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Críticas de: Bloomsday
Bloomsday |
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(Alicante, España)
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| 3414 | Películas valoradas |
| 442 | Críticas |
| 7 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,0
(ver sus estadísticas)
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El hombre del oeste (1958)
Anthony Mann
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| 17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2006 |
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Mann es uno de los tres o cuatro directores de pelis de vaqueros más grandes de la historia. Así lo suelto, a bocajarro.
Estoy de acuerdo en que quizás éste sea su peor western (o Cazador de forajidos). Y también estoy de acuerdo en que eso es algo que ni Howard Hawks ni John Ford pueden decir (El último combate o Río Lobo, por ejemplo, me parecen inferiores). Pero también es verdad que aceptando que es una cinta irregular (que además agota parte de su interés antes de llegar al final), no puedo negar la pulsión y el manejo de un tipo que nació por y para el western. El dominio y la precisión de un fuera de serie. Su peor western es un 8. La misma nota que las que me han parecido mejores películas de los últimos 2 ó 3 años.
Y es que Anthony Mann es una muestra genial de la “serie media” (no hay un Liberty Valance, no hay un Río Rojo..., o quizás sí. Probablemente sí.). Sus westerns nunca decepcionan. Tiene una serie de películas conocidas pero infravaloradas (The naked Spur, El hombre de Laramie...). Y luego, claro, Los horizontes y Tierras lejanas (lo más conocido). ¡Y eso que no he visto Winchester 73! Lo sé, lo sé. Mañana me confieso. El puente perfecto entre el clasicismo y el exceso que vendría después en este género. Y es que Mann es, a la vez que indiscutiblemente heredero del mejor western clásico, tan crispado y oscuro como obras cronológicamente posteriores. Lo que ocurre es que es endemoniadamente entretenido, menos “sesudo” en apariencia, y por ello quizás no tan considerado. Sé que está considerado, lo que yo digo es que ha de estarlo tanto como Howard Hawks y por encima de, por ejemplo, Sergio Leone, William Wyler o Raoul Walsh (igual me estoy pasando). Quizás también es que su cine no presenta elementos que remarquen su individualidad de forma tan acusada como, otro ejemplo, Peckinpah. Pero es el oficio en estado puro, el autor que lucha por revelarse, así, con "v", tras la apariencia y estructura típica de trabajo artesanal. Grandes historias, magnífica planificación visual... Todo al servicio de una impecable narración sí, pero también algo más.
Las fuerzas indómitas de la naturaleza siempre fueron la excusa y escenario perfecto para que los cowboys de Mann se enfrentaran a ellos mismos. Personajes nada esquemáticos, con matices (el drama del pasado, las dudas, la rabia y maldad latente, la lucha contra nosotros mismos, el intento de cambio para empezar de cero, la codicia...). Las oquedades humanas son menos oscuras con Mann, parecen menos complejas, más accesibles. Mann plantea ambiciosas cuestiones desde un cine de paisajes, aventuras, épica y acción. Y eso, por encima de todo, es la esencia del western.
Sobre la película en concreto soy incapaz de añadir nada a lo dicho por los tres usuarios anteriores. Realmente esta crítica es sólo la forma de rendirme ante uno de mis directores favoritos del que, curiosamente, no había dicho nada todavía.
Bloomsday 
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Tierra (1996)
Julio Medem
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| 24 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
10 de Enero de 2008 |
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Veía yo, en mis tiempos de viajes infantiles de asiento de atrás y de no conducir, enormes campos yermos, vides crucificadas, arenilla apelmazada como cascotes de hielo sucio y un goteo constante de pueblos de tres calles, dos antenas y perro flaco deambulando. Y me quedaba ensimismado, con la sien apoyada sobre la helada ventanilla del automóvil, observando esa naturaleza escasa, medio cadáver, del interior de mi provincia andando camino hacia la Mancha. Al fondo, los montes reclamando una escalada, una expedición; en primer término, vistas áridas de fincas, bancales y tractores enquistados en un camino irregular paralelo a la carretera nacional de turno. Eran tiempos de mucha carretera secundaria, ya saben.
Para visitar a mis familiares por este país nuestro he tenido que hacer muchos viajes así, hasta conocer al dedillo las rutas que marcaba mi padre a golpe de volante y caja de cambios. Me ponía el walkman para relajar la tirantez del tiempo, y me perdía en ensoñaciones a la espera de que los arrechuchos y besuqueos de esos familiares que antes comentaba me devolvieran a la tibia rutina de un núcleo urbano. Pero hasta llegar a destino sólo estaba el campo, las vías del tren, y los bares de carretera de camarero con pulgares macerados en aceite y vieja cafetera de mil cortados y mil historias.
Yo, todo aquel agreste panorama lo encontré siempre fascinante pese a su aparente monotonía, gazmoñería y economía de vegetación. Quizás por el contraste, al haber nacido cerca de la mucho más impetuosa playa y tener el sol en el cogote permanentemente; quizás por mi insana tendencia a admirar casi todo lo que esta realidad, por llamarla así, nos ofrece ya sea en forma de reflejo esmeralda sobre un arroyo o pliegue de una sábana. El caso es que me admiraba ese ambiente de paredes de piedra desnuda, taburetes de mimbre, frío desabrido en los huesos y, sobre todo, enormes parcelas abandonadas de tierra roja y malva. Aprovechaba, ya digo que en estos viajes había que distraerse como fuera, para pensar que aquellos parajes en apariencia pueriles daban para historias interesantes; que a los bandoleros (Curro Jiménez, Llanto por un bandido de Saura...) nunca se les hizo justicia al modo épico del western; que nuestros dramas rurales carecían de la melancolía latente en estos paisajes (Calle Mayor quizás, quizás...); que nadie aprovechaba la densa espiral primigenia y taciturna de nuestros matojos de carretera y pueblos de mujeres enlutadas. Allí, delante mismo de mis narices, había para mucho más. Se podían emplear esos escenarios para configurar algo a lo París, Texas, sin duda; a lo The Last Picture Show también. Y se podía hacer sin tener que pervertir la esencia de nuestras tierras en barbecho; simplemente poetizando sobre ellas, atrapando ese giro impalpable de los surcos y las semillas, invocando el espíritu que sí esconde, a ratos, nuestra literatura.
(Sigo, para el que quiera... No es spoiler al igual que esto no es una crítica).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y es que esos enormes campos tenían atmósfera, ocultaban reflexiones, sueños, y soportaban el peso del cielo con más ímpetu que las urbes acorazadas. Eran algo más que un simple escenario de tópicos rurales y tremendistas sobre incestos y abigarradas violencias. Algo más que soportes de la inevitable comedia sobre usos y costumbres de la España profunda y caduca. Me extrañaba, en fin, que no se les sacara jugo. Cosa que, desde luego, sí consiguió Medem.
Lo había ensayado ya antes en otros escenarios, lo seguiría haciendo después. Cogió un entorno y obvió prejuicios exprimiendo posibilidades, ensalzándolas. Nos ofreció un ambiente rural español insólito, marciano, vaporoso... Pero que me resulta, curiosamente, mucho más cercano que esas recreaciones de realismo rígido que en tantas ocasiones hemos visto.
Será porque a través de la ventanilla del coche también veía yo ángeles sobrevolando los cerros.
Bloomsday 
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Tiempos modernos (1936)
Charles Chaplin
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| 17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Noviembre de 2005 |
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El cine sonoro estaba ya plenamente integrado y Charlot se iba despidiendo (en esta película el personaje incluso canta y hay variados efectos de sonido).
Al mismo tiempo los USA estaban sumidos en la terrible Depresión y Chaplin utilizó su mejor arma (el humor) y su libertad como creador (obtenida gracias a su inmensa fama y rentabilidad) para realizar un alegato contra la pobreza y el orden injusto que impone un capitalismo feroz.
Como siempre un estilo sencillo pero de una precisión maestra. En ella, entre risas, vemos un ritmo laboral atroz que aliena y adormece al obrero, las represalias contra todo aquello que escapa al sistema establecido etc. Charlot se enfrenta a todo tipo de desafortunadas situaciones con la típica inconsciencia que tanto nos hace reír, como si no supiera que detrás de esas máquinas, policías y patrones no acaba de tener cabida el ser humano, como si no supiera que sus carreras y despistes escondían una gran carga de profundidad.
Demoledor es el ensayo con la máquina alimentadora, el obrero como un objeto al que utilizar a gusto y del que prescindir si la atroz competencia lo precisa. Evidentemente su mensaje está repetido hasta la saciedad, pero pocas veces se ha contado con tanta capacidad de fascinación. Así, lo que no está en absoluto superado es el perfecto ensamblaje de alegato social, tono de comedia y melancolía de los personajes.
Se le acusó de plagio por copiar cosas de “A Nous la liberté” de René Clair (5 años anterior), pero todo acabó con el Sr. Clair diciendo que en todo caso se sentiría honrado de que esto fuera así. Sabia decisión, esta obra de Chaplin tiene evidentísimos puntos en común con la de Clair, pero también es cierto que es superior. Al menos para mi gusto.
Bloomsday 
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Fantasmas de Marte de John Carpenter (2001)
John Carpenter
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| 16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Noviembre de 2007 |
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A la peli le falta sexo... Con Pam Grier y Natacha Henstfisgdsde ahí al lío, sin tapujos.
Y es que ya que Carpenter hace acopio de frases gilipuertas y acción ramplona y soporífera, lo menos que puede hacer, y que encajaría con la baratísima factura de la película, es introducir "sexy moments" para que los adolescentes, objetivo claro de este flin, tuvieran cumplida respuesta a su demanda de tiros, heavy y tetas.
Entonces tendría más sentido... Te acordarías de los pestiños que te tragabas con 12 años y se te erizaría la cosa melancólica... (aquellos 80 y aquellos irremediables, y algo absurdos, despelotes sin venir nunca muy a cuento). Aunque, también es cierto, disfrutaba yo de lo lindo de Carpenter de jovenzuelo sin necesidad de sexo, que nunca le ha dado por ahí al padre de La Cosa, pero no sé... En esta peli se juega a un tonito rijosote; tanta escopeta y tanta luz roja y polvo rojo y tanta Natasha y tanto "semental" por aquí, "semental" por allá... Pues eso. Que suena a esas vaciladas adolescentes en las que tras darse de leches, el prota soltaba cuatro mamarrachadas y a mojar... Y tenía su gracia. Aquí, que Jason Statham se quede sin su meneo reglamentario, es poco menos que un coitus interruptus también para el espectador. Y es que ya que te lanzas a la caza y captura del tópico (como hace Carpenter en esta peli), pues me los ponga todos, plis.
Pese a todo la peli tiene un comienzo bastante interesante, tenso casi; los decorados de cartón piedra da gusto verlos de pura cutrez; y la peli respira ese aire de libertad que tiene Carpenter, ese clima de historia perfilada en una tarde con los colegas que, con dos cojones y un billete de 20 euros, te la produces y te marcas una peli (con lo mínimo; con lo puesto).
Por eso la apruebo, porque el inicio se gana un crédito suficiente como para aguantar el resto del metraje con el número preciso de bostezos (alguno se escapa), y porque sólo tipos como Carpenter pueden hacerte pasar un buen rato con una peli sin presupuesto, sin guión, sin F/X, con chisporroteos en lugar de explosiones, sin actuaciones, sin decorados... Y con Ice Cube.
Pues eso... Que si estos tipos no hicieran cine se les echaría de menos. Y si lo hacen se les echa de más... Nunca harán nada realmente redondo (Halloween quizás, pillándome los dedos), pero hacen lo que quieren... Y viendo a directores como David Fincher, Bryan Singer y C. Nolan etc. luchando constantemente por mantener cierto equilibrio entre el talento que dios les dio, y las servidumbres propias de proyectos carísimos (de millones y millones de dólares, financieros, administrativos, fechas, horarios, rentas de equipo, llamadas de teléfono y planes de objetivos... Poco cine y mucho merchandising), pues viendo eso, digo, se agradece los directores que se marcan un bodriazo como éste sin complejos, sin pudor y sin sentido del ridículo.
Aunque te dejen a medias.
Bloomsday 
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The Haunting: la mansión encantada (1963)
Robert Wise
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| 15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Noviembre de 2007 |
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Estamos ante un intento meritorio de imitar algo de la magnífica adaptación de The turn of the Screw de Jack Clayton (The Innocents-1961).
Bueno, visualmente la cinta funciona. Wise consigue un trabajo interesante, con multitud de recursos artesanales, muy eficaces aunque algo rudimentarios, pero de curioso resultado. Una cinta de fantasmas de estas características ha de ser, necesariamente, una historia de paranoia... Y por ahí la realización trata reflejar una atmósfera malsana, de demencia (angulaciones, montaje abrupto, rápidos movimientos de cámara y transiciones, primeros planos...). Y no lo hace mal.
El problema es que se fracasa a la hora de imbricar la ejecución visual y el guión que le da forma. Ese guión, esa trama, es demasiado obvia, descubre cartas excesivamente pronto, no juega al suspense argumental... Además, es ineficaz al gestionar la confusión entre locura (que ensaya a través de la voz en off) o fenómenos paranormales (la mujer del doctor, las propias teorías del doctor... Todo acaba siendo gratuito y superfluo... Puro relleno muchas veces). La dirección parece querer jugar al despiste en ese sentido; pero el guión prefiere acelerarse, descubriendo, delatándose y no sabiendo, finalmente, cómo completar la fantástica historia de demencia que late durante todo el metraje.
Se contradicen ambos, fondo y forma. Pese a todo entretiene, pasas el rato. Puede verse, sin duda.
Bloomsday 
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