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Críticas de: Listocomics Puntocom
Listocomics Puntocom Barcelona - España 
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Viaje a Darjeeling (2007)
Wes Anderson
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| 25 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
5 de Abril de 2009 |
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Yo es que soy una persona muy superficial y me pensaba que la gracia de viajar era ver cosas bonitas que estaban lejos de casa, pero poco a poco, a lo largo de profundas conversaciones en los andenes más lugubres de los cinco continentes, me di cuenta de que quién más quién menos viaja para encontrarse a sí mismo.
Si eres superficial como yo, igual al hablar con la gente que viaja para encontrarse a sí misma te parece que están un poco locos, pero si te fijas a menudo esta locura es más común que la tuya, con lo que democráticamente ellos son los cuerdos. En serio, parece mentira la cantidad de gente profunda que hay por el mundo. Hablan todos como si fuesen únicos, pero son legión. Los raros somos los que tenemos problemas para apreciar su fascinante cosmogonía interna.
Pero bueno, quizá los que somos superficiales nos estamos perdiendo un montón de fascinantes singularidades que restan escondidas en los abismos mentales de la gente normal profunda, pero tenemos la ventaja de que nos encontrarnos a nosotros mismos en un plis. Yo normalmente me encuentro en el curro, o en casa, o a veces me encuentro en el cine o a veces en primavera me encuentro en un parque leyendo novelitas a la sombra de un alcornoque. Pero creo que no valoro los encuentros conmigo mismo en toda su grandeza porque a penas me saludo ni nada. A veces me acaricio y me toco, pero eso es otro tema que no viene a cuento.
En un albergue del barrio judío de Krakovia estuve hablando con una chica vegetariana que se comía las colillas de los porros y me dijo que no era posible encontrarse a uno mismo esperando el autobús, que para encontrarse a uno mismo era importante sufrir incomodidades y llevar todas tus pertenencias en una mochila. Le dije que la parada de bus en la que yo me sentaba cada mañana era muy incómoda porque el asiento estaba inclinado y en invierno hacía frío y que a veces iba a trabajar llevando mis cosas (carpeta, libros, bocadillo) en una mochila. Me dijo que yo no entendía nada porque no había estado en la Índia. Que se ve que si vas a la Índia no sólo llegas a un estado superior de conciencia que te permite entender las conversaciones con los rastafarians borrachos sino que incluso te comprendes a ti mismo en un plano astral totalmente desconocido para los que no se han limpiado los bajos en las turbulentas aguas del Ganges.
A mí ir a la Índia me dio un poco de pereza. Me sentí como cuando a te recomiendan algún libro que es muy gordo y que tiene muy mala pinta y la curiosidad habita dentro de tu cabeza pero prefieres esperarte a que hagan la película y así te enteras de qué va sin perder tanto tiempo ni sufrir penalidades. (Además, dicen que si vas a la Índia y adoptas un perrito, cuando lo llevas a España es probable que se coma a tu gato y lo lleves al veterinario y te digan que en realidad lo que has traído es una rata devoradora de mascotas.)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pero ya está: Wes Anderson, el del Life Aquatic, tuvo el detalle de rodar una peli sobre gente profunda que viaja a la Índia a encontrarse a sí misma y mola un montón. Muchos me han dicho que esta peli es un coñazo y en la sala del cine me quedé riendo solo en más de una ocasión, pero supongo que los otros estaban ocupados encontrándose y saludándose a ellos mismos. "Hola qué tal?", "Pues nada, aquí estamos, viendo una peli", "Qué guapo es el Adrien Brody", "Uy sí", "A su manera", "Claaaro".
Nota: excelente.
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El día de mañana (2004)
Roland Emmerich
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| 23 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Julio de 2008 |
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The day after tomorrow, que en mi país titularon El Día de Mañana para asustar más, me recuerda al Fórum Universal de las Culturas que se celebró en Barcelona hace unos años.
Dicho Fórum, a parte de un encuentro de saltimbanquis, malabaristas, cantautores, marionetas chinas, soldados de terracota, conferencias, debates y otras chucherías de acompañamiento, parecía consistir en una acumulación ingente de mensajes progres, pacifistas y ecologistas que denunciaban lo jodido que está el mundo.
Había exposiciones, pero en éstas, en lugar de cuadros, había frases promocionando el reciclaje, la condonación de la deuda de los países del tercer mundo, etcétera.
Yo soy un tipo majísimo y solidario y simpatizaba con todas esas consignas, pero pagar el precio de la entrada para que me comiesen la olla sobre temas que ya conocía de sobras, me pareció una alternativa poco inteligente a quedarse en casa buscando información sobre los mismos en la Wikipedia.
Y sin embargo, no me hubiese importado pagarle la entrada a George Bush o a Vladimir Putin para que les comiesen el tarro a ellos a ver si se ponían las pilas con lo de Kyoto.
¿Que qué tiene que ver esto con una peli protagonizada por un doble del insigne cantautor ñoño Alex Ubago?
Bueno, pues que esta peli parece ser sólo otra vuelta de tuerca del cine catastrofista ese de edificios derrumbándose y gente corriendo de aquí para allí, pero para hacerla un poco original resulta que esta vez la causa de la catástrofe es el cambio climático producido por las emisiones incontroladas que dan pie al Efecto Invernadero.
Y dicho cambio climático es un hecho indiscutible en la mayoría de países civilizados, y toda la comunidad científica corrobora su existencia... excepto en los USA, dónde el “cambio climático” es sólo una cuestión política que los republicanos todavía califican a veces de propaganda demócrata. De manera que la Casa Blanca consideró esta peli como un ataque a su administración, y la trató casi cómo si fuese una peli del Michael Moore o del Sean Penn...
Parecerá una tontería, pero para los amos del mundo sería un peligro que la gente tuviese más miedo de las consecuencias de la industrialización descontrolada que del terrorismo.
En resumen, quizá salta a la vista que es un churro de peli y quizá tú ya eres un tío listo y ni la has visto ni tenes intención de verla ni falta que hace que lo hagas, pero que seguro que vale la pena recomendarla sin dudar a los Yonnis y a las Yennis y a todos los yankis, a ver si se asustan y damos por terminada la dinastía de los Bushes antes de que sea demasiado tarde.
Nota: un notable.
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Remake (2006)
Roger Gual
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| 21 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Octubre de 2006 |
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Me gusta el amor. Me gusta la paz. Me gustan la naturaleza y la música de The Mamas and The Papas. Me gustan la pereza, el hedonismo y la demagogia izquierdista.
Sí, yo hubiese sido un buen hippy sino fuese porque me da palo llevar el pelo largo y no me apasionan las drogas, las pseudociencias ni las chorradas new age.
Y hoy en día, viendo la de cholos, grunges, bakalas, siniestros, modernikis, pijos y neopunkis que se corren por los institutos, cuesta imaginar que hubo un tiempo en que los hippies aspiraron a ser algo más que una moda.
Ni se les pasaba por la cabeza que pudiesen ser sólo una pandilla de borregos adolescentes uniformados. Ellos iban a cambiar el mundo, ellos eran el futuro, ellos eran la hóstia, ellos eran la leche merengada... con sus porretes, sus pies sucios y sus baratijas artesanales.
Qué pena que pase el tiempo y la gente envejezca y tenga que dejarse de chorradas y ganarse la vida. Qué pena que los jóvenes que antaño se burlaban de sus padres se convierten pronto en padres cuyos hijos de burlan de ellos. Qué pena que los valores y las utopías y el mundo rural se estén yendo a tomar por culo. Qué pena que ni siquiera las amistades sean para siempre.
Roger Gual nos deprime a carcajada limpia con una joya intitulada Remake que, en cierto modo, es como la Celebración de Thomas Vinterberg pero sustituyendo la mala leche danesa por mala leche catalana.
Nota: excelente.
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Gomorra (2008)
Matteo Garrone
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| 16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
4 de Febrero de 2009 |
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Más o menos, la evolución de la imagen de los mafiosos en el cine es tal que así:
1. Primero fueron muy malos y muy planos.
2. Luego fueron pillando matices y glamour. Seguían siendo malos si te parabas a pensar en ello, pero tenían tanto carisma que daban ganas de irse de turismo a Sicilia y jurarle vasallaje al primer cacique que se pusiese por delante.
3. Luego pillaron todavía más matices y más personalidad pero su glamour se fue relativizando. El Scarface de De Palma parecía una caricatura al lado del Padrino de Coppola, pero eso era sólo el principio de un descenso hacia unos abismos de cutrerío que parecían inimaginables en la época de Once upon a time in America... Cuando vimos por la tele a Toni Soprano con su camiseta de tirantes bebiendo zumo de naraja directamente del tetrabrick nos pensamos que ya tócabamos fondo y que eso ya era el no va más. ¡El capo parecía un ser humano! ¡Podía ser nuestro vecino! La serie molaba tanto que nuestro paradigma de mafioso se convirtió en algo mucho más terrenal de lo que había sido antaño...
Pero ahora va Roberto Saviano y se pone a cavar todavía más hondo en las miserias del crimen organizado. Sus mafiosos no sólo son todavía más cutres que los de cualquier peli o teleserie sino que encima intentan darse humos imitando a los personajes más horteras de Hollywood.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Citando a la policía científica de Nápoles: "¡Hoy, después de Tarantino, ya no saben disparar como Dios manda! Ya no disparan con el cañón recto. Lo tienen siempre inclinado, hacia abajo, con la pistola torcida, como en las películas, y esta costumbre provoca desastres. Hieren gravemente sin llegar a matar. Así, siempre se ven obligados a rematar a la víctima disparando en la nuca. Una barbarie del todo superflua a efectos de ejecución."
Y también dice que los peces gordos que antes se hacían llamar capofamiglia o compare, ahora se hacen llamar padrino, a ver si alguien les confunde con el Marlon Brando. Y los matones van por el mundo disfrazados como el tío ese de El cuervo, y las matonas van por los sitios disfrazadas de Uma Thurman en Kill Bill. Y quizá los pistoleros nunca se aprendieron los pasajes de la Bíblia que les recomendó el profesor de catequesis, pero se han aprendido lo del Ezequiel, 25, 17 porque sale en Pulp Fiction. Y hubo un tipo que se forró traficando con droga y contrató un arquitecto para hacerse una mansión y las únicas indicaciones que le dio fueron que mirase Scarface y le construyese el chalet exactamente igual que el del Al Pacino, con sus escaleras, su jacuzzi, sus columnas...
Los mafiosos de Saviano son unos horteras de cuidado, y además son unos pringados. Víctimas del sistema. Incluso los peces gordos. Su novela da a entender que cada vez que un gran jefe mafioso muere o es encarcelado, su puesto es ocupado enseguida por otro (ya sea del mismo clan o del clan rival), que su esperanza de vida en el cargo es breve pero que la maquinaria sigue porque no son pocas las empresas nacionales y multinacionales que se benefician de ello sin tener que emprender acciones ilegales, ya que la camorra les permite abaratar costes y tratar con ella sin ensuciarse las manos es relativamente fácil si sabes girar la vista hacia otro lado.
Por ejemplo, eliminar residuos que contengan materiales cancerígenos es muy caro si se hace bien, pero puedes subcontratar a otra empresa que a su vez subcontratará a otra empresa que a su vez subcontratará a cuatro immigrantes para que tiren tu mierda en cualquier cantera.
Los accionistas te darían una patada en el culo si dejases pasar una oportunidad así.
Y ahí debe estar la magia del neoliberalismo. Luego ya vendrá una mano invisible a limpiarlo.
Y ahora parece que la camorra quiere matar a Roberto Saviano. Yo he leído su libro y tampoco me parece que esté tan mal escrito como para matarlo, pero sí que es verdad que podría ser un poco más generoso con los puntos y aparte.
Y la peli, bueno, pilla cuatro anecdotas de las tropocientas que salen en la novela y las filma en plan cine social, a años luz de cualquier peli de mafiosos al uso.
Y la vemos y nos vuelven a entrar ganas de decir que ahora sí, que los mafiosos de verdad deben ser como Totò, Simone, Pitbull, Gaetano y Don Ciro.
Pobrecicos.
Nota: notable.
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Forrest Gump (1994)
Robert Zemeckis
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| 87 de 159 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Noviembre de 2008 |
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A pesar de la creencia popular, el tan cacareado Sueño Americano no tiene nada que ver con la modorra que provocan la mayoría de productos de entretenimiento estadounidenses.
El Sueño Americano es un dogma de fe que dice que en América todo el mundo puede lograr todo lo que se proponga si se empeña en ello. Antes solían explicarlo con el hipérbaton de que "cualquier persona puede llegar a ser Presidente de los Estados Unidos" pero después de la legislatura Bush esta frase quedó un poco obsoleta, ya no impresiona tanto como antaño y ha caído en desuso.
El caso es que el mito del Sueño Americano resulta treméndamente útil a los ricos y a los poderosos, porque da a entender que ellos tienen lo que se merecen porque algo habrán hecho, y que los pobres y los zarapastrosos lo que pasa es que son unos gandules.
La creencia en el sueño este anula cualquier intento de reivindicación social y torpedea los cimientos del estado del bienestar.
Vamos, que lo que a simple vista parece parida inofensiva resulta ser en realidad una parida peligrosa, de esas comadrejiles que pudren la sociedad disimuladamente. Maquiavelo y Goebbles estarían orgullosos de los ideólogos del American Dream; y algunos neocons lo consideran más útil incluso que la gran falacia de La Mano Invisible o el libro de ¿Quién se ha comido mi queso?, porque ha calado mucho incluso entre el lumpenproletariado. A pesar de ser un mito más tonto y pueril que otros, o quizá precisamente por eso, ha calado.
Winston Groom escribió en 1986 una novela muy graciosa ridiculizando la ya de por sí ridícula idea de que el Sueño Americano pudiese existir en el mundo real y cualquiera pudiese llegar a triunfar en aquello que se propusiese. El protagonista se llamaba Forrest Gump y era tonto y sin embargo lograba triunfar en el ejército, en el deporte, en la política, en la lucha libre...
Pero el 1994 Zemeckis llevó la historia al cine de una forma tan ñoña y descafeinada que casi produce vergüenza ajena. Hay varias hipotesis: a) que no pilló el chiste, b) que lo pilló pero se lo pasó por el forro de los cojones para reventar la taquilla o c) que lo pilló pero decidió rodarlo de forma todavía más sutil y los que no lo pillan ahora son los espectadores.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Porque se entiende que en la película Gump viva menos aventuras que en la novela, pero no se entiende que una sátira salvaje sobre el Sueño Americano se convierta en una patética reivindicación de éste. Que en la pantalla no queda casi nada de la mala leche del original, y ahora parece que sí, que las recompensas ultraterrenales se dan también en este mundo y lo importante para triunfar en Estados Unidos es ser buena persona. Que si eres tonto pero buena persona vas a triunfar hasta el punto de cepillarte a la tía buena del instituto. Con este mensaje no es de estrañar que las salas se llenasen como abarrotadas cajas de bombones. Y los personajes secundarios sufren enfermedades degenerativas y mueren, y los oscars acuden a la llamada raudos y veloces (el Truco de la Muerte, el Teorema de la Lágrima). Y también hay escenas divertidas en las que sofisticadísimos efectos especiales permiten a Tom Hanks confraternizar con celebridades de antaño en blanco y negro, pero son gags copiados de Zelig.
Y, como colofón final, los productores de la Paramount Pictures se forraron como nunca se habían forrado antes, pero un fabuloso equipo de abogados y mangantes logró minimizar la parte correspondiente a Winston Groom aduciendo que la película había sido un "fracaso comercial".
Y se iba a rodar una secuela intitulada Gump & Co., pero Groom dijo que tonto es el que hace tonterías dos veces, y que la secuela se la metiesen por la caja de bombones de al final de la espalda.
Nota: suspendido por mala actitud.
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