradas, o cierta influencia de Peter Jackson en la puesta en escena, con un toque más gore que la primera. El desarrollo de los personajes no es todo lo fluido que debería ser, y a la hora de esta tarea, se encuentra con un grandísimo problema: Orlando tiene la misma capacidad dramática que una cafetera, y Keira Knightley abusa de sus morritos. Otra desventaja, al menos por mi parte, es que se abusa del gag visual de los dibujos animados clásicos. Mucho mamporro, mucha caída y mucho plano general para mostrar la amanerada carrera de Jack Sparrow huyendo de cualquier cosa, hacen que carezca de la comicidad de la original.
A pesar de todo ello, la película comparte casi todas las virtudes de su predecesora, aunque tenga más defectos que la anterior. Un acierto es poner a dirigir al infravalorado Gore Verbinski, un director muy capaz, que saca el mayor jugo a cada escena, y probablemente, no sea Spielberg, pero sabe cómo sacar una peli de aventuras carísima adelante. Un defecto que llama mucho la atención es la limitación de la banda sonora. Es un calco de la primera y aquí se abusa del tema principal, muy épico, y apenas hay melodías nuevas que destaquen. Visualmente la película es un alarde técnico, siendo Davy Jones algo prodigioso, especialmente sus primeros planos, y el Kraken, aunque cante algo en ciertos momentos, tiene un realismo abrumador. Una película muy recomendable para un verano, y que guarda un mínimo de calidad con cualquier superproducción de acción de Hollywood, y aunque baje el nivel de la primera parte, no hay que perdérsela si se quiere pasar un buen rato.
Tony Montana 
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El diablo sobre ruedas (TV) (1971)
Steven Spielberg
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Octubre de 2008 |
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Hay una serie de películas en las que siempre pienso cuando escucho a la alegre familia del cine español gimotear y quejarse de la falta de dinero para producir cine y que además, el público no acuda a ver sus egocéntricas películas de corte social, y entre ellas están Breve encuentro, rodada durante la posguerra en Inglaterra en un tiempo récord y con un presupuesto ínfimo, Roma, ciudad abierta, hecha con restos de película de otras producciones de la etapa fascista, y o El diablo sobre ruedas, vibrante y feroz película de género que supuso debut tras las cámaras del genio Steven Spielberg, rodada con poquísimos medios pero constatando que lo que realmente vale en esto es el talento de los que hacen la película y no la cuenta corriente, y la muestra de un director que ilusionaba en sus comienzos y que se peleaba con la industria para poder llevar sus sueños a cabo, y que contrasta con el judío conformista y acomodado que se dedica a producir y, desde que ganó su único Oscar hace ahora casi diez años, dirigir con el piloto automático con la salvedad de Munich, entregado a ver cómo su cuenta corriente aumenta día tras día mientras está sentado en su despacho con su gorrita de béisbol. Y es que aquí Spielberg se traviste de Hitchcock para narrar con una precisión absoluta una cinta que tenía todas las papeletas de convertirse en el clásico producto de consumo rápido en la tele y que pasase sin pena ni gloria, pero con su cámara, el excelente guión de Richard Matheson y el portentoso montaje la llevaron a la historia.
Spielberg se basa en una idea muy hitchcockiana a la hora de abordar la película basada en el relato del autor de Soy leyenda, un hombre normal y corriente enfrentado a algo extraordinario, que no es ni más ni menos que la maldad en su más pura concepción, estableciendo un vínculo casi emocional entre hombre y máquina que va más allá de lo meramente físico, pues nunca llegamos a ver al piloto del camión, como advertíamos en la portentosa secuencia de la cafetería, con la cual Spielberg se doctora en planificación y utilización del zoom, destacando el juego de primeros planos casi leonianos y los juegos de miradas que se establecen entre el protagonista y los diferentes camioneros que son juzgados, y le termina dando un toque realmente fantasmagórico al vehículo. Es constante la sensación de encierro, de ver al personaje enclaustrado en unos fotogramas en los que se juega con el espacio de una manera prodigiosa, presentando incluso las carreteras del desierto como un lugar cerrado, en donde la claustrofobia crece hasta límites insospechados, con un acabado formal simplemente perfecto en el que advertimos un regusto constante a películas como Psicosis y la huída de Marion de sus problemas con el fajo de billetes en el coche, o Detour, por cómo un viaje en carretera puede convertirse en una carrera a contrarreloj por tu vida por culpa del maldito azar.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: En esto último recuerda al clásico hitchcockiano de Los Pájaros, puesto que la arbitrariedad rige todos los acontecimientos de la película, y las decisiones del camión son totalmente inexplicables, más allá del posible control de un demiurgo que se dedique a hacerle la vida imposible al bueno de Dennis Mann. Y Spielberg explota eso en su favor, aprovecha la coyuntura para jugar con el toque supraterrenal del camión, que aparece y desaparece según le viene en gana para crear así el suspense oportuno, dejando alguna impronta para la eternidad, como esa secuencia en la que el camión aparece entre las sombras y enciende sus luces como las de un animal rabioso dispuesto a embestir a su presa hasta destrozarla.
Y es que el personaje encarnado por Dennis Weaver cumple el patrón del héroe mathesoniano, ya sea cinematográfico o literario, como el Ben Fischer de La casa infernal, el Robert Neville de Soy leyenda o el Scott Carey de El increíble hombre menguante, un individuo sometido a una situación superior, por llamarlo de algún modo, que, de forma metafórica, habla acerca de su mayor problema, y que termina convirtiendo una historia de terror aparentemente convencional en una película de tensión y miedo psicológico, ya sean vampiros para hablar de la soledad, una casa encantada para hablar acerca de la superación de las ataduras que, en cierta medida, nos autoimponemos por nuestros miedos, o de un camión que representa esa cobardía que la propia mujer le echa en cara a Mann, para terminar hablando de la responsabilidad y la valentía, y convertir esa reunión de trabajo en una especie de huida placentera de la realidad del protagonista (que escucha la radio y habla con ella cuando un oyente cuenta sus mismos problemas, es decir, que su mujer es quien lleva los pantalones) y que culmina en un viaje pesadillesco. Por tanto, tenemos claro el retrato que se hace del personaje, un perdedor con una vida rutinaria que un buen día decidió cruzarse en el camino de un ente diabólico que conducía un camión con una apariencia que casi adelantaba al Tiburón spielbergiano, para terminar convirtiéndose casi en una especie de versión road movie que bordea el surrealismo de Moby Dick. Para romper la monotonía que supondría el continuo juego en la carretera, la acción sufre algunas digresiones en las que el protagonista se para a reflexionar acerca de lo acontecido, en ese constante gusto por el monólogo interior que siempre tienen los personajes de Matheson, y que, si bien es cierto que podría resultar redundante, ya que con el hábil juego de la cámara y la utilización de los primeros planos por parte de Spielberg se captaría bien el significado de cada escena, terminan por hacer un retrato más profundo de los miedos del conductor. La cinta te atrapa y no te suelta, te zarandea y no te deja respirar, te marea y te mete en el asiento del copiloto y tú casi buscas una manera de dejar atrás el camión que, más o menos, se ha convertido en tu destino.
Tony Montana 
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